Otra vez prometen grandes centros de datos en la Patagonia. Dudas de AgendAR

Durante décadas, Patagonia se instaló en mercados globales por su potencial energético. Hoy, exporta algo que el mundo necesita con urgencia creciente: capacidad para procesar inteligencia artificial (IA). En un planeta donde la demanda de datos creció un 17% solo en 2025 —según la Agencia Internacional de Energía— y donde el consumo eléctrico de los data centers alcanzará los 565 TWh globales en 2026, las grandes tecnológicas salieron a buscar territorios con tres atributos difíciles de combinar: energía abundante, espacio físico y estabilidad en el suministro. La Patagonia los tiene todos.

El dato que mejor resume la magnitud de lo que está en juego: en octubre de 2025, OpenAI y la empresa argentina Sur Energy firmaron una carta de intención para construir el mayor data center de América Latina en suelo patagónico, con una inversión estimada de hasta USD 25.000 millones y una capacidad de 500 megavatios (MW). Para dimensionarlo: el mayor data center de la región hasta hoy está en San Pablo y tiene 61 MW. El proyecto, denominado Stargate Argentina, multiplicaría esa escala por ocho.

¿Por qué la Patagonia y no otro lugar del mundo? Previsiblemente, la respuesta no es una sola. Es una suma de ventajas estructurales que, en el contexto del boom de la IA, se vuelven decisivas.

En un repaso rápido, sin dudas, se debe mencionar la abundante energía renovable. La región concentra algunos de los parques eólicos más potentes del hemisferio sur, con factores de capacidad superiores al 40%, y alberga represas hidroeléctricas de escala industrial. Entre ellas, la central Piedra del Águila, sobre el río Limay, con una capacidad instalada de 1,44 GW, operada por Central Puerto —una de las empresas que ya firmó memorando de entendimiento con Sur Energy para proveer energía al proyecto Stargate. Genneia, la mayor generadora de energía renovable del país, también forma parte del esquema de suministro.

Por otro lado, la respuesta también debe hacer foco en el territorio y la baja densidad poblacional. Un data center de escala hiperescala requiere espacio para infraestructura, expansión futura, corredores eléctricos y logística. La Patagonia ofrece todo eso sin los problemas de saturación que enfrentan otras regiones. El departamento de Confluencia, en Neuquén, sobre la línea de localidades cercanas al río Limay y el límite con Río Negro, es la locación que el consorcio viene afinando con el gobierno provincial.

El clima frío natural es otra variable clave. La refrigeración representa entre el 30% y el 40% del consumo eléctrico de un data center convencional. El clima patagónico reduce drásticamente ese costo energético, un factor que los operadores globales evalúan desde el primer momento de la selección de sitio.

Finalmente, la conectividad. La región dispone de acceso a tendidos de fibra óptica y conexión a cables submarinos, requisito indispensable para el tipo de latencia que exigen las cargas de trabajo de IA a escala global.

La escala del proyecto y sus actores

Sur Energy, empresa fundada por Emiliano Kargieman —cofundador también de la compañía de microsatélites Satellogic— y el recientemente fallecido Matías Travizano, lidera el proyecto como desarrollador de energía e infraestructura. OpenAI actúa como principal comprador de capacidad de cómputo (offtaker), sin asumir directamente la inversión. La primera fase del proyecto —entre USD 7.000 y USD 10.000 millones— tenía como objetivo estar lista en dos años desde el anuncio.

El proyecto se encuadra en el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), el marco que el gobierno de Javier Milei implementó para atraer capital extranjero en tecnología y energía. Sam Altman, CEO de OpenAI, fue explícito al presentarlo: «Este hito va más allá de la infraestructura. Se trata de poner la inteligencia artificial en manos de la gente de toda la Argentina».

A junio de 2026, ocho meses después del anuncio, los avances públicos son limitados. OpenAI confirmó que «es un proyecto complejo y de largo plazo» y ratificó su intención. En paralelo, Tesla analiza también la construcción de un data center en Neuquén, en asociación con YPF Luz, con una delegación prevista para julio de 2026.

Brasil, México y Chile lideran el desarrollo de data centers en América Latina.
Brasil, México y Chile lideran el desarrollo de data centers en América Latina.

El contexto global que explica el interés

La Patagonia no aparece en el radar de OpenAI por azar. Stargate Argentina sería el décimo nodo de la red global Stargate —tras proyectos en Texas, Nuevo México, Ohio, Emiratos Árabes Unidos, Noruega y el Reino Unido— y el primero en América Latina. La estrategia refleja una tendencia clara: las grandes tecnológicas buscan distribuir su infraestructura globalmente para reducir riesgos geopolíticos y acceder a energía más barata y limpia.

El driver es la IA. Los servidores optimizados para inteligencia artificial representarán el 31% del consumo eléctrico total de data centers en 2026, según Gartner, con un crecimiento del 84% interanual. Cada entrenamiento de un modelo de gran escala con ocho GPUs avanzadas durante ocho horas consume 62 kWh —con los chips al 93% de utilización promedio—, según el Congreso de EE.UU. A esa escala multiplicada por millones de ejecuciones diarias, la disponibilidad de energía firme, limpia y económica se convierte en el cuello de botella más crítico del negocio.

Comunidades locales denuncias cortes de agua y problemas de suministro eléctrico.
Comunidades locales denuncias cortes de agua y problemas de suministro eléctrico.

Tensiones tras el entusiasmo

El debate en Argentina no es solo sobre oportunidades. Hay cuestiones ríspidas que requieren un análisis detallado. Para empezar, los data centers de esta escala requieren millones de litros de agua dulce para refrigeración. La Patagonia ya enfrenta estrés hídrico, con ríos en caudales históricamente bajos. Ese consumo se sumaría al de Vaca Muerta, donde la actividad de fracking acumuló 17.300 pozos en 2025 con un consumo estimado de más de 1.038 millones de m³ anuales.

Por otro lado, el empleo. Estos proyectos generan miles de puestos durante la construcción, pero en operación una instalación de esta escala emplea entre 50 y 100 personas de manera permanente. El RIGI no impone obligaciones sobre empleo nacional.

Para terminar, otro tema complejo es la regulación ausente. Brasil exige 100% de energía sustentable para otorgar beneficios fiscales a data centers (régimen REDATA). Chile tiene un Plan Nacional de Data Centers 2024–2030. Argentina no tiene regulaciones específicas para este tipo de instalaciones: solo beneficios fiscales sin condiciones de sostenibilidad, eficiencia hídrica ni compromisos de I+D local.

ooooo

Comentario de AgendAR:

(Este proyecto es un acuerdo de intención (Letter of Intent) firmado en octubre de 2025 entre OpenAI y la empresa argentina Sur Energy (fundada por Emiliano Kargieman. Sobre el asunto dijimos en AgendAR que «parece prematuro considerarlo «serio»». No habría hechos nuevos que obliguen a cambiar de opinión. En cualquier caso, Daniel Arias detalla aquí objeciones técnicas.).

Lo único a añadir sobre estos proyectos «patagónicos» de data centers es obvio: todos piden potencia firme, algo que por definición los parques eólicos no dan.

Ergo, estos data a construir van a enchufarse a centrales térmicas a gas de ciclos combinados. ¿Estos emires y sultanes de Silicon Valley querrán que esa guita la ponga Argentina, país con miles de megavatios como déficit de generación?

Tanta quema de gas genera impacto ambiental y sanitario a sotavento de las chimeneas. Y en las pocas áreas pobladas de la Patagonia, eso no es chiste. ¿Querrán resarcir los gringos a la Argentina por siquiera ese daño sanitario? No. Y el RIGI garantiza que no. Por algo estos pibes se vienen para aquí. En los EEUU los vecinos de los grandes data ya no los quieren. Dejan parva de vecinos con asma y enfermedad pulmonar obstructiva crónica, a cambio de un mínimo puñado de empleo local de poca monta: alguien tiene que barrer las oficinas de los «managers».

El único efecto derrame de los megadata centers de IA es hídrico, no social. El agua de refrigeración que consumen esas planicies de chips sale pura de los pocos ríos y acuíferos, y se descarga tan bebible como la de un radiador, y por lo mismo. ¿Querrán el señor Sam Altman y nuestro compatriota Emiliano Cargieman gastar una parva de dólares en devolver ese agua a estado original? Es una buena pregunta en una región árida.

La estepa suma 730 millones de km2, tiene 5 ríos dignos de figurar en ese mapa, y a excepción del Santa Cruz, en los años de bajante muestran las arenas del fondo y se cruzan caminando.

En la estepa y la costa, las ciudades ricas, (Comodoro Rivadavia es el mejor ejemplo), agotaron las fuentes de agua superficial, como el lago Musters, y hoy tienen una hora de suministro domiciliario diario, y 23 de canillas secas. Y eso pese a una considerable planta de desalinización de agua de mar.

Cada granja yanqui de IA va a ser un exclave bajo ley propia, que no va a dejar un mango en el país, y más intangible legalmente que una embajada.

Sólo que las embajadas no roban energía eléctrica ni hacen desaparecer el agua potable.

Somos los cobayos de un gigantesco experimento social y geopolítico: cuánta rapiña banca la región y el país, sin estallar.

Daniel E. Arias

VIAMás energía