Un proyecto argentino para asistencia respiratoria en emergencia

Como parte del proyecto RespirAr se está diseñando un dispositivo que pueda asistir a pacientes con insuficiencia respiratoria, ante la posible escasez de equipamiento durante la pandemia. La idea surge de la automatización electrónica de los ventiladores manuales usados en las ambulancias. Tiene menor complejidad que los respiradores artificiales tradicionales y su costo es muchas veces menor. Se plantea como una alternativa de emergencia.

Uno de los grandes desafíos que conlleva la pandemia por coronavirus es su tasa de contagio, tan alta que es capaz de saturar los servicios de salud, hasta los más preparados. Es por esto que la disponibilidad de camas de terapia intensiva y de respiradores artificiales se volvieron un insumo clave para enfrentar al COVID-19. La escasez de respiradores en esta crisis sanitaria mundial provocó que casi todos los países prohibieran su exportación y hasta que algunos decidieran expropiar cargamentos que ya estaban comprometidos.
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En la Argentina, un equipo multidisciplinario encaró el diseño de un dispositivo para asistir a pacientes con insuficiencia respiratoria. Fue bautizado con el nombre de CARE (por ciclador automático de respirador) y su diseño partió de la automatización electrónica de los ventiladores manuales usados en las ambulancias, conocidos como ambu. El equipo no tiene la misma complejidad de un respirador artificial pero puede asistir a pacientes que no tengan reflejo respiratorio y ser una alternativa en caso de que el sistema de salud no pueda dar abasto con el equipamiento tradicional.
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Sebastián Chuffer, parte del equipo de RespirAr que lleva adelante la iniciativa, lafirma: “En la Argentina hay alrededor de 8500 respiradores y se encargaron 1500 más que todavía no llegaron, pero podemos llegar a necesitar 12000 o 70000, depende cómo sea la curva de nuevos casos. Además, hay otros pacientes que hoy necesitan usar los respiradores disponibles”.
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Actualmente, se está trabajando para conseguir la certificación de ANMAT mediante pruebas con un simulador de paciente. El proyecto no tiene fin de lucro y forma parte de la red RespirAr, que busca reunir proyectos y donaciones para ayudar con las crisis desatada por el COVID-19.
Lucas Vassarotto, técnico mecatrónico que colabora en RespirAr, explica: “El equipo está armado con insumos que uno puede conseguir en cualquier local, siempre sin perder la calidad. Se trató de elegir bien cuáles son los componentes para que el dispositivo pueda llegar de una manera rápida y sencilla, y así ayudar con la falta de respiradores”.
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Su ensamblado es muy simple ya que tiene menos de 20 elementos. por lo que puede armarse un equipo en una hora y media entre tres personas.
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El CARE es una máquina que puede dar un flujo de aire, medir las proporciones de oxígeno y dióxido de carbono que hay en el aire entregado y exhalado, la presión y diferentes valores del ciclo respiratorio. Esto permite tener una respuesta sobre las presiones que el paciente necesita y así no dañar sus pulmones. Además, tiene alarmas para detectar alguna desconexión o si hay aumento o disminución de la presión. “Todo esto lo hacemos en un dispositivo compacto, con una carcasa de plástico y una pantalla en la que se pueden controlar los parámetros. El personal de salud podría estar trabajando con cinco equipos a la vez”, dijo Vassarotto.
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El prototipo en el que está trabajando el equipo de RespirAr –del que también forman parte Jannet Acosta y Javier Vázquez– es el séptimo realizado en las dos semanas que lleva el proyecto. Recientemente, las curvas de presión que obtuvieron se han comparado con las de un respirador artificial y el rendimiento es muy similar. Cuenta con una batería que le da una autonomía de entre hora y media y tres horas, y está pensado para poder hacer los traslados de la camilla y para cortes de luz. Podría ser usado con pacientes intubados, pero será la ANMAT y los médicos en la práctica los que decidan si le dan ese uso o solo lo aplican con mascarillas.
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El equipo no tiene la misma complejidad de un respirador artificial pero puede asistir a pacientes que no tengan reflejo respiratorio y ser una alternativa en caso de que el sistema no pueda dar abasto con el equipamiento tradicional.
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La principal diferencia del CARE con un respirador artificial convencional es que, aunque el CARE es capaz de detectar el reflejo respiratorio de un paciente, no logra hacerlo con la exactitud suficiente como para acompañar el compás inspiración-espiración. Por ello, sólo puede ser usado con pacientes sin ese reflejo.
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“Los respiradores de base cuestan 15.000 dólares, mientras que nosotros, con un equipo de menos complejidad, estamos apuntando a un valor de entre 250 y 350 dólares, dependiendo de lo que consigamos en el mercado local y si tenemos que importar insumos, pero es un costo muy menor”. Su ensamblado es muy sencillo ya que tiene menos de 20 elementos. por lo que puede armarse un equipo en una hora y media entre tres personas.
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“Para la electrónica arrancamos con la premisa de usar una placa de Arduino (hardware abierto) porque es fácil de conseguir. Si pudiéramos lograr que una empresa nos hiciera una plaqueta específica se simplificaría todavía más el equipo. Queremos llegar a lo más simple posible sin hacerlo inseguro”, explicó Vassarotto.
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El equipo también tiene un filtro antibacterial para que el ambu pueda reutilizarse con más de un paciente. De todas formas, el ambu es un elemento descartable del que hay disponibilidad en los hospitales y también se puede adquirir sin mayores problemas.
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“Falta la aprobación de ANMAT y también estamos trabajando en la documentación, los análisis de riesgo y los ensayos. Todo el desarrollo está pensado para que sea un equipo seguro”, dijo Chuffer.
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VIAAgencia TSS / Matías Alonso / UNSAM