Cicaré entrega su helicóptero n° 100 (?)

La fábrica argentina de helicópteros fundada en Saladillo, provincia de Buenos Aires, por Augusto «Pirincho» Cicaré en los ’70, acaba de entregar el número 100. La gente del palo aeronáutico dice, medio en broma, que tal vez hayan sido más de 100, pero probablemente la empresa decidió dar un número redondo para hacer un evento mediático.

Si es raro que alguien fabrique helicópteros en la Argentina, más raro aún es que los exporte a sitios tan distantes como la Isla Mauricio, en el Océano Índico, o Australia, donde se lo puede ver controlando canguros rojos. Y todavía más extraño resulta que en realidad Cicaré ya no sepa cuántos helicópteros fabricó, pero es el caso.

Me gustaría también decir que es raro que este diseñador genial e intuitivo sea más conocido en el exterior que en su propio país. Pero esas excepciones entre nosotros, compatriotas, son más bien reglas.

En Saladillo, esa pequeña ciudad agropecuaria de la depresión bonaerense del Río Salado, «Pirincho» empezó a diseñar helicópteros a ojo y construirlos a mano en la adolescencia, en 1961. Viendo que volaban bien, «se corrió la bola» en las vecindades, y luego en el ambiente de los aeroclubes del país, que es un pañuelo. De modo que nunca le faltaron compradores.

En materia regulatoria, la Fuerza Aérea (autoridad aeronáutica civil en aquel entonces), estaba más bien ocupada con la homologación de sus propios aviones (fabricados en el Área de Materiales Córdoba) y los monomotores de otros fabricantes privados. Hasta los ’70, el mundillo de los fabricantes artesanales de vehiculos voladores muy livianos sencillamente no caía en ninguna categoría supervisable, de modo que era un alegre Far West.

Y es que la FAA tenía bastante trabajo en la aviación considerada «seria». Antes de la presidencia de Carlos Menem, nuestro primer presidente con brevet de piloto, teníamos paradójicamente varios fabricantes, de los cuales algunos, como Aeroboero, llegaron a producir 4.000 aviones a lo largo de 60 años, e incluso exportarlos en la región. Pero tras dos gobiernos del aeronauta Menem cerraron o quebraron todos… salvo Cicaré.

En los ’70, Pirincho Cicaré empezó a llevar números y a homologar sus aparatos cuando pasó de tener taller a tener fábrica, fundada formalmente. Ésa es la razón por la cual el evento del helicóptero número 100 tal vez haya quedado atrás hace un tiempo.

La construcción artesanal y bajo pedido firme explica que ese centenar aproximado de helicópteros livianos haya transitado por ya 12 modelos distintos hoy fuera de producción, 5 modelos en oferta actual y 2 en desarrollo. Entre ellos se destaca el único helidrón de peso mediano de Sudamérica, sobre el cual AgendAR publicó El dron argentino, RUAS-160, recibe su primer premio y El dron nacional: INVAP amplía la información sobre RUAS-160.

El RUAS 160, una máquina robótica dual de 160 kg capaz de levantar 80 kg. de carga útil, de uso tanto agropecuario como militar. Fue co-desarrollada para la agricultura de precisión con la firma nuclear y aeroespacial barilochense INVAP y Nicolás Marinelli, un productor agropecuario santafesino.

Las otras dos cosas que explican por qué Cicaré pasó por tantos modelos pero tan pocos helicópteros tiene varias respuestas posibles: desde 1982 la Argentina hizo todo lo posible por reventar su industria aeronáutica, de modo que el hecho de que la fábrica de Saladillo siga existiendo -y goce de buena salud económica- es más bien un milagro que habría que celebrar cada día. 

Por lo demás, las Fuerzas Armadas y de Seguridad, que deberían ser propulsores naturales de un fabricante nacional de helicópteros, no se sienten muy a gusto con los aparatos calificados -por peso y motorización- como ULM, Ultra Light Machines, ultralivianos: en general prefieren importar helicópteros más resistentes y pesados. En realidad, dado que produce viajes y comisiones y ya forma parte de su cultura, prefieren importar.

Sin embargo es obvio que a Cicaré, cuyos diseños han sido suficientemente buenos como para ser objeto al menos en una ocasión de robo de patentes por un gran fabricante mundial de helicópteros militares,  se le podrían pedir aparatos más pesados. Y eso sucedió.

En 2007 el Ejército le pidió a Cicaré su primer helicóptero militar a turbina, el CH-14, reconocible no sólo por su mayor tamaño, potencia y capacidad de carga sino por su diseño angulado de baja sección frontal para el radar, es decir menos detectable. Pero el prototipo no fue seguido por un pedido de pre-serie. En aviación, los argentinos siempre fuimos grandes fabricantes de prototipos únicos.

En el propio «Pirincho» hay una tendencia a querer desarrollar en forma constante productos nuevos. Quienes lo han tratado creen que fabricar siempre lo mismo en grandes series lo aburriría. Tal vez la creación del FONDEF, el Fondo para la Defensa, una iniciativa del ministro Agustín Rossi que le da autarquía económica pautada y creciente al Ministerio de Defensa, permita que Pirincho por una vez se aburra más, y que ver helicópteros argentinos se vuelva menos infrecuente.

Los helicópteros ULM de Cicaré suelen ser monoplaza o tener cabina en tándem, con piloto y copiloto sentados uno tras otro, para minimizar la sección frontal, tener una aerodinámica más pulida y así lograr mayor velocidad. Pero también ha incurrido en cabinas más convencionales, con piloto y acompañante sentados lado a lado.

La motorización preferida fue en otros tiempos el motor Rótax de 2 tiempos, que tiene una correlación ideal de potencia y peso, pero el éxito de la marca la llevó a elegir los Rótax de 4 tiempos -el doble de caros- por su mayor confiabilidad, en general de potencias mayores de los 110 HP.

En el caso del Cicaré 12, con cabina lado a lado, don Augusto empleó el viejo e indestructible Lycoming de 180 HP, el motor absolutamene convencional que suelen llevar las avionetas de 3 o 4 plazas en casi todo el país. Su único proyecto militar, como ya se dijo, el CH-14, tenía una turbina de 360 HP y podía llevar más de 700 kg. de armamento, lo que configuraba una nave interesante para patrulla y apoyo cercano a infantería.

 

Desde AgendAR, tenemos esperanzas de que el FONDEF permita la construcción serial del RUAS-160. Más allá de su indudable utilidad rural como aeroaplicador de alta eficiencia y bajo costo, especialmente en establecimientos de 200 o 300 hectáreas alejados de aeroclubes, es el tipo de aparato que podría multiplicar enormemente el poder de observación, detección y también de captura de pesqueros piratas por cualquier unidad liviana naval o de la Prefectura.

Munido de un radar pequeño RASIT modificado por INVAP, una cámara telescópica en infrarroja y banda óptica FixView y una ametralladora liviana MAG 7,62 mm., el RUAS -160 podría operar desde la cubierta de barcos chicos que carecen de hangar de helicóptero. Su sola aparición en el cielo le quitaría a los pesqueros piratas la detestable costumbre de embestir entre varios a las naves de la Prefectura o de la Armada cuando estos tratan de cerrarles el paso, y los visitantes no autorizados tratan de ponerse a salvo más allá de la milla 200.

Es el tipo de tecnología que deberemos desplegar para dejar de ser sólo un lugar y volver a ser un país. Es una decisión más política que tecnológica.

Daniel E. Arias