Federico Trucco: «El modelo actual del agro se terminó»

Bioceres es una empresa de biotecnología, que se define a sí misma como un «proveedor integrado de soluciones de productividad de cultivos, que incluyen el desarrollo de semillas genéticamente modificadas, rasgos de semillas, tratamientos de semillas, productos biológicos, adyuvantes de alto valor y fertilizantes«. Es propietaria o tiene licencias de uso de 303 productos registrados, y suma 217 patentes y solicitudes. Nació en plena crisis de 2001, casi como un emprendimiento cooperativo, con el aporte de 23 socios privados. Y se ha transformado en una de las empresas insignia de la agroindustria argentina, que se contiza en la Bolsa de Nueva York.

Con la Argentina como principal mercado (el 75% de sus ventas son locales), exporta a países de la región –Brasil en primer lugar, pero también Paraguay, Bolivia, Uruguay y Colombia – y a otros productores de soja como los Estados Unidos, Sudáfrica, India, algunos mercados de Asia y el este europeo.

Al frente de Bioceres desde 2011, su presidente Federico Trucco concedió un reportaje donde habla sobre la salida de la firma a la bolsa, el avance hacia el trigo transgénico y su visión del futuro del negocio agropecuario.

.Empezaron el año con la cabeza en Wall Street. ¿Qué expectativas tienen para 2019 y cómo va a repercutir la salida a la bolsa en la empresa?

-Lo vemos como un año de transición entre la empresa privada que quería salir a la bolsa y la que termina listándose, en donde, por cómo se dio la transacción, hay una parte listada y otra que tiene inversiones en estadios más tempranos, que quedó en el ámbito privado. Entonces, lo primero es organizar esos dos mundos que tienen lógicas distintas para que puedan seguir construyendo valor. Del lado del negocio que listamos estamos muy contentos. Poder tener una empresa listada nos da mucha más flexibilidad en las opciones para originar capital y eso es importante para mantener nuestro plan de crecimiento. Vamos a cerrar este año fiscal con un crecimiento muy significativo respecto del año anterior (casi US$ 150 millones de ventas), con un EBITDA (siglas en inglés de «Beneficios antes de intereses, impuestos, depreciación y amortización») en el orden del 25% por encima de esas ventas, y queremos triplicar eso en un período de tres a cinco años en forma orgánica. Eso requiere un acceso a capital de trabajo para mantener nuestras inversiones en curso. Gran parte de nuestro crecimiento futuro depende de traer estas variedades de semillas con tolerancia a sequía que están siendo aprobadas y ahora tenemos que calar inventarios para poder tener volúmenes disponibles para los productores. De alguna manera, no estar atado a la volatilidad argentina que sigue existiendo y que nos va a afectar, un poco menos, le permite a la compañía poder mantener sus planes y sus proyecciones.

¿Ese fue el principal objetivo de salir a la bolsa? ¿Tratar de esquivar la volatilidad local?

Yo creo que sí, primero, por la constitución accionaria de la propia Bioceres donde tenés muy atomizada la propiedad. Siempre el mercado público fue algo importante, por el hecho de que nos permite resolver temas de participación accionaria de forma mucho más eficiente que en el ámbito privado. Y después, como una forma de desacoplarnos del mercado de capitales local que cada vez tiene más dificultades en financiar proyectos. Eso se hizo cada vez más notorio y en parte era un objetivo, más allá de la visibilidad internacional, de poder constituir una plataforma para la consolidación de otras empresas. Eso, si pensamos en crecimiento inorgánico, también puede ser interesante.

Su propuesta de un trigo transgénico, ¿es ser provocativo?

Totalmente. Muchas veces, cuando traemos este tema al debate, lo primero que escuchamos es: “¿Cómo se les ocurre meterse con el trigo?”. Es un cultivo que se usa para la harina, con la harina se hace el pan, hay 200 millones de hectáreas a nivel mundial, no existe trigo transgénico en ningún otro lugar del mundo… y justamente por todas esas razones es que se nos ocurrió meternos. Porque hiciésemos una soja transgénica, ya hay otros que lo lograron y tendríamos que entrar en un mercado que tiene dueños. Ahora, para mí, provocar eso en un mercado que no tiene dueños, donde venís con un elemento tecnológico disruptivo, es donde está la gran oportunidad. Termina teniendo una recompensa mucho más atractiva que los cultivos menos controversiales.

¿En qué etapa está hoy el proyecto?

A nivel local está en un momento de impasse. Se cumplieron los 60 días que nos había propuesto el Presidente cuando convocó a una reunión entre la empresa, (la Secretaría de) Agroindustria y privados para llegar a un acuerdo para la aprobación del desarrollo, para que tratemos de lograr un entendimiento entre privados. Avanzamos en algunos puntos, en otros tenemos visiones distintas… Ha sido un proceso positivo. Mientras tanto, terminamos de presentar la solicitud de aprobación en Brasil a principios de abril. Estamos trabajando en hacer otras presentaciones en América latina y en otros de producción a nivel internacional como los Estados Unidos, Sudáfrica o Australia.

Bioceres
Dedicada a la investigación, buscará fondos frescos en la bolsa

Después del trigo transgénico, ¿qué innovaciones vienen?

La misma tecnología del trigo la tenemos en soja, son dos productos que pueden explicar una parte importante de nuestro crecimiento futuro. Entre un tercio a casi el 50% de nuestro crecimiento estará vinculado en los próximos tres a cinco años a estos dos productos. En cultivos forrajeros, trabajamos en la desregulación de las primeras alfalfas transgénicas. A nivel tecnológico estamos viendo cómo este mundo de la biotecnología empieza a combinarse con el de la tecnología de la información. Hay un mundo que se llama agtech, más vinculado a apps y soluciones de inteligencia en la toma de decisiones, de seguimiento de producto, que queremos volcar a nuestros insumos. Y después empezar a transaccionar en forma digital. En el mundo de la digitalización del agro hay una lista de cosas que deberían estar pasando y que pasaron en otras industrias, que para nosotros puede generar un cambio fenomenal.

¿El sector en la Argentina está preparado para estas innovaciones?

El productor agropecuario argentino es uno de los más innovadores. Si percibe que hay un beneficio real, tiene un apetito casi incontenible por las nuevas tecnologías. Lo que sí, es un animal exigente que primero tiene una desconfianza natural. Pero al momento en que eso es constatado y empieza a darse el boca a boca, en la Argentina se dieron situaciones explosivas de importación de tecnología que no ocurrieron en el resto del mundo.

¿Por dónde viene el futuro del agro?

En esto no soy absolutamente objetivo, pero creo que el modelo actual ha llegado a un fin por un tema de rentabilidad. Es poco atractivo producir soja en la Argentina hoy. No es un negocio que tenga una capacidad de generación de excedentes como hace 10 años. Para nosotros, la transición en la agricultura de escala no tiene que ver con producir más toneladas por hectárea, sino con cómo podemos empezar a aprovechar la parte de la planta que hoy no aprovechamos. Eso es lo que nos puede dar un salto de productividad mucho más dramático que el aumento marginal de los rendimientos todos los años. Y para eso necesitamos un nuevo modelo industrial. Así imagino el agro del futuro: un agro que aprovecha lo que hoy se volatiliza y que lo industrializa en origen para producir mucho más, fundamentalmente con una participación en el mundo de los biomateriales. Después está la agricultura de nicho que descommoditiza las materias primas para la funcionalización de los alimentos. Estamos cada vez más preocupados por entender cómo eso que comemos afecta nuestra salud y bienestar. Si puedo, en vez de producir un trigo convencional, producir uno con bajo gluten, alta fibra, va a haber una demanda cada vez más significativa para este tipo de productos. El mundo de la alimentación se conecta con la salud y va a tender a descommoditizar algunas materias primas porque las vamos a funcionalizar.