Carta abierta a Alberto Fernández: ARSAT – 1° parte

Si los satélites ARSAT vuelven a construirse, podrían tener este aspecto: el de los el de los GSAT-COM hoy en diseño conceptual entre INVAP y la aeroespacial turca TAI. La opción es que el ARSAT 3 sea un clon de sus predecesores, pesados y menos potentes pero muy confiables por su diseño robusto y su foja de desempeño. La Tierra parece chica… porque está a 35.786 km bajo el satélite.
  1. ¿QUÉ HACER CON ARSAT LOS 100 PRIMEROS DÍAS?

Los primeros 100 días de un “gobierno de rescate” como el parece venir suelen determinar el resto de su mandato. En el caso de la firma nacional de telecomunicaciones ARSAT SA, quizás Alberto Fernández logre que la empresa regrese a lo que fue hasta 2015, un tractor de las siguientes industrias y quehaceres argentinos:

  •  la de telecomunicaciones,
  • la espacial,
  • la informática
  • las culturales (TV y distribución de contenidos a cines)
  • la educación pública
  • la administración pública

Es desandar 4 años. No será fácil. “Pasaron cosas”.

Tras 4 años de administración hostil a los fines para la que fue creada, ARSAT llega así:

  • Perdió su principal entrada futura. Aunque su mayor ingreso legítimo, unos U$ 48 millones/año viene de la explotación de los satélites ARSAT 1 y 2, en 2016 el gobierno de Mauricio Macri abortó la construcción y despliegue del resto de la flota. Debía llegar a 8 aparatos de potencia y capacidades crecientes, según la Ley de Desarrollo de la Industria Satelital 27208/15. De acuerdo a ella, desde 2017 deberíamos estar explotando el ARSAT 3 y hoy estar poniendo en órbita el 4. La expectativa mínima de ganancias de esa “media flota” en 2020 debería rondar los U$ 120 millones/año. Se debe retomar el plan, pero…
  • Epa, nos invadieron el cielo. Con diversas manganetas legales, el macrismo, vía el ENACOM (Ente Nacional de Telecomunicaciones), cedió gratis casi todo el mercado futuro de la firma criolla sobre suelo propio en favor de las multinacionales Eutelsat, Hispasat, SES, Intelsat y Telesat o de sus subsidiarias en la región (Hispamar, Eutelsat Américas). Lo hizo regalando permisos de servicio sin reciprocidad (por ende, ilegales) a 26 satélites, el último concedido a 2 semanas de irse. Un abogado, ahí.
  • Y nos invadieron el suelo. El macrismo cedió la zona cordillerana comprando 5000 pequeñas antenas satelitales de tierra en banda Ka a Hughes Space and Communications, y también el paquete de servicios de internet desde el satélite Hughes 63 West, sobre suelo chileno. Gauchita, ARSAT paga al usuario el primer año de servicio gratis…
  • Hughes no nos saca el ojo: el Ministro de Telecomunicaciones quiso regalarle, en 2017, TODAS las futuras misiones satelitales de ARSAT, con la creación de una sociedad mixta rarísima. ARSAT ponía el satélite 3 (un 85% de la inversión), Hughes las antenas (un 15%), y – ¡magia! – la firma yanqui se quedaba con el 51% de la compañía resultante. Aquel engendro contable rebotó por escándalo público. Pero el regalo de la Cordillera a Hughes, financiado por ARSAT, una colonización más insidiosa, eso pasó sin ruido.
  • ARSAT rifó sus frecuencias de aire. Vendió por $ 138,2 millones al Grupo Clarín sus frecuencias para celulares, compuestas por 120 MHz en la banda de 2,5 GHz y otros 20 MHz en la de 900 MHz. Clarín las compró a través de 5 fachadas: Trixco SA, Skyonline Argentina SA, Netizen SA, Infotel SA y Callbi. Al GDA (“el Gran Diario Argentino”) el ENACOM le da, generoso, la posibilidad de montar el despliegue territorial de su teleoperadora Nextel sobre el de la Red Federal de Fibra Óptica (REFEFO) de ARSAT. Onda que, si nosotros invertimos, ellos cobran. Si no invertimos, no pagan multas. ¿Subvención?
  • ARSAT de todos modos ya subvenciona al Gran Diario Argentino. Lo hace a través de contratos con la Red Intercable por uso de la REFEFO. Intercable la forman 230 PyMES de 580 ciudades en 21 provincias argentinas y llega a 610.000 hogares. Pero entre tanta cooperativa y cablera chica que cierra las cuentas gracias a nuestras tarifas promocionales figuran, como dragones en un gallinero, otras fachadas de Clarín, como Gigared en la Mesopotania y Video Cable Comunicación en la zona norte. Ergo, el 2do mayor multimedio de Sudamérica hoy paga $ 447 el “mega”, como si fuera una flaca cooperativa pueblerina. El precio anterior a las PASO era de U$ 10, pero fue pesificado y congelado. Clarín y la fusión de Cablevisión con Telecom devoran ancho de banda a lo grande, pagan una bicoca, cobran lo que se les da la gana al usuario final, y están eximidos de poner un mango en la ampliación y mantenimiento de la REFEFO, costos que sí son dolarizados y paga Papá Estado. Clarín ahora no descansa hasta quedarse con el servicio 5G.
  • ARSAT perdió su Data. Hoy no puede explotar su propio Centro Nacional de Datos o CND, o “El Data” en cortito. Costó U$ 70 millones y era el mejor y mayor del país. En 2016 El Data lo intrusó, estilo okupa, el Ministerio de Modernización, presuntamente a cargo de amputar ñoquis del estado federal. Modernización DUPLICÓ el personal del Data con tropa propia de lujo. Son unos 80, que suman un total de 180 inexplicables caras nuevas en toda la empresa. Los “ñoquis antiñoqui”: un oxímoron interesante.[1]  
  • Y El Data envejeció. En 4 años de explotarlo Modernización pagó a ARSAT un alquiler simbólico de U$ 1,1 millón/año. Modernización no puso un centavo real en modernizar el data, otro oxímoron.
  • El Data está usurpado. Vende servicios demasiado baratos a intendentes y gobernas del PRO (suman 600), o se subalquila a intermediarios que hacen negocios excelentes con NUESTRO equipamiento. A la red LoRa (Long Range o “de largo alcance”) le permite implementar negocios de IoT (Internet de las Cosas) con el sector agrícola, al cual LoRa le vende capacidades de Data Storage y Data Management para las cuales no tiene equipamiento. ¿Y para qué iba a tenerlo, si almacena esa información en el formidable Data de ARSAT? Es ARSAT la que tendría que estar vendiéndole directamente su “nube” informática al campo. El acuerdo ARSAT–CISCO para incorporar tecnología permitió configurar una segunda “nube” privada a un costo de U$ 1 millón, y adivine Ud. quién cobra y adivine quién paga (sí, Papá Estado). En contraste con tales subvenciones, los servicios de nube vendidos legítima y directamente por ARSAT antes de diciembre de 2015 fueron fragmentados y descuidados (“Hay otras prioridades”, dicen los nuevos mandones). El Data de ARSAT hoy está para que lo revendan terceros, no para que lo venda ARSAT como carozo de paquetes de nuevos servicios informáticos. El Data está colonizado y parasitado.
  • Perdíamos una posición. Degollado en la cuna el ARSAT-3 en 2016, en septiembre de 2019 Argentina volvía a estar a punto de perder (y por no ocuparla) la posición 81º Oeste en la banda Ka. Aclaración: la renta potencial de esa posición en todas las bandas puede ser la de una provincia chica. Y tras ella sigue, infatigable desde los ‘90, el Reino Unido.
  • Acaso para prevenir las seguras consecuencias electorales de ceder lo más valioso de esa provincia espacial argentina a Su Graciosa Majestad, el ministro de Modernización, Andrés Ibarra, alquiló a la firma luxemburguesa SES un “gap filler” o satélite interino por 7 millones de euros. Es el Astra 1H (sí, de Hughes). No es el primer “gap filler” en la historia de ARSAT. Entre 2006 y 2014 para proteger las posiciones la firma fue alquilando sucesivamente varios interinos en buen estado. Para cuidar la 71,8º Oeste alquiló el AMC-6, y para cuidar la 81º Oeste hasta 2015, todos estos: el Anik E2, el Galaxy 17, el SBS-6, el Galaxy 9, el IS-3R, el AMC -5 y el IS-603. Pagó U$ 5 millones de alquileres sumando los 8 interinos, pero además de cuidar nuestros territorios espaciales, ganó plata vendiendo servicios satelitales. ¿Qué secretos encantos tendrá el Astra 1H (sí, sí, de Hughes) para costar por sí mismo más caro que todos sus antecesores? Buena pregunta.
  • Respuesta “dark”: el sex-appeal de lo cadavérico. El Astra 1H ya sobrepasó en 5 años su estimación máxima de vida (15 años). Como no es Gilgamesh ni Highlander, sus capacidades están deterioradas. Y si muere en la posición sin ese último “suspiro” de combustible necesario para desorbitarlo y enterrarlo en “la órbita cementerio” (300 km. arriba de la geoestacionaria), nos entorpece para siempre la 81º Oeste. Queda ahí como un sarcófago en su living, lectora o lector. Lo cual no sería oxímoron, vocación vendepatria, avivada o mera y brutal estupidez, sino estafa y estrago doloso contra el estado, es decir delito.
  • La Televisión Directa por Aire (TDA) fue destripada de contenidos y amputada de medios, si nos pregunta por la relación de ARSAT con las industrias culturales. Es que la Televisión Pública no regaló sólo su atractor principal (“Fútbol para Todos”), sino también la programación educativa y cultural hecha en Argentina por los canales Encuentro y Paka-Paka como paradigmas. Con ello, se le fue casi toda su audiencia. Pero desde 2016 la TDA perdió también 8 de sus 94 antenas gigantes por falta de mantenimiento, y quedaron sin construir otras 15. Montadas sobre la REFEFO, estas emisoras daban servicio gratis de alta definición al 95% de la población, especialmente a jubilados y pobres a través de decodificadores “top-set” repartidos por el ANSES.  En 2016 quedaron 100.000 “decos” ya construidos y sin entregar… hasta las elecciones de este 2019. Ahí se revolearon 25.000: salieron “como pan caliente”.
  • En cuanto al rol de ARSAT en la educación pública, murió. El gobierno armó un despojo contra los adolescentes escolarizados humildes en favor de Microsoft, la 2da mayor empresa del planeta (valuada en U$ 946 mil millones). El robo fue la interrupción del Programa Conectar Igualdad (PCI). ARSAT era la pata técnica de esta iniciativa del Ministerio de Educación, iniciativa que el macrismo cerró después de que ésta repartiera más de 5,3 millones de computadoras cargadas de programas educativos a estudiantes secundarios pobres. En la percepción privatista de la educación de la que adolece el macrismo eso ya era mal visto, pero peor visto fue que el PCI no le pagara un centavo de licencias al Tío Bill (Gates) porque jamás usó sus sistemas operativos. Los detalles realmente fétidos del asunto, en la parte final de este artículo.

¿Cómo se vuelve de todo esto? Hay caminos.

(Continuará mañana)

Alfredo Moreno, informático, profesor de TICs en la Universidad Nacional de Moreno, delegado de ARSAT ante FOETRA.
Daniel Arias, periodista científico, ex RRII de ARSAT

(La segunda parte de este artículo está aquí; la conclusión, aquí)



[1] “Oxímoron” es una contradicción en término, como “muerte viva”, “guerra por la paz” y similares idioteces.