Billonarios en el espacio – ¿Megalómanos, conquistadores de una nueva frontera, o ambas cosas?

Jeff Bezos, el hombre más rico del planeta, concretó ayer martes 20 de julio su sueño de tripular su propia nave espacial y el mundo tuvo un pequeño adelanto de lo que podría convertirse en la nueva diversión de multimillonarios: flotar algunos minutos mirando la Tierra desde lo alto.

Sucedió exactamente 62 años después del descenso de la 1° misión tripulada a la Luna, el Apolo 11.

Durante poco más de diez minutos, el empresario estadounidense y los otros tres tripulantes -su hermano Mark, Wally Funk, una astronauta calificada por la NASA en los ’60 y aviadora militar, hoy de 82 años, y un joven de 18-, cruzaron la línea Kármán a 100 kilómetros de altura, una frontera imaginaria que separa la atmósfera terrestre y el espacio exterior, a bordo de una nave reutilizable, la New Shepard.

Más de dos décadas después de haber creado Blue Origin, la empresa con la que promete realizar granjas espaciales para millones de personas, Jeff Bezos, CEO y dueño de Amazon viajó al espacio, en otro paso para consolidar la todavía muy incipiente industria del turismo espacial.

La New Shepard vuelve a la Tierra. Festejo con champagne y sombrero de cowboy

La misión de Bezos se produjo después de que el fundador de Virgin Galactic, el magnate británico Richard Branson, realizó este domingo 18 su primer viaje de turismo espacial. Durante una hora, su cohete avión Unity, cruzó la frontera final del planeta con seis tripulantes a bordo.

A este duelo espacial entre multimillonarios se sumará en septiembre Elon Musk. Sus desarrollos espaciales han sido más diversos, y ha coleccionado éxitos y fracasos, pero está resuelto a que Space X sea una empresa líder en la frontera espacial.

La nave de Bezos despegó desde una instalación remota en el desierto del oeste de Texas llamada Launch Site One, unos 40 kilómetros al norte de Van Horn, la ciudad más cercana.

La New Shepard llegó al espacio utilizando un motor de hidrógeno líquido/oxígeno líquido «sin emisiones de carbono». (El 96% del hidrógeno industrial se produce no por electrólisis del agua sino por «reforming» de gas natural, proceso que emite dióxido de carbono a carretadas, pero supongamos que Bezos compró H2 del caro…).

Aunque Bezos «subió» después que Branson, Blue Origin presume de que su experiencia de viaje es superior a la de Virgin Galactic, porque a diferencia de su competidor, la New Shepard cruza la frontera del espacio reconocida internacionalmente, a una altitud de 100 kilómetros.

Y ninguno de los dos fueron los primeros «turistas espaciales». El millonario sudafricano Mark Shuttleworth, junto a un cosmonauta ruso y uno italiano, despegaron el 25 de abril de 2002 del cosmódromo de Baikonur hacia la Estación Espacial Internacional (ISS). Después de pagar una fuerte suma a la Federación Rusa, que en ese entonces recién se recuperaba de la catástrofe de los ´90. Todavía antes, el estadounidense Dennis Tito viajó a la ISS entre abril y mayo de 2001, pagando 20 millones de dólares a la Agencia Espacial Rusa.

Pero no se trata (solamente) de gastos conspicuos de multimillonarios con egos gigantescos. Hay algunos proyectos detrás.

Blue Origin fue fundada por Bezos en el año 2000 con el propósito declarado de construir colonias espaciales en órbita con gravedad artificial y en las que pudieran vivir millones de personas.

Con una fortuna valuada en 200.000 millones de dólares, según la revista Forbes, Bezos, de 57 años, acaba de renunciar como director general de Amazon para dedicarse por completo a sus incursiones espaciales.

En 27 años Bezos logró transformar Amazon de una librería montada en un garage a una corporación que cotiza en la bolsa en 1,8 billones de dólares.

En la informada -aunque falible- opinión de AgendAR, este publicitado proyecto de Bezos es una fantasía irrealizable antes de por lo menos 100 años. Probablemente, demorará bastante más en ser factible.

Atención: es posible que en esta década, y si no en la siguiente, habrá seres humanos viviendo largos períodos en la Luna, y quizás en Marte. En órbita, ya lo hacen. Pero su estilo de vida será muy similar al de nuestros compatriotas que hoy cumplen tareas en la Base Marambio. En realidad, se abrirá un hotel de 5 estrellas en la Antártida mucho antes que en órbita. Elysium… es una película de Hollywood.

Pero además de cumplir su sueño, Bezos espera convertirse en un importante subcontratista de las misiones de la NASA, un negocio que hasta ahora venía acaparando Elon Musk, quien desde el año pasado se ha dedicado a transportar astronautas a la Estación Espacial Internacional (ISS).

Lo que es imposible desconocer es el genio de Bezos para el marketing (ya lo había demostrado en Amazon). Invitó a viajar con él, y a despegar la nave, a la piloto Wally Funk, una mujer de 82 años. Junto con otras 6 mujeres, todas ellas con una carrera perfecta en aviación civil y militar, calificadas como astronautas para las misiones Mercury y Geminis tras un entrenamiento durísimo, a Funk y a las otras de sus colegas la agencia espacial las sacó siempre de la programación de las salidas a órbita baja de estas cápsulas espaciales, y porque eran mujeres.

De haberle permitido la NASA volar al espacio -en los ’60, las astronautas soviéticas lo hacían rutinariamente- Funk habría sido una entre muchas. Al negarle el acceso a la profesión para que la agencia misma la formó, la NASA la volvió una leyenda viviente sobre sus manejos discriminatorios. Así, Funk será la persona de mayor edad en volar al espacio (John Glenn era un «joven» de 77 la última vez que subió a órbita).

Y el holandés Oliver Daemenen, otro de los tripulantes, ha sido, con 18 años, la persona más joven, luego de que su padre participara de una subasta para conseguirle un lugar en la nave.

Creemos que el negocio del turismo espacial, aunque todavía será por lapsos breves, está en buenas manos.

Y en cuanto a la pregunta del título, ¿Megalómanos, conquistadores de una nueva frontera, o ambas cosas?, este editor de AgendAR cree que la respuesta es: Ambas cosas. Después de todo, los conquistadores originales que se apoderaron de 2 tercios de la Tierra para las coronas de Portugal, España, Inglaterra y Francia, no eran exactamente personas humildes. Afortunadamente, no parece que haya en todo el Sistema Solar nativos tecnológicamente inferiores.