La ciudad rionegrina es el centro de una región que vive de peras y manzanas desde hace más de un siglo. Las cifras del trabajo que hay detrás de cada fruta muestran qué sostiene al Alto Valle, y qué lo pone en riesgo.
Por estos días, en las chacras del Alto Valle de Río Negro y Neuquén, miles de trabajadores recorren las filas de frutales sacando fruta a mano. Es el raleo: se retira parte de los frutos recién cuajados para que los que quedan crezcan con tamaño y calidad de exportación. Es la primera tarea grande de la temporada 2026-2027 y la menos visible. La cosecha llega recién en verano, y con ella unas 25.000 personas que levantan peras y manzanas con escalera y bolsa cosechera.
La cifra que mejor explica a la región no es la de toneladas. Es la de horas. Una hectárea de manzanas, en una chacra de tecnología media, demanda 933 horas de trabajo humano por año. Una de peras, 802. Traducido a jornadas de ocho horas, cada hectárea de manzanas necesita el equivalente a 117 días de trabajo de una persona, repartidos entre la poda de invierno, el raleo de primavera, el riego, los controles sanitarios y la cosecha. En otras actividades, eso sería un costo a reducir. En el Alto Valle, es la economía entera.
Una ciudad, una fruta
General Roca es la segunda ciudad de Río Negro y la Capital Nacional de la Manzana. Nació en 1879 como fuerte militar y desde la década del 60 organiza la fiesta que hoy es la Fiesta Nacional de la Manzana. A pocos kilómetros, Allen tiene el título de Capital Nacional de la Pera. Entre las dos frutas se explica buena parte de una urbe lineal de casi un millón de habitantes que se extiende a lo largo de los ríos Negro y Neuquén.
La cadena frutícola da trabajo directo a más de 40.000 personas entre las chacras y el eslabón industrial. A eso se suman entre 10.000 y 15.000 puestos indirectos en logística, transporte, servicios agropecuarios, provisión de insumos y comercio. Pocas regiones del país dependen tanto de un solo producto.
La cosecha que viene del norte
El rasgo más marcado de la actividad es la estacionalidad. De los 25.000 cosechadores que trabajan en el pico de la recolección, cerca de 18.000 viajan miles de kilómetros desde Tucumán, Santiago del Estero, Salta y Jujuy. Llegan para la temporada y vuelven a sus provincias cuando termina.
Ese sistema tiene fallas que se repiten. En la última temporada, más de 3.000 trabajadores temporarios quedaron varados en localidades de Río Negro y Neuquén, sobre todo en El Chañar, después de llegar a la región sin conseguir empleo. Ordenar las contrataciones y los traslados es una de las cuestiones pendientes antes de la próxima cosecha.
Pero la chacra no vive solo de la cosecha. El raleo, el manejo del riego, la supervisión sanitaria del monte frutal y el mantenimiento de las plantaciones son tareas de todo el año que exigen oficio y experiencia. En mayo, Roca fue sede de capacitaciones de poda de frutales para quienes ya trabajan en las chacras y para quienes buscan entrar al sector.
Del monte frutal al contenedor
Detrás de esos números hay historias como la de Carlos «Acha» Martínez, un productor nacido y criado en la chacra que todavía trabaja la misma tierra que fue de su padre y sus tíos. Desde esa base armó Antonio F. Martínez, la empresa que lleva el nombre de su padre y que, junto con la firma familiar Terruños de la Patagonia, despacha más de 300 contenedores de fruta por año al exterior.
Su caso muestra lo que el valle puede lograr cuando un productor se integra hasta la exportación. También muestra el problema que viene detrás: en muchas familias chacareras, los hijos eligen otros caminos y las tierras quedan sin quien las trabaje.
Una temporada más corta
La campaña 2025/26 dejó menos fruta. La cosecha de peras y manzanas de Río Negro y Neuquén llegó a 984.800 toneladas, unas 138.000 menos que la temporada anterior. Las peras sumaron 565.500 toneladas, cerca del 60% del total. Las manzanas cayeron a 419.300 toneladas, un 14,4% menos, y quedaron 9% por debajo del promedio de los últimos cinco años. El granizo y los problemas de polinización explican buena parte de la baja. En el primer trimestre de 2026, las exportaciones de manzana cayeron un 32% respecto del mismo período de 2025.
La temporada que empieza tampoco arrancó tranquila: las lluvias de las últimas semanas encendieron una alerta por sarna del peral, una enfermedad que mancha la fruta y le resta valor comercial.
Menos chacras, menos productores
La tendencia de fondo es más preocupante que una mala cosecha. Entre 2009 y 2022, los valles irrigados de Río Negro y Neuquén pasaron de 52.055 a 37.873 hectáreas con frutales: se perdió más de un cuarto de la superficie, a un ritmo de unas 1.000 hectáreas por temporada. En el mismo período dejaron el sistema más de mil productores, casi cuatro de cada diez, en su mayoría chacareros chicos. Las exportaciones de peras y manzanas, que en 2007 habían llegado a 741.000 toneladas, fueron de 344.858 en 2022.
Las chacras que salen de la fruta no quedan vacías. Muchas pasan a alfalfa, maíz para forraje u horticultura. Otras se lotean. La principal amenaza es el negocio inmobiliario, más fuerte en el oeste del valle por la cercanía con Vaca Muerta, y la provincia trabaja en una ley para regular esos loteos y proteger la red de canales de riego.
El contexto
El Alto Valle tiene al lado la economía más dinámica del país. El petróleo y el gas de Vaca Muerta traen inversiones, empleo y población, y con ellos suben el precio de la tierra. Frente a eso, una hectárea de manzanas que pide 933 horas de trabajo al año parece una actividad del pasado.
El problema no es depender de la pera y la manzana. Es que cada hectárea que se pierde se lleva cientos de horas de trabajo que no vuelven. Un barrio privado sobre una chacra no necesita poda, raleo ni cosecha. Una petrolera tampoco emplea a 18.000 personas del norte durante tres meses.
Las mismas mediciones de horas por hectárea sirven para planificar lo que viene: la mecanización y los nuevos sistemas de conducción de los frutales cambian cuánta gente necesita cada chacra y qué tipo de trabajo hace. Y la organización de la contratación temporaria, que en la última cosecha dejó a miles de personas varadas, es una cuestión de gestión, no de clima. En el Alto Valle, esa agenda se mide en horas por hectárea.
General Roca en datos
- Provincia: Río Negro, Alto Valle
- Fundación: 1879
- Perfil productivo: fruticultura de pepita (peras y manzanas), empaque y servicios a la cadena frutícola
- Título: Capital Nacional de la Manzana
- Empleo frutícola regional: más de 40.000 puestos directos y entre 10.000 y 15.000 indirectos
- Pico de cosecha: unos 25.000 cosechadores, cerca de 18.000 llegados del norte del país
- Trabajo por hectárea: 933 horas anuales en manzana, 802 en pera
- Cosecha 2025/26: 984.800 toneladas de peras y manzanas en Río Negro y Neuquén



