Las opciones que nos ofrecen: «Capitalismo de Estado», o «Capitalismo dueño del Estado»

Compartimos esta reflexión de Enrique Del Percio, Doctor en Filosofía jurídica y rector de la Universidad de San Isidro.

«El futuro de la política y la economía ya no es lo que era. Se abre un debate entre dos temores: el temor de la derecha al poder de los Estados para cercenar las libertades individuales y el temor de la izquierda al poder de los grandes capitales para usar al Estado en su propio beneficio.

Pero sea cual sea la respuesta que depare el devenir, lo que muestra el presente es que los gobiernos (con EEUU a la cabeza) están inyectando ahora mismo más dinero que nunca jamás en salud, investigación, subsidios directos a la población, salvataje de empresas y del sistema financiero.

Hablamos de cifras que escapan a nuestra capacidad de comprensión, muy superiores a las ya astronómicas que se insuflaron en el sistema durante la crisis de 2008. Con la diferencia de que en aquella ocasión se pensaba que ese dinero tenía el respaldo de la pronta reactivación, mientras que la actual emisión no tiene respaldo alguno: sólo la supervivencia de la gente, las empresas y la banca, en distintas proporciones según cada país.

La discusión ya no es cuánta intervención estatal es admisible, sino quién paga esa intervención y cómo debe ser efectuada. Esa discusión no es sólo económica, sino también, y sobre todo, política y filosófica.

Por eso, vale recordar que la principal diferencia del neoliberalismo con respecto al liberalismo clásico de Smith y Mills, es que para estos, la política y la economía, el ágora y el mercado, estaban en delicado equilibrio.

En cambio, para muchos neoliberales la política sería el espacio de la irracionalidad capaz de desembocar en el totalitarismo, por lo que hay que privilegiar al mercado en desmedro del Estado.

La realidad ha vuelto insostenible esta hipótesis, por más comprensible que pueda resultar en términos teóricos. La otra gran diferencia es que mientras que para el liberalismo el ser humano es en parte egoísta y en parte solidario, para el neoliberalismo el hombre es intrínsecamente egoísta. Temen, con cierta razón, a quienes son capaces de obligar desde el poder a ser solidario.

El problema es que si partimos de la concepción exclusivamente egoísta para diseñar el sistema político, las opción de hierro será la que da título a esta nota: o el Estado combate el egoísmo que llevaría a la catástrofe coartando las libertades más elementales o dejamos a ese egoísmo rampante y los más poderosos de adueñarán del Estado para emplearlo a su servicio. Pero si asumimos que el ser humano es algo más complejo, que es a la vez y en una tensión sin síntesis posible, egoísta y solidario, y superamos los límites que llevaron a la crisis del liberalismo clásico, podremos pensar en una alternativa: el Estado al servicio de la construcción de una comunidad que cuide a cada uno de sus miembros y que sea a la vez cuidada por cada uno de ellos.

La com-munitas implica el cuidado de todos en común, la im-munitas el cuidado desde adentro de cada uno a sí mismo. Nunca como hoy estuvo tan claro que communitas e immunitas se requieren mutuamente.

Sin embargo, ni quienes obtienen su poder del capitalismo de Estado, ni quienes lo obtienen del capitalismo dueño del Estado, van a resignar gratuitamente ese poder. Quizá, lo único que hoy podamos aventurar es que ahí se encuentre el eje del conflicto político: quién y para qué ejerce el poder. Y, quizá, eso sea lo mismo que decir que el eje del conflicto político no va a cambiar demasiado.»