Brasil, 26 de octubre de 2026

Reflexiones del editor:

No hay un error en el título. Ni pretendo tener la legendaria bola de cristal. Estas líneas las publiqué en mi blog personal ayer a la mañana, con menos información que ahora. Y es obvio que no será lo mismo para Brasil, ni para América del Sur si el elegido es Lula o Flavio Bolsonaro el domingo 25 en la 2ª vuelta.

Pero quiero invitar a pensar en lo que no cambiará en Brasil y en América del Sur, sea cual sea el resultado.

Empiezo con datos que les puede dar la IA en su celular, pero vale la pena refrescarlos.

Población: unos 214 millones (alrededor del 32 % de la de América Latina y el Caribe).

Territorio: 8,52 millones de km². Equivale a cerca del 42 % de la superficie de América Latina y el Caribe.

PIB nominal: 2,28 billones de USD (2025); representa aproximadamente el 30-32 % del PIB total de ese mismo conjunto.

Brasil es, con holgura, el país más grande de la región en población, territorio y economía.

Para que no nos sintamos mal: Argentina es el segundo país más grande de América del Sur en territorio y población, y una de las principales economías de la región. En el decisivo campo de las capacidades tecnológicas… es difícil hacer mediciones precisas, pero nuestros dos países no están lejos uno del otro. Brasil nos supera en inversión e infraestructura. Nosotros nos  destacamos por calidad científica y especialización en nichos claves (nuclear, satélites, agrobiotecnología y software), pero sufrimos de menor escala, mucha menor continuidad de políticas y menor inversión relativa.

La conclusión geopolítica es obvia e inmutable, por lo menos para este siglo (y ha sido repetida muchas veces en este blog y en otros sitios): sin un acuerdo estratégico profundo entre Argentina y Brasil, la América del Sur es irrelevante en el sistema de poder global. Es lo que sucede hoy.

También hay antecedentes cercanos que nos permiten anticipar lo que podría y lo que no podría pasar en la realidad política brasileña.

Sucede que, aunque las clases dirigentes brasileñas han mostrado a lo largo de la historia astucia y prudencia -mantuvieron unida la América portuguesa; mientras que la inglesa se dividió en dos, EE.UU. y Canadá, y la española se balcanizó en una veintena de países. A pesar de eso, digo, hoy la sociedad brasileña está tan amargamente dividida como la nuestra.

Tanto en Brasil como en Argentina vemos ejemplos claros de lo que el sociólogo argentino Guillermo O’Donnell entre otros llamaba «empate hegemónico». Dos sectores sociopolíticos pueden obstaculizar el proyecto del otro y no pueden negociar un proyecto en común. Entonces esa sociedad corre el riesgo de quedarse sin proyecto.

Voy al antecedente más cercano, que les invito a tener presente.

Hace cuatro años, el 30 de octubre de 2022, Lula da Silva derrotó en el balotaje a Jair Bolsonaro  por un 1,8% de los votos . Después de su derrota electoral, el bolsonarismo hizo marchas, protestas y movilizaciones, y armó una insurrección el 8 de enero. En todos, llamando a los militares para que tomaran el poder.

Pero en Brasil el poder económico, el sistema judicial y el mismo ejército brasileño que 5 años antes financiara la campaña que transformó a Bolsonaro de ser un diputado más en presidente, habían reevaluado su estrategia.

Una parte importante del establishment, de esos poderes fácticos, decidieron que Bolsonaro sin importar su ideología, era en los hechos demasiado peligroso para la posición de Brasil en el mundo y para sus intereses, y estaban dispuestos a aceptar a un Lula con el que se podía negociar.

El mismo poder judicial que había condenado a Lula por corrupción con pruebas bastante flojas, encuentra que si, eran flojas y debía ser puesto en libertad, lo que significa claramente que podía volver a ser candidato la persona que tenia mas posibilidades de derrotar a Bolsonaro.

Lula, sindicalista, sabe negociar. Extendió su sistema de alianzas a la tradicional derecha brasileña. Geraldo Alckmin fue su candidato a vicepresidente en las elecciones de 2022 y lo es nuevamente en estas.

Alckmin fue gobernador de San Pablo, y su «expertise» es en infraestructura y administración pública. Su papel es de puente moderado y técnico en el gobierno de Lula.

Visto desde este sur, parece que Lula da más garantías al conjunto de la sociedad que el descendiente de la inestable familia Bolsonaro.

Pero ya está claro que esto no garantiza el resultado. En 3 semanas nuevamente están en condiciones de votar un poco más de 158 millones de brasileños, y serán sus emociones, temores y esperanzas las que decidan.

Abel B. Fernández

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