El gobierno reactiva el acuerdo con China para construir una central nuclear

(Adrian Escandar)

Finalmente el pragmatismo y la paciencia china se impusieron: el gobierno de Mauricio Macri decidió reactivar el controversial acuerdo con la administración de Xi Jinping para avanzar en el proyecto de construcción de la IV central nuclear en la Argentina, con una inversión global de 7.900 millones de dólares.

El portal de noticias Infobae -al que nadie puede acusar de insensibilidad a las preocupaciones de EE.UU. y de la NATO en esta área- lanzó la noticia hace pocas horas. Las rápidas consultas de AgendAR en la comunidad nuclear no produjeron resultados todavía (“El gobierno no nos consulta” fue la respuesta unánime), pero ya habíamos informado a principios de diciembre sobre un supuesto compromiso con Xi Jinping, y trámites en marcha parecen confirmar la decisión.

En 15 días llegará a Buenos Aires una misión de la empresa China National Nuclear Corporation (CNNC) y del gobierno chino para ajustar con funcionarios de Energía, de Cancillería y de la estatal CAMMESA los detalles finos del acuerdo.

La nueva central nuclear con capital y tecnología de China estará ubicada en Lima, el polo bonaerense de Campana. El préstamo chino será del 85% del total de la obra y el aporte local será de un 15%. A su vez, la tasa de interés que pagará la Argentina a China será de aproximadamente el 5,5% y el Gobierno logrará un adicional de USD 2.500 millones con una “financiación blanda” (no se dan cifras) para que el Tesoro Nacional tenga libre disponibilidad de esos fondos.

Según se indica en el preacuerdo (se negoció hace dos meses en Beijing mientras la Cancillería sostenía aquí, en pleno G20, que de energía nuclear ni hablar hasta 2022), la potencia de la nueva central nuclear será de 1.150 MW. Una vez en marcha -después de 5 años de construcción- la potencia nuclear instalada en Argentina estará por primera vez en la historia cerca de los 3 “giga”, o gigavatios: 2.940 MW, con las tres centrales existentes, es decir las dos Atuchas y Embalse, amén de la nueva.

Como ese mismo portal remarca, existió -probablemente todavía exista- una dura pulseada en el seno del gobierno macrista sobre este asunto. En el Ministerio de Hacienda -entre otros- había una oposición firme, y circuló en octubre del año pasado un documento reservado que elaboró el equipo de Dujovne y que sostenía que “no sería conveniente hoy poner en un compromiso financiero a la Argentina” para la construcción de una central nuclear.

Pero ante el inesperado anuncio presidencial los funcionarios hoy afirman “El diseño del nuevo acuerdo con China no afecta el esquema fiscal que tiene la Argentina ya que se trata de un préstamo a 20 años y con una quita en el costo global de USD 1.000 millones”. También se menciona una rebaja de casi USD 1.000 millones en la inversión -financiada- de la central que era de USD 9.000 millones y que ahora será de USD 7.900 millones. Además de los USD 2.500 de libre disponibilidad. Todos estos préstamos empezarán a pagarse recién en el 2021.

La flexibilidad de los chinos fue parcial: aceptaron bajar los costos del proyecto y sumarle un préstamo adicional, pero no se movieron en la idea de establecer en el acuerdo la decisión de hacerlo exclusivamente con tecnología nuclear de China, el reactor Hualong One que trabaja con uranio levemente enriquecido (4,4%) y agua liviana. No existe experiencia nacional en esta tecnología.

La Argentina históricamente trabajó con uranio natural sin enriquecimiento alguno en las Atuchas I y II, y en Embalse, que es una central CANDU canadiense de tubos de presión. De estos dos diseños llamados PHWR (Pressured Heavy Water Reactor), el único con clientes recientes, presentes y futuros es el CANDU. Las Atuchas, centrales alemanas con recipiente de presión, son excelentes pero demasiado complejas y caras, justamente por el costo de esa enorme pieza de acero forjado cuando tiene que encerrar un núcleo gigante.

Los núcleos de las centrales de uranio natural, por definición, son volumétricamente grandes, ya que el combustible natural es “menos picante”. Para el caso, pesa lo mismo el recipiente de presión de Atucha II, que rinde 690 MW eléctricos, que el de una moderna PWR (Pressured Water Reactor) de uranio enriquecido como Flamanville en Francia, que rinde 1600. En revancha, Atucha II tiene un quemado del uranio considerablemente más profundo que el tendrá Flamanville, o para el caso, cualquier PWR, incluida la Hwalong-1 que finalmente. al parecer, nos compraremos.

Los expertos nucleares que consultamos no coinciden en absoluto en que el país deba pasarse con trompetas y estandartes a la tecnología de uranio enriquecido, o con que ésta sea “el futuro” y el uranio natural “el pasado”. La India, con 12 copias del CANDU pedidas, 6 de ellas en construcción y 22 más en marcha, ejemplifica la cosa. China, cuya autoridad regulatoria ya aceptó 2 CANDU canadienses de 1000 MW para sumar a las 2 de 740 MW que compró durante el pasaje de siglo, es otro ejemplo. Corea, con 4 CANDU, está lo suficientemente contenta con esa tecnología como para relicenciar sus centrales para una 2da vida de 30 años operativos cuando se cumple “la primera vida”.

Los expertos históricos en Argentina dejan que la Secretaría de Energía (dirigida por petroleros) diga libremente sus opiniones acerca de qué es progresivo y qué no en materia nuclear, pero esperan poder liberarse de su conducción bajo otro gobierno, y construir otra u otras CANDU con componentes argentinos (con financiación propia se puede llegar al 100%). Es una tecnología buena totalmente dominada, y nos da la tranquilidad de producir el combustible 100% en Argentina desde 1984. Comprar centrales de uranio enriquecido es comprar una dependencia tecnológica con China u otro país con enriquecimiento de uranio a escala de centrales, es decir entre el 4 y el 5% pero en cantidades enormes.

Sobre este decisivo punto, recomendamos la lectura de nuestro artículo “Argentina domina la ingeniería CANDU. Es una ventaja global“.

En cualquier caso, en AgendAR vemos que las condiciones de financiación, participación industrial Argentina y dominio nacional sobre el combustible mencionadas son menos favorables que las ofrecidas en mayo de 2018 -cuando China ofrecía financiación también para Atucha III en versión CANDU, con un 85% de componentes argentinos y 8 años de gracia, es decir sin pagar un centavo desde la entrada en servicio. Esa CANDU china de 740 MW de la CNNC era parte de una oferta paquete con la Hwalong-1, planta muy potente, bonita y moderna pero todavía sin testear.

Esa generosidad casi desaforada de China se debe a que somos, un poco por défault, “la puerta grande” para entrar en Sudamérica, ya que exportamos reactores, mientras que en materia de centrales de potencia a los primos brasileños no les está yendo bien. El rival de los chinos en esta parte del mundo no son los EEUU, que desde 1981 no tienen ninguna central que se hayan podido vender siquiera a sí mismos. Los autodenominados “americanos” son a lo sumo un opositor diplomático formidable, pero limitado por la realidad comercial: no nos compran casi nada y son un competidor agropecuario. El oponente real de los chinos en Sudamérica es ROSATOM, la empresa nuclear del estado ruso, y para la CNNC hacer pie en Argentina con su central “de bandera” es ganarle el 50% de la partida. Hwalong significa, literalmente, “dragón chino”.

Sin embargo, los constantes cambios de libreto del gobierno macrista, desgarrado entre facciones y lobbies que acatan, genuflexas, al State Department y otras que prefieren comprar tecnología a quien al menos nos compra porotos de soja, están logrando que la generosidad inicial del dragón hoy esté a la baja. Esta vez no se habla de “años de gracia”, los intereses ya no son del 4% anual, y los pasillos nucleares dicen que CNNC exige los 3 primeros núcleos de la Hwalong: eso implicaría importar elementos combustibles durante al menos 12 años.

Por cierto, el gobierno ya cambió demasiadas veces de opinión y circulan un exceso de versiones de pasillo para dar una opinión definitiva. Esperaremos los hechos. Y ampliaremos.