Brasil, China y EE.UU. ¿Y Argentina?

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, se reunió el pasado 13 de noviembre con su par chino, Xi Jinping, en el marco de la cumbre de los BRICS, en Brasilia. /XINHUA

El embajador Marcos Caramuru de Paiva, que estuvo al frente de la embajada brasileña en Beijing hasta junio del año pasado, y que es miembro del Consejo Empresario Brasil-China, dice en este reportaje que le hizo Guido Nejamkis “Para Brasil, China hoy es más importante que Estados Unidos».

No es una frase trivial, para alguien que forma parte de la clase dirigente de nuestro vecino del norte. Nos parece importante reproducirlo (y señalar, de paso, el espacio y el énfasis que le dió ayer Clarín).

Al final, agregamos algunas reflexiones de AgendAR.

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«Ex embajador de Brasil ​en China, Marcos Caramuru, socio de la consultora KEMU, con base en Shanghái, es hoy la principal referencia para las compañías brasileñas con negocios en el gigantesco mercado asiático y también para grandes empresas chinas que operan en la mayor economía de Latinoamérica. Caramuru atiende en China los intereses de los brasileños que buscan internacionalizar sus empresas y aprovechar el crecimiento del comercio entre Brasilia y Beijing, que en los primeros 10 meses de 2019 superó los 80 mil millones de dólares.

El volumen de negocios bilateral pasó de 1.000 millones de dólares en el 2001 a asombrosos 1.000 millones de dólares cada 80 horas en la actualidad, y Brasil ya es el cuarto mayor destino global para la inversión china.

Diplomático retirado, Caramuru estuvo en Brasil acompañando la cumbre del grupo de naciones BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), que contó con la participación de una amplísima delegación china encabezada por el presidente Xi Jinping. Pocos días después de ese encuentro, el presidente Jair Bolsonaro, que protagonizó un giro radical desde la posición refractaria que mostraba hacia China, recibió al CEO de Huawei en Brasil, Yao Wei, y anunció que la empresa a la que Donald Trump quiere excluir de las licitaciones globales para la futura generación de telecomunicaciones móviles busca operar la tecnología 5G en el mercado brasileño.

El ex embajador Marcos Caramuru destaca la relación entre Brasilia y Beijing

-Considerando el contexto geopolítico, ¿cuál es su evaluación sobre el encuentro entre el presidente Bolsonaro y el CEO de Huawei en Brasil?

-El presidente Bolsonaro escuchó a Yao Wei, quien hizo su trabajo: acercarse a las autoridades y saber cómo es y cómo va a ser la conducción y la legislación sobre el 5G. Creo lo siguiente: Brasil no tiene razones políticas para excluir un país o una empresa de una licitación por su origen. Al contrario, tenemos una relación muy estrecha con China y no hay razones de seguridad o de otra naturaleza estructural que nos lleve a una decisión deliberada de excluir una empresa o un país. Y en la licitación, si Huawei es incluida, disputará con las demás en condiciones de competitividad, precio y calidad. La empresa tiene una tradición de presencia en Brasil, pasó de la telefonía celular a las antenas de transmisión… Todo dependerá de los términos de la licitación (que se hará en el 2020). Mi evaluación es que el encuentro fue bueno. Es muy bueno que el presidente Bolsonaro escuche a los lados involucrados y considere lo que ellos tienen para decir.

-¿Ve un cambio del presidente Bolsonaro en relación a la importancia estratégica del vínculo con China?

-Yo creo que hubo un cambio, claro. Quedé muy impresionado cuando en la declaración a la prensa que dio con el presidente Xi Jinping, el presidente Bolsonaro dijo que China forma parte de nuestro futuro. La visita reciente de Bolsonaro a China fue muy positiva y generó un capital de buena voluntad en relación a Brasil. El resultado fue visible, la participación de empresas chinas en la reciente subasta petrolera de Brasil, y el interés brasileño por China. El movimiento económico presta atención a lo que los gobiernos hacen. Los gobiernos dan el tono, las inversiones vienen después. Cuando el tono es negativo las inversiones no vienen, cuando el tono es positivo los inversores se sienten más cómodos.

-En Brasil es cada vez más importante la presencia de empresas chinas en áreas como gas y petróleo, electricidad e infraestructura en general. ¿En qué otros sectores veremos cada vez más presencia china?

-Sin dudas en tecnología. La propia situación de Huawei en 5G indica que lo que se asoma es un esfuerzo mayor de empresas que van a buscar dominar en ese sector. China está cada vez más sofisticada en esa área de digitalización, y creo que las cosas aún no empezaron, va a llegar mucho más. Y eso no disminuirá el interés por el área de infraestructura, ni en determinados segmentos industriales, pese a que no sean esenciales. Hay áreas en las que la inversión en Brasil se mantendrá, como gas y petróleo, y otras en las que aumentará, como infraestructura. Pero donde veremos mucho y nuevo es en tecnología.

-¿Habrá nuevas oportunidades para los latinoamericanos en el mercado chino?

-La primera gran oportunidad es continuar exportando commodities y aumentar esas ventas. Proteínas, celulosa, cereales, soja, maíz… En Brasil existe un número creciente de empresas que miran oportunidades en el área industrial. Llegamos tarde. Años atrás si hubiésemos invertido en el área industrial china, bienes de consumo, habríamos competido con los europeos. Ahora no, la competencia china es fuerte. Las empresas chinas se hicieron más sofisticadas, mejoraron su calidad, diseño y diversidad. Pero aún hay segmentos, calzados, cosméticos y moda, en los que hay espacio para todos, porque es un mercado muy grande. No pesarán en la balanza comercial, pero aumentarán la calidad de nuestras exportaciones y la interacción de nuestras empresas con el mercado chino.

-Considerando la importancia de Brasil como proveedor de materias primas, y de China como inversor en energía e infraestructura, ¿puede decirse que la relación entre los dos países es más densa que la que existe entre Brasil y Estados Unidos?

-La relación Brasil-China es muy estable y hay una dependencia real. China de hecho depende de las exportaciones de soja, de mineral de hierro y de petróleo de Brasil. Al mismo tiempo necesitamos de las inversiones chinas en infraestructura y de la gran presencia de empresas chinas en sectores sensibles, como la energía. Es una relación de dependencia mutua, diferente a la relación con EE.UU. La verdad, nosotros no necesitamos de Estados Unidos, como ocurría mucho tiempo atrás. Había una necesidad estructural en el área de los mercados financieros, de atracción de inversiones de portafolio, de capital, hoy es menos eso. La relación de Brasil con China es muy intensa, estratégicamente intensa para los dos lados. Es un casamiento sin divorcio».

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Muchos argentinos politizados, de los dos lados de la «grieta», miran el escenario global, la competencia entre la Potencia hasta ahora hegemónica, EE.UU., y la Potencia en ascenso, China; leen que los medios y buena parte de la dirigencia norteamericana se preocupan por la «entente» chino-rusa, y lo piensan con las categorías de la Guerra Fría, derretida 30 años atrás. Nada que ver.

El elemento que hoy no forma parte de la puja entre potencias es el uso de las ideologías como herramientas de alineamiento y poder. El «comunismo internacional» ya no existe, como tampoco la Unión Soviética, y Mao descansa en su mausoleo. Ni China ni Rusia están interesadas en que otras naciones adopten sus sistemas de gobierno. En Estados Unidos… todavía existe una tradición «wilsoniana» de extender a otros pueblos el liberalismo, en particular el económico. Pero no permiten que ese prejuicio interfiera con sus intereses concretos. En particular, Trump ni se molesta en disimular.

En algunos de nuestros compatriotas hay una nostalgia por esa lucha ideológica que permitía imágenes claras del mundo, dividido entre Buenos y Malos, los que pensaban como «nuestro lado» y los que no. En muchos otros, es la esperanza de recibir apoyo en nuestros enfrentamientos internos.

Y algo de eso hay: los sectores que apuestan a la globalización, por rechazo a lo propio o por sus intereses, pueden contar con apoyos en algunas reparticiones oficiales o semioficiales cercanas a Washington D.C. o en sus embajadas; lo hemos visto hace pocos días en Bolivia, por ejemplo.

Pero eso es coyuntural; no pesa demasiado frente a intereses concretos. Los EE.UU. no olvidan, ni debemos hacerlo quienes nos interesamos en la política argentina, que en plena Guerra Fría, en 1980, cuando EE.UU. decidió un embargo limitado a las exportaciones a la URSS. por su invasión de Afganistán, una dictadura ferozmente anticomunista decidió seguirle vendiendo trigo.

El hecho es que las exportaciones argentinas son competitivas con las de los EE.UU., mucho más que las brasileñas, por lo menos hasta que nuestros vecinos también empezaran a exportar soja en gran escala. Este factor ha condicionado la política exterior argentina con cualquier gobierno, sobre todo a partir de 1930.

En concreto: Argentina debe esforzarse en mantener buenas relaciones con los EE.UU.; defender nuestros intereses, sin antiimperialismo verbal, «para la tribuna». Es el grandote del barrio, y también de la «gobernanza» internacional. Sin dejar de defender nuestros intereses, con mucha más firmeza que lo hicieron Menem y Macri.

Y también necesita mantener buenas relaciones con nuestro principal cliente, y significativo inversor, China. Sin permitir que se desarrolle una situación tan inclinada como la que mantuvimos con quien fue durante 100 años nuestro principal cliente, y significativo inversor, Inglaterra. En particular, no comprarle centrales nucleares ni tecnología de punta «llave en mano».

Si ¡Bolsonaro! entiende la necesidad de mantener buenas relaciones con EE.UU. y con China ¿es mucho esperar que lo entendamos los argentinos?

A. B. F.