El nuevo satélite de la nueva ARSAT – Conclusión

Las antenas de un satélite GEO irradian áreas determinadas de la Tierra

(La primera parte de este artículo está aquí; la segunda, aquí)

3. CARGA ÚTIL FLEXIBLE, Y BANDA ANCHA PARA TODA LA ARGENTINA

La ilustración de arriba, de TAI, muestra como un satélite “High Throughput”, o de alto ancho de banda, ilumina la tierra con haces de distinta potencia. Las antenas “multispot” de un GSATCOM, parecido a como será el ARSAT 3, reparten la potencia total de irradiación en círculos, cada uno de los cuales recibe una iluminación proporcional a su demanda de ancho de banda.

Como se ve ahí, la superposición de áreas iluminadas genera un patrón de hexágonos en las intersecciones de los círculos. Dentro de ellos, los usuarios tienen el mayor ancho de banda posible para la demanda local, y eso se logra incluso si el satélite no es de gran potencia en antena.

El ARSAT 3, con 4,2 Kw, no lo será, porque para eso se necesitaría una potencia mayor en las placas fotovoltaicas. Y las placas muy potentes son más proclives al “shock térmico”, un cortocircuito  destructivo que hace ocasionales picos en los equinoccios, cuando los satélites GEO entran brevemente en eclipse solar y el frío espacial (270º bajo cero) resquebraja el aislamiento de los cables.

Estos chispazos son especialmente de temer en el primer año de entrada de servicio, y en el año de salida de servicio de un satélite: la mortalidad satelital por “shock térmico de placas” es infantil o senil. La potencia es el único guarismo todavía cauteloso del ARSAT 3.

Pero la línea GSATCOM, del cual el ARSAT 3 será tal vez el primer ejemplo, aspira a potencias de hasta 7 Kw, de modo que probablemente veamos placas fotovoltaicas mayores, a pedido de cada cliente. Un desafío extremo, por ejemplo, sería dar servicio a una república insular, como el archipiélago de Indonesia, con sus 15.278 islas con 260 millones de habitantes repartidos de manera muy poco homogénea. ¿Cómo configurar los haces para no desperdiciar kilovatios, un recurso limitado a bordo, en iluminar el mar o islotes deshabitados, y concentrar en cambio la potencia sobre las islas más densamente pobladas?

Son las preguntas que se hace una empresa de comunicaciones satelitales cuando accede a herramientas flexibles como el GSATCOM. De un modo muy distinto de Indonesia, la Argentina, con casi un tercio más de superficie total continua, apenas un sexto de su población y grandes áreas casi despobladas, es un desafío inverso. Aunque la población argentina también parece repartida en “islas”: casi toda está en 5 megalópolis, 4 de ellas en la llanura chacopampeana.

Lo interesante de una plataforma “full electric” es que puede trasladarse de un sitio orbital a otro sin perder por ello demasiado xenón, y por ende vida útil. Si a eso se suma una carga útil flexible, uno puede luchar por una tajada del mercado mundial. Como dijo en septiembre de 2019 el ing. Luis Genovese, entonces a cargo de INVAP Satelital, la carga útil de los GSATCOM dejará incluso que se reconfigure su frecuencia de emisión, dentro del espectro de las microondas, y eso de acuerdo a las necesidades de cada cliente.

En suma, un mismo GSATCOM de 3ra generación, dentro de sus 15 años de vida esperable, puede terminar dando servicios distintos a clientes distintos sobre distintos puntos del planeta. La estandarización que acompaña esta flexibilidad permite apuntar a un costo por unidad de U$ 100 millones, muy debajo de los U$ 250 millones del ARSAT 1 y los U$ 200 del ARSAT 2.

En suma, que vamos por los fierros que nos pueden volver un competidor global. Y sin dejar deberes sociales incumplidos aquí. Genovese también nos dijo que una carga útil con 7 Kw en antena permitiría dotar holgadamente de banda ancha satelital a toda la República Argentina.

Operar GEOs es redituable de suyo. Puede dar fe la segunda empresa del mundo en este rubro, la SES (Société Europeénne des Satéllites), con sede en un castillo en Beltzdorf, Luxemburgo. Detrás de los ventanales donde danzaban los grandes duques, hoy 2147 personas se encargan de “navegar” 70 satélites, mayormente GEOs. En 2018 SES facturó el equivalente de 2.190 millones de dólares, con ganancias netas de 426 millones.

De modo que a la pregunta de si en estas lides geoestacionarias ARSAT entra por el oro o por el bronce, la respuesta correcta es: en ese orden.

Hay quienes dicen que las antenas del viejo ARSAT 3 debían emitir únicamente en banda Ka: esa alta frecuencia de microondas permite transmitir más información por unidad de tiempo: es buena para “broadband”, Internet y servicios IP (Internet Provided) como Whatsapp o navegación por Google maps.

En “broadband” no hay verdaderamente emisores y receptores de información, sino un “´ping-pong” interactivo, pero en “broadcast” el receptor es más pasivo, como en la TV o la radio, y el volumen bruto de información, más unidireccional: parte básicamente del emisor. Ahí se opera bien en bandas de menor frecuencia, como la Ku, que perfora mejor la lluvia, o incluso la C, de frecuencia muy baja, que la ignora totalmente.

Un “trencito” de GSATCOMS recién apeados del lanzador, y a punto de desplegar sus antenas e iniciar su trepada LEOP. Imagen de TAI.

La banda Ka está relativamente “poco colonizada” por otros satélites operando en zona, lo que evitaría interferencias con vecinos y facilitaría el despliegue del ARSAT 3 en cualquiera de las 2 posiciones otorgadas a la Argentina por la Unión Internacional de Telecomunicaciones, la 71,8º Oeste y la 82º Oeste.

La banda Ka, que da tan buen ancho de banda, no se banca la lluvia. Pero dado que la mayor parte de la población rural desconectada vive en ese 66% de las superficies más deshabitadas (por áridas) de la ruralidad argentina, ¿cuál es el problema?

Por otro lado, está el problema de la “latencia”: el satélite está tan lejos en altitud, latitud y longitud, que entre que entre un pedido y su respuesta pueden pasar 2 o 3 segundos, lo cual hace penosas las comunicaciones por teléfono, e imposibles los videojuegos de respuesta rápida. No son asuntos que uno valore en una escuela a campo abierto y con 30 alumnos que viajan kilómetros a caballo, a pie o en bici para llegar.

Otros dicen, Excel en mano, que pese a que entre 2016 y 2020 nos tapizaron el cielo con 26 satélites extranjeros, todavía en Argentina hay demanda insatisfecha de televisión y radio satelital, es decir de “broadcast”, y que el ARSAT 3 debería llevar antenas de ambas frecuencias: Ka para “broadband” e internet, y Ku para “broadcast” y TV.

Los ARSAT 1 y 2 usan distintas frecuencias Ku. Nuestro satélite número  2, con varios clientes  en zonas lluviosas (el Caribe y el Sur hispanoparlante de los EEUU y el Golfo de México), tiene incluso banda C. Poco mentado, este es el satélite que nos abrió una exportación nueva: servicios de telecomunicaciones espaciales a escala panamericana. No es soja ni biodiesel, no es gas de Vaca Muerta o averiada. Es valor agregado puro.

En esta discusión técnica pulsean, es obvio, visiones políticas: un ARSAT 3 todo en banda Ka, puramente dedicado a dar Internet a la población rural, es una inversión a fondo perdido para mejorar el país, especialmente en educación pública. Hay 15.000 escuelas rurales en el país, 10.000 de las cuales están geográficamente aisladas, y salvo por las 3200 que conectó ARSAT, hay 11.800 sin Internet. Un ARSAT 3 dedicado enteramente a escuelas rurales permitiría conectar conectar a casi todas.

En cambio un ARSAT 3 mayormente dedicado a “broadband” pero con un toque de “broadcast” probablemente facturará más plata para la empresa, y ayudará a pagar el ARSAT 4. Antes de la asunción de Macri, la última definición de carga útil del “viejo” ARSAT-3 era mixta, un poco Ku y otro poco de Ka.

Probablemente el carácter reconfigurable de la carga útil del “nuevo” ARSAT 3 elimine la discusión. Pero si por motivos técnicos persistiera, al gobierno de Alberto Fernández le conviene que sea breve si quiere lanzar el satélite dentro de su período presidencial.

En Bariloche, pese a todo, reina cierta consternación. Pablo Tognetti (a) Toño, hombre con 8 satélites construidos, se había jubilado y dedicaba su tiempo al kayak, los nietos y a su propia fábrica “boutique” de whisky “single malt”, Madoc, que ahora queda al garete. Tognetti tiene muchos premios internacionales como cocinero de cervezas artesanales y destilador de whiskies, y la lista de espera para una botella de Madoc en 2019 era de más de un año.

La fábrica de satélites en Bariloche se reactiva, pero la de whisky se para. El que tenga una botella, que la guarde. Hasta nuevo aviso, es un objeto de colección.

Daniel E. Arias