Si la actividad, y el empleo, se recuperan ¿por qué hay «mal clima» con la economía?

Revisando el material que seleccionó nuestro equipo, encontramos este artículo de hace un mes de Pablo Tigani -profesor de Posgrado UBA y Maestrías en universidades privadas, Máster en Política Económica Internacional, Doctor en Ciencia Política y autor- que hace un análisis muy favorable de la gestión del gobierno en 2021 y de la situación actual de nuestro país.

No lo reproducimos en ese momento porque su tono nos parecía que no se correspondía con la «sensación general», aún en los sectores que no se consideran opositores al gobierno actual.

Hoy perdura ese mismo cuadro. Por supuesto, no puede decirse que «estamos bien». No con la pobreza extendida, con más de la mitad de nuestros compatriotas sin un empleo «en blanco». Pero la situación ha mejorado mucho desde hace un año, cuando había recesión, pandemia y pocas vacunas.

Hoy los índices de la producción, de la «economía real» siguen positivos. Los precios de nuestras exportaciones principales suben. Hasta la temporada de turismo interno -un índice del consumo de los sectores medios mayoritarios- es excepcional. Las evaluaciones optinistas de Tigani -y de Stiglitz- parecen confirmarse.

Pero el malestar sigue, también entre esos sectores medios que consumen. Reproducimos la nota de Tigani, y agregamos una breve reflexión nuestra al final.

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«El Gobierno de Mauricio Macri fue un régimen de pésimos resultados económicos, baja calidad institucional y habitual desinterés por las mayorías populares; sin embargo los votos de la elección de medio tiempo favorecieron a la Alianza JxC, demostrando el éxito de la desculturización política 2015-2019. La retórica de los macroeconomistas y los medios amigos siguen siendo fuertemente influyentes.El discurso del tándem describe al populismo como una forma de gestionar las políticas públicas en función de las cuales el gobierno distribuye bienes y servicios en forma demagógica a los sectores populares para lograr apoyos electorales inmediatos. En octubre 2021 quedó demostrado que eso no sucede, simplemente porque es un poco más compleja la noción de populismo.
Sin embargo prevalecieron los lectores del manual de economía de Stanley Fischer, Rudiger Dornbusch, Richard Schmalense (McGraw-Hill 1989), y sobre todo (Dornbusch y Edwards, 1991) un tanto demorados en conocer que el populismo es un fenómeno político. Los autores de aquel tiempo confundían populismo con “mala administración” “inflación”. Según esa mirada la dictadura 1976-1983 fue populista y en cambio Evo Morales quien gobernó con baja inflación y equilibrio fiscal no fue populista (Casullo). Un disparate.

El año 2020 constituyó una tragedia económica y sanitaria a nivel mundial. En 2021 pudimos presenciar el delicado manejo económico del Gobierno, que ha recuperado la actividad en magnitud ligeramente superior al derrumbe del nivel de actividad provocado por la pandemia. Pese a la mejoría del 10/11% del PBI en 2021(p) y con un consumo privado que se ubica por encima del que dejó el gobierno macrista, el mismo está por debajo del nivel previo a la crisis que terminó apelando a la consigna: “Espero que todo el país termine enamorado de Christine Lagarde” (Macri-2018).

Pero hay causas que explican la mala onda de las personas indocumentadas: los particulares que no pueden comprar dólares baratos para ir a Punta del Este, los empresarios que no consiguen pasar fácilmente pagos en dólares a $108, además es más difícil-no imposible-abusar del bolsillo de los argentinos, la bronca de la evidencia peronista (nunca un gobierno peronista se fue sin que crezca el PBI y se paguen las deudas) y, el terror de que las buenas noticias de la macroeconomía en 2021 sea el inicio que desemboque en la reelección del FDT.

Todo esto sin contar que el elenco estable pronosticó un crecimiento del 4% del PBI. Un error de 4/5 veces el déficit fiscal primario, que tanto les preocupa. Las empresas trabajaron con un forecast de ventas 60% por debajo del potencial, por mal asesoramiento. (El forecast de ventas es la estimación y previsión de la demanda de bienes o servicios en un tiempo determinado. Con el uso de esta técnica, se intenta saber con mayor certeza qué va a pasar en el año con la finalidad de tomar decisiones más efectivas y alcanzar los objetivos deseados a priori). Las empresas que creyeron en los pronósticos de los pifiadores seriales perdieron negocios.

Los indicadores de noviembre y diciembre insinúan que la economía extendió su recuperación en el último bimestre 2021, si bien corresponde explicar que se observa cierta dispersión secundaria en los ritmos de crecimientos sectoriales.

Si se confirmaran las cifras provisorias del último bimestre, el PBI 2021 podría tocar 11%, dejando un arrastre estadístico para 2022 de unos 3%. La mejora de la demanda doméstica estaría alrededor de 15%, con el consumo privado creciendo alrededor de 12% y la inversión repuntando 36% anual. El superávit de la balanza comercial alcanzó los u$s 15.000 millones. Hay que señalar que la Argentina es uno de los países de mejor desempeño económico en la recuperación, a nivel regional.

Se acaba de anunciar un ajuste tarifario básico de los servicios públicos y otros privados; el tipo de cambio comienza a ajustarse por encima de la inflación-crawling peg- y; el déficit primario sigue bien controlado. La base monetaria creció en 2021 alrededor de 38% entre puntas, muy por debajo de la inflación. El BCRA emitió para comprar dólares alrededor de 17 puntos y para asistir al Tesoro Nacional unos 21 puntos. Nada más. Se pudo esterilizar una parte colocando Leliq y Pases. Los factores contractivos de la base monetaria en 2021 fueron la venta de bonos por parte del BCRA contra pesos y la venta de divisas del Banco Central al Tesoro.

Con el BCRA colocando deuda para esterilizar pesos y el sector público nacional absorbiendo fondos del sistema para tener su propio financiamiento, el crédito al sector privado en pesos creció alrededor de 45% en términos nominales. Los agregados monetarios crecieron menos que en 2020. Sin embargo la tasa de inflación tiende a acelerarse en diciembre por el bajo incremento de los precios minoristas en noviembre-de 2.5% mensual-, y en enero por los anuncios de correcciones que no tienen que ver con cuestiones monetarias. Los números provisorios para diciembre aseguran que creciendo –piso 10%-el PBI, la inflación estará entre 5 y 6 puntos por debajo de la que dejó Macri, cuando el PBI por el contrario, se desplomó 2.1% (y, sin pandemia en 2019).

Visiblemente, 2021 fue un año de recuperación económica enérgica con menor inflación que 2019. El dólar ilegal o “blue” en 15 meses perdió por goleada la batalla frente a las tasas de interés y otras opciones de inversión, contradiciendo a quienes pronosticaron entre $ 400 y $ 2.000.

Pese a las escasas reservas netas del BCRA, se siguen cancelando los compromisos contraídos en la era Macri, con mejor balance fiscal y monetario promedio (2016-2019) y sin desborde social. Es cierto que existía un mullido colchón tarifario del gobierno anterior y del “viva la Pepa” de servicios del sector privado. Por esa razón no existe inflación reprimida, sino más bien una mejor distribución de la carga, sobre todo, de las tarifas de los servicios públicos. La vista ahora debe estar puesta en el salario real y el empleo, aunque este último se viene recuperando.

Las negociaciones con el FMI siguen avanzando con honorabilidad. Los vencimientos de capital e intereses con el FMI son de u$s 4.000 millones en el primer trimestre 2022 y u$s 32.000 millones entre el segundo trimestre 2022 y 2023. Lo que exhibe la elocuente incongruencia de los fallidos acuerdos Macri-Dujovne-Lagarde, quienes pusieron al país en situación de no poder afrontar los pagos, ni con recursos propios, ni con colocaciones en el mercado voluntario del cual resultaron eyectados en enero de 2018. Recuerde que el actual gobierno renegoció exitosamente la deuda impagable contraída entre 2016-2017 con el sector financiero internacional privado. Lo cierto es que la reestructuración de la deuda, cuyo costo rebajó en u$s 37.000 millones de intereses, se cerró en el momento más crítico de la pandemia. El país se había caído del mundo en 2018 y al defaultear la deuda-reperfilamiento compulsivo-en pesos en 2019; había quedado sin la mínima chance de volver a colocar deuda en los mercados globales, con la posibilidad contingente de tampoco poder hacerlo en el mercado local. Recuerde que la reestructuración de deuda de 2001 se acordó alcanzando 95%, 8 años después del default, en lugar de los 8 meses que le tomó a Guzmán-sin caer en default-.

Con el cumplimiento estricto de los pagos de la deuda pública en dólares, las reservas internacionales brutas del BCRA siguen estando en los niveles 2020. Conmemoremos el dato, las exportaciones terminarían incrementándose en más de u$s 22.000 millones.

A los controles cambiarios que implementó Macri, se fueron asignando nuevas restricciones sobre el atesoramiento, la cancelación de deudas del sector privado y el pago de importaciones. Si bien la posición de reservas netas internacionales es escasa, una aceleración en el ritmo de corrección del tipo de cambio ira favoreciendo el tipo de cambio real. Si las exportaciones crecieron alrededor de 39%, y el saldo de la balanza comercial fue de u$s 15.000 millones, es obvio que la competitividad no está en riesgo, por el tipo de cambio.

En materia fiscal, el gobierno recibió de la administración anterior un déficit fiscal de alrededor de 1.2% a pesar de la extravagante contracción monetaria aplicada en 2019, pateando al déficit financiero proyectado para los años siguientes, -como dijimos antes-imposibles de financiar. Luego llego el COVID y el derrumbe de los ingresos fiscales en 2020, cuando ya en 2019 (con Macri) había caído un 11% en términos reales. Este año la moderación fiscal sorprendió al oficialismo y la oposición, en ese orden. En particular, el gasto primario se aceleró muy por debajo de las reales necesidades sociales. Tal como habíamos explicado acerca del cierre de la brecha fiscal, en 2021 la recaudación tributaria ascendió a 11 billones de pesos o 101.900 millones de dólares; 65.9% más que en 2020. En el peor de los casos 15% más alta en términos reales.

Decepcionando sortílegos y agoreros, nos ha ido bien en 2021, demos gracias a Dios porque el paracaídas se abrió providencialmente al cumplirse 5 años del salto al vacío.

Reflexión de AgendAR:

No abundaremos sobre el extenso análisis económico de Tigani. Nuestra intención es apuntar a un factor que no debe tomarse solamente como un dato más de la economía. Por su efecto directo, y desproporcionado, en el humor social y también en la conducta de los agentes económicos: la alta inflación.

Para los economistas del «mainstream», la corriente principal en los países desarrollados, la inflación es una patología, y los más superficiales entre ellos creen que puede y debe ser solucionada rápidamente. Con «metas de inflación» de los Bancos Centrales, por ejemplo.

En cambio, los economistas que favorecen una distribución más equitativa de los ingresos, y también los que privilegian el desarrollo de las capacidades productivas -hace unas décadas se los llamaba «estructuralistas»- se encuentran incómodos encarando el problema. En todo caso, prefieren un enfoque «gradualista». Un gradualismo que no acaba de empezar.

Es un error. Hoy en nuestro país no hay un factor más irritativo para todas las clases sociales -ni la pobreza, ni la corrupción. Ni que desestimule más la planificación a largo plazo (más allá de 3 meses).

No es un tema creado por los medios. La información se recibe todos los días en el supermercado, o al cargar combustible, o al reemplazar la mercadería. Para ponerlo en términos políticos, si la inflación no baja «no hay 2023». Mejor dicho, habrá un 2023 con malas noticias para el gobierno.

A. B. F.

VIAÁmbito - Pablo Tigani