El «Obamagate»: la pelea de Donald Trump con Barack Obama

La campaña electoral estadounidense está lejos de las preocupaciones inmediatas de los argentinos. Pero está en marcha, y su resultado tendrá mucha influencia en nuestra realidad. Reproducimos esta columna de Rafael Mathus Ruiz:

«WASHINGTON.- Estados Unidos se acerca a las 90.000 muertes por la pandemia del nuevo coronavirus, pero el presidente, Donald Trump , tiene otro tema en mente: «Obamagate» .

A medida que la campaña presidencial vuelve a ganar temperatura y el virus siembra devastación, Trump, su campaña y sus aliados le han dado oxígeno a una acusación vieja: la investigación sobre el magnate por el escándalo Rusiagate fue, en realidad, una persecución política orquestada por la administración de Barack Obama, los Demócratas y el «estado profundo» para tumbarlo. Para Trump, es «el mayor crimen político en la historia del país». Para sus críticos y detractores, es la última teoría conspirativa trumpista, una maniobra electoral y una cortina de humo para desviar la atención de la pandemia.

La pelea recrudeció en los últimos días, y promete teñir la campaña. La trama cobró fuerza luego de que el Departamento de Justicia decidiera, días atrás, retirar los cargos contra Michael Flynn, el primer asesor de Seguridad Nacional de Trump, quien cayó en desgracia al inicio de la gestión trumpista, al admitir que le mintió al FBI en la investigación del Rusiagate sobre sus contactos con el embajador ruso en Washington durante la transición.

A principios de 2017, Trump lo despidió y se distanció de Flynn, quien desde entonces pelea su caso en los tribunales. En diciembre de ese año, Flynn cerró un acuerdo y se declaró culpable de mentirle al FBI, pero luego un juez postergó su sentencia. El caso se estiró, y a mediados del año anterior, dio un vuelco: Flynn endureció su estrategia cuando los fiscales recomendaron hasta seis meses de prisión, una movida que sus abogados tildaron de «vengativa». Flynn buscó revocar el acuerdo y su admisión de culpabilidad, y sus abogados apuntaron directo al FBI.

La saga legal, aún pendiente, se prolongó a medida que el equipo legal de Flynn intentó probar que Flynn había sido «engañado» por la agencia de investigaciones. Nunca convencieron a la Justicia, pero el fiscal General, William Barr, decidió de todos modos aniquilar el caso con un guiño a Flynn, al argumentar en un escrito que citó documentos obtenidos por sus abogados que la entrevista del FBI en la que mintió carecía de «una base de investigación legítima» y, por lo tanto, las declaraciones de Flynn eran irrelevantes, «aun si no son ciertas».

«¡OBAMAGATE!», respondió Trump, en Twitter, el domingo 10 de mayo, el Día de la Madre en Estados Unidos, un día después de que se conoció la grabación. «¡El mayor crimen político en la historia de los Estados Unidos, por lejos!», había dicho más temprano en la red social, sugiriendo una conspiración en su contra.

Trump tuiteó sobre «Obamagate» casi todos los días. Un análisis del The Washington Post reveló que Trump utilizó su cuenta de Twitter para acusar o darle aire a acusaciones de supuesta conducta criminal contra al menos 20 individuos y organizaciones. «Desde el domingo, Trump ha tuiteado más a menudo sobre presuntos delitos cometidos por sus opositores que sobre la pandemia que asola el país con muertes masivas y desempleo», señaló el periódico, notorio opositor del actual presidente.

Un periodista del Post le preguntó a Trump en su última conferencia de prensa cuál era el crimen del que acusaba a Obama. «Sabes cuál es el crimen. El crimen es muy obvio para todos. Todo lo que tienes que hacer es leer los periódicos, excepto el tuyo», le respondió el presidente, sin contestar la pregunta. Los programas nocturnos de Fox, afines a la Casa Blanca, le dedicaron amplio espacio a la ofensiva política de Trump contra Obama.

«Fue todo Obama. Fue todo Biden. Esta gente es corrupta. Todo fue corrupto. Y los atrapamos. Los atrapamos».

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Nos parece que la realidad política argentina nos da algunos elementos para entender esta comedia. Y no sólo por la profundidad de la «grieta» en esta campaña electoral. También, puede pensarse en una estrategia de campaña: aunque Biden es un político veterano, y por lo tanto vulnerable, su figura no tiene la carga emocional para los votantes de Trump que el presidente anterior, Obama. Como adversario en una campaña electoral, el único presidente afroamericano es un blanco más satisfactorio. Los argentinos también sabemos que no es una estrategia infalible.