El déficit que no cede

Según el último informe técnico del INDEC -con fecha 27 de diciembre- en el tercer trimestre de 2018 la cuenta corriente registró un déficit de US$ 7.591 millones. Está formado por los saldos negativos de la balanza de bienes y servicios, US$ 2.913 millones y de ingresos primarios, US$ 4.927 millones; y por uno positivo de ingresos secundarios de US$ 250 millones.

Pueden descargar el informe técnico aquí.

El economista Mariano Kestelboim señala en BAE Negocios que el déficit de la cuenta corriente (todas las transacciones reales y corrientes del país con el resto del mundo) está en sus niveles máximos históricos y su saldo posee un enorme impacto directo sobre la evolución del tipo de cambio, de la inflación y del PBI.

Al repasar la experiencia local, el comportamiento de esta cuenta ha tenido mayor preponderancia inclusive que las cuentas fiscales en el devenir económico. Y es más difícil de financiar este déficit, porque debe resolverse sí o sí con ingresos de capitales del exterior (inversiones o deuda) y/o una sustancial mejora de las exportaciones.

En cambio, las cuentas públicas pueden equilibrarse de más formas: deuda externa/interna, mayor presión tributaria, crecimiento económico y/o disminución del gasto público.

El interrogante clave es si la caída de la actividad reciente y la de los próximos meses será suficiente para balancear la cuenta corriente. No parece posible que el FMI esté dispuesto a financiar el desequilibrio por mucho tiempo más y que la fuga de capitales también está descontrolada (fue de 29.104 millones de dólares en los últimos 12 meses registrados).

Por eso, es crucial estudiar el Balance de Pagos. Del reporte oficial, los 7.591 millones de dólares de déficit entre julio y septiembre acumulan en el último año un rojo de 35.166 millones de dólares. Esta cifra equivale al 7,4% del PBI, según el cálculo que hizo el FMI (475.429 millones de dólares).

En el cuarto trimestre de 2018, el déficit debería reducirse por la devaluación y el agravamiento de la recesión que implicará menores importaciones y mayores exportaciones primarias y de manufacturas de origen primario. Pero no implicará un pago menor en concepto de rentas que en el último trimestre de 2017 explicaron la mitad del saldo negativo.