Los glaciares polares pierden billones de toneladas de hielo

Los glaciares de Groenlandia y la Antártida perdieron 11,3 billones de toneladas de hielo en los últimos 47 años, según el estudio

En un fiordo del oeste de Groenlandia hay un glaciar que fluye a tal velocidad que genera unas 41.000 millones de toneladas métricas de icebergs por año.

Día tras día, bloques de hielo azul y blanco del tamaño de edificios se desprenden hacia el océano y avanzan como una flota de embarcaciones congeladas por las aguas tranquilas del fiordo. Cada nuevo iceberg provoca, aunque sea mínimamente, un aumento del nivel del mar, del mismo modo que ocurre cuando se agrega un cubo de hielo a un vaso con agua.

Pero este glaciar, conocido por los científicos como Jakobshavn, es apenas el ejemplo más extremo de un fenómeno que se desarrolla en ambos polos y que se acelera año tras año.

Un estudio publicado el miércoles pasado en la revista Scientific Data reveló que los glaciares de Groenlandia y la Antártida perdieron 11,3 billones de toneladas métricas de hielo durante el último medio siglo, una cantidad suficiente para llenar aproximadamente 4500 millones de piletas olímpicas.

Toda esa agua proveniente del deshielo provocó que el nivel global del mar aumentara más de tres centímetros en los últimos 47 años, señalaron los investigadores. Esa cifra puede parecer pequeña, pero alcanza para exponer a entre seis y nueve millones de personas más al riesgo de inundaciones y erosión costera, según explicó el geocientífico Andrew Shepherd, fundador de la colaboración internacional que realizó el estudio.

El estudio señala que la aceleración del flujo de los glaciares explica gran parte de la pérdida de masa de hielo en los polos
El estudio señala que la aceleración del flujo de los glaciares explica gran parte de la pérdida de masa de hielo en los polosLA NACION

El análisis, basado en registros satelitales que se remontan a 1972, ofrece la radiografía más completa hasta el momento sobre la pérdida de hielo en los glaciares polares, de acuerdo con los autores. Los resultados indican que la mayor parte del problema no proviene simplemente del derretimiento superficial de las capas de hielo, sino de la aceleración del flujo de glaciares como el Jakobshavn.

“Esto nos muestra que la tendencia de largo plazo está impulsada por la respuesta dinámica de las capas de hielo a un océano que se está calentando”, afirmó en un comunicado la autora principal del estudio, Inés Otosaka, científica especializada en hielo de la Universidad de Northumbria.

Los océanos absorben la mayor parte del calor generado por las emisiones humanas de gases de efecto invernadero y se estima que las temperaturas de la superficie marina son hoy más altas que en cualquier otro momento de los últimos 11.000 años. Cuando glaciares que desembocan en el océano, como el Jakobshavn, quedan expuestos a aguas más cálidas, el hielo comienza a adelgazarse y fracturarse. A medida que el frente glaciar pierde estabilidad, disminuye su capacidad para contener el volumen de hielo acumulado detrás y el flujo se acelera.

El calentamiento global favorece la formación de agua de deshielo, un factor que puede acelerar el desplazamiento de las masas de hielo
El calentamiento global favorece la formación de agua de deshielo, un factor que puede acelerar el desplazamiento de las masas de hieloLA NACION

Otros estudios también indican que las temperaturas más elevadas permiten que una mayor cantidad de agua de deshielo se filtre hasta la base de las capas de hielo. Allí actúa como un lubricante que facilita el desplazamiento del hielo sobre la roca y acelera aún más su movimiento.

La aceleración de la pérdida de hielo preocupa a los científicos porque se espera que el deshielo de Groenlandia y la Antártida se convierta en el principal motor del aumento del nivel del mar durante las próximas décadas. Según estimaciones de la NASA, ambos polos podrían provocar una suba del océano de entre 0,9 y 1,8 metros hacia 2100, aunque la magnitud final dependerá de las medidas que adopte la humanidad para limitar el calentamiento global.

Sarah Kaplan

VIALa Nación