Brasil no es ajeno a las inundaciones catastróficas y otros desastres naturales. En febrero, decenas de personas murieron y cientos perdieron sus hogares después de que las fuertes lluvias provocaran inundaciones y deslizamientos de tierra en el estado de Minas Gerais, en el sureste del país. En 2024, las inundaciones en el sur de Brasil afectaron a 2 millones de personas y mataron a casi 200. Gestionar las respuestas a este tipo de desastres es un deber colectivo y personal. A medida que el clima cambia y los fenómenos meteorológicos extremos se vuelven más frecuentes e intensos, los miembros de la comunidad deben ser capaces de comprender los riesgos y gestionarlos por sí mismos.
Se necesita una herramienta para compartir información sobre desastres a nivel comunitario, información que todos puedan consultar y en la que puedan confiar. Los residentes deben saber cuáles son sus riesgos, cómo detectar las señales tempranas de un desastre natural y dónde encontrar orientación local confiable sobre qué hacer.
Con este fin, Brasil está desarrollando un agente de inteligencia artificial que proporcionará información y asesoramiento sobre desastres climáticos a sus residentes. Esta es una de las primeras iniciativas nacionales a gran escala que integra la IA, las simulaciones y la participación ciudadana en una herramienta de preparación ante desastres dirigida a las personas. Está dirigido por el Instituto Nacional de Ciencia y Tecnología en Simulación y Monitoreo para Asistencia Individual en Eventos Climáticos Extremos (INCT-SIM-AI).
Para cada hogar, la herramienta almacenará datos, incluida una dirección y cualquier necesidad particular relacionada con posibles evacuaciones. Estos se combinarán con datos públicos a través de la agencia de gestión de emergencias de cada estado para proporcionar a los residentes información precisa y actualizada.
Desarrollar una herramienta de este tipo es un desafío humano tanto como técnico. Ninguna comunidad es homogénea: las personas difieren en sus condiciones sociales, económicas y educativas, y en la forma en que confían en la tecnología e interpretan las advertencias. Los científicos deben escuchar a la gente local y comunicarse con ellos de forma clara.
Y así, en julio de 2025, el gobierno lanzó un instituto interdisciplinario para reunir a investigadores de todo Brasil y del extranjero en informática, IA, psicología y ciencias sociales, con una inversión de 11 millones de reales (2 millones de dólares) durante cinco años. Una herramienta preliminar proporciona información sobre la inundación de 2024 en Porto Alegre. Se espera que el proyecto piloto se ponga en marcha a finales de este año. Funcionará como un «Google Maps del pasado», que los residentes podrán utilizar para consultar los niveles de agua de una dirección y fecha específicas. Proporcionar acceso a los datos sobre desastres pasados es el primer paso para informar a las personas sobre cómo la lluvia y las inundaciones pueden afectar los lugares donde trabajan y viven.
El proyecto tiene tres pilares.
Primero, las simulaciones. Este es el aspecto que coordino, utilizando mis décadas de experiencia en el estudio de la simulación de multitudes. Los modelos de alta resolución simulan cómo podrían evolucionar los fenómenos climáticos extremos, como inundaciones, deslizamientos de tierra y olas de calor, en ciudades y barrios. Los gemelos digitales, modelos actualizados con datos en tiempo real, combinarán mediciones meteorológicas, información del terreno y modelos hidrológicos para estimar los impactos en ubicaciones específicas. Los investigadores simularán escenarios de evacuación para comprender los tiempos de reacción de las poblaciones y adaptar las recomendaciones en consecuencia.
En segundo lugar, la supervisión. Para ello, la participación ciudadana es clave. A través de los teléfonos inteligentes, los usuarios pueden compartir datos en tiempo real —como fotos o lecturas de sensores— que se incorporan a los mapas de riesgos en vivo. Estas aportaciones generadas por la comunidad permitirán al sistema refinar su comprensión de las condiciones sobre el terreno, tendiendo un puente entre los modelos a gran escala y las realidades locales. También convertirá a los ciudadanos en colaboradores activos de la seguridad colectiva, no en víctimas pasivas de los desastres.
En tercer lugar, traducir datos complejos en recomendaciones personalizadas y comprensibles. Investigadores en psicología y medicina dirigirán esta parte del trabajo. El modelo de IA deberá interpretar los datos integrados de simulación y supervisión para generar mensajes relevantes para la situación de cada individuo: alertas sobre el aumento de los niveles de agua, rutas hacia el refugio más cercano o explicaciones de por qué se producen inundaciones en una calle específica. La comunicación deberá adaptarse al contexto, el idioma y el nivel de alfabetización digital del usuario.
El instituto está buscando colaboraciones con agencias de defensa civil, organizaciones de salud y comunidades locales para garantizar que el sistema sea técnicamente sólido, socialmente relevante y psicológicamente sensible. Por ejemplo, mientras los ingenieros diseñan la infraestructura de simulación, los psicólogos y los expertos en comunicación estudian cómo las personas perciben y responden a la información sobre riesgos.
Este proyecto explora la conexión entre la tecnología y los seres humanos, y se basa en ella. Comprender el miedo, la confianza y la atención es crucial: una alerta que sea técnicamente correcta pero psicológicamente ineficaz podría no salvar vidas. La herramienta deberá agregar una gran cantidad de información generada a través de la colaboración colectiva. Pero para desarrollarlo, los científicos deberán comprender cómo las personas perciben, gestionan y confían en esta información.
Más allá de este agente de IA en particular, es crucial que la preparación ante desastres evolucione de los sistemas de alerta centralizados a enfoques que empoderen a las personas con información oportuna y personalizada. Los gobiernos, los investigadores y las organizaciones internacionales deben adoptar este enfoque y tender puentes entre los distintos campos y entre las personas.
Soraia Raupp Musse


