El Ministerio de Defensa encargó a INVAP un helidrón naval, el RUAS 160

Si Ud. es un armador de barcos pesqueros piratas o simplemente un infractor crónico aunque legal en nuestra Zona Económica Exclusiva del Mar Argentino, sea Ud. un mega-empresario chino, español, taiwanés, coreano, japonés y/o criollo, ésta es una tarjeta para las fiestas que la mandamos de AgendAR.

Se la enviamos con esperanza… cautelosa: la tecnología sola no resuelve los problemas políticos, y si Ud. ha podido vivir robando a nuestro país desde 1982 con sus prácticas predatorias, en ese «vale todo» de nuestra Zona Económica Exclusiva (ZEE) del Mar Argentino, tal vez no alcance con helidrones para que lo podamos echar de la misma.

Pero que el Ministerio de Defensa quiera comprar helidrones (¡y nacionales!) para hacer exactamente esto, aplastarlo a capturas, multas y decomisiones de naves y artes de pesca hasta que le aumenten tanto los costos que Ud. mismo se tome el olivo y se vaya a robar a otros lados. Ésa es la noticia en su salsa política. Y lo que vale es la salsa. Hay un ciclo lento de entreguismo, de abandono del Mar por parte del estado nacional, e indicios de que se va terminando.

Defensa aprobó la compra de un helidron naval RUAS-160. Lo provee la empresa estatal rionegrina de alta tecnología INVAP (Investigación Aplicada). Su destino es el control marítimo desde los buques de la Armada. No es imposible que se extienda a unidades de la Prefectura Naval Argentina. Y esa parte de la historia es un regalo de Fiestas a nuestros compatriotas.

Pocos días antes, se puso en marcha el Comando Conjunto Marítimo para coordinar el trabajo de vigilancia de las aguas oceánicas e interiores por parte del Ejército, la Armada y la Aviación. Volvemos al mar. Y -para retornar a la noticia- lo hacemos con un robot aéreo argentino que en realidad se desarrolló mayormente para tareas agropecuarias.

La cartera, administrada por Jorge Taiana, emitió la Resolución 1727/2021 y validó la compra del Sistema de Vehículo Aéreo No Tripulado de Ala Rotatorias RUAS 160. Lo vende INVAP, firma nuclear y aeroespacial estatal con sede en Bariloche, Rio Negro. Es un desarrollo conjunto con Cicaré, una PyME bonaerense de Saladillo. Augusto «Pirincho» Cicaré es famoso desde los ’60 como único fabricante de helicópteros tripulados de la Argentina, y además exportador. La otra firma detrás de este desarrollo es Marinelli Technology, una empresa de máquinas agropecuarias autónomas del contratista rural Nico Marinelli.

La estatal rionegrina ya vendió otros desarrollos al agro, aunque ninguno tan visible.  La gente de campo se enamoró de este fierro desde que vio el Modelo de Ensayo Tecnológico 1 (MET1) en Expoagro 2020. Lo que convence del RUAS es la aplicación de agroquímicos con precisión y selectividad imposibles para un avión de ala fija, y desde alturas mínimas que acotan mucho la deriva por viento.

Esto mitiga cuatro problemas: los costos de hora de vuelo tripulado, los costos de los agroquímicos (porque volando bajito y despacio se aplican en mucha menor cantidad), el costo ambiental del exceso de sustancias de cierta vida residual, y fundamentalmente, las denuncias, titulares de prensa y juicios por deriva de la aspersión de hacia campos vecinos y perímetros urbanos.

En una fumigación standard, el RUAS cubre 30 hectáreas por hora, navegando en automático. Cuando se le terminan los 75 kg. de líquidos a aplicar, vuelve solo a repostar carga (eso todavía lo hace un humano), y luego retoma su tarea desde donde dejó, según su plan de vuelo. La rara arquitectura de propulsión, con dos juegos de palas contrarrotativas, cancela los torques que harían girar al helicóptero sobre su eje vertical. Así se elimina la necesidad de un rotor de cola antitorque.

Esto a su vez hace muy compacto el dron, y factible de caber en la caja de una camioneta. También le da una precisión y una fineza de movimientos, buena para trabajar entre árboles o alambradas sin enganchar nada con el rotor de cola: no existe.

Pero lo original de este helidrón es la correlación carga útil/peso total, cifras prácticamente equivalentes para un aparato de 160 kg. totales. Ningún avión de ala fija, tripulado o robótico, llega a una correlación peso/carga útil del 50%. Menos aún podría imitarlo un cuadricóptero o hexacóptero, tan usados para filmación: son menos eficientes, tienen menos autonomía, no cargan grandes pesos y, cuando hay apuro, son menos veloces.

Provincias como Santa Fe le vieron el potencial al RUAS de mejorar el control del delito en los centros urbanos con su conjunto de cámara pancromática, infrarroja y zoom de 20 aumentos, su Data Link a red de datos, su velocidad máxima de hasta 150 km/h. y su autonomía de hasta 6 horas. Capaz de un techo de 3500 mts., el RUAS es realmente un ojo en el cielo. Y a esa altura es bastante invisible, por su tamaño.

Puede ser más que un ojo. La Armada lo ve como equipamiento posible para todas las unidades de la Flota de Mar y barcos auxiliares, pero empieza por los más recientes: esos 4 contenciosos patrulleros franceses Naval Group comprados en 2018. Sobre ellos, hemos dado nuestra opinión aquí. Pero pese a lo lentas (¡21 nudos!) y sub-artilladas que son estas naves, tienen hangar donde puede caber un helicóptero tripulado de 4 o 5 toneladas, y además uno de estos RUAS. O varios.

Con un RUAS 160 a bordo de una patrullera, la detección óptica y en infrarrojo, puramente pasiva (no delata al vehículo), se extiende en un círculo de 200 km alrededor de la nave. Y si si el RUAS está artillado con una Mag 7,62 mm, amén de sus sensores ópticos, su capacidad de bloquearle el regreso a la milla 201 a un pesquero pirata en fuga se vuelve considerable.

El tamaño compacto, las aspas contrarrotativas y la falta de un «boom» de cola permiten además mucha «motricidad fina», despegar y aterrizar con las condiciones borrascosas tan frecuentes en nuestra ZEE, especialmente, al Sur del paralelo 40. El RUAS puede operar en condiciones prohibidas para un helicóptero tripulado.

Un amigo, físico nuclear famoso en la CNEA, objetó la estética. El RUAS-160 tiene, efectivamente, el perfil de la testa de un pitbull «cabeza de mula». La explicación de la forma es que en vuelo lanzado, el aparato toma viento de frente y esa nariz es muy aerodinámica. Pero en sobrevuelo o derivando lentamente a 5 kilómetros/hora durante una aeroaplicación, las pendientes laterales del monocasco de fibra de carbono son útiles para encauzar hacia abajo el «prop-wash» de la doble hélice. Esto evita que la pulverización se desparrame hacia los laterales. Pero además, por los materiales y la forma, ese monocasco es bastante «stealth», poco reflectivo, a ondas de radar que vengan en sentido horizontal.

Por otro lado, los pitbulls no son conocidos por lindos sino por temibles. Aspiro, como argentino, a que el RUAS naval adquiera parecida fama, y por lo mismo.

El acuerdo con INVAP, valuado en 1.770.000 dólares, es para la construcción y entrega como propiedad de la Armada de un modelo de pre-serie. Probablemente, los marinos se terminen llevando el MET-2 de INVAP, con una carga útil por ahora óptica e infrarroja contenidas en una plataforma estabilizada por giróscopos. Todavía no llegaría radar en banda X o armamento. Viene con la certificación temporaria de aeronavegabilidad de la ANAC (Autoridad Nacional de Aeronavegación Comercial) que incluye la matrícula y certificado de aeronavegabilidad.

Esa documentación da la base de la certificación provisoria de aprobación de diseño emitida por la Dirección General de Aeronavegabilidad Militar Conjunta (DIGAMC). Ya llegarán los papeles definitivos si el RUAS sale exitoso de las pruebas en simulador físico, en maniobras sobre tierra y luego, embarcado en funciones de vigilancia, reconocimiento, búsqueda y rescate. Y además, de monitoreo ambiental.

Y esto es útil tanto para detectar una «marea roja», como para multar a los pesqueros que alijan sentinas en altamar y te dejan de regalo una inmensa mancha de aceite, letal para pingüinos, petreles y otras aves marinas.

El sistema RUAS-160

El piloto y contratista agrícola Nicolás Marinelli en Expoagro, con el helidrón de INVAP y Cicaré. En este caso, lleva un contenedor de líquidos para aeroaplicación, colgado como una montura.

A este dron argentino lo venimos siguiendo en AgendAR desde marzo del 2020. Pero vale la pena repasarlo: el Sistema RUAS-160 tiene una consola de monitoreo y control desde tierra, que cabe en un par de valijas chicas. Se complementa con un conjunto de equipamiento transportado (cargas útiles) que lo adaptan para cumplir con la misión que se requiera.

En este caso, el ministerio de Defensa pidió que la nave pueda adaptarse al control desde un buque. Para actividades de Defensa y Seguridad, INVAP ofrece instrumentarlo con una plataforma giroestabilizada con sensores EO/IR, LIDAR y radar SAR en banda X. En castellano, todo eso significa una cámara pancromática e infrarroja con un zoom bastante poderoso (hasta 20 aumentos), un radar, telémetro y apuntador láser, y un radar de microondas capaz de formar imágenes de bastante definición. Eso permite detectar, reconocer e identificar objetos móviles y estacionarios tanto en tierra como en el mar. En lo táctico, que el blanco se entere o no de que está bajo vigilancia se vuelve una decisión del operador del helidrón.

La carga útil total futura será función de dos cosas: la miniaturización creciente de los sensores que desarrolla INVAP, particularmente los radares como el RAXA, hoy destinado al avión patrullero Pucará Fénix, que en algún momento evolucionarán hacia radares AESA, muy furtivos, difíciles de interferir y además capaces de seguir varios blancos a la vez. Un AESA y un misil antibuque de alcance medio pueden transformar al RUAS en un arma bastante letal.

La otra cosa que determina qué lleva a bordo un RUAS (y qué no lleva) es el motor. El actual es un pistonero de 40 HP enfriado a aire, típico de un avión ultraliviano chico, de los de caños y tela. Pero dentro de los pistoneros livianos fáciles de conseguir comercialmente el tope de gama puede ser un Rótax 915 de 141 HP de refrigeración mixta.

Sin embargo, en AgendAR tenemos un favorito: en las potencias intermedias (90 HP) hubo un motor bóxer desarrollado por INVAP y Oreste Berta, el más famoso preparador de autos de los ’60. Llamado «El Mago», en 1969 Berta hizo salir primero a la coupé Torino 380 W en las 72 horas de Nürburgring la única vez que aquel auto argentino salió a correr en un ruedo internacional. El debutante total, el desconocido, pintó en Alemania haciéndose el chiquito y le pasó el trapo a los Lancia, los Lamborghini, los BMW, los Porsche y los Mercedes Benz.

Al Berta-INVAP bóxer no lo elegimos por prosapia, o por la leyenda. Se fabricaría aquí, crearía otra cadena de provisión, y además es refrigerado a aire: esto elimina la complicación técnica y el peso adicional de un radiador y de una bomba de agua. El Berta-INVAP estaba destinado, inicialmente, a los drones de ala fija de mayor carga y alcance de la línea SARA (Sistema Robótico Aéreo Argentino). Fue interrumpida en 2016 (adivine Ud. por qué presidente). Pero tal vez haya dejado descendencia.

Lo dicho: ésta es una máquina dual. Con un motor más potente, el RUAS puede llevar armamento, y no necesariamente liviano.

El RUAS, que vuela en modo automático, semiautomático y plenamente teledirigido, puede operarse desde un «gomón» de abordaje, pero también desde un sistema de consolas más complejo en gestión de información, colocado en el puente o la sala de guerra de una nave, unido desde allí a antenas de largo alcance. Todo esto lo terminará definiendo la Armada a partir de su experiencia con el modelo de demostración inicial que se lleva.

El programa de desarrollo se divide en 6 hitos que se deben ir concretando de manera progresiva. El hito N°6 es la entrega del informe técnico final, sobre el cual se decidirá si se procede a la contratación de una partida de RUAS-160 de serie. El plazo para cumplir estos hitos es de un máximo de 30 meses.

Características principales

El RUAS-160 es un UAV/VANT categoría II.
Peso máximo al despegue (MTOW) de 160kg.
Autonomía máxima 5 hs
Longitud: 3, 10 mts
Altura: 1,72 mts
Diámetro de Rotores: 3,60 mts
Alcance máximo: 600 km/ 320 nm
Carga útil: 80kg (combustible + sensores)
Techo operativo: 3.000 metros
Velocidad: crucero 70 Kts, máxima 85 Kts

Otra configuración específica del RUAS-160 puede trabajar en las industrias de gas y petróleo, en la forestal, en la minería, en la inspección de líneas de alta tensión, y también para las actividades de apoyo en la lucha contra incendios, así como de búsqueda y rescate en tierra o en el mar.

La modularidad del sistema permite ponerle elementos para operaciones sanitarias, como por ejemplo el traslado de órganos desde un donante hasta un paciente, o el envío de kits de emergencias médicas o de viandas en para gente en emergencia en sitios inaccesibles.

Resumiento, el RUAS-160 es una solución en busca de problemas.

Y hablando de problemas, en estos días hay aproximadamente 600 barcos piratas chinos, españoles, taiwaneses, coreanos y algún que otro japonés en la milla 201, casi todos en estado de desastre técnico y con tripulación filipina o malasia en condiciones de esclavitud. Y eso porque pescar a distancia, desde el otro lado del Atlántico o desde las antípodas del planeta, sólo se puede con grandes subsidios.

A saber, la Unión Europea y China, por ejemplo, te subsidian el barco y el combustible para que te vengas a hacer desmanes aquí. Port Stanley te subsidia desde 1986 emitiendo licencias de pesca sobre aguas en litigio diplomático y que consideramos nuestras. Inesperadamente, Montevideo te subsidia con servicios de combustible y mecánica en Puerto Capurro, y periódicamente, también con servicios fúnebres. Y es que los esclavos a bordo se mueren con desconcertante facilidad. Los esclavos, armador pirata, no importa si nativo de La Coruña o de Shangai, te subsidian con su trabajo gratis. Y de vez en cuando, con la vida.

Pero el mayor subsidiador de este saqueo, que empieza con la derrota de Malvinas, ha sido la propia Argentina, país que desde los Acuerdos de Madrid y desde los Acuerdos Pesqueros con la Unión Europa subsidia al primer ladrón u oportunista, y lo hizo con la quiebra y desaparición de su industria pesquera autóctona en los ’90, y con su mar poco controlado y permanentemente al borde del colapso. Ese colapso se hizo efectivo entre 1998 y 2005, y dejó en la desocupación a 30.000 trabajadores argentinos en la costa y los barcos.

Lo dicho, la pesca a distancia es un negocio caro y sólo posible con subsidios múltiples.

Que el ministro Jorge Taiana quiera testear un helidrón para poner un poco de ley indicaría que la contribución nacional a este subsidio empieza a terminarse, y que los costos de saquear el Mar Argentino pueden llegar a subir. Y mucho. Que así sea.

Y felices fiestas.

Daniel E. Arias

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Y un bono para nuestros lectores, el video que muestra los usos pacíficos de este dron: