Kicillof abrió el Congreso Productivo Bonaerense con datos propios sobre la caída de la industria

La cuarta edición del congreso reúne durante dos días en La Plata a los sectores productivos de los 135 municipios. La Provincia llegó con un relevamiento propio sobre empleo, importaciones e inversión, y con una comparación que ordena el debate: qué hacen hoy los países que ya tienen industria.

Axel Kicillof encabezó este martes en el Pasaje Dardo Rocha de La Plata la apertura del 4° Congreso Productivo Bonaerense. Lo organiza el Ministerio de Producción, Ciencia e Innovación Tecnológica que conduce Augusto Costa, con apoyo del Consejo Federal de Inversiones, bajo el lema «El valor de producir». Acompañaron al gobernador el ministro de Desarrollo Agrario, Javier Rodríguez, la jefa de Asesores, Cristina Álvarez Rodríguez, y el intendente de La Plata, Julio Alak.

Un ámbito que ya tiene trayectoria

No es un evento nuevo. En sus tres ediciones anteriores el Congreso reunió a más de 6.600 participantes, y la de este año se organiza en 37 paneles distribuidos en cuatro salas temáticas: innovación para la producción, infraestructura para la producción, herramientas para la producción y el trabajo, y desarrollo local. En la misma sede hay un espacio para proyectos, dispositivos y prototipos financiados por el Fondo de Innovación Tecnológica de Buenos Aires (FITBA) y stands de productores bonaerenses.

La composición de la sala explica el formato: empresas, cooperativas, cámaras, sindicatos, universidades, organismos públicos y comunidad científica, sentados en un mismo lugar a discutir política productiva. Es una función de convocatoria que en otros ciclos ocupó el Estado nacional y que hoy, en la práctica, la ejerce una provincia que concentra la mitad de la industria del país.

El diagnóstico, con números propios

El gobernador abrió con dos cifras de alcance nacional: 411.000 empleos formales perdidos y 30.633 empresas cerradas desde diciembre de 2023, según sus datos. Y agregó que la mayor parte de esa caída se localiza en territorio bonaerense, con un peso en la estadística superior al peso poblacional de la Provincia.

Pero lo más consistente de la presentación no fueron esas dos cifras sino el relevamiento del Ejecutivo bonaerense que las respalda, sector por sector:

  • Empleo. Entre noviembre de 2023 y mayo de 2026 se perdieron 153.744 empleos registrados en la Provincia, 45.822 de ellos en la industria. Desaparecieron 8.181 empleadores, 1.597 industriales. El 85% de los nuevos ocupados son informales.
  • Importaciones. Las compras externas de bienes de consumo alcanzaron en 2025 un récord de 11.400 millones de dólares, un 27,4% por encima del máximo anterior, de 2017. En 2026 el total importado cae, pero los bienes de consumo siguen subiendo. Las importaciones vía plataformas llegaron a 751 millones de dólares, casi el triple que en 2023.
  • Producción. La fabricación de vehículos en terminales bonaerenses retrocedió 15,5% frente a 2025. La producción de metales comunes cayó 8,8% este año y acumula 30,1% de baja frente a 2023. Alimentos y bebidas, 3,9% menos que en 2025 y 9,4% menos que en 2023. Textil y cuero, 14,5% por debajo de 2023.
  • Inversión. Cinco trimestres consecutivos de contracción, con un nivel tres puntos del PIB por debajo de 2023. La inversión extranjera directa muestra salida neta: más de 1.500 millones de dólares en 2025 y otros 130 millones en lo que va del año.
  • RIGI. El flujo neto de divisas acumulado desde el lanzamiento del régimen es de 762 millones de dólares, más del 80% en minería e hidrocarburos, y varios de los proyectos beneficiados eran anteriores al régimen.

Kicillof resumió el cuadro con una enumeración: juguetes, textiles, metalmecánica, plásticos. Sostuvo que en la Provincia las actividades a las que les va bien se cuentan con los dedos de las manos, y que la construcción, la industria, la producción agropecuaria familiar, las economías regionales y el turismo están entre las más golpeadas.

Qué hacen los países que tienen industria

El tramo más interesante del discurso no fue el de la confrontación con la Casa Rosada, aunque la hubo. El gobernador atribuyó la caída a una política económica nacional que, según planteó, promueve solo cinco sectores —minería, agro a gran escala, intermediación financiera, petróleo y gas— que explican alrededor del 8% del empleo del país, y sostuvo que ese esquema conduce a una economía primarizada en lo productivo, precarizada en lo laboral y dependiente en lo geopolítico. Comparó el programa actual con el de Martínez de Hoz.

Lo que ordena la discusión, sin embargo, es otra parte del argumento. Kicillof señaló que las economías más ricas de Europa y Estados Unidos están diseñando políticas, incentivos y participación estatal directa para reindustrializarse. «Los países que ya tienen industria, lo último que hacen es destruirla», dijo. Se puede reconvertir una rama, mejorar su perfil exportador, corregir su productividad; ninguno de esos países, planteó, piensa en desmontar capacidades que ya posee.

Y ubicó a la Argentina como un país con condiciones para el escenario que viene: capacidad científica instalada, energía, minerales críticos, tierras raras, biotecnología. Sumó a eso una lectura de política exterior: trayectoria de paz, neutralidad y multilateralismo, y una relación con Brasil que, como principal socio comercial, no conviene deteriorar.

La discusión de fondo

Este portal viene señalando, a propósito del debate por el Súper RIGI, que el problema no es si la Argentina puede atraer inversión, sino en qué condiciones lo hace y qué capacidad propia deja. Los datos del RIGI que presentó la Provincia van en esa misma línea: un régimen que, hasta ahora, concentra divisas en sectores de bajo empleo y premia proyectos que ya existían.

El cierre del gobernador fue una convocatoria explícita a construir una alternativa productiva nacional, con una definición de principios: no hay país sin producción, ciencia, trabajo, industria y soberanía. Distinguió entre los empresarios que denuncian el retroceso industrial y los que, en sus palabras, se funden y lo esconden.

Más allá de la retórica, el Congreso deja un dato de gestión. Durante dos días, una administración que gobierna la mitad de la industria argentina reúne a todos los actores del sistema productivo, presenta un diagnóstico con estadísticas propias y discute con ellos un modelo de desarrollo que, por escala, excede el territorio bonaerense. En un país donde la política industrial suele discutirse en abstracto, esa mesa existe, tiene cuatro ediciones y 6.600 participantes acumulados, y hoy la sostiene una provincia.

Equipo «27» de AgendAR