El CARI pide asegurar el acceso a uranio enriquecido para evitar la dependencia de China

El Comité de Asuntos Nucleares del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI) planteó en un informe la necesidad de que el país asegure la producción de uranio enriquecido para avanzar en la autonomía energética en este terreno y evitar la dependencia de China.

En el documento titulado “Consideraciones sobre el programa nuclear argentino” el cmité de trabajo que encabeza Roberto García Moritán* destaca que el propósito es “contribuir a la toma de decisiones del Gobierno Nacional sobre la estrategia y tácticas actuales y venideras para el desarrollo nuclear argentino”.

*(Diplomático de carrera, fue vicecanciller. No es el marido de Pampita)

El texto señala que el uranio enriquecido es de origen importado, por lo que advierte que de prosperar la adquisición en el país de una central de origen chino, “se deberían tomar las previsiones para asegurar el suministro de este insumo”.

“Asegurar el suministro de combustible para la generación nucleoeléctrica y tomar las previsiones correspondientes es responsabilidad del Estado, entre otros, considerando la necesidad de contar con una reserva estratégica de combustible”.

Destaca además que la energía nuclear es un componente fundamental de una matriz energética “compatible con las altas exigencias actuales en relación al cambio climático y de cara a la desactivación del quemado de los recursos fósiles”.

En el documento, de 12 páginas, los especialistas en energía nuclear que han colaborado advierten sobre la necesidad de la independencia argentina en materia energética.

«Argentina cuenta con tres centrales de potencia, las que en la actualidad aportan aproximadamente el 5% de la energía eléctrica generada pero que en el pasado contribuyeron en alrededor del 16 por ciento».

Según el documento, los objetivos estratégicos principales del programa nuclear argentino deberían estar orientados hacia el beneficio para la salud, la educación, la capacidad científico-tecnológica, la generación de electricidad, la industria, la medicina, la agricultura y la seguridad alimentaria, la investigación y el desarrollo, promover las exportaciones nucleares y propender a la autosuficiencia en materia nuclear.

La participación de la energía nuclear en la matriz energética nacional debería incrementarse con vista, entre otros objetivos, a reducir la huella de carbono con relación a la generación de energía eléctrica y reservar el uso de combustible y materiales no renovables para el desarrollo industrial y agropecuario argentino.

En ese contexto, destacan que la Argentina cuenta con tres centrales de potencia, las que en la actualidad aportan aproximadamente el 5% de la energía eléctrica generada pero que en el pasado contribuyeron en alrededor del 16 por ciento.

“La participación de la energía nuclear en la matriz energética nacional debería incrementarse con vista, entre otros objetivos, a reducir la huella de carbono con relación a la generación de energía eléctrica y reservar el uso de combustible y materiales no renovables para el desarrollo industrial y agropecuario argentino”, remarcaron en el documento.

Y se remarca la relevancia de “continuar el desarrollo alcanzado en reactores del tipo PWR (agua pesada y uranio natural), acelerar el desarrollo de la tecnología asociada a uranio enriquecido para centrales nucleoeléctricas que beneficia la proyección del programa nuclear y potencia las capacidades existentes, especialmente de los sectores industrial y empresarial”.

La cuestión está relacionada tanto con la proyección exportadora argentina como vinculada al posicionamiento nuclear argentino en el mundo. En ese sentido, advirtieron en el documento que “esas exportaciones, actuales y futuras, no deberían depender, en lo que hace a los elementos combustibles, únicamente de proveedores externos”.

Por último, desde el CARI se concluye: “Es menester que, en el papel de conductor nuclear, la CNEA elabore un Plan de Acción que contemple los diferentes desafíos que se deben encarar en el futuro incluyendo nuevas tecnologías con respecto a las Centrales Nucleares que se necesitan para las próximas décadas. Dicho Plan debería maximizar la participación de la industria nacional y asegurar la independencia en el suministro de combustibles nucleares”.

Comentario de AgendAR:

Las opiniones que se discuten en el CARI sobre asuntos nucleares son dispares: vienen de personas generalmente muy expertas, pero con visiones muy distintas y rara vez alineadas. Lo que es excelente en una entidad que, básicamente, es un foro. Pero ésta declaración es más bien «una acordada judicial». Y el tema de consenso es impecable.

Igualmente, cabe señalar que la dependencia del uranio enriquecido con China será relativa. El 46% del mercado mundial de enriquecido por ahora lo abastece Rusia. Hoy ambos países están diplomáticamente muy alineados: China necesita sí o sí del petróleo y gas rusos, y Rusia de capitales chinos. Pero desde 1949 ambas potencias no siempre estuvieron de noviazgo, como hoy, y no hay por qué creer que seguirán estándolo siempre.

Más nos importa esto: han competido bastante más de una década por venderle una central nuclear a la Argentina. Somos la referencia regional. Si vendés aquí, vendés en Sudamérica.

Las centrales VVER rusas están mucho más testeadas que la Hualong-1 china, y se han vendido por décadas, en muy diversos modelos y potencias, en Turquía, Belarús, Bulgaria, Eslovaquia, Irán, Alemania, Finlandia, la República Checa, Hungría, Ucrania (!!), Bangladesh, Armenia, Finlandia, la India e incluso China. Todas han funcionado sin problemas.

China, como exportador, es mucho más incipiente: Pakistán, y todavía parece lejos de inicios de obra en el Reino Unido y en Argentina. Y pará de contar.

Algo con lo que los ivanes se vienen pisando el poncho, al menos en esta rareza que es la Argentina, es su insistencia inelástica en vender bajo condiciones BOO (Build, Own & Operate). Con eso no sólo dejan tu industria afuera de la construcción, sino que además quieren operar ellos la máquina hasta término de su vida útil. Con lo cual ésta planta se convierte legalmente en una embajada extraterritorial, y el comprador en un mirón. Pero no somos Egipto o Belarús. Con 72 años de trayectoria nuclear, industria propia y exportaciones de reactores y componentes a decenas de países, Argentina nunca aceptaría este trato.

Los rusos lo saben y probablemente flexibilizarían su enfoque hasta llegar a una operación llave en mano, e incluso mejorada con participación de la industria argentina y operación por NA-SA. Pero hay otra causa más importante para no comprarles: Rusia tiene un PBI apenas superior al de España, y por eso carece de espaldas para ofrecer grandes financiaciones. A China, en cambio, la plata le sobra. Y es claro que entre bueyes hay cornadas, y que China pretende sacarle a Rusia su corona actual de mayor exportador de centrales de potencia, algo que probablemente hayan logrado en un par de décadas.

Como sea, el tema a subrayar es que por muy alineados que estén ambos países, máxime hoy  cuando ambos se enfrentan diplomáticamente y al borde de los tiros con la OTAN, el AUKUS y el QUAD (ver Ucrania, ver la carrera naval militar del Mar de la China del Sur), en el área nucleoeléctrica Rusia y China siguen siendo competidores rabiosos.

La pesca a distancia ya nos genera un problema de fronteras con China, pese a que está tan lejos. La Zona Económica Exclusiva del Mar Argentino vive invadida por entre 400 y 600  pesqueros piratas, y aunque en esa runfla hay españoles, coreanos, taiwaneses, China pone el menos la mitad.

Si saliéramos seriamente a capturar intrusos y decomisarles las artes de pesca (valen mucho más que los barcos) no sería imposible que China nos castigue con un boicot de uranio enriquecido. Con los 1150 MWe de la Hualong-1, es decir Atucha III, sin combustible, tendríamos un apagón masivo y duradero en al menos la mitad del AMBA.

No creo que eso suceda, porque la imagen de China en el mercado nuclear se iría a pique. E incluso si sucede, dado que entre bueyes hay cornadas, no sería imposible que los rusos nos saquen del paso. Ya lo hicieron en 1981 cuando ellos se llamaban a sí mismos «soviéticos», no rusos, y los autodenominados americanos nos aplicaron un boicot de uranio enriquecido. Estaban castigándonos por nuestra primera exportación de reactores a Perú. A los soviéticos literalmente, les canjeamos uranio enriquecido por trigo. Las cosechas de la URSS eran un desastre.

De modo que tal vez los rusos vuelvan a tirarnos un salvavidas si China se enoja tanto con nosotros. Pero como ser seguro, no lo es en absoluto. Todas las potencias nucleares con armamento atómico odian a los países advenedizos que tratan de dominar el enriquecimiento de uranio, aunque los aspirantes puedan mostrar una larga trayectoria más pacífica que la Madre Teresa.

Brasil pudo avanzar lentísimamente con su programa de enriquecimiento, porque EEUU ha vivido haciéndole zancadillas desde los ’70. Una de ellas -la más dura- fue el golpe de estado blando que en 2016 derribó a la presidenta trabalhista Dilma Rousseff y que luego terminó el empapelamiento judicial del líder trabalhista Luis Lula de Silva, y en su consecuencia actual: el gobierno de Jair Bolsonaro.

Los primos no la tienen fácil. En esto del enriquecimiento Brasil se las tuvo que arreglar solo con su alma. No parece que haya recibido ayuda técnica siquiera de Francia, su socia en la construcción de su fuerza de submarinos. Ojo con esto, porque Francia probablemente sí ayudó secretamente a Israel en los ’60 y ’70 a desarrollar su programa no declarado de bombas atómicas. Y hablamos de bombas, no de centrales.

Pero Brasil, en cambio, está por la propia, sin padres ni padrinos. Por ello no logró construir todavía la capacidad instalada de enriquecimiento como para suplir el consumo de sus únicas dos centrales activas. Y eso, teniendo ya tecnología de centrifugadoras de la buena, 100% propia.

La renuencia de las potencias del Consejo de Seguridad a la vulgarización de esta tecnología  es explicable. Se usan las mismas máquinas para enriquecer uranio a grado central (entre 3 y 5%) que para llevarlo a grado reactor (un 20%) o a grado bomba (arriba del 90%). Lo que varía es el tamaño de la fábrica y su cantidad de etapas de enriquecimiento, porque éste es un proceso tediosamente incremental.

Estimados, si hay algo claro del «Club de la Bomba», es decir el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, es que quieren membrecía chica. Dicho de otro modo, pretenden -y no lo logran- mantener el monopolio del Armagedón.

Lo que tenemos que asegurarnos los argentos, más que la posibilidad de autoabastecer totalmente la Hualong-1 o el CAREM (¡¡cuando los tengamos!!) es el manejo pleno de una tecnología de enriquecimiento propia y suficientemente avanzada. Es decir, necesitamos algo muy superior al sistema de difusión gaseosa que desarrollamos secretamente entre 1981 y 1983 en la plantita de Pilcaniyeu, Río Negro.

Pilca nos sirvió para ponernos a salvo de más boicots de uranio pesado, como aquel de los autodenominados americanos en 1981, dirigido a discapacitar nuestras exportaciones. Los problemas de Pilca son dos: la difusión es un sistema ineficiente y muy costoso en energía. En los ’80, cuando los EEUU todavía no lo habían jubilado, se comía el 9% de la producción eléctrica nacional. Y el otro es que Alfonsín, Menem y Macri cerraron la planta. Todo lo cual le va sacando credibilidad.

La próxima Pilcaniyeu debería ser una unidad con centrifugadoras, que son el estándar actual, o incluso el enriquecimiento por láser, que quizás el sistema dominante dentro de 30 años. Y esto lo deberíamos tener no a escala industrial, sino en una mucho más modesta plantita de demostración. Pero esi sí, impecable.

Demostración es un nombre bien puesto, para el caso. Lo hemos utilizado con todas las tecnologías nucleares que EEUU y el Concejo de Seguridad preferían que no tuviéramos. ¿No nos venden agua pesada, muchachos? OK, desarrollamos la tecnología por la propia, con una planta de demostración. Hecho lo cual, pasen y vean.

Eso normalmente hace que los provedores renuentes el día anterior se tiren de palomita para ser los primeros en vendernos el fierro de escala industrial. Ha sido así con otros insumos duales, no sólo el uranio enriquecido o el agua pesada. La idea de base es que los dueños de la pelota te venden la tecnología con tal de que no te desarrolles como fabricante independiente.

Dicho esto, nadie podría aconsejar sensatamente avanzar a una planta de producción industrial de uranio enriquecido: los costos económicos y diplomáticos serían muy altos, y los carpetazos judiciales, operaciones sucias de prensa, serruchadas de piso y eventuales los golpes de estado, duros o blandos, formarían parte del menú. Ya ha sucedido.

Por eso, mi opinión sobre esta rara acordada del CARI es simple. TIENEN RAZÓN.

Sin embargo, en materia de mercado nucleoeléctrico interno, prefiero seguir con lo que ya tenemos pagado e instalado: tres centrales de uranio natural y agua pesada, Atucha I, Embalse y Atucha II, cuyo combustible hemos sabido producir sin ayuda porque en general no requiere de enriquecimiento.

Son 60 años de inversión, fueron miles de físicos, químicos e ingenieros nucleares formados en esta tecnología a lo largo de 3 generaciones. Y son tres máquinas buenas. Tanto son de buenas que en circunstancias extraordinarias (como estos años de sequías hidroeléctricas prolongadas), con apenas el 5% de la capacidad instalada de fabricación eléctrica han llegado a producir arriba 15% de la electricidad circulante, y en momentos más normales, no menos del 10%. ¿Hay que rifar todo eso?

Pregunto eso al CARI porque prefiero defender primero nuestra autonomía nuclear sobre lo existente, antes que sobre lo futuro.

Atucha I, Embalse y Atucha II, a diferencia de la Hualong-1 china, YA EXISTEN. Y debido a que el gobierno de Mauricio Macri cerró la Planta Industrial de Agua Pesada de Neuquén, como antes lo hicieron también Carlos Menem, y antes incluso Alfonsín, hoy tienen un déficit anual de alrededor de 20 toneladas de auga pesada. Y debido a que este gobierno no parece tan apurado por reabrirla, estamos importando un insumo crítico, y por la casualidad de que Rumania todavía tiene algunos excedentes.

Sin agua pesada estas centrales sencillamente no lograrían siquiera arrancar. El uranio natural es un combustible demasiado pobre en el isótopo 235, el realmente físil. El agua pesada le permite aprovechar mucho mejor los neutrones que permiten su reacción en cadena. Pero si hoy alguien quisiera, por el motivo que sea, paralizar nuestros aproximadamente 1800 MWe instalados a uranio natural, sólo tiene que armarnos un desabastecimiento prolongado y multilateral de agua pesada.

¿Se puede? Técnicamente, es coser y cantar. No hay stocks excedentes de agua pesada en el mundo. Cada país con centrales de uranio natural (Canadá, la India, China, Corea, Rumania, la Argentina) se autoabastecen apenas.

Pero no es política-ficción. En lo que se refiere a tejemanejes, las cancillerías de las potencias cobran por lograr ese tipo de estrangulamientos. Por eso, me encanta la propuesta del CARI. Hoy comentaba con mi jefe, Abel Fernández, y con un físico nuclear de la CNEA que hace mucho se fue a EEUU que eso de coincidir 100% con el CARI nos sucede poco. Pero cuando tienen razón, tienen razón. Resucitemos un programa chico de enriquecimiento con mejor tecnología. Reabramos Pilca. Es el modo de ir avisando a los de afuera que ni se les ocurra armarnos un boicot.

Pero la prioridad hoy por hoy es reabrir la Planta Industrial de Agua Pesada. Ya pierdo la cuenta de los entreguistas que la cerraron. Hay que reconstruir esa unidad, hecha percha tras 5 años de abandono. Pero más difícil aún, hay que crear nuevos recursos humanos para operarla, ingenieros químicos muy expertos. Que además deberán ser muy valientes, casi kamikazes, porque saben que a quienes los antecedieron en el cargo, en tiempos de Menem y de Macri, les dieron el olivo.

La unidad de Neuquén se terminó en 1994 contra viento y marea, a un precio final que, debido a demoras, perradas, zancadillas, tackles e interferencias, excedió largamente los U$ 1400 millones. Pero se terminó igual. La foto de la inauguración es elocuente: están Menem y Domingo Cavallo, con una cara de alegría como no la provoca ni un mes de estreñimiento.

Ésa, lectores, es la mayor planta del mundo, potencialmente, la única capaz de producir 180 toneladas  de agua pesada/año, y a U$ 700.000 la tonelada. Nueva, la instalación costaría más de U$ 3000 millones. Sólo que no te la vendería nadie.

Ya  nos ocuparemos de blindar la Hualong-1 contra puñaladas en la espalda. Pero antes hay que terminar de negociarla. Y -asunto no menor- de construirla.

Daniel E. Arias