Desde que Robert F. Kennedy (RFK) Jr. fue nombrado secretario de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) han estado bajo presión para que abandonen su enfoque tradicional basado en la evidencia en materia de salud pública en Estados Unidos y en todo el mundo.
Esa presión llegó a su punto álgido la semana pasada con el despido de la recientemente nombrada directora de los CDC, Susan Monarez. Según sus abogados, la veterana científica del Gobierno, que llevaba menos de un mes en el cargo, fue objeto de represalias tras negarse a «aprubar sin más directivas poco científicas e imprudentes».
Monarez será sustituida por Jim O’Neill, subdirector del Departamento de Salud y Servicios Humanos. Los críticos señalan que no tiene formación médica ni científica.
El mismo día del despido de Monarez, tres altos funcionarios dimitieron. Entre ellos se encontraban el director médico de los CDC y otras dos personas con funciones de liderazgo en áreas como las vacunas y las enfermedades emergentes.
Trabajé en los CDC entre 1986 y 1995. Casi todo mi trabajo se centró en actividades en el extranjero.
Si bien los CDC son una institución clave que supervisa y financia la salud pública en Estados Unidos, también desempeñan un papel fundamental en la salud mundial. Por consiguiente, la agitación en los CDC podría tener repercusiones no solo en Estados Unidos, sino en todo el mundo.
El escepticismo ante las vacunas: una amenaza para la salud pública
Poco después de la toma de posesión del presidente estadounidense Donald Trump por segunda vez en enero de 2025, se hicieron evidentes las amenazas para la salud pública estadounidense. RFK Jr fue confirmado como secretario de Salud y Servicios Humanos en febrero, con autoridad sobre los CDC.
En abril, el 25 % del personal de los CDC había sido despedido y su gasto contractual se había reducido en un 35 %. Entre los programas cancelados por los CDC se encontraban los centrados en la prevención del envenenamiento por plomo en niños, la salud ambiental y las infecciones de transmisión sexual, incluido el VIH.
Cabe destacar que RFK Jr tiene un largo historial de escepticismo respecto a las vacunas.
En 2019-2020, más de 5700 personas se infectaron cuando un brote de sarampión asoló la nación insular de Samoa. Unas 83 personas murieron, la mayoría de ellas niños.
En los días previos, varios anuncios difundieron información errónea sobre las vacunas en Facebook, sembrando dudas sobre la seguridad de la vacuna contra el sarampión. Se descubrió que algunos de ellos habían sido financiados por Children’s Health Defense, una organización fundada por RFK Jr.
El departamento de RFK Jr ha destituido y sustituido a los 17 miembros expertos del Comité Asesor sobre Prácticas de Inmunización por ocho personas nuevas, algunas de las cuales, según se informa, han expresado opiniones contrarias a la vacunación.
Durante el mandato de RFK Jr. hasta ahora, su departamento ha:
- reducido el acceso a las vacunas contra el COVID para niños y mujeres embarazadas
- cancelado contratos para desarrollar nuevas vacunas de ARNm por valor de 500 millones de dólares
- reactivado la búsqueda de una relación entre las vacunas infantiles y el autismo que hace tiempo que se ha desmentido.
RFK Jr. es posiblemente la figura más importante en la supervisión de la salud en los Estados Unidos. Es difícil sobreestimar el daño que sus acciones causarán a la confianza y la aceptación de las vacunas en Estados Unidos y en todo el mundo.
Una larga trayectoria en ayuda internacional
Aunque los CDC llevaban mucho tiempo asesorando a la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre el control de la malaria, su primera iniciativa importante en el extranjero fue como socio activo en el exitoso programa mundial de erradicación de la viruela de la OMS. Junto con la Unión Soviética, los CDC se centraron inicialmente en África Occidental en la década de 1960 y luego en la India y Bangladesh en la década de 1970.
La primera respuesta sanitaria internacional de emergencia de los CDC se produjo durante el conflicto de Biafra, que provocó una hambruna generalizada en la parte oriental de Nigeria. En 1968, a petición del Comité Internacional de la Cruz Roja, los CDC movilizaron a su personal para supervisar la nutrición y diseñar programas para combatir la desnutrición.
La mayor intervención internacional de la agencia comenzó en marzo de 2014, cuando se produjo un brote de ébola en Guinea, Sierra Leona y Liberia. En julio de 2015, los CDC habían destinado 3000 empleados al ébola, 1200 de ellos sobre el terreno en África Occidental, incluidos países vecinos como Nigeria y Senegal. El personal de los CDC proporcionó asesoramiento técnico sobre el refuerzo del diagnóstico de laboratorio, el rastreo de contactos y la vigilancia.
Tras el brote de ébola, se estableció la Agenda de Seguridad Sanitaria Mundial como una iniciativa coordinada de preparación para epidemias con miembros de más de 60 países, agencias de las Naciones Unidas y organizaciones no gubernamentales. La administración Obama financió generosamente la participación de Estados Unidos, con los CDC a la cabeza de las contribuciones estadounidenses.
Amenazas para la salud mundial
La primera señal de la retirada de Estados Unidos de la salud mundial se produjo poco después de la toma de posesión de Trump, cuando firmó órdenes ejecutivas por las que se cancelaba la pertenencia de Estados Unidos a la OMS y se suspendía toda la ayuda exterior estadounidense al desarrollo.
Esto provocó la cancelación de importantes programas de prevención y tratamiento del VIH y el sida, la malaria, la tuberculosis y la hepatitis.
Poco después, se ordenó a los funcionarios de los CDC que cesaran toda comunicación con la OMS, lo que provocó, entre otras cosas, que los expertos de los CDC abandonaran los comités consultivos mundiales.
El desmantelamiento de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) ha provocado la pérdida del 83 % de sus programas y la cancelación de 5200 contratos. Esto ha obstaculizado su capacidad para prestar eficazmente ayuda vital, incluso en países devastados por conflictos y hambrunas, como Sudán. Un estudio predijo que los recortes en la financiación de la USAID podrían provocar 14 millones de muertes adicionales para 2030.
Los recortes presupuestarios y de personal han reducido gravemente la capacidad de los CDC para participar en iniciativas mundiales. Por ejemplo, se cerró la División de Salud Maternoinfantil y se despidió a los 22 empleados. Esta división ayudaba a los países de ingresos bajos y medios a implementar programas para prevenir el VIH en las mujeres embarazadas y sus bebés.
La pérdida de recursos financieros y de un gran número de personal experto significa que la agencia se enfrenta a un futuro incierto. La interferencia en sus procedimientos para desarrollar políticas sanitarias basadas en la ciencia afectará gravemente a su capacidad para llevar a cabo su mandato tanto a nivel nacional como mundial. Los CDC han perdido la confianza del pueblo estadounidense y ya no se les considera la agencia de salud pública más destacada del mundo.
Los gobiernos, los institutos de investigación y las agencias de desarrollo sanitario de todo el mundo deben unirse para condenar esta pérdida de experiencia en salud global. Millones de vidas dependen de que se tomen medidas enérgicas.
Michael Toole


