Malvinas 44 años: algunas memorias de nuestros aviadores y sus máquinas

Las operaciones aéreas argentinas durante la Guerra de Malvinas tuvieron un espectro amplio que fue más allá de los ataques a los buques, el sostén logístico y las operaciones en las propias islas. Hubo misiones poco conocidas pero que fueron esenciales para todo el esfuerzo bélico argentino.

El derribo de un bombardero BAC Canberra el 1º de mayo evidenció la vulnerabilidad de los bombarderos ante las defensas británicas y, tras dos misiones realizadas el 2 y 3 de mayo en que no encontraron blancos, se decidió que los bombarderos Canberra del Grupo 2 de Bombardeo, bajo el mando del Mayor Ramón Vivas no realizaran más salidas contra la flota británica. Además, se planearon salidas de interdicción marítima contra buques logísticos que apoyaran el esfuerzo británico, mientras se encontraran navegando en solitario rumbo al sur. Así, el 17 de mayo salieron cuatro aviones con apoyo de un Gates Learjet del Escuadrón Fénix, volando hacia Mar del Plata para reabastecerse de combustible, desde donde saldrían para bombardear un petrolero al este de la ciudad de Mar del Plata. La operación fue cancelada antes de que los aviones partieran. Ese mismo día se envió a uno de los bombarderos que había sido equipado con radar y transportando a tres tripulantes, excepto una ocasión en la que el mayor Vivas voló solo, iniciando misiones de vigilancia marítima con el indicativo Krill, repetidas los días 20, 21 y 25 de mayo y el 11 de junio.

Para protegerse de los misiles británicos, durante abril, técnicos de la II Brigada Aérea trabajaron en el desarrollo de un lanzador de chaff (señuelos contra los radares) y bengalas para los Canberras, con capacidad para siete cartuchos, y los Learjets con capacidad para cinco. Se construyó la estructura y se usaron los cartuchos para arrancar los motores, rellenos con bengalas, y también con franjas de aluminio construidas con una máquina para hacer fideos, regalo de una fábrica de pastas de Paraná.

La eficiencia del sistema, a pesar de haberse utilizado durante la guerra, solo se probó después, usando un Mirage IIIEA para interceptar un bombardero y observando que, de hecho, el bloqueo de radar con el Canberra se perdía cuando se lanzaba el chaff. Cuando se realizó el desembarco invasor el 21 de mayo en San Carlos el Mayor Jorge Chevallier planeó una misión con ocho Canberras y ocho bombas Mk.17 cada uno, escoltado por cazas Mirage IIIEA, para bombardear la cabeza de playa. Se llevarían a cabo bombardeos con un total de 32 toneladas de bombas en una zona de 2 km de largo y 2 km de ancho, desde 45.000 pies de altura. Justo después de que tres bombarderos despegaran, llegó la orden de cancelar la misión, porque había información que indicaba que la cabeza de playa se había dispersado y que había una gran actividad de los Sea Harrier en la zona. A la altura en que planeaban lanzar las bombas, la principal amenaza para los Canberra eran los Sea Darts del HMS Coventry, ubicado al norte de Isla Borbón.

A partir de entonces, se decidió que los Canberra operarían solo de noche, para contar con un factor defensivo a su lado, dado que, a diferencia de los aviones de ataque, llevaban a bordo un navegante que podía trazar la ruta hasta el blanco con bastante precisión, por lo que se realizaron vuelos de entrenamiento de navegación nocturnos en formación muy cerrada y a muy baja altitud, sin luces de navegación y en silencio radiofónico, comunicándose entre aviones con una pequeña luz, usando código Morse. La primera misión de bombardeo nocturno se lanzó el 26 de mayo desde Río Gallegos, pero, debido al mal tiempo sobre el teatro de operaciones, tuvieron que regresar, aterrizando en Río Gallegos a las 4:40 h.

Mientras esos aviones volvían, a las 3:20 h del 27 de mayo, dos aviones salieron a bombardear el campamento británico en la bahía Ajax. Los aviones debían guiarse por un fogón en la BAM Cóndor, porque el ataque tendría lugar a baja altitud, en silencio de radio y sin luces. Aunque no pudieron ver el fuego, los aviones encontraron el objetivo y desde unos 800 pies lanzaron las bombas sobre el campamento, regresando a las 6:00 h en su primera misión exitosa. Dos días después salieron otros dos Canberra, armados con cuatro bombas Mk.17 de 500 kilos, al mismo objetivo. A pesar de la niebla lanzaron las bombas a 700 pies de altura, confirmando la explosión.

El 31 de mayo volvieron a salir hacia San Carlos, aunque uno debió regresar y el otro siguió hacia el blanco, con los capitanes Carlos Pastrán y Fernando Casado, lanzando las bombas cerca de donde se encontraban en tierra los helicópteros Sea King del escuadrón 846 de la armada británica, seguidos inmediatamente por la escuadrilla Odín con otros dos Canberra. Los helicópteros, que por poco no sufrieron daños, fueron evacuados al buque HMS Fearless en la mañana, para evitar que sean destruidos.

Debido al avance británico sobre Puerto Argentino, se decidió comenzar a atacar a la concentración de tropas enemigas en Monte Kent, lanzando la primera salida con tres aviones el 1 de junio, cada uno armado con tres bombas de 500 kilos. Uno de los aviones debió volver por una falla pero los otros lanzaron sus bombas sobre el blanco. Los aviones fueron detectados por la fragata HMS Minerva y los pilotos informaron de un misil disparado contra ellos. El radar de la Fuerza Aérea Argentina en Puerto Argentino detectó un Sea Harrier que intentaba cazarlos, por lo que se avisó a la tripulación, que lanzó bengalas y escapó.

El 4 de junio se volvió a bombardear la zona con cinco aviones cuya navegación sería apoyada por un Hércules, mientras que tres IAI M5 Dagger harían un ataque previo. Los aviones lanzaron sus bombas con éxito, aunque los Sea Harrier intentaron cazarlos nuevamente, sin lograrlo. Los británicos habían posicionado al destructor HMS Cardiff en una trampa de misiles cerca de las islas, intentando detectar y derribar a los Canberra, pero no dispararon ningún misil contra los aviones.

El 5 de junio cuatro aviones salieron a realizar un nuevo ataque, pero fueron recibidos por misiles antiaéreos y debieron abortar el lanzamiento de las bombas cuando el avión de los 1º tenientes Mauad y Acosta casi fue derribado por un Sea Dart. Durante la maniobra para esquivar el misil, la estela de este causó una turbulencia que generó que el motor derecho se apagara. Al aterrizar con un solo motor, el avión se salió de pista pero solo sufrió daños menores. Debido a estas misiones, los británicos decidieron enviar el portaaviones HMS Invincible y la fragata tipo 22 HMS Brilliant a una posición a 100 millas al oeste de las islas, durante la noche entre el 6 y el 7 de junio, para lanzar Sea Harriers en un intento de derribar a los Canberra antes de que alcanzaran los objetivos.

La operación no tuvo éxito. Debido al mal tiempo esa noche los Canberra no volaron. Cuatro aviones fueron desplegados desde Trelew a Mar del Plata junto a un BAe HS-125 del Escuadrón Fénix, para realizar el 8 de junio el ataque al petrolero Hercules junto al C-130H Hércules configurado como bombardero. El 10 de junio los aviones volvieron a Trelew y esa noche salieron para atacar Monte Kent. El 12 de junio los dos que salieron en los primeros minutos del día para bombardear la zona de Bluff Cove, se encontraban las tropas de la 5º Brigada de Infantería, pero por problemas en los tanques suplementarios de combustible ambos debieron regresar. Tras ellos salió la escuadrilla Acuario, cuyo líder también debió regresar, aunque el numeral pudo realizar su ataque en Bluff Cove y aterrizó a las 2:30 h de la madrugada.

En la noche de ese día salieron dos aviones a bombardear Port Harriet House, cerca del Monte Kent, donde se encontraba el puesto de mando de las fuerzas terrestres británicas. Debido al regreso por mal tiempo, le siguió la escuadrilla Berlín, con dos aviones, logrando divisar dos buques británicos en su aproximación sobre el mar, al norte de las islas. Pasaron entre ellos y pudieron ubicar el objetivo al ver Puerto Argentino iluminado en medio de la noche, lo cual les permitió ajustar la navegación, por lo que lanzaron sus bombas e inmediatamente les avisaron que se habían cruzado con dos Sea Harrier que intentaron perseguirlos. Aterrizaron de regreso en la madrugada del 13 de junio.

A las 21:30 h de ese día salió la escuadrilla Baco, liderada por los capitanes Pastrán y Casado, junto a los tenientes Rivolier y Annino, escoltados por dos Mirage IIIEA de la Escuadrilla Plutón. La misión, al igual que las anteriores, era atacar el puesto de mando en Port Harriet House, con cinco Mk-17. Los aviones se aproximaron por el sur y cerca de las 23:00 h lanzaron sus bombas, pero inmediatamente les fue lanzado al menos un misil Sea Dart, que impactó contra el avión de Pastrán y Casado en la parte inferior. El Capitán Pastrán pudo eyectarse, pero el asiento del Capitán Casado no funcionó y perdió la vida. Mientras tanto, a las 00:05 h del 14 de junio, el otro Canberra aterrizaba en Río Gallegos, siendo el último avión de la Fuerza Aérea Argentina en operar en la guerra. Los Canberra realizaron 58 vuelos, de los cuales nueve fueron de reconocimiento y el resto de bombardeo, 18 de ellos alcanzaron sus objetivos. Volaron durante 295 horas y lanzaron 85.000 libras de bombas.

Aviones civiles en guerra

Una unidad muy peculiar fue el Escuadrón Fénix, nacido en 1978 durante la crisis con Chile tras el proyecto del Brigadier retirado Gilberto Hilario Oliva, quien creó una unidad con aviones civiles para cubrir algunas necesidades de la Fuerza Aérea durante el conflicto. Cuando comenzó la guerra de 1982, el Capitán retirado Jorge Luis Páez fue llamado para organizar la unidad en abril. Unos 110 pilotos civiles, algunos de ellos militares retirados, mecánicos y otras personas, integraron el escuadrón durante la guerra, recibiendo todos el rango de Alférez en comisión. Los aviones utilizados incluyeron 17 jets ejecutivos y 23 turbohélices, a los cuales se unieron los cuatro Gates Learjet 35A de la II Brigada Aérea de la FAA. Todos estaban equipados con cámaras fotográficas ventrales, mientras que el Instituto Nacional de Aviación Civil (INAC) envió sus dos Learjets, un FMA IA-50 GII y dos Douglas C-47, pero estos últimos tres solo se utilizaron en vuelos de transporte sobre el continente.

Las tareas consistían en la distracción para saturar los radares británicos y atraer a los Sea Harrier para que las escuadrillas de ataque alcanzaran sus objetivos. También se utilizaron para guiar las escuadrillas de combate hacia las islas utilizando sistemas de navegación VLF Omega, retransmisión por radio, reconocimiento, búsqueda y rescate, transporte rápido, evacuación médica y patrulla costera. Los aviones se seleccionaron por su rendimiento. Solo los Learjets se usaban para misiones de distracción y el HS-125 para retransmisión por radio. Esta fue la única unidad argentina que contó con ciudadanos británicos que vivían en Argentina. Uno de ellos fue Jimmy D. Harvey, nacido en Inglaterra y ex piloto de la RAF, veterano de la Segunda Guerra Mundial, que volaba el Learjet 24 de la empresa Orue. El otro fue Alan Withington, que voló en la última parte del conflicto y también realizó muchas misiones con la RAF durante la Segunda Guerra Mundial, a pesar de haber nacido en Córdoba, provenía de una familia británica.

El 24 de abril comenzaron las operaciones, principalmente para reconocimiento. La mayoría de los aviones operaron desde Comodoro Rivadavia, donde utilizan el hangar de YPF para el mantenimiento. El 1 de mayo tuvieron lugar las primeras misiones de distracción con cuatro Learjets, los cuales volaban hasta casi llegar a las islas, atrayendo la atención de los Sea Harrier y saturando los radares británicos, retornando al continente apenas los invasores se acercaban a ellos. Paralelamente dos Mitsubishi MU-2 hacían retransmisión de radio entre los aviones de combate y las bases, uno volando por la mañana y otro por la tarde.

Estas misiones continuaron de manera regular casi todos los días. El 8 de mayo, debido a las misiones de bombardeo nocturno de la flota británica, la Fuerza Aérea Sur intentó un truco: dos Learjet 35 con indicativo Nácar despegaron de Comodoro Rivadavia a la 01:26, rumbo a las islas, llegando a Soledad a las 02:36. Allí simulaban ser aviones de combate y observaban el fuego de los cañones del buque. Después de eso, regresaron a su base. Aparentemente, lograron su intención, ya que a las 02:48 cesó el bombardeo británico y el radar de las islas detectó una patrulla de Sea Harrier volando hacia ellos, que lanzaron una bengala y más tarde regresaron al portaaviones.

Esta operación se repitió a las 06:00 h del 9 de mayo, pero cuando estaban al oeste de Puerto Argentino, el radar en las islas les ordenó regresar porque se acercaba una patrulla de Sea Harrier, que intentó cazarlos sin éxito. Más tarde, a las 10:07 h, despegaron dos Learjet, que cuando estaban sobre Bahía del Aceite, vieron una estela de condensación acercándose y ambos aviones rompieron la formación, iniciando un descenso brusco, mientras la tripulación veía dos misiles volando horizontalmente hacia ellos. Eran dos Sea Dart lanzados desde el destructor HMS Coventry, que identificó erróneamente los aviones como un Hércules escoltado por dos cazas. Los Learjet escaparon volando muy bajo, lo que llevó a la tripulación del buque a creer que habían derribado los aviones. Ambos aviones aterrizaron en Río Gallegos a las 12:57 h y más tarde continuaron hacia San Julián.

Al mismo tiempo, otro Learjet sobrevoló Puerto Argentino, más al este, cuando el operador de radar en tierra les ordenó hacer un giro cerrado a la derecha, ya que había observado un Sea Dart, que pasó muy cerca de la punta del ala. El avión descendió y regresó a Río Gallegos a las 13:10 h. Debido a la gran cantidad de misiones de combate realizadas el 21 de mayo para atacar los desembarcos británicos, se realizaron muchas acciones de diversión y engaño. El 1 de junio, debido a la pérdida del C-130H matriculado TC-63, derribado por un Sea Harrier, el Larjet LV-LOG fue enviado en una misión SAR a la zona, despegando a las 15:20 h desde Comodoro Rivadavia, acercándose a la zona donde el avión fue derribado 55 millas al norte de la Isla Borbón. Allí vieron una patrulla de Sea Harrier volando a unos 2.000 o 3.000 pies de altura, por lo que escaparon volando muy bajo y aterrizaron a las 18:15 h.

El 7 de junio salieron los Learjets T-24 y LV-ONN con indicativo Nardo desde Comodoro Rivadavia a las 8:00, volando hasta la posición 51º15’S-60º30’O a 40.000 pies. Allí establecieron contacto con el radar en Malvinas y a las 9:06 h, el copiloto del numeral vio dos pequeños destellos en la superficie del Estrecho de San Carlos y luego dos estelas de misil ascendiendo. El piloto del líder, Vicecomodoro Rodolfo De La Colina, también los vio y comenzó a girar a la izquierda, mientras informaban al operador de radar que regresarían al continente, cuando su avión fue alcanzado por uno de los dos Sea Dart. Su numeral, que estaba a unos 200 o 300 metros de él y por encima, vio una gran bola de fuego tras el impacto del misil en la parte posterior, observando la parte delantera del avión aún intacta, cayendo en picado. Toda la tripulación del T-24 pereció con la aeronave: el Vicecomodoro Rodolfo De La Colina (Jefe del Escuadrón Fénix), el Mayor Juan Falconier, el Capitán Marcelo Lotufo, el Suboficial Ayudante Francisco Luna y el Suboficial Auxiliar Guido Marizza.

El piloto del LV-ONN, el Teniente Primero Eduardo Bianco, aceleró a fondo y escapó tan rápido como pudo, aterrizando en Comodoro Rivadavia a las 10:40 h. Las misiones anteriores de los Learjets no habían encontrado oposición antes, pero ahora el destructor HMS Exeter estaba en misión de defensa aérea en San Carlos y sus operadores de radar detectaron la aproximación a las 9:05 h, tocando la alerta aérea roja, al suponer que los aviones eran dos Canberra. Tres minutos después lanzaron dos misiles Sea Dart, de los cuales uno se perdió segundos después de ser lanzado y el otro impactó en el T-24. Este fue el único avión perdido en el Escuadrón Fénix.

Debido a esta pérdida se consideró demasiado arriesgado continuar con las misiones de distracción, ya que los británicos tenían buques en San Carlos y era imposible volar más allá de la costa oeste de las islas, estando dentro del alcance de los Sea Dart, mientras que no estaban lo suficientemente cerca para atraer a los Sea Harrier. Por ello el 8 de junio se realizó la última misión de este tipo. En total el Escuadrón Fénix voló 780 horas durante la guerra, realizó 14 misiones para guiar escuadrillas de ataque y 28 para retransmisión por radio, además de numerosas misiones de distracción, reconocimiento y enlace.

Buscando a la flota

Luego de la vuelta del portaaviones a su base, ante la amenaza de los submarinos nucleares, los Grumman S-2E Tracker de la Escuadrilla Aeronaval Antisubmarina se desplegaron a la Estación Aeronaval Río Gallegos, pasando a formar parte de Elemento de Tareas 80.2.2.2. Desde allí realizaron numerosos vuelos de vigilancia marítima, comenzando con el del 2-AS-24 el 13 de mayo, desde Río Gallegos, despegando a las 7:50 h y retornando a las 12:10 h, encontrando solo barcos mercantes. A partir de allí comenzaron a volar casi diariamente. El 15 de mayo, el mismo Tracker salió a las 7:10 h y, volando cerca de isla Borbón, se le pidió buscar un buque de guerra británico al norte de la isla. El Tracker no encontró la nave y aterrizó a las 12:00 h.

En los vuelos de patrulla marítima cada vez más seguido detectaban emisiones radar de buques británicos, empleando para ello un receptor desarrollado en esos días por el personal de la propia fuerza. Debido a la información sobre un desembarco británico en las islas, a las 7:00 h del 21 de mayo un Tracker despegó para buscar buques actuando como piquetes de radar británicos entre el continente y las islas. A las 9:20 h se le ordenó regresar, porque se detectaron patrullas de Sea Harrier británicos sobre San Carlos. Ese día se realizaron otros dos vuelos de Tracker, que sirvieron para guiar a las escuadrillas de A-4Q Skyhawk que hundieron a la fragata HMS Ardent. El 24 de mayo, cuando uno de los Tracker mantenía el contacto de un buque, recibió señales del radar de un Sea Harrier, por lo que escapó inmediatamente, lo mismo sucedió con otro vuelo en horas de la tarde. Estas operaciones siguieron de manera regular hasta el final de la guerra, detectando en casi todos los vuelos las emisiones británicas y, en muchos casos, logrando establecer la posición de los buques.

Debido a las malas condiciones de los Neptune de la Escuadrilla Aeronaval de Exploración, se recibieron dos Embraer EMB-111 Bandeirulha cedidos por la Fuerza Aérea Brasileña, los cuales serían operados por el Capitán de Corbeta Julio Kalauz y el Teniente de Navío Miguel Salvador, como comandantes, mientras que el Teniente de Corbeta Luis Navarro y el Guardiamarina Gustavo Zurdo serían los copilotos. A ellos se les sumó luego el Teniente de Navío Fiorini y el Guardiamarina Sule.

Los aviones llegaron al país el 12 de mayo y se les instaló un equipo de apoyo electrónico, igual al instalado en los Tracker. El 21 de mayo se desplegaron a Río Gallegos y al día siguiente realizaron su primera misión. El alcance de los aviones era una gran ventaja frente a los Tracker, ya que los Bandeirulhas podían volar bien al este de las islas, aunque con la complicación de la formación de hielo. Por su origen, el avión no tenía deshieladores en las alas.

Tras muchos vuelos al sur de las islas con ese avión, se determinó que la mayoría de los barcos operaban al este y norte de las islas. Por ello, a las 5:46 h del 1 de junio, uno de ellos despegó para volar hacia el este del archipiélago, acercándose desde el sur. La tripulación estaba formada por el Teniente de Navío Fortini, el Teniente de Fragata Navarro y los guardiamarinas Carrizo, Orofino y Savoia. Alcanzaron una posición al este del extremo sur de Isla Soledad, donde recibieron muchas señales de emisiones radar enemigas, confirmando la zona donde operaba el Grupo de Batalla del portaaviones. Las últimas misiones se realizaron el 13 de junio, cuando realizaron dos salidas sin encontrar blancos. Los Embraer EMB-111 Bandeirulha realizaron 39 salidas, sumando un total de 206 horas de vuelo sin pérdidas. Los aviones regresaron a Brasil el 14 de julio. Fueron los primeros aviones construidos en Brasil en participar en operaciones de combate.

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