Un radar de INVAP para vigilancia y control en Río Grande, Tierra del Fuego

El ministro de Defensa, Jorge Taiana, junto al gobernador de Tierra del Fuego, Gustavo Melella, anunciaron la instalación de un radar de Vigilancia y Control Aéreo RPA-170M en la ciudad de Río Grande con el objeto de potenciar la capacidad de vigilancia y control del aeroespacio en el Atlántico Sur. Fue desarrollado por INVAP.

El Ministro resaltó que “la instalación de un radar en esta localidad significa mayor control y vigilancia en nuestro territorio. Este radar es parte del plan SINVICA, que se inició en el norte del país y va bajando hacia el sur. Por eso vinimos a la Patagonia, porque nos interesa mucho que este radar esté en Tierra del Fuego, por su posición estratégica en el Mar Austral, en el camino a la Antártida y a las islas”.

“Tenemos que lograr una actividad multiplicadora de nuestras capacidades. Queremos que en esta provincia haya una presencia activa de las tres Fuerzas Armadas. Tierra del Fuego es muy conveniente para el desarrollo conjunto de nuestras fuerzas”, destacó el titular castrense en el acto realizado en el Centro Cultural Yaganes de esa ciudad fueguina.

Por su parte, el gobernador Melella subrayó que “hay una preocupación por la seguridad en la provincia, el pueblo de Tierra del Fuego se quiere sentir seguro y la presencia de un radar da esa seguridad. El control aéreo es fundamental, somos una isla y al mismo tiempo compartimos frontera con Chile. Por eso la presencia de este radar es de mucha importancia”

El anuncio se encolumna dentro del Plan de Radarización nacional, que este año contempla, además, la instalación de dos radares RPA200 fabricados por el INVAP, en la ciudad de Tostado, provincia de Santa Fe y en la localidad bonaerense de Mercedes, lo que permitirá reforzar el Sistema Nacional de Vigilancia y Control Aeroespacial (SINVICA).

El despliegue del radar a la localidad fueguina se llevará a cabo a partir de la primera quincena de mayo, lo que representará un hito y un gran avance en la vigilancia y el control aéreo de esta zona estratégica en la región sur de nuestro país.

Acompañaron al ministro en la ceremonia los Jefes del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, teniente General Juan Martín Paleo; de la Fuerza Aérea, brigadier Xavier Isaac; del Estado Mayor General de la Armada, almirante Julio Guardia; del Ejército Argentino general de División Guillermo Olegario Pereda; el secretario de Estrategia y Asuntos Militares, Sergio Rossi; jefe de Gabinete Héctor Mazzei; la subsecretaria de Planeamiento Operativo y Servicio Logístico para la Defensa; Lucia Kersul; la asesora de Ministro, Mariana Llorente; el Presidente de TANDANOR, Miguel Tudino, entre otros invitados especiales civiles y militares.

Características del RPA-170M

El RPA-170M es un radar táctico de defensa aérea 3D de mediano alcance de última generación que opera en banda L/D desarrollado por INVAP.

Se trata de un sistema transportable diseñado para el despliegue rápido con mínima dotación de personal y además posee un excelente desempeño en una amplia gama de escenarios operacionales, aún en las condiciones más adversas.

Su despliegue y puesta en funcionamiento se realiza en menos de 30 minutos, con una dotación de dos personas y puede ser operado de manera local, constituyendo en sí mismo un centro de comando, control y comunicaciones completo, o bien de manera remota.

Emplea una antena de tipo phased array, con barrido electrónico en elevación pencil beam, y técnicas digitales tanto para la generación de formas de onda, formación de pinceles y procesamiento de señal.

OBSERVACIONES DE AGENDAR:

En un castellano más normalito que el de recién, la antena es muy moderna.

En lugar de formar un único haz con forma de lóbulo desde una parabólica giratoria que actúa de reflector, la antena de un RPA invapiano está formada por una pantalla plana con centenares de pequeños emisores de microondas. Estos se sincronizan entre sí para interferirse entre sí para anularse o potenciarse.

De este modo, la pantalla plana puede emitir muchos haces finos independientes, los famosos «pencil beams», rayos-lápiz en una traducción brutal pero elocuente. Estos lápices de microondas son altamente móviles, todos con capacidades de iluminar y seguir objetivos distintos, aún si el operador decide detener el giro de la pantalla. Y en esto consiste un radar tipo «phased array». Algunos pueden seguir decenas de blancos a la vez, y con el software necesario para masticar tanta información, incluso centenares.

Un radar como el RPA viene con trucos: puede alterar de un modo velocísimo la intensidad y forma de las ondas de cada «lápiz» de radiofrecuencia hasta hacerlas aparecer mero ruido electromagnético ambiental. Esto dismimuye bastante la capacidad del enemigo de detectar el radar, o -peor aún- de lanzarle un misil que se monte sobre su emisión, la siga hasta su fuente y logre destruir la pantalla, y con suerte, también el vehículo con los operadores, si está demasiado cerca.

En la Guerra de Malvinas, hubo mucho juego del gato y el ratón entre las defensas de la Base Aérea Militar de Puerto Argentino y algunos ocasionales bombarderos estratégicos Vulcan británicos. Uno de ellos logró destruir uno de los radares Sky Guard de las baterías antiaéreas Oerlikon de la Base Aérea Militar de Puerto Argentino, y matar a todos los operadores.

Esto sucedió en la oscuridad total de la madrugada, y fue precedido de una enervante hora y media en que el Vulcan se paseaba volando en paralelo a la costa, pero ligeramente fuera de la escasa distancia máxima de tiro de los cañones argentinos (unos 4 km). La intención era provocar a los defensores para que encendieron sus radares y delataran sus posiciones.

Pese a la prudencia, la tentación de entrar en el juego era enorme: bien podía ser que el Vulcan se acercara un poco más de lo conveniente a la costa y se le pudieran sacudir unas buenas balas de 40 mm para recompensarles a los gringos aquel viaje tan largo y sin escalas desde la isla de Ascensión. Los brits, pacientes, esperaron la oportunidad y usaron un misil antiradar Shrike, ya viejo pero efectivo, un rezago de la guerra de Vietnam, suministrado con generosidad por la US Air Force.

Absurdamente, la pantalla del radar del Sky Guard, un sistema suizo, estaba montada sobre el techo del «shelter» de los operadores. ¿Qué bobo de solemnidad diseñó esa ingeniería para el suicidio? ¿Y quién la compró? El Shrike explotó en el aire y dispersó un escopetazo de esquirlas que cribaron el shelter y mataron a un oficial de la Aviación y tres soldados marplatenses ya muy entrenados.

El resto de la historia salió en los diarios: el Vulcan quiso disparar un segundo Shrike, pero se quedó pegado en las guías subalares. Hay seguramente tres o cuatro argentinos que estuvieron en las baterías Sky Guard de la BAM Malvinas que hoy siguen vivos debido a ello.

El Vulcan tuvo que encarar la vuelta con el avión asimétrico tanto en carga como en aerodinámica debido al misil. Que para complicar las cosas, tenía la espoleta activada. Un bache aéreo podría haber hecho estallar el misil. Cuantimás, eso de volar medio ladeado le hizo consumir combustible de más al viejo Vulcan, diseñado en los ’50 para tirarle bombas nucleares a los soviéticos, no para atravesar el Atlántico.

Tuvo que aterrizar de emergencia en el aeropuerto civil de Río de Janeiro, El Galeao, tan visitado entonces por el turismo aergentino. Los brasucas, que ya iban para genios aeronáuticos regionales, incautaron el bombardero unos días, como para estudiarlo bien. Y aunque lo dejaron irse a los pocos días (¡lo que habrá pagado Maggie Thatcher para ello!), se quedaron con el misil Shrike. Un recuerdo.

Un radar de detección como el RPA-170 M ahora desplegado en Tierra del Fuego es mucho más potente que aquel Sky Guard ochentoso, puede seguir más blancos, a más distancia. Mejor aún, no es seguro que los intrusos se den cuenta de que están siendo iluminados porque las microondas emitidas cambian a saltos de forma, amplitud y frecuencia, y el camión con la sala de operadores puede estar lejísimos de la pantalla emisora.

AgendAR no puede decir con certeza si el RPA-170 resulta adecuado también como radar de tiro, además de radar de detección. Ignoramos si sirve para guiar los tiros de armas de tubo, o más probablemente hoy, del vuelo de de misiles antiaéreos hasta su blanco. Ni INVAP ni el MinDef aclaran ese punto.

Los misiles antiaéreos de mediano alcance, de todos modos, son un ítem en el que nuestras fuerzas armadas están terriblemente desprovistas. Gracias al programa FONDAR, aquella buena idea del exministro de Defensa, Agustín Rossi, recién empiezan a adquirir algunos misiles antiaéreos suecos portátiles disparados por entre uno y tres soldados. Tienen un alcance de 7 a 9 km, y no usan ningún radar activo que delate su posición. Captan pasivamente las emisiones de infrarrojo del avión ofensor. La tecnología evoluciona: en 1982 habría bastado con uno de esos MANPADS, misiles que se llevan al hombro, para liquidar al enorme Vulcan.

Respecto del RPA-170 M, dice INVAP: «su operación definida por software proporciona gran flexibilidad al sistema, permitiéndole adaptarse a diferentes requerimientos de misión en los más variados entornos de operación». Esto no hace falta traducirlo del militarés al civilés: se refiere a lo explicado en los párrafos anteriores.

«En particular», termina la presentación de INVAP, «los haces especiales del RPA-170 M para baja elevación permiten un desempeño destacable en la detección de aeronaves de pequeño porte furtivas, que eluden a otros radares convencionales».

En nuestro plan habitual de traductores por patriotismo, en AgendAR decimos que esto último es particularmente útil frente a un atacante que trata de saturar tus defensas con varios drones de plástico a la vez, objetos de formas anguladas y poco reflectivos de las ondas de radar, y que convergen sobre vos en enjambre, desde distintas direcciones, con pésimas intenciones y pegados al suelo o al mar, creyéndose «bajo el radar».

Como otros radares costeros convencionales desplegados por Argentina, el RPA-170 M tiene un límite de alcance fijado por la curvatura terrestre. Aunque el alcance lineal anda por los 290 kilómetros, si el blanco viene pegado al suelo o al mar a los 60 km. desaparece bajo el horizonte, tapado por la curvatura terrestre. Realmente queda «bajo el radar».

Esto se puede subsanar poniendo la antena en una torre, pero sólo para ganar algunas decenas extra de kilómetros de alcance, aunque al costo de perder el mayor encanto de este equipo: el de poder mudarse a cada rato y estar cada noche en lugares inesperados para los malos de la película, al menos de la película argentina. Que son unos cuantos. Y no poco malos.

Si el objetivo de nuestros radares RPA costeros es hacer que los 600 pesqueros piratas que vacían año tras año el Mar Argentino bajo licencia expedida en Port Stanley o el potente paraguas diplomático chino se pongan nerviosos, los RPA no lo logran.

Es lógico: resulta raro que en sus incursiones dentro de la Zona Económica Exclusiva argentina estas naves, generalmente chinas, españolas, coreanas y taiwanesas, se acerquen a 60 kilómetros de la costa. Pero a entre los 100 y los 370 kilómetros, es como si pavimentaran el agua.

Un posible segundo objetivo tampoco se logra demasiado: hacer que los pilotos militares en despegue y aterrizaje en la base malvinera británica de Mount Pleasant se sientan observados fijamente. Sólo aparecen en pantalla cuando vuelan muy alto y sobresalen del horizonte. Y más vale para ello un equipo RPA de mayor alcance como el 200 M, de 370 km, como el par que compró el Ejército hace un mes y medio.

Hay que tener presente que cada equipo de aquellos del Ejército costó menos de U$ 12 millones, un precio muy inferior al de la media mundial para radares militares. Hay que tener en cuenta también que la mayor parte de los componentes de los RPA se fabrica en el país, el service queda a mano y el equipo no muere prematuramente porque el proveedor dejó de fabricar una pieza crítica.

INVAP por ahora logró exportar sólo un par de radares de aeropuerto a Nigeria, pero es cierto que lleva ahorrados centenares -y probablemente miles- de millones de U$ sustituyendo importaciones caras y generando trabajo bien pago. En este asunto de los radares, que INVAP empezó en 2005 con las antenas de los satélites SAOCOM 1A y 1B de la CONAE, la cadena de provisión local llegó a 80 empresas y 900 personas muy calificadas en las mismas, en las universidades nacionales y en los institutos de investigación del CONICET.  

Pero como es habitual en AgendAR, no estamos conformes.

El país nunca tendrá una cobertura realmente difícil de evadir de ese millón de km2 de Mar Argentino que nos dejaron los ingleses en la posguerra de Malvinas. Eso no sucederá hasta que algún gobierno nacional dé curso al despliegue de otros radares de INVAP conceptualmente muy distintos: los transhorizonte de microondas largas y de baja frecuencia, que no tienen en absoluto el aspecto de radares con pantalla.

Los transhorizonte no son un invento argentino, en el gremio radarista se los llama HFSWR y tienen un alcance real de 440 km. En 2004, ya los tenían desplegados los australianos (proyecto SECAR), el Reino Unido (proyecto OVERSEER), y los EEUU (proyecto  CODAR). Chinos y rusos también, por supuesto.

Lejos de tener antenas parabólicas o planas rotativas sobre una estructura de jeep, camión de tracción múltiple o de tanque, estas instalaciones fijas parecen más bien bosques de antenas verticales no muy altas, sembrados en calles y transversales en lugares descampados pegados a la costa. Sus emisiones se pegan a la superficie del mar, y a 440 0 km. no hay cómo esconderse de ellos, salvo usando contramedidas. Son sistemas fijos, costeros y paradójicamente menos sofisticados que los RPA, y por ello mismo muy baratos.

El valor de un sistema costero completo, con 6 radares HFSWR, fue presupuestado al MinDef de Agustín, llamado entonces «El Chivo» Rossi, por la entonces inexperta INVAP, allá por 2004. Y no superaba los U$ 10 millones, porque la base tecnológica en «fierros», mal que mal, no deja de ser casi simple. La magia en un sistema de estos está puesta más bien en el software para inutilizar contramedidas, y en el de interpretación de los ecos reflejados.

¿Actualizamos la oferta a U$ 16 millones, por la inflación del dólar?

En la situación actual, es lo que pierde la Argentina en 2 días de rapiña pesquera.

Daniel E. Arias

VIAArgentina.gob.ar