«Energía limpia. El discreto encanto de las centrales nucleares»

Complejo Atuchas

El diario La Nación reprodujo este artículo de The Economist. Y ninguno de los dos medios ha sido un entusiasta de lo nuclear. En AgendAR evaluamos que la necesidad de limitar el uso de combustibles fósiles y, sobre todo, la decisión de China de construir 150 reactores en 15 años, han sido decisivos para debilitar el prejuicio antinuclear.

Ahora, llama la atención -no tanto en el medio inglés, sí en el argentino- que se mencione reactores nucleares pequeños (SMR), incluso el proyecto estadounidense Nu Scale, y no se diga una palabra del CAREM.

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«En las negociaciones que condujeron a la cumbre de la tierra en Río en 1992, Arabia Saudita dedicó una gran cantidad de tiempo intentando insertar el término “ambientalmente sano y seguro” delante de las referencias a “fuentes energéticas” y “provisiones energéticas”.

Dado que el petróleo que exporta Arabia Saudita en cantidades mayores que cualquier otro país ahora se considera que es cualquier cosa menos que “seguro ambientalmente”, esto parece bizarro. Sin embargo en aquel momento el objetivo era obvio para todos los involucrados: la frase era una manera de mantener la energía nuclear fuera de la agenda en Río.

Los shocks petroleros de la década de 1970 habían llevado a muchos países a incrementar sus esfuerzos nucleares. En los diez años previos 1992 la cantidad de energía nuclear consumida en todo el mundo se había incrementado 130%. Lo que es más, algunos hablaban de usar las plantas nucleares para producir no sólo electricidad sino también hidrógeno, lo que entonces formaría la base de combustibles sintéticos.

Los sauditas pueden o no haber estado preocupados realmente por el medio ambiente. Pero sabían reconocer un competidor cuando lo veían.

Sus manejos se demostraron innecesarios. En contraste con los shocks petroleros, la amenaza del calentamiento global no ha adelantado la causa nuclear. Luego de llegar a un pico en 2006, la cantidad de energía nuclear consumida en 2019 fue tan sólo 18% más que en 1992. Como porcentaje de la energía primaria global había caído del 6,1% al 4,3 por ciento.

Debido a que la energía nuclear es costosa de maneras que inciden en las ganancias, mientras que el daño al clima no se incorpora al precio de quemar combustibles fósiles, esto no sería sorprendente aún si fuera popular entre los ambientalistas, cosa que en general no lo es.

Pero sigue siendo una lástima. La caída en el costo de la electricidad renovable en la última década que ha cambiado el paradigma actual es central al camino de descarbonización que el mundo sigue irregularmente.

Un sistema de energía limpia requiere redundancia y confiabilidad en sus redes eléctricas que son difíciles de lograr sólo con energías renovables. Probablemente también requerirá mucho hidrógeno para impulsar aeronaves y producir acero y químicos, cosa que podrían proveer los reactores.

La energía nuclear tiene sus problemas como los tienen todas las fuentes energéticas. Pero bien regulada es confiable y pese a su reputación, extremadamente segura. Por eso es tonto cerrar centrales de energía nuclear en perfecto estado como la de Diablo Canyon, en California, por poco más que un prejuicio.

Es por ello que algunos países, con China a la cabeza, están construyendo sus flotas nucleares. Ayuda a explicar por qué otros –incluso Arabia Saudita– están entrando por primera vez en el juego. Y es la razón por la que enfoques para la reducción de la penalidad del costo de la energía nuclear por fin están alcanzando su madurez.

Francia, que encuentra que es imposible construir dentro de los plazos y los presupuestos previstos su más nueva generación de reactores inmensos, y por tanto también difícil de exportar, tiene nuevos planes para reactores modulares pequeños (se los conoce con la sigla SMR) que podrían dar mejores resultados en ambos sentidos.

Rolls-Royce, una compañía de ingeniería británica, tiene una postura similar. El 4 de noviembre la empresa estadounidense NuScale firmó un acuerdo para vender seis de estos reactores a Rumanía en la cumbre de Glasgow. Rusia, por su parte, ya cuenta con una central de energía SMR flotante.

En principio estos diseños pueden producirse en fábricas y enviarse a donde se lo requiera, lo que reduce sus costos.

Estas ventajas han sido proclamadas durante décadas sin que se concretaran, por lo que se impone la cautela. Pero los esfuerzos actuales tienen una base más amplia. Necesitan de enfoques regulatorios que, aunque no sean laxos, permitan a sus fabricantes aprender mientras los construyen.

Eso permitirá que diseños en competencia se prueben unos contra otros, haciendo que la energía nuclear, una vez más, sea una fuente de innovación, sumándose a la capacidad del mundo de deshacerse de la insegura y nada saludable energía fósil.»