El Senado declaró de interés el reactor RA-10 que se construye en Ezeiza. Hay una historia interesante

Agosto de 2018, instalación de la pileta principal del reactor RA-10 de la Comisión Nacional de Energía Atómica en el Centro Atómico Ezeiza. La obra todavía seguía.

La Comisión de Ciencia y Tecnología del Senado declaró de interés, y se lo comunicó al actual presidente de la CNEA, el Proyecto “Diseño, construcción y montaje del Reactor Nuclear Multipropósito RA-10”, que la Comisión Nacional de Energía Atómica construye en el Centro Atómico Ezeiza.

La iniciativa fue impulsada por el senador Claudio Doñate. Considera que el proyecto “tendrá un impacto estratégico al asegurar el autoabastecimiento de radioisótopos para uso médico, consolidar las capacidades de nuestro país en la industria nuclear y convencional y abrir un nuevo horizonte en el desarrollo de proyectos de ciencia y técnica”.

La CNEA trabaja junto a INVAP en la construcción de esta nueva instalación de 30 MW. Las etapas se llevan adelante con un aporte de más del 90% de empresas e instituciones locales en tecnología y servicios asociados.

“El Proyecto tiene como antecedente los setenta años de experiencia de la CNEA en la actividad nuclear, los siete reactores de investigación construidos en Argentina y los cinco reactores exportados, principalmente el moderno OPAL, un reactor con similares características a las del RA-10 que INVAP construyó en Australia en el año 2007”.

Entre otros fines, el reactor RA-10 permitirá asegurar el abastecimiento local de radioisótopos y contribuir también a la demanda del mercado mundial; proveer instalaciones para el ensayo de combustible nuclear completando las capacidades que nuestro país posee en cuanto a la producción de este suministro crítico; y brindar nuevas herramientas para la investigación básica y la industria basadas en técnicas neutrónicas.

El RA-10 funcionará articuladamente, se plantea con la Planta de Producción de Radioisótopos por Fisión (PPRF), el Laboratorio Argentino de Haces de Neutrones (LAHN), la Planta Industrial de Elementos Combustibles para Reactores de Investigación (PIECRI) y el Laboratorio de Ensayo de Materiales Irradiados (LEMI).

Comentario de AgendAR:

La obra del RA-10 se decidió en 2010, en la declaración conjunta CFK-Dilma Rousseff, según la cual Brasil nos compraba la ingeniería para hacer otro reactor similar, el RMB (Reactor Multipropósito Brasileño). Aquel habría sido el punto de partida de una estrategia de ambos países, Argentina y Brasil, para controlar al menos el 60% del mercado mundial de radioisótopos médicos.
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No era un negocio pequeño: aquel año se vendieron U$ 2.500 millones de radioisótopos médicos en el mundo, principalmente en el desarrollado. Como la medicina nuclear es un campo en expansión, la cifra viene creciendo en flecha: 2020 cerró en alrededor U$ 18.000 millones. El 60% de esa cifra habría estado en U$ 10.800 a repartir entre Argentina y Brasil.
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La mayor parte de esa cifra habría dependido de un único radioisótopo de corta vida media y por ende, imposible de almacenar. Su desabastecimiento fue una tragedia médica silenciada. Se trata del molibdeno 99 metaestable usado en el 90% de los diagnósticos por imagen nuclear. Su precio en 2010 se había disparado tanto que recuperar la inversión de construir el RA-10 era inmediato.
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El reactor tiene una vida operativa prevista de 60 años. A los precios altísimos del molibdeno 99 en 2010, habría pagado sus costos de construcción con la venta de 7 meses de ese radioisótopo. En aquel momento la planta en Ezeiza era una obra de U$ 300 millones. AgendAR rehizo la cuenta con incredulidad varias veces y luego la chequeó con el ingeniero nuclear a cargo, el Dr. Herman Blaumann, y luego con expertos del mercado de radioisótopos. Casi no hubo desacuerdos. Era verdad.
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Suponiendo un año de ingeniería y 6 de fabricación de partes y montaje, el RA-10 de Ezeiza debería haber entrado en criticidad en 2017. De sólo mirar el avance de obra a fecha de hoy, le faltarían entre 2 y 3 años, pero sólo si hay cash-flow continuo. Ése es un detalle que el Senado, pese a su interés, se olvidó de mencionar.
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La obra pertenece a la CNEA, no a INVAP, de modo que, lejos de la ejecutividad relampagueante con que la empresa barilochense construye sus reactores, entre 2010 y 2015 el RA-10 se dilató en consultas con usuarios, estudios y rediseños, y finalmente en distintos problemas con proveedores de obra civil.
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Mauricio Macri redujo al presupuesto de la CNEA en un 50% en cuanto asumió, y de ahí en más la obra, con casi la mitad de grado de avance, se fue deteniendo simplemente por falta de plata. Con la disparada del dólar y el endeudamiento público de 2018, fuera del montaje de piezas principales que ya habían sido fabricadas, como la enorme pileta abierta, el RA-10 se paró casi del todo.
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TODAS las obras nucleares se pararon en 2018. Incluso se fue cerrando una sin la cual nuestras 3 centrales nucleoeléctricas ya no pueden funcionar: la Planta Industrial de Agua Pesada de Arroyito, Neuquén, la mayor del mundo en su tipo. Durante la administración macrista, se despidió a casi todo su personal y se dejó la enorme planta abandonada a la intemperie y la corrosión. Es una instalación cuyo precio hoy no bajaría de U$ 3.500 millones. La Argentina, equipada para autoabastecerse de agua pesada y ser el primer exportador mundial, ahora deberá importar agua pesada a casi el doble de precio al que podría estar fabricándola.
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El mercado mundial de radioisótopos ya se normalizó un poco con la entrada en servicio de otros reactores de producción, de los cuales el más prominente es uno construido por INVAP en Australia (el pequeño OPAL, en Sydney, con 10 MW menos de potencia que el RA-10). Inaugurado en 2006, al OPAL se lo considera unánimemente como la mejor planta multipropósito (productiva y científica) del mundo. Hoy controla el 40% del mercado mundial.
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Pero entre nosotros, los atrasos improductivos, debido a la continua renegociación de contratos y las frecuentes indemnizaciones, encarecieron la terminación del RA-10. Eso y la depreciación del dólar tal vez lo hayan transformado en un reactor de U$ 500 millones. Se sabrá cuando se lo termine. ¿Cuándo? La administración de la CNEA, que sigue siendo la que puso el presidente Mauricio Macri, no dice ni «mu» al respecto.
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El RA-10 ya no es una obra que se paga en 7 meses de producción. Pero sigue siendo perfectamente capaz de capturar el 30% del mercado mundial.
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Toda la medicina nuclear argentina, extendida en CABA y en más de una decena de provincias, depende de la producción de radioisótopos en el Centro Atómico Ezeiza. También la de todo el sur de Brasil, así como Uruguay y Chile. Los diagnósticos y terapias nucleares en cardiología, oncología, neurología e inmunología de esta parte del Cono Sur se alimentan de la producción del hoy obsoleto RA-3, también en Ezeiza.
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Y es que los dos gobiernos que sucedieron al de Dilma Rousseff tampoco terminaron el RMB.
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Daniel E. Arias