El CAREM y el RA-10 tienen fecha de terminación. Pero China nos gana de mano.

Agosto de 2018, instalación de la pileta principal del reactor RA-10 de la Comisión Nacional de Energía Atómica en el Centro Atómico Ezeiza. La obra todavía seguía.

EL REACTOR RA-10 Y LA CENTRAL NUCLEAR CAREM FINALMENTE TIENEN FECHA DE TERMINACIÓN

Las buenas noticias locales son éstas: la nueva presidenta de la Comisión Nacional de Energía Atómica, Dra. Adriana Serquis, pone como prioridades de su gestión el terminar dos reactores:

  • el RA-10, una planta multipropósito no eléctrica, de fabricación de radioisótopos, formación de personal nuclear e investigación en materiales. Está al 65% de avance en Ezeiza, con puesta en marcha para 2024
  • y una centralita modular de potencia, el CAREM prototipo, de 32 MWe, propuesta por primera vez en 1984, y hoy con un avance de obra del 93% en ingeniería, un 60% en suministros y un 70% en construcción. Serquis estima que el CAREM se pondría crítico a fines de 2024 o principios de 2025.

Por primera vez en muchos años la máxima autoridad nuclear le pone fecha de terminación a estas dos obras. Así lo publicó Nexciencia, la revista de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires. No es poco.

El problema es que el primer competidor real del CAREM, entre más de 50 reactores pequeños en el mundo, es el Linglong-One, de la China National Nuclear Corporation (CNNC). Y anteayer entró en obra en China, y se descuenta que estará poniéndose crítico en 2026. ¿Nos corren un año detrás, los chinos? En estimación de este cronista, no: nos acaban de saltar por encima de la cabeza. Y lo hicieron caminando, sin tomar carrera.

Una disciplinada coreografía de grúas hormigonadoras va vertiendo las primeras coladas de la obra civil de la central nuclear compacta china Linglong One.

Una revisión diagonal de la ingeniería básica muestra que el Linglong One es enormemente parecido al CAREM en filosofía de diseño: circulación convectiva, seguridad inherente contra recalentamiento del núcleo, generadores de vapor libres de caños factibles de pérdidas… Es el CAREM comercial, sin dudas, pero sin sus idas, venidas, contramarchas y vacilaciones. Lo único que no ha adoptado China, y muy para su bien, es nuestra velocidad.

La CNNC fue de movida a un módulo comercial de 125 MWe, mientras que el CAREM de 32 MWe nuestro no es la propuesta comercial definitiva. Iba a serlo cuando el CAREM -y hablamos del siglo XX- se pensaba más bien como un reactor aislado, “off-grid”, destinado a iluminar islas, o enclaves mineros aislados dentro de vastos desiertos geográficos. El 25 o 32, como quiera llamárselo, ahora es más bien un modelo de demostración tecnológico de un reactor mayor e integrable a una red, y está destinado a pulir detalles y a convocar a posibles accionistas y/o socios y/o clientes.

En China todo eso ya está y sólo hacen falta los clientes.

Podría aún haber cambios notables de ingeniería entre el prototipo del CAREM en Lima, provincia de Buenos Aires, en el predio de las Atuchas I y II, y la obra definitiva, a hacerse quizás en Formosa. Por los planos que pudo ver AgendAR, el CAREM plenamente comercial estaría hecho de 4 módulos de 120 MW. Todavía no estamos construyendo ninguno de esos. Los chinos nos adelantaron.

El RA-10, o cómo irse en anuncios

 

Instalación de la pileta del RA-10 en 2019, Centro Atómico Ezeiza, rev. U238

Propuesto en 2010, el RA-10, de 30 MW térmicos, podría haber estado operativo en 2018 si se copiaba a ojos cerrados la ingeniería del OPAL de 20 MW, vendido por Argentina a Australia en 2000, activo desde 2006. A fecha de hoy, sin discusión, el OPAL es el mejor reactor de radioisótopos e investigación del mundo, y la causa por la que INVAP pudo vender 2 reactores más: el de Arabia Saudita y el de Holanda.

Al no copiar el OPAL, la CNEA quiso innovar en tecnología y diseño (y es legítimo). Pero la obra estuvo siempre bajo dirección de la CNEA, cuyo personal cobra la misma miseria tanto si la obra se termina como si se atrasa. La CNEA no es una empresa atada a cronogramas: es una repartición muy golpeada, que hasta 1983 se consideró estratégica, luego no. Entre 2016 y fecha de hoy perdió a 600 personas, en general expertas, sobre una planta de 3600.

En 2010, cuando las presidentas Cristina Fernández de Kirchner y Dilma Rousseff anunciaron dos reactores de radioisótopos gemelos, el RA-10 de Ezeiza y el RBM de Sao Paulo, ambos países estaban en condiciones de dominar con ellos el 40% del mercado mundial del principal nucleído médico, el molibdeno 99 metaestable, entonces en desabastecimiento en todo el Hemisferio Norte. Al precio de aquellos años y terminado a tiempo, el reactor argentino, de 50 años de vida útil estimada, pagaba su precio de construcción (U$ 300 M) vendiendo molibdeno 99m en 7 meses de operación.

Quien firma esta nota en 2010 hizo el cálculo, creyó que era un error y lo chequeó varias veces con expertos del área. Una y otra vez. No era un error.

Si sirve de consuelo de tontos, el reactor de Brasil, cuya ingeniería INVAP vendió a Brasil hace años, no está siquiera en obra.

Sin embargo, si se quiere medir nuestro retroceso, Brasil sigue siendo un mercado gigante y hoy 2/3 del consumo brasileño de radioisótopos médicos los provee Rusia. Nuestro viejo RA-3, destinado a reemplazo cuando el RA-10 entre en línea, abastece el 5% del mercado mundial. Pero no da para abastecer a TODO el Cono Sur. Nos están corriendo de la región.

Entre tanto, la ventana de oportunidad para dominar el mercado mundial de este radioisótopo, que constituye el 80% del mercado total de radioisótopos (son decenas), se ha ido cerrando a medida que entraban en línea otras plantas proveedoras en el mundo. Para más datos, una de las más productivas y la más confiable es el propio OPAL, obra maestra argentina, pero terminada en tiempo y forma, y empleado por vendedores agresivos. Chiquito como es, tiene el 40% del mercado mundial, que hoy vale U$ 15.000 millones.

El CAREM y su historia siempre inconclusa

No es una vista del CAREM comercial sino del Linglong One, bastante parecido

Respecto del CAREM, nuestro proyecto de central de potencia modular y compacta. ¿qué decir? La propuesta la hizo un grupo de reactoristas de la CNEA en un congreso en Perú en 1984.

Hasta los ’90, la idea fue invendible dentro de la CNEA, adscripta –como todo el mundo nuclear de entonces- al gigantismo tayloriano: para que el costo nivelado del megavatio sea bajo, se pensaba, el reactor debía ser enorme, 1000 a 1600 MWe.

Pero los reactores gigantescos sólo se construyen con presupuestos igualmente gigantescos y sirven para dar potencia de base en redes eléctricas nacionales o regionales. El CAREM, en cambio, era minúsculo, modular e inherentemente seguro. Por su rareza, pasó sus años iniciales como el patito feo nuclear argentino: salvo por INVAP nadie lo quería, y menos aún en casa.

Pero cuando la industria nuclear occidental se paró, más debido a sus costos iniciales altísimos que a los accidentes de Chernobyl y Fukushima, y sus empresas puntales como Westinghouse y General Electric empezaron a quebrar, la idea de un reactor inherentemente seguro pero barato ganó puntaje. Tal vez los Argies no eran tan idiotas.

El CAREM es inherentemente seguro porque la refrigeración del núcleo está asegurada por la Física, que es irrompible, y no por bombas que se pueden romper o quedar sin electricidad. El núcleo se refrigera por la convección de los líquidos calentados desde abajo, que ascienden. Como sabe todo dueño de una olla, la convección es un fenómeno natural. Se interrumpe sólo si ya no hay más calor.

Las bombas sí se rompen, y por eso necesitan otras bombas de “back-up”, las cuales probablemente necesiten a su vez más “back-up”. En Atucha II hay 4 back-ups de cada bomba. Lo mismo para los generadores que activan esas bombas, por si se quedan en apagón por caída de la red. Ésas son defensas en profundidad, redundantes, basadas en el principio gauchesco de “a mí no me agarran sin perro”. Tales redundancias de seguridad activa explican los altos costos de las centrales nucleares.

Después de las bombas rotas o paradas, la segunda causa de accidente importante en una central nuclear pueden ser las fugas de agua de los grandes caños del circuito primario de refrigeración, aunque en 70 años de electricidad nuclear estas roturas jamás causaron un accidente grave, con derretimiento del núcleo. El CAREM, por si las moscas, no tiene caños: todo el primario está embutido adentro de la gruesa carcaza de acero del recipiente de presión, generadores de vapor y todo.

La paradoja del CAREM es que es más seguro justamente porque la refrigeración del núcleo es más sencilla y barata. Chau a las redundancias de diseño. Y chau a las ONG vendedoras de nucleofobia.

Un reactor enano producirá siempre electricidad cara, pero una planta colectiva formada por varios reactores enanos que comparten una o varias turbinas puede lograr la reducción de costos de cualquier instalación. Los chinos pescaron fácilmente la idea. Es fácilmente vendible.

Al no existir una demanda inicial gigante de dinero, con un CAREM (o con un Linglong One) la recuperación del capital se logra vendiendo electricidad desde que entra en línea el primer módulo, no a los 15 o 20 años del inicio de obra. Chau a eso que en Occidente pasa por un problema financiero irresoluble.

Una central modular está hecha de componentes que se fabrican en serie, se pre-ensamblan en fábrica y se transportan a obra en barco, vagón de tren o en camión, para un montaje rápido “in situ”. Chau a la fabricación artesanal de componentes, chau a las obras sin fecha de término, chau al encarecimiento por “stop and go” del flujo de fondos, a los costos adicionales por demoras, cesantías de personal y renegociación de contratos. Chau a los recargos improductivos.

En China dominan a la perfección la construcción de plantas gigantes. Pero el atractivo de las plantas modulares chicas para países con presupuestos exiguos parecen haberlo entendido bien. CNNC se va a cansar de vender Linglongs.

El Linglong One en pocos minutos

La construcción del ACP100, nombre oficial del Linglong One, empezó ayer en el complejo nuclear de Changxiang (vista aérea).

El Linglong comparte las instalaciones de otras cuatro plantas más potentes, en Changxiang, centro nuclear de la provincia insular de Hainan. Es el primer reactor compacto a agua presurizada de la CNNC, y el primero en el mundo con un “siting” terrestre (Rusia tiene reactores nucleares flotantes para vender electricidad a ciudades costeras en el barco Akademik Lomosov, pero de un diseño tipo PWR convencional).

La CNNC es la misma empresa nuclear estatal que nos está vendiendo la central Hualong-1. El complejo de Changjiang está lleno de novedades: para 2026, ahí está prevista la inauguración de 2 centrales Hualong-1, de inicios de construcción recientes. El Linglong dará los mismos servicios previstos para nuestro CAREM: electricidad, calor para procesos industriales, y  (fundamental en estos tiempos) desalinización de agua.

El Linglong es un proyecto oficial desde 2010. Su revisión preliminar de seguridad terminó en abril de 2020, y fue refrendada por la Comisión Nacional China de Desarrollo y Reforma en junio de 2021. Es un avance «a velocidad warp». En este emprendimiento se juntan tres compañías estatales: CNNC como propietaria y operadora, el Instituto Chino de Energía Nuclear (NPIC) como arquitecto nuclear, y una firma con la que aquí no tenemos relación aún, China Nuclear Power Engineering Group, como constructura.

El Linglong y la Hualong fueron de los pocos proyectos que calificaron como “claves” en el duodécimo plan quinquenal del Partido Comunista. Están destinados a borrar totalmente la imagen industrial desprolija que arrastra ese país desde tiempos de Mao Zedong y Deng Xiaoping.

La pequeña central compacta tiene 57 elementos combustibles, generadores de vapor integrados al recipiente de presión (en el más puro estilo CAREM) y casi todos los rasgos de seguridad pasiva de la propuesta argentina, aunque la supera en uno: la mayor parte del reactor es subterránea.

La historia de nuestro CAREM no podría ser más distinta: es mucho más larga, pero mucho más accidentada y menos previsible. No tiene asegurado el éxito.

En 1984, cuando la CNEA no le daba bola, el CAREM era una propuesta única en el mundo. En 1988 el proyecto estaba refugiado en INVAP, donde se iba desarrollando lento pero tenaz, cuando, entusiasmada por el embajador Adolfo Saracho, Turquía quiso hacer un par de prototipos junto con Argentina para vender en todo Medio y Lejano Oriente. Esto cambiaba todo. Había una lista estimada de 20 clientes más que probables.

El canciller Guido Di Tella, el «Terminator» oficial de las exportaciones nucleares argentinas, liquidó el negocio por asuntos de relaciones carnales con EEUU. Y lo hizo a través del presidente de la CNEA, Dr. Manuel Mondino, que enloqueció a los turcos con demoras, y les exigió –pese a que los turcos han sido casi los inventores históricos del comercio entre naciones- condiciones que juzgaron inaceptables. Los turcos tardaron en entender que los estábamos echando. No volvieron jamás.

Pero a esa altura del siglo XX, como las únicas industrias nucleares que crecían en el mundo era las de China, Corea, la India y Japón, empezaron a aparecer propuestas “CAREM-like” en Occidente, reactores compactos, convectivos, con los generadores de vapor situados dentro del recipiente de presión, el más destacado de los cuales (o al menos el más ruidoso) viene siendo el NuScale, de EE.UU. También la KAERI coreana presentó el SMART 100, tras haber intentado comprar el CAREM por chirolas. Hitachi, de Japón, hizo también algún intento.

Entonces el Parlamento, movido tras mucho pasillo por Aldo Ferrer, aprobó una partida de presupuesto en pesos para ganarles de mano a los imitadores, y construir el prototipo en Argentina.

Pero entre 2000 y 2002 la CNEA fue presidida por el Dr. Jorge Lapeña, hombre del ámbito Oil & Gas, que paró el proyecto pidiendo sucesivos estudios económicos de factibilidad a prestigiosas consultoras. A medida que las prestigiosas producían informes favorables al reactor criollo, el Dr. Lapeña pedía otros estudios de factibilidad. Cuando Lapeña se fue de su cargo por implosión del gobierno del gobierno del Dr. Fernando de la Rúa, el fondo parlamentario (en pesos) ya no valía nada. Atajar el CAREM costó 3 informes, todos favorables.

En 2006 el CAREM se le quitó a INVAP y se volvió, oficialmente, “proyecto de bandera” de la CNEA, destinada a reunir sus raleados y desmoralizados elencos de investigación y también las empresas privadas y públicas del Programa Nuclear. Se creó una importante gerencia dedicada exclusivamente al proyecto. Que en lugar de hacer entrar en obra el proyecto tal como venía de INVAP, prefirió someterlo a revisión y mejora. Bueno, a revisiones y mejoras. Sin cronograma, todo es mejorable.

Nueva termohidráulica, robots de recarga de combustibles y una larga lista de etcéteras. 7 megavatios más de potencia para el prototipo (que pasó de 25 MWe a 32). Y bastante más de 7 años de rediseños de los rediseños.

Los cimientos se cavaron recién en 2011, pero debía haber más cosas a rediseñar porque la obra no se terminó en 2017. Recién en 2014 se vertió el primer hormigón, pero habrá tardado mucho en fraguar porque la obra tampoco estuvo lista en 2020. Llegó diciembre de 2015 y, en la grieta política criolla, el CAREM era un bebé atravesado en la vía del tren.

Llegó el gobierno del Ing. Mauricio Macri, que fue como si hubiera regresado Carlos Menem, caremicida probado. Anticientífico, antieducativo y antinuclear, Macri bajó a la CNEA a la categoría municipal de dependencia dependiente de una subsecretaría de estado inventada ad hoc, redujo su presupuesto a la mitad y ahí lo dejó clavado (y en pesos). Luego de ello, el mejor Ministro de Energía de la Shell, Ing. Juan J. Aranguren, privatizó la construcción de la obra, que lejos de acelerarse, se fue parando por falta de “cash” hasta detenerse enteramente en 2018.

Ahora hay nuevas autoridades en la CNEA y en NA-SA. Serquis en CNEA da fechas de terminación para el RA-10 y el CAREM, con lo cual esta física nuclear se juega un prestigio hasta ahora impecable.

El ing. José Luis Antúnez, el hombre que entre 2006 y 2014 logró la misión imposible de terminar Atucha II, está rearmando a NA-SA, empresa devastada por la gestión anterior, que echó a sus diseñadores y constructores nucleares. Y como peludo de regalo, le cae ahora la tarea de apurar la obra civil del prototipo del CAREM.

Antúnez todavía tiene que negociar con la CNNC asuntos críticos de la instalación de una central gigante (la Hualong-1), como los combustibles y la participación de la industria metalmecánica nuclear argentina, que el oferente tratará de limitar como pueda.

Poner su central junto a las Atuchas I y II entusiasma no poco a China: somos el único país de la región con una historia nuclear relevante y exportadora, y por ende una vidriera sudamericana y mundial para un producto de exportación considerado “de bandera” en su patria. Hualong, para el caso, significa “Dragón Chino”.

Pero Antúnez –y con él buena parte de NA-SA- tiene el proyecto irrenunciable de hacer una central argentina de uranio natural y tubos de presión, un derivado CANDÚ actualizado y algo más potente que la planta cordobesa de Embalse. Según cantan, intransigentes, los números de disponibilidad, Embalse es nuestra mejor central. Y una de las mejores del mundo también.

Serquis y Antúnez entran al ruedo tras un año y cuatro meses de pura babia por parte de la dirigencia nuclear macrista, que el gobierno del presidente Alberto Fernández dejó inexplicablemente en funciones, tras asumir.

Daniel E. Arias