En una economía «uberizada», aparece la app para la compra-venta de comida casera

Una app ofrecerá “comida casera” hecha por vecinos y se abre una polémica legal y de salubridad.

En AgendAR hemos encarado con algún detalle la modernísima «economía de las plataformas» -por ejemplo, aquí– como las empresas de delivery “uberizado” Rappi, Glovo o Pedidos Ya. Ahora es inminente la llegada a gran escala de una modalidad gastronómica aún más polémica. Se trata de un formato muy extendido en la India, conocido como “meal sharing” (compartir comida), porque permite que vecinos de una misma zona puedan comprar y vender comida entre ellos, a través de una aplicación para celular.

Esta plataforma permite encargar comida desde el móvil en segundos. La gran diferencia es que los platos a la venta no son hechos por restaurantes o rotiserías, sino por cocineros profesionales o aficionados en sus propias casas.

Funcionará, así, como un “Mercado Libre” de la «comida casera» donde gente común podrá ofertar lo que mejor sabe cocinar para que quienes viven cerca -en un radio de hasta 4 kilómetros- lo encarguen o lo pasen a buscar.

La propuesta llega con el nombre de Pinny, una inversión inicial de US$ 100 millones y un agresivo plan de expansión. Según la app -disponible para iOS y Android- ya tuvo pruebas en las que 800 personas ofrecieron su comida casera y se entregaron unos 3 mil pedidos.

Pero el primer lanzamiento oficial está previsto en La Plata, con 200 “chefs”. En Capital proyectan lanzar el servicio el 5 de septiembre, con 800 cocineros y 500 repartidores ya registrados. Al Conurbano prevén llegar a fines de ese mes, con 900 “chefs”. Y, antes de fin de año, a Córdoba, Mendoza, Rosario y Santa Fe. “Del otro lado no hay una empresa, sino alguien que quiere que su comida te vuelva loco”, remarcan sobre los que cocinan.

El sistema admite que cada chef pueda publicar hasta 22 platos a la vez, al precio que desee. Y la plataforma se quedará con el 12,5% de cada venta. Así y todo, según afirman sus voceros, se verán precios más bajos que los del delivery común, y más variedad.

La pregunta que surge es si puede ser confiable comer lo que un vecino desconocido cocina en su casa. Y si algo así puede ser legal. Más aún cuando la app, en su “letra chica”, aclara que será sólo un mero “intermediario” y postula que cada “chef” será el único responsable de cumplir con todas las normas bromatológicas e impositivas vigentes.

Además, la empresa no verificará que los cocineros tengan todo eso en regla para admitirlos en la aplicación. «Pinny no es responsable de la sanidad o seguridad de los establecimientos en donde se preparan los platos y no verifica el cumplimiento de las leyes y normas legales aplicables a su preparación y habilitación», explican sus términos y condiciones.

“No nos corresponde inspeccionar a los chefs. Habrá un moderador para chequear qué se ofrece y cómo se publica. Y la gente podrá leer opiniones de los otros clientes”, asegura Martín Pérez, el argentino que fundó Pinny y se presenta como su CEO.

Según la normativa vigente, el lugar donde se cocina debería tener una habilitación municipal que permita producir alimentos para vender. Es decir, conseguir un permiso como el que podría tener un restaurante o una rotisería, algo que en muchas jurisdicciones no está contemplado, por motivos sanitarios, para el caso de una vivienda familiar.

En la Ciudad, la Agencia Gubernamental de Control (AGC) fue tajante. Tomas Schonamsgruber, director general de Higiene y Seguridad Alimentaria, dijo que “nadie puede producir alimentos para la venta sin la habilitación correspondiente”, y que “no es posible habilitar una vivienda familiar con tal fin”, según lo previsto en el Código de Habilitaciones porteño.

En Pinny, responden a eso que el Código Alimentario Argentino sí prevé la modalidad, en sus artículos 151, 151 bis y 152. Pero en la AGC igual advierten que “quienes elaboren alimentos serán inspeccionados y, si no tienen habilitación, serán clausurados”.

«Apelamos a la responsabilidad de los ciudadanos, comprar alimentos en un lugar sin ningún tipo de control puede ser muy riesgoso para la salud», añadió el funcionario de la AGC, organismo donde se dicta el curso de Buenas prácticas de Manipulación de Alimentos que es obligatorio para cualquier persona que trabaja en el rubro como elaborador o expendedor.

«El de Pinny es un formato del que no se encuentran experiencias muy exitosas en Europa, Estados Unidos y América Latina, pero sí en la India y en países del sudeste asiático», explicó Marcela Basch, experta en consumo colaborativo y autora del blog El Plan C.

«Es un caso típico de economía de plataformas, donde una empresa empieza a intermediar entre privados y eso resulta disruptivo para el mercado y regulaciones -analizó-. Esto, al igual que Uber, Airbnb y CookApp, traerá problemas regulatorios básicamente en dos líneas. Una es cómo puede el Estado proteger a los ciudadanos, más aun al tratarse de alimentos, y quién se hace responsable si algo sale mal. La otra línea es cómo cobrarle impuestos a esta actividad económica, que pasará a competir con otras que van a reclamar igualdad de condiciones.»