La trampa en que se encuentran (nos encontramos) los países de ingresos medios

En 2004, Geoffrey Garrett -un politólogo australiano, administrador académico y actual decano de la Escuela de Negocios Marshall de la Universidad de Calfronia del Sur- escribió un trabajo sosteniendo que, a diferencia de lo sucedido con los países ricos y los de bajos ingresos, la globalización no había sido beneficiosa para los países de ingresos medios.

Lo que había detectado Garrett es que este grupo de países era el que menos había crecido durante el período 1980-2000. El argumento era que, tras la reducción de los aranceles a nivel global y el auge del comercio internacional, estos países no podían competir por precio con los países de menores ingresos (que aprovechaban el bajo costo de su mano de obra) ni tampoco por valor agregado con los de mayores ingresos (debido a la falta de tecnología y calidad de sus productos).

Tres años más tarde, dos economistas del Banco Mundial, Indermit Gill y Homi Kharas, utilizaron esa idea y le dieron una vuelta de tuerca, denominándola la “trampa de los ingresos medios”.

Básicamente lo que hicieron fue generalizar el argumento, sosteniendo que los países de menores ingresos crecen de manera bastante rápida al principio, apalancados en su mano de obra barat, la introducción de tecnologías básicas que mejoran los procesos productivos y las oportunidades de inversión, para luego estancarse una vez que llegan a niveles de ingresos medios, donde esos factores se agotan. Salvo que logren desarrollar nuevas fuentes para sostener el crecimiento.

Como muestra el gráfico a continuación, una manera de ver esto es comparando el PBI per cápita de los distintos países en relación al de Estados Unidos entre 1960 (en el eje horizontal) y 2008 (en el eje vertical), de modo de ver si mejoraron o no su posición en esos casi 50 años. Por ejemplo, Burundi retrocedió, dado que su PBI per cápita relativo al de Estados Unidos en 2008 es menor al de 1960; en cambio, Botswana mejoró notablemente, dado que prácticamente duplicó su PBI en relación con el de Estados Unidos.

A partir de eso, podemos clasificar a los países en función de su desempeño relativo, donde los que estarían atrapados en la trampa de los ingresos medios son aquellos que lo eran en 1960 y lo siguen siendo en 2008. Después tenemos lo que se conoce como la “trampa de la pobreza”, es decir, países que eran de ingresos bajos en 1960 y que para 2008 lo siguen siendo, los casos exitosos (países que eran de ingresos medios y que pudieron alcanzar a los de mayores ingresos) y los países desarrollados, que lo eran en 1960 y mantuvieron ese estatus en 2008.

PBI per cápita relativo al de Estados Unidos 1960 vs 2008, países seleccionados (en % logarítmico)

Fuente: Da Wan (2015).

En efecto, de los 101 países considerados de ingresos medios en 1960, solo 13 pasaron a ser de altos ingresos en 2008 (entre paréntesis agregamos la posición que ocupan en el ranking del índice de desarrollo humano, porque en algunos casos, por más que el PBI per cápita sea muy elevado, difícilmente se lo pueda clasificar como un caso exitoso de desarrollo): Irlanda (2°), Hong Kong (4°), Singapur (11°), Israel (19°), Japón (20°),  Corea del Sur (23°), España (25°), Grecia (32°), Taiwán (34°), Portugal (38°), Puerto Rico (61°), Guinea Ecuatorial (145°) y Mauritania (157°).

¿Y por casa cómo andamos?

Te habrás dado cuenta de que esta hipótesis encaja bastante bien para el caso argentino, es más, si prestaste atención al gráfico, ahí figura señalado como uno de los países dentro de la trampa de los ingresos medios (con prácticamente la misma posición en 1960 que en 2008).

Justamente por este motivo, la semana pasada la organización Fundar realizó un encuentro, denominado “Perspectivas comparadas para superar la Trampa del Ingreso Medio”, que contó con una clase magistral de Ben Ross Schneider y con las contribuciones de Silvina Batakis, secretaria de Provincias del Ministerio del Interior; Fernando Peirano, presidente de la Agencia I+D+i y Juan Carlos Hallak, investigador del Conicet-IIEP de la UBA (pueden ver todas las exposiciones en este video).

Schneider hizo énfasis en dos aspectos de esta trampa: el desafío para mejorar la calidad educativa y para lograr políticas que puedan sobrevivir a los cambios de gobierno. Respecto de lo primero, advirtió que, “hoy en día, los chicos de Latinoamérica van a la escuela, pero no están aprendiendo todo lo que deberían. Según los resultados de las pruebas PISA, hay una diferencia de entre 2 y 3 años de estudios entre los países desarrollados y los de la trampa de ingresos medios. Ese es un problema de calidad”.

En relación al desafío político, afirmó que “hay dos elementos que hacen más difícil que los países en la TIM (trampa de ingresos medios) salgan de ella: sociedades más fragmentadas y coaliciones más difíciles de formar. Las múltiples divisiones desarticulan la política e impiden la construcción de coaliciones”. A partir de eso, concluyó que la salida de la trampa del ingreso medio requiere convergencia de intereses y coaliciones amplias, para pensar en políticas que puedan sobrevivir a un cambio de gobierno. Hay que pensar en las coaliciones antes que pensar en las políticas ideales, y hay que pensar más en términos críticos y factibles sobre qué puede hacerse.

Como se puede ver, Schneider también le aplicó una vuelta de tuerca a la trampa de los ingresos, asociándola con problemas de índole políticos y educativos. Esto también sirve para entender la popularidad de este concepto, dado que permite vincularlo con múltiples enfoques para explicar el estancamiento relativo de los países de ingresos medios. En este trabajo de la CEPAL, por ejemplo, identifican otros cuatro elementos que pueden explicar esta trampa (asociados a la productividad, a la calidad institucional, a la vulnerabilidad social y a la cuestión ambiental).

¿Cuál tiene razón? En realidad, todas son parte de las causas y, por ende, de los distintos desafíos que un país de ingreso medio como la Argentina debe enfrentar para sortear esta trampa y, de lograrlo, pasar a ser en el futuro (¿cercano?) un país de altos ingresos.

Juan Manuel Telechea