Los preparativos del viaje de Alberto Fernández a Rusia y China. Y un comentario de AgendAR

El presidente Alberto Fernández mantendrá una reunión con su par de Rusia, Vladimir Putin; y otra con el mandatario chino, Xi Jinping, en el marco de una visita que hará el 3 y el 4 de febrero próximos a esas naciones.

De acuerdo a lo informado por Presidencia, el encuentro con Putin se producirá durante una escala de 48 horas en Rusia, previa al viaje que Fernández realizará a China para asistir a la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno en ese país.

El Presidente se reunirá el próximo 3 de febrero en Moscú con Vladimir Putin y al día siguiente ya estará en China, afirmó la portavoz presidencial, donde se encontrará con Xi Jinping, cerca de cumplirse los 50 años de relaciones diplomáticas entre ambos países, iniciadas el 19 de febrero de 1972.

En Rusia

En Moscú se hará la reunión bilateral que había quedado pendiente entre Fernández y Putin, en la que ambos jefes de Estado «hablarán acerca de la colaboración en el tema de vacunas, inversiones, ciencia y en otros temas de interés común», detalló Cerruti.

Esta será la primera reunión presencial entre Fernández y Putin, luego que ambos mantuvieran una conversación telefónica en noviembre pasado, en la que manifestaron su predisposición a encontrarse personalmente apenas la situación epidemiológica lo permitiera.

Los mandatarios se comunicaron telefónicamente el 7 de noviembre último, por espacio de 30 minutos, para repasar la relación bilateral entre ambos países, y en ese diálogo Fernández valoró «la cooperación entre ambas naciones a la hora de enfrentar el desafío» al que sometió la pandemia al mundo, se consignó en aquella oportunidad.

Aquella conversación sirvió también para reafirmar la «disposición mutua» en fortalecer «la asociación estratégica ruso-argentina y la cooperación práctica en varios campos», según un comunicado de prensa del Kremlin.

El 7 de diciembre pasado, en un almuerzo de trabajo en la Casa Rosada, Fernández se reunió con autoridades del Fondo Ruso de Inversión Directa (el propietario de la vacuna Sputik V) y ejecutivos de empresas y representantes de bancos rusos para avanzar en asociaciones en diversos sectores estratégicos y potenciar el intercambio.

En China

En la gira europea que el Presidente realizó entre el 30 de octubre y 2 de noviembre pasado, en la que participó también de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP) 26 en Glasgow, se acordó el viaje del mandatario a China «para acentuar el comercio», según había adelantado el canciller Santiago Cafiero a los periodistas argentinos que la cubrieron.

«Tenemos una comisión de tratamiento binacional respecto a temas comerciales y uno de los puntos fue que vuelva a trabajar rápidamente», había señalado el ministro de Relaciones Exteriores. Cafiero explicó entonces que la idea es avanzar en temas como la economía del conocimiento, en términos comerciales, y en robustecer la presencia de la Argentina en China.

En esa gira el canciller se reunió con su par chino Wang Yi para analizar la necesidad de potenciar dispositivos de comercio con comisiones mixtas, de exportaciones e importaciones y la ampliación de la balanza comercial.

Además, el 4 de noviembre último Fernández participó, mediante un mensaje grabado desde Casa Rosada, de la inauguración de la cuarta edición de la China International Import Expo (CIIE), junto a Xi Jinping.

Allí el Presidente resaltó «la creciente recuperación del comercio internacional» y abogó por realizar «mayores esfuerzos para lograr un comercio más abierto, justo y equilibrado» para acercarse «a un mundo en el que nadie quede atrás».

Indicó en ese sentido que, «para ello, será imprescindible abordar el comercio internacional desde una perspectiva «ganar-ganar» como puede corroborarse en el fuerte crecimiento registrado en el comercio bilateral».

Comentario de AgendAR:

A pesar de la aparente concentración del gobierno -y de la oposición y los medios- en la larguísima negociación con el FMI, la política exterior argentina da señales clara de «no alineamiento automático» con las potencias que manejan una larga mayoría de los votos en su Directorio. En particular, con Estados Unidos.

En realidad, se puede decir que mantiene su posición tradicional. Los gobiernos conservadores siempre prefirieron apoyarse en Gran Bretaña, antes que en los EE.UU. El radicalismo tradicional, y el peronismo tradicional, se mantuvieron distantes por la mayor parte de sus gestiones. La dictadura de 1976/83 se embanderó con entusiasmo en la Guerra Fría, y envió militares a asesorar en la represión en Centroamérica, pero cuando EE.UU. decidió el bloqueo a la URSS en 1980, la junta militar lo rompió vendiéndole trigo. (Recordemos que esa dictadura terminó bombardeando barcos del principal aliado de EE.UU.).

Sólo durante el gobierno de Carlos Menem se plantearon «relaciones carnales». Y no terminaron bien: en la crisis del final de la Convertibilidad, la potencia norteamericana prefirió privilegiar los intereses de sus plomeros -en las palabras de un Secretario del Tesoro- que acudir en auxilio del pobre De la Rúa.

Nuevamente en el gobierno de Mauricio Macri se fantaseó con un romance. Primero con la candidata Demócrata, Hillary Clinton, y luego con el presidente Republicano, Donald Trump. También hubo gestos simbólicos. Pero nada que impidiera la fuga de los fondos de inversión y de riesgo a partir de 2018.

Es que hay un dato geopolítico insoslayable desde hace más de 150 años: Estados Unidos no es un cliente nuestro. Al contrario, es un importante competidor en la exportación de alimentos. No sabemos si los plomeros, pero los estados agrícolas del Medio Oeste norteamericano son un factor decisivo en la política de esa gran potencia.

En cambio China es, desde principios de este siglo, un cliente clave para nuestras exportaciones, y las de la mayoría de la América del Sur. En especial, es por lejos el principal cliente de Brasil, que a su vez es nuestro principal cliente (salvo en los años en que lo supera China). En el caso de Bolsonaro, nadie puede sospechar afinidad ideológica -no con Xi y menos con Fernández- pero las realidades de las economías nacionales son las que son.

Entonces, nuestro Presidente se reunirá en las próximas semanas con el líder del principal rival de EE.UU. en el mundo, para la inauguración de unos Juegos Olímpicos de Invierno a la que Biden no fue invitado -y que boicotea- y con el de la potencia con la que tiene un claro y candente enfrentamiento sobre la situación en Ucrania.

Pero creemos que la decisión es mucho menos dramática que como la pinta algún periodismo. Más allá de declaraciones, la dirigencia de EE.UU. tiene una fuerte dosis del realismo «anglo» y sabe que Argentina, y el resto de la América del Sur seguirán siendo proveedores de China. Salvo que estuvieran dispuestos a abrir su propio mercado, que no lo consideran ni en sueños.

La verdadera disputa no es por un alineamiento en la política global -en esa cancha nosotros no jugamos- sino por la participación de sus empresas y las de sus rivales en nuestra economía. Esa pulseada ya se libra, y se seguirá dando después de la visita de Fernández a Beijing y a Moscú.

Deberemos manejarnos con firmeza y prudencia. Y, sobre todo, recordar que la construcción de una base industrial moderna y competitiva no la harán por nosotros ni China ni Rusia ni EE.UU. Es una tarea nuestra.