¿Deben los robots pagar impuestos?

Robots y trabajos del futuro. ¿Qué se viene?

Jorge Rodríguez, secretario de posgrado en la UADE Business School, abre un debate. La temática es nueva, pero los argumentos -de ambos lados- no.

Es un tema de debate el futuro del trabajo y los efectos que la tecnología producirá en la economía de los próximos años. Se suele asociar a la automatización con la pérdida de empleos, pero también es cierto que la misma ha producido la aparición de profesiones antes desconocidas y por sobre todas las cosas, un gran aumento de la productividad en las organizaciones.

Bill Gates introdujo un tema de debate al considerar que el reemplazo de mano de obra por máquinas afectaría los ingresos públicos y por ende debía crearse un impuesto a los robots. Este tema comenzó a estudiarse para analizar el impacto positivo y negativo que produciría en la economía.

En síntesis, aquellos que están a favor consideran que la tributación de los robots permitirá financiar la seguridad social y la capacitación de la mano de obra desplazada por la automatización. Del otro lado, aquellas voces en contra de este procedimiento argumentan que los países que no graven liderarán el cambio siendo receptores de capitales y de conocimiento. Por otra parte la gran crítica radica en la dificultad de establecer bases imponibles equitativas y que promuevan la innovación y el desarrollo, ya que no siempre se puede establecer con claridad qué trabajos han sido reemplazados por las máquinas.

El Parlamento Europeo ha rechazado una tasa para robots, proponiendo a cambio una regulación sobre la creación y distribución de robots en puestos de trabajos, lo que incluye multas en caso de incumplimiento. Las empresas dedicadas a la construcción de robots prefieren la idea promovida por la Unión Europea, desde luego, pero los grupos preocupados por los problemas sociales que generará la automatización y la introducción de la inteligencia artificial en más oficios se inclinan por medidas más ortodoxas.

Nuestro campo es un gran ejemplo para analizar este fenómeno. Afortunadamente todavía nadie ha propuesto un impuesto a la tecnificación de nuestro agro. Pero si analizamos la mecanización que el campo ha desarrollado en el último tiempo veremos cómo hoy hablamos de GPS, drones, tambos-robot e ingeniería genética contra malezas e insectos que sustituye trabajo físico humano, conceptos que décadas atrás no existían. Estos avances han producido desarraigo de poblaciones rurales por un lado, y por el otro lado rindes agropecuarios excepcionales a costos muy competitivos.

Como decía Isaac Asimov, antes de intentar una cura debemos averiguar en qué consiste la enfermedad.

El debate que como Nación debemos efectuar debe centrarse en qué tipo de formación queremos darle a nuestros ciudadanos y cómo prepararnos para la Revolución Industrial 4.0. Esa es la enfermedad de nuestros tiempos. Queda en nosotros hallar la cura para este nuevo fenómeno que ya está entre nosotros.