Dice el Ingeniero Juan Vernieri, columnista habitual en «El Chubut», diario principal de esa provincia:
Indudablemente mi deducción expresada en la nota anterior, es coherente, la minería de uranio ha sido contaminante, ha dejado pasivos de muy larga duración y tiene baja aceptación social.
Dirán que el procedimiento de extracción mediante lixiviación in situ (ISR) resuelve esos problemas. Hay que reconocer que tiene ventajas frente a la minería convencional, pero eso no lo convierte en inocuo.
No se remueve estéril, no hay cráter, no hay escombreras gigantes y las presas de cola generalmente son más chicas. Eso reduce enormemente el impacto paisajístico y el volumen de residuos sólidos en superficie.
Además, no hay túneles, no hay explosivos, no hay flotas pesadas y la infraestructura superficial es mínima.
Los yacimientos de Kazajistán están en areniscas profundas saturadas de agua, condiciones perfectas para ISR, no obstante, no ha podido certificar que no ha habido contaminación de acuíferos.
En ISR el uranio se disuelve directamente en el acuífero mineralizado. Solo se bombea solución cargada, no hay trituración ni molienda. De ahí que el volumen de residuos sólidos radiactivos es muchísimo menor.
Los trabajadores no están dentro del cuerpo mineralizado. Operan pozos y plantas en superficie. Desde el punto de vista de salud ocupacional, es objetivamente más seguro.
Requiere, en comparación con las explotaciones tradicionales, menos terreno, produce menos polvo y tiene menor impacto visual. Para colmo de tentador el ISR es hoy el método más barato para producir uranio. El cierre de los yacimientos explotados por este procedimiento es más simple. No hay que rellenar galerías, estabilizar taludes y la gestión de las presas de relaves es más sencilla por su menor magnitud.
El cierre consiste en restauración química del acuífero, lo más difícil sino imposible, sellado de pozos y monitoreo hidrogeológico posterior por décadas.
En lugar de montañas de residuos, lo malo es la segura alteración química del acuífero, la movilidad de metales y la migración de las soluciones lixiviantes.
Reitero es un cambio de tipo de riesgo, no su eliminación. El ISR solo funciona si se cumplen condiciones muy específicas: Acuífero confinado, baja permeabilidad lateral, sin conexión con agua potable y buena caracterización hidrogeológica
Si esas condiciones no se dan, no se puede utilizar este procedimiento.
Las excelentes condiciones geológicas en Kazajistán le han permitido dominar el mercado mundial, a costa de contaminar sus acuíferos.
Si bien Francia no prohibió la minería de uranio en su territorio, en los hechos ha dejado de explotar minas, aún le queda una importante que no la explota y ha seguido la política de importar de Níger (África) Kazajistán, Canadá y Australia.
Níger ha sido el punto más controvertido, especialmente por denuncias históricas sobre impactos ambientales y desigualdad económica.
Francia no exige estándares ambientales equivalentes a los suyos en los contratos con este país africano. Tan es así que son ya proverbiales los reclamos del país, así la conjetura de hipocresía gana fuerza..
Si se beneficia de regulaciones más débiles o de contextos políticos frágiles, entonces sí puede hablarse de externalización de riesgos.
Francia explotó minas uranio de Níger, digamos, cómodamente, hasta que llegó el golpe de estado que cambio en gobierno.
Ing. Juan Vernieri
Reflexión de AgendAR:
En este portal somos pronucleares y el Ing. Juan Vernieri es sumamente anti, pero de manera persistente. Casi no habla de otra cosa.
Es curioso: un antinuclearismo tan grande, Ing. Vernieri, teniendo la Argentina un programa nucleoeléctrico tan chico. Ya veremos por qué es tan chico.
Nos sorprendió bastante la resignada racionalidad con que encara que ahora Ud. va a tener actividad nuclear de cerca y de sobra, con el proyecto minero IVANA sólidamente hincado en su provincia.
Ud., Ing. Vernieri, acepta que ésta será minería de bajo impacto salvo para el agua subterránea. Bajo impacto al menos, comparado con las barbaridades a cielo abierto y los diques de colas ácidas tan típicas de la minería de oro y cobre. Son ésas que el presidente Menem nos supo conseguir. Y que sigue.
No habrá que usar toneladas de explosivos para decapitar un cerro y transformarlo en un agujero de 500 metros de hondo. Sería inútil, cuando el yacimiento está apenas a 5 metros bajo el suelo de la estepa, y no supera los 30 metros en profundidad. Nos alegra que esto lo diga un ecologista puro y duro.
Nos da gusto que Ud. diga que no habrá mayor riesgo radiológico para los laburantes, en tanto no aspiren polvo. No es que vayan a aspirar mucho, porque al acuífero se le inyecta agua por una parte, y se la extrae por otro. El yacimiento es de carnotita del jurásico, vanadiato y uranato de potasio en un lecho de arenisca.
No es una esponja, pero sí roca relativamente permeable, y los metales a recuperar (uranio y vanadio) forman sales solubles, y son fácilmente movilizables si se mantiene el acuífero dentro de su pH normal, es decir alrededor de 8: nada ácido y ligeramente básico.
Para el caso, y ahora hablamos a los lectores del Ing. Vernieri, les aseguramos que aspirar durante años cualquier polvo, sea de ladrillo, de cemento, de roca molida, sea estéril o metalífera, con o sin vanadio, con o sin uranio, te puede llevar a la silicosis, o «pulmón de minero». Tus fuelles se llenan de tejido conectivo cicatrizal, se van volviendo duros como cartón, quedás en insuficiencia respiratoria crónica, y eso es discapacitante, irreversible y mortal.
Nada de polvaredas ni voladuras en este caso. La mina Blue Sky-(la llamamos por el nombre del socio principal canadiense)- inyectará agua virgen con agentes movilizantes en el suelo por perforaciones «ad hoc», y la extraerá, con su carga de uranio y vanadio, a través de otras perforaciones situadas «aguas abajo», según la dirección predominante de flujo dentro acuífero.
La ciudad de Valcheta, hasta ayer solitaria y siestera, está ubicada a 25 kilómetros hacia el suroeste de Blue Sky. Será la base operativa, Mientras dure la extracción de la parte movilizable de los recursos, 22,7 millones de toneladas de uranio y vanadio, no es imposible que se vuelva una colmena temporaria y caótica, uno poco el estilo de Añelo con los hidrocarburos de Vaca Muerta.
En la aridez de la estepa del Macizo Central Norpatagónico llueve entre 200 y 300 mm. por año. No sobra agua pura para desperdiciar dentro de tan amarrete acuífero, ni se la puede traer fácilmente de otros lugares.
No parece haber riesgo de contaminación de napas vírgenes y usadas por ciudades, aldeas o personas. El agua dentro del acuífero se mueve hacia el sudeste, y Valcheta está bien hacia el sudoeste.
Los agentes movilizantes típicos para este tipo de minería todavía extraña en nuestros pagos tampoco son alarmantes. Lo normal es oxígeno puro, o peróxido de hidrógeno (agua oxigenada).
No habrá que usar ácidos fuertes para sacar el uranio, reconoce Ud., Ing. Vernieri.
Es cierto y no lo es. En realidad, la empresa dice que usará ácido sulfúrico o carbonato de calcio según el tipo de suelo que se vaya encontrando para movilizar el uranio y el vanadio. Añade que cuando se haya extraído lo extraíble de ambos metales a lo largo de un frente de pozos de inyección y los correspondientes de extracción, se remediará el acuífero a su condición química de base.
Ese tipo de cosas es infrecuente en la minería argentina, según prontuario. Agotado un recurso, la multinacional a cargo hace las valijas y se raja. ¿Quién se va a quedar años y años, y sin entradas de plata, volviendo a estado de base un acuífero que, por definición, es invisible? Tal vez la pata criolla del negocio, que es Corporación América, es decir Eurnekián. Antes va a pasar un camello por el ojo de una aguja, tal vez habría dicho Nuestro Señor.
Esos valores de base se están investigando hoy para fijar los compromisos contractuales. La remediación se va haciendo con agua limpia del lugar y en tiempo real, siguiendo el avance del frente de explotación. La idea es dejar el acuífero como estaba antes del desembarco de Blue Sky. Veremos, dijo un ciego.
Para evitar la contaminación vertical de acuíferos distintos a profundidades distintas, los pozos deben estar encamisados. Y para evitar la contaminación horizontal, ayuda bastante la presión diferencial que hace fluir lentamente la napa hacia el sudeste, acatando la dirección de los espectaculares Bajos del Gualicho, destino final de toda el agua subterránea de la Línea Sur.
Los bajos referidos son 5000 km2 de salares a unos 72 metros bajo el nivel del mar, el tercero por tamaño en todo el mundo. Todas las sales arrastradas por los acuíferos en torno terminan aquí, y el feroz sol de la temporada cálida evapora los 2 o 3 cm. de salmuera que se juntan en invierno. Forman un espejo, y sólo la gravedad permite diferenciar el abajo y el arriba, es decir la tierra del cielo. Blue Sky es un nombre adecuado.
Los únicos humanos en el sitio son turistas con hambre de ver una inmensa nada blanca y capaces de resistir 50 grados centígrados del día, o las estrellas que brillan casi con furia en la oscuridad de tinta china glacial de las noches sin luna. Y si además de hambre tienen sed, el agua se la traen desde otros lados y con ellos. No es una gran idea quedar varado en estas soledades.
Para aumentar la diferencia natural de presiones en el acuífero, las bombas de inyección del «licor lixiviante» en la napa son más potentes que las de recuperación, aguas abajo. La idea es que la zona de extracción esté algo despresurizada para evitar infiltración lateral del licor.
El control de que eso no suceda se hace con pozos testigos, ubicados aguas abajo, según la dirección natural del acuífero.
La idea no es mala si la provincia, propietaria del subsuelo, ejerce su contralor.
Que todo esto lo admita, con renuencia, una compleja rareza como es ser ingeniero, ecologista antinuclear y de yapa, columnista, todo a la vez, nos emociona.
De todos modos, no es lo normal que las provincias argentinas con minería controlen a las empresas mineras, mayormente multinacionales, en este caso el grupo canadiense de Joe Grosso, que en realidad opera para la empresa uranífera francesa Orano, con plata de fondos de pensión y de inversión de demasiados orígenes, y eso sí, con algún prestanombres local.
Por algo en su nuevo código minero Menem, Cavallo y los radicales, con la reforma constitucional de 1994, le sacaron la propiedad del subsuelo al estado nacional. No porque éste sea inherentemente más honesto que los estados provinciales, pero antes del añadido del artículo 124 al Código de Minería, La Nación sin duda era molesta por ser mucho mayor, por pedir coimas mayores, y por estar sujeta a un mayor escrutinio de medios, y de escándalos.
La realidad es que hoy por hoy la gran minería argentina, que de argentina no tiene nada, opera mayormente sobre despoblados. Y que las mineras tienen demasiada plata y las provincias son demasiado pobres.
En fin, la cola no mueve al perro.|
En San Juan, que a fines del siglo pasado se había vuelto bruscamente la provincia más activa del país en extracción de oro y cobre, en 2006 el organismo que controlaba que Barrick Gold no hiciera desastres en Veladero y Pascua Lama era la Policía Minera.
El gobierno provincial estaba contentísimo: por fin el organismo tenía camionetas y equipos técnicos decentes como para hacer bien su trabajo de controlar… a la Barrick Gold. Sí, los equipos los pagaba la Barrick.
«No comment», dicen en las películas.
Hasta ahí, en nuestra desconfianza de que en nuestros pagos las cosas se puedan hacer por derecha, máxime con el Código Minero actual, Ud. y nosotros, ingeniero Vernieri, podemos estar casi de acuerdo.
Pero para nuestra tranquilidad, loado sea Dios, seguimos teniendo un desacuerdo fundamental.
SOMOS INDUSTRIALISTAS Y ARGENTINOS
Ecologistas somos todos, pero tampoco la pavada. Lo que no le molesta a Ud., ing. Vernieri de Blue Sky y del proyecto IVANA, pero a nosotros sí, es su carácter puramente extractivo.
IVANA exportará polvo de octóxido de uranio sin más valor agregado argentino que el lixiviado y el secado.
Todos los pasos siguientes de valor agregado se dan afuera del país. Son (y abrevio para no cansar): *
- 1) la transformación química del octóxido amarillento en dióxido negro,
- 2) el proceso térmico bajo alta presión que transforma el dióxido en polvo en pequeñas pastillas negras de cerámica durísima
- 3) el encapsulamiento de tales «pellets» en manojos metálicos de superaleaciones de zirconio
En el punto 3 la cadena de valor agregado nacional debería alcanzar un tope. Son decenas de grandes, pequeñas y expertas operaciones químicas y físicas que multiplican centenares de veces el valor del uranio tal cual sale del suelo, y tal cual ingresa al núcleo de una central nucleoeléctrica.
Lo idiota de nuestro caso es que todo ese ecosistema científico, tecnológico e industrial transformativo ya lo tenemos en el país, y muerto de hambre. Un proyecto como el de Blue Skay es la cola del perro, pero sin el perro.
Le damos una escala estimativa de precios internacionales. Omitimos el paso del enriquecimiento de uranio, porque nuestras tres centrales queman uranio natural, con apenas ese exiguo 0.7% del isótopo 235 con el que sale del suelo. Somos 7 los países que hacen lo mismo, y han llegado a operar más de medio centenar de centrales nucleoeléctricas tipo CANDU, el 11% de la flota mundial. Y en este momento, mayormente gracias a la India, son las que más se construyen.
Mire estos números, ingeniero:
El kg. de octóxido de uranio, un polvo amarillento llamado «yellow cake», está a unos U$ 200.
Lo producíamos prácticamente a pie de mina, en la cantera de Sierra Pintada, Malargüe, Mendoza, hasta que el gobernador Arturo Lafalla cerró la mina (tiempos de Menem, Ud. sabe). Con ello, la provincia, magnánima, tomó la decisión de que el país entero dejara de producir su propio uranio, como venía haciendo desde 1955. Desde entonces lo venimos importando de Kazajstán.
Duerman sin frazada, argentinos. En la seguridad de que los EEUU jamás nos aplicarán sanciones que impidan que le compremos a Kazajstán todo el uranio que querramos.
Las malas lenguas en Malargüe dicen que Sierra Pintada como activo nacional de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) daba trabajo en blanco y bien pago todo el año. Añaden las mismas malas lenguas que eso molestaba a los grandes y medianos viñateros que dan trabajo en negro y temporario. Prefieren ser amos y señores de los recursos humanos del departameno, para explotarlos a lo perro. Eso, según usos y costumbres muy viejos, y pre-nucleares.
Sierra Pintada parecía más bien una cantera, cuando estaba activa. Andenes volados a dinamita en paredes de piedra, y grandes camiones yendo y viniendo con roca despedazada rumbo a la molienda.
Blue Sky será un paisaje bastante distinto, chato de solemnidad, con caños, bombas y piletas. El producto final del secado del líquido lixiviado es el secado de los solutos, que en ambos casos fue y será el «yellow cake».
El kg. de yellow cake en 2020 estaba clavado en U$ 66, pero hoy está a U$ 200, y subiendo. Pasa que este estúpido mundo no lee lo suficiente sus columnas. Debido a ello, está asustado del cambio climático y se está re-nuclearizando a velocidad de escape. Sobre 440 reactores de potencia en 2020, hoy hay 74 nuevos en obra en 15 países, y 115 pedidos y aprobados por dichos países. Los grandes tractores, para sorpresa de nadie, son China, Rusia y la India.
El kg. del dióxido de uranio, que es el que sirve en las centrales nucleares, le suma unos U$ 25 al yellow cake. El proceso químico se llama «conversión», y por ahora se hace en Córdoba, en Dioxitek. Esta planta se fundó en descampado, pero aquel baldío quedó rápidamente rodeado hoy de la edificación residencial de Alta Córdoba. Ese lugar se ha vuelto el lugar perfecto para que Dioxitek esté… en otro lugar.
La nueva Dioxitek estará en Formosa, provincia sin uranio y muy alejada de la próxima jurisdiccion productora (Chubut, el vez Mendoza nuevamente) y más alejada aún de Ezeiza, Buenos Aires, donde el óxido de uranio se vuelve otras cosas más caras e interesantes. Todo lo cual es un tremendo disparate en términos de logística. Pero no es nuestro tema. Volvemos al mismo.
El resultado de la conversión del tetróxido de uranio, ese polémico polvo amarillento llamado yellow cake, es otro polvo negro, pero negro de toda negritud, de dióxido de uranio puro. Hasta ahí, el valor acumulado llega a U$ 225 por kg.
Es decir, muy bajo valor agregado respecto del mineral uranífero.
El kg. de pastillas cerámicas negras de dióxido de uranio, la forma en que ingresa el uranio a la zona crítica de la central, suma alrededor de U$ 300, lo que da U$ 525. Ahí empezamos a hablar de plata en serio.
Explicación para los lectores, porque esto Ud. lo tiene claro, ingeniero. Muy pocos países saben fabricar estas pastillas. Nosotros sí, y lo hacemos desde los años ’80, y con métodos muy automatizados y nacionales, y máquinas diseñadas y construidas por la joya de la corona de las empresas nucleares, INVAP.
La planta pertenece a una sociedad mixta de la CNEA y Pérez Companc. Requiere de moldes ultraduros de carburo de tungsteno para comprimir en frío este polvo a 400 megapascales. Es mucho. Viene a ser unas 18.000 veces más presión que la del aire de un neumático de camión liviano. O si prefiere, el equivalente del peso de ese camión de 4 toneladas sobre la superficie de una uña.
El polvo queda comprimido a un 60% de su máximo teórico de densidad. Entonces Ud. pasa esas pastillitas negras por un horno a 1800 grados de temperatura, lo que las transforma en pequeñas piezas de cerámica muy dura, densa y pesada, a un 95% de su máxima densidad teórica. Son tamborcitos de 15 mm. de diámetro por 15 de altura.
Si levanta uno entre los dedos, le va a resultar sorprendentemente pesado. Si se lo tira a alguien, a ese alguien le va a doler. La famosa densidad del uranio, casi el doble de la del plomo.
Ese trabajo de sinterizado aquí lo hace CONUAR S.A., una sociedad mixta de la CNEA, con un tercio del paquete accionario, y del Grupo Pérez Companc, con 2/3. La planta está adentro del Centro Atómico Ezeiza. No se puede vender. Es un bien estratégico nacional, según contrato.
Repito, ahí Ud. llega a U$ 525 el kg. Y le puso mucho valor agregado argentino al yellow cake, que es más bien materia prima. Y todo esto Ud. lo hizo con tecnología nacional desarrollada por la CNEA, sin pagarle un mango de patentes a ningún país y a ninguna consultora.
El añadido de un armazón, manojo o elemento combustible es la parte decisiva y la realmente cara.
En el caso de las centrales que más le interesan a la Argentina, las CANDU, el manojo consta de 37 tubitos muy sutiles de zircaloy, una superaleación de zirconio transparente ante la circulación de neutrones. Pese a su look frágil, ese manojo es muy resistente a presiones y temperaturas extremas. Las pastillas deben bancarse 1800 grados de temperatura en su centro, y presiones de agua refrigerante de 10 megapascales. Sí, son 100 kg. sobre una uña. Elija cuál.
Los 37 tubitos (o «lápices») de zircaloy se llenan de pastillas de punta a punta (50 cm). Esos lápices están unidos y separados entre sí por discos separadores, también de zircaloy. Cada lápiz, ya se explicó, está obturado en sus dos extremos por tapones del mismo material. La CNEA tardó años enteros en descular cómo hacer esos tubitos, y años más para desarrollar una soldadura que no filtrara los gases de fisión generados por las pastillas.
Un manojo de 37 lápices vacíos es muy liviano. Pero Ud. llena de pastillas, y pesa 22 kg. Esa sutil estructura no puede ni debe romperse, rajarse, fundirse o desintegrarse, y debe aguantar varios años en condiciones físicoquímicas brutales. En el caso de una CANDU como la central de Embalse, Córdoba, la estadía es más corta, un año en promedio.
Ahora piense en el calor que generan más de 5 millones de esas pastillas, cuando se irradian unas a otras de neutrones, entran en reacción nuclear controlada.
Cada manojo tiene más o menos la forma y tamaño de un tronco de los de chimenea. «Crudo», recién fabricado, sin haber ingresado jamás al corazón de una central CANDU, es muy poco radioactivo. Ud. lo puede cargar tranquilo, aunque va a necesitar las dos manos. Mi amigo el Dr. Carlos Aráoz, experto en materiales especiales de la CNEA, se lo daba a sus alumnos y dejaba que se lo pasaran entre sí por toda el aula, antes de avisarles que estaba lleno de cerámicas de uranio.
Lo que evitaba que salieran todos corriendo era el hecho de que Carlitos se lo había traído con él, y que parecía de lo más tranquilo, y que un alumno de temas nucleares sabe lo básico de seguridad radiológica. Pero a más de uno le temblaban las manos.
Si lo mira en números, cada manojo contiene potencialmente 3450 MWh de energía térmica, que equivalen al calor generado por 1500 tambores de fuel o gasoil, de los de 220 litros.
Los manojos no reaccionan, dejados en soledad. Recuerde, lector, que se trata de uranio natural, con apenas 0,7% del isótopo 235. La radiación alfa que emiten es poca, y no llega a salir de los lápices ni a atravesar la piel.
Pero amuchados ordenadamente dentro del corazón de una central como Embalse, esos 4560 manojos emiten a lo loco, por la desintegración en cadena del uranio 235, que desata neutrones y fotones X y gamma de altas energías. Esos 4560 haces generan 2100 megavatios térmicos, que a su vez le dan a Córdoba 756 megavatios eléctricos 24 x 7 alrededor de 350 días por año, descontados los de parada por mantenimiento.
Piense en la cantidad de gases invernadero que le estamos ahorrando a la atmósfera, con esa única central.
Una central puramente argentina por su ingeniería, con 700 MW de potencia instalada nos tomaría entre 6 y 8 años y unos U$ 8000 millones, generaría unos 5000 puestos de trabajo durante la construcción y 500 estables, en operaciones.
Esto no es minería, Ing. Vernieri. Esto es industria muy exclusiva.
Y nosotros sabemos hacer todo, el ciclo completo desde la mina hasta el elemento combustible. Y de yapa, sabemos hacer una central tipo CANDU, pero más avanzada, e incluso rehacerla a nuevo, y por una tercera parte del precio de una a inaugurar, cuando expiren sus primeros 30 años en operaciones. Y podemos construir decenas de ellas. Desde los ’70 y los ’80, tenemos la física, la química, la tecnología, los recursos humanos, todo.
Pero estamos aquí discutiendo de minería. Como si fuéramos Níger.
Es que nos quieren transformar en Níger, ingeniero.
De las centrales se encarga NA-SA, Nucleoeléctrica Argentina SA., una empresa estatal fantásticamente redituable que diseña, opera y repara máquinas de uranio natural. Por operar y reparar las dos Atuchas y Embalse, y de yapa vendiendo la electricidad a muy mal precio (es deliberado, lo fijan los petroleros de la Secretaría de Energía), NA-SA genera el 7.5% de toda la electricidad producida en Argentina, y unas utilidades del 18% anual.
Si hacemos 10 centrales como ésta, nos olvidamos de los apagones. Y exportamos no uranio a los yanquis o a los franceses, sino energía eléctrica a los vecinos de la región. Y si hacemos 20, podemos darle potencia a centenares de industrias electrointensivas argentinas o al menos basadas en la Argentina: vidrio, acero, cemento, aluminio, química, petroquímica, y siguen los rubros.
Ése es el único modo inteligente de usar el uranio, ingeniero Juan Vernieri. Y aquí es donde trazamos la raya: para exportarlo sin valor agregado local, mejor dejarlo adonde está y esperar que llegue algún gobierno más industrializante y menos vendepatria.
¿Se da cuenta de por qué este gobierno quiere desesperamente privatizar NA-SA?
Legalmente, podemos hacer las CANDU que Ud. quiera sin infringir patentes, porque la tecnología se compró a Canadá en los ’70. En la práctica, hemos podido terminar una sola, Embalse, con una tremenda oposición de distintos gobiernos nacionales manejada desde bambalinas por otro gobierno, ya sabe cuál. Y pudimos ponerla en línea, y tres décadas más tarde, rehacerla a nuveo para una extensión de vida de 30 años más. No es imposible que esta central opere un siglo entero. Lo mismo vale para las otras dos, las Atuchas.
Los 7 países que usan este tipo de centrales consideran que los precios y la calidad de los componentes argentinos son buenos. El catálogo más vendible consta básicamente partes de elementos combustibles, tuberías de zircaloy, incoloy y otras super-aleaciones, e intercambiadores de calor. Se han exportado a la India e incluso a Canadá. Podríamos vender centrales enteras, pero dada la parálisis inducida de nuestro programa nuclear, sólo vendemos repuestos.
Y Ud. y yo hablando de minería…
Empiece a sumar valor agregado etapa por etapa. Antes toda esa guita quedaba aquí, en forma de salarios permanentes de obreros, técnicos y profesionales calificados. Ahora no, porque las obras del programa nuclear argentino acaban de ser detenidas nuevamente Desde 2015 en adelante, el Ing. Mauricio Macri y luego el presidente Javier Milei le suspendieron «sine die» la construcción de 3 nuevas centrales nucleares. Pero antes lo hicieron Raúl Alfonsín y, esperablemente, Menem y De la Rúa.
Lectores (me dirijo a ellos, ingeniero), las centrales que quedan en operaciones también son 3, a fuerza de extensiones de vida. Tenemos el mismo número de máquinas activas que el previsto para 1986. Las existentes, e incluso las que hoy por hoy quedaron en carpeta, resultan pocas para quemar los grandes excedentes de yellow cake que se exportarán desde Chubut.
No deje que le macaneen, lector, ese uranio se va de aquí. La demanda internacional se está poniendo feroz.
Éste es un proyecto de exportar naturaleza casi cruda. No deje que se lo disfrace de restitución de capacidades argentinas sobre el ciclo de combustibles. No deje que lo alegren con el verso de que ya bastó de comprarle a los kazajos. Y de que por fin volvemos a producir nuestro propio uranio.
Mendoza misma, tras haber cerrado la mina de Sierra Pintada y dado pie a 30 años de importaciones al cuete, ahora acaba de descubrir que la minería no es tan mala. Claro, exportar yellow cake sin tener que meterse en cosas industriales y complejas convence a cualquiera. Seamos como Níger, que Francia en general se ocupa bien de ser Francia.
Pero estamos hablando de plata. Ing. Vernieri, no es lo mismo exportar roca aurífera que fundir oro para hacer lingotes. Y si se quiere aún más industria, exportar esas piedras con oro no produce las ganancias de hacer microcableados y contactos de oro para microelectrónica.
Y si a uno le da por el lado artesanal, diseñar y hacer los anillos, collares y tiaras de oro de una señora con demasiada mosca, escoltada por guardaespaldas con anteojos negros. Cualquier cosa da más réditos que vender naturaleza cruda.
Exportar polvo amarillo de tetróxido de uranio es de países pobres y brutos. Nosotros nos hemos ido volviendo pobres a fuerza de cerrar industrias y hambrear a los docentes. Pero todavía no somos enteramente brutos.
Sí somos bastante estúpidos. En 1984 teníamos resuelto aquí el ciclo completo de los combustibles nucleares. Íbamos a llegar al año 2000 con al menos 8 centrales nucleares en operaciones, íntegramente argentinas desde la cuarta, y varias más en construcción. Obviamente, eso no sucedió.
Pero pese a los palos en la rueda que vienen metiéndonos los embajadores de los EEUU y decenas de políticos y ecologistas imposibles de ser acusados de industrialismo, INVAP ha logrado vender reactores nucleares argentinos en Perú, Argelia, Egipto, Australia, Holanda y Arabia Saudita, y tiene uno más pedido por Uganda.
La ley argentina decía que el uranio era un recurso estratégico, y no se podía exportar.
Y no debería exportarse, lectores. Tenemos poco uranio. Australia tiene el 30% de las reservas mundiales, Canadá el 10%, y nosotros menos del 1%. Incluso con un programa nucleoeléctrico tan chiquito y triste como el nuestro, calcule que tenemos uranio para sólo 30 años en operaciones sin tener que volver a importar. Si nos dejan importar.
Deberíamos dejamos de boludear con que somos la Arabia Saudita del uranio. Con ese verso, nos van a fumar en pipa, y todavía vamos a dar las gracias.
De tener el segundo programa nucleoeléctrico más vibrante del Tercer Mundo en los ’70, en materia de obras concretas, nos hemos congelado en esa década, la de los ’70.
Solo tres centrales, gracias a una alianza no muy explícita de empleados declarados y encubiertos del State Department, y de ecologistas argentinos angelicales.
Ing. Vernieri, lo que nos jode de IVANA, Blue Sky o como demonios decida llamarse, es que la descomunal torta de valor agregado industrial y de RRHH expertos y bien pagos, todo eso queda afuera. Y a nosotros nos queda la minería. La cola del perro, pero sin el perro.
Y eso fue fácilmente aprobado por una provincia que, ante la amenaza (haceme reír) de tener una central, se horrorizó y se declaró antinuclear de la primera hora.
Ingeniero, nosotros y Ud. vivimos en planetas distintos. No obstante, siempre lo leemos.
Ecologistas somos todos, ¿no?
Pero a nosotros nos interesan dos hermanitas que siempre andan juntas: la industria y la educación.
Añado: argentina y pública.
Daniel E. Arias


