El Secretario de Asuntos Nucleares, Federico Ramos Napoli, confirmó que el Reactor Argentino Multipropósito RA-10 se pondrá en marcha en 2027. Se trata de un proyecto desarrollado por la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), cuya construcción es con la participación de Invap Sociedad del Estado.
En esa línea, Ramos Napoli adelantó un modelo que permitirá incorporar inversión privada para desarrollar la planta de producción de radioisótopos asociada al reactor.
El proceso de puesta en marcha del RA-10 comenzará antes de fin de año, con el objetivo de completarse durante los primeros meses de 2027. La CNEA es responsable y propietaria de la tecnología, Invap lleva a cabo la provisión de servicios de ingeniería y Conuar es la fabricante de los componentes para el ciclo de combustible nuclear.
El anuncio del secretario se dio en el Centro Atómico Ezeiza, durante una jornada que reunió a autoridades del sector nuclear, representantes de empresas e invitados institucionales, la cual incluyó un recorrido por las instalaciones.

Qué hará el RA-10
El RA-10 es un reactor nuclear multipropósito de investigación y producción, con una potencia de 30 MW. No genera electricidad: utiliza los neutrones producidos por la fisión nuclear para elaborar productos y servicios destinados a la salud, la industria, la ciencia y la tecnología.
Una de sus principales funciones será la producción de radioisótopos utilizados en medicina nuclear. Entre ellos está el molibdeno-99, con el que se obtiene el tecnecio-99m, ampliamente utilizado en estudios de diagnóstico por imágenes. También podrá producir lutecio-177, empleado en tratamientos oncológicos, e iridio-192, para aplicaciones médicas e industriales.
La capacidad proyectada del RA-10 permitirá alcanzar una producción equivalente a aproximadamente el 20% del mercado mundial de determinados radioisótopos, por lo que ubicará a la Argentina entre los principales productores internacionales.
Además, el reactor permitirá producir silicio dopado, un insumo utilizado en la fabricación de semiconductores de alta potencia para aplicaciones industriales, sistemas eléctricos, energías renovables y transporte.
También brindará servicios de ensayo de materiales, irradiación y análisis por activación neutrónica para aplicaciones científicas e industriales.
La capacidad prevista para el RA-10 supera la demanda doméstica proyectada, lo que permitirá abastecer al sistema de salud argentino con producción nacional y exportar el excedente, generando divisas y empleo calificado en un mercado internacional con limitados productores y altas barreras tecnológicas.
Con su entrada en operación y el desarrollo de una planta de producción asociada, la Argentina sumará infraestructura estratégica que podrá transformar las capacidades de su sector nuclear en productos, servicios y exportaciones con valor agregado.
Inversión para radioisótopos
Para la producción comercial de radioisótopos, el RA-10 necesita de una planta de producción asociada donde se procesarán los materiales irradiados para obtener el producto, destinado al sistema de salud y a los mercados de exportación.
En su momento, la iniciativa no contaba con una definición ni el financiamiento necesario. Es por eso que la Secretaría de Asuntos Nucleares definió un modelo que permitirá incorporar capital privado para financiar su construcción y llevar adelante las actividades productivas y comerciales asociadas al reactor.
De esta manera, sostienen oficialmente, la inversión necesaria para completar la capacidad productiva del RA-10 será aportada por el sector privado, mientras que el Estado mantendrá la conducción de la política nuclear y las responsabilidades vinculadas con la regulación, la seguridad y las salvaguardias.
“Terminar el reactor es fundamental, pero también tenemos que asegurarnos de que pueda producir y generar valor. La planta asociada nos permitirá convertir la capacidad del RA-10 en radioisótopos para el sistema de salud, exportaciones y divisas. Para desarrollarla, vamos a incorporar inversión privada sin resignar ninguna de las responsabilidades que corresponden al Estado en materia nuclear”, aseguró Ramos Napoli.
El esquema se encuadra en los criterios establecidos por la Ley 24.804 de la Actividad Nuclear, que fija en el Estado la política nuclear, así como su regulación y fiscalización, y que contempla la participación tanto estatal como privada en las actividades productivas y comerciales del sector.
Una obra reactivada
Fuentes del Gobierno indicaron que, al inicio de su gestión, el proyecto se encontraba sin el financiamiento necesario para continuar los trabajos, con contratos y frentes de obra paralizados. En aquel entonces, el montaje de los equipos y sistemas del reactor registraba un avance del 52%.
A partir de la reactivación de los contratos y de los trabajos en el sitio, la obra civil y de ingeniería fueron completadas y el montaje avanzó hasta el 96%, por lo que la construcción del reactor se encuentra en su tramo final, precisaron oficialmente.
Actualmente, unas 530 personas trabajan en el proyecto, cuyas tareas se concentran en la compleción del montaje y la realización de los ensayos necesarios para verificar el funcionamiento de los distintos sistemas.
Una vez terminada la construcción, el proyecto RA-10 avanzará sobre las etapas de licenciamiento y puesta en marcha, que constituyen instancias diferentes del avance físico de la obra.
“Recibimos un proyecto paralizado, sin financiamiento para continuar y sin una definición sobre cómo aprovechar su capacidad productiva. Hoy la construcción está prácticamente terminada, tenemos un cronograma para su puesta en marcha y un esquema para transformar esa inversión en producción para la Argentina y para el mundo”, señaló Ramos Napoli.
Comentario de AgendAR:
Los 5 mayores y mejores reactores de producción de radioisótopos del mundo hoy son vejestorios destartalados porque son estatales, pero se privatizó su producto a cambio de un cánon que nunca alcanza para reparaciones a fondo, o para construir o comprar un reactor de reposición. Por algo entre 2008 y 2020 faltó molibdeno 99m en casi todo Occidente.
Fue una tragedia médica bien disimulada por los estados-nación, pero la calidad del diagnóstico por imágenes con positrones que da el molibdeno desapareció. Y los diagnósticos de poca potencia generan tratamientos inadecuados. Eso se vio de sobra en América y en Europa del norte, y nunca se censaron las víctimas.
La UE, los EEUU y Canadá se colgaron de los excedentes de producción del OPAL de Australia, obra de la empresa sumamente argentina y sumamente ESTATAL llamada INVAP. Alguien se olvidó de avisar a ANSTO (Australia Nuclear Science and Technology Organization), organismo estatal australiano, que su reactor lo diseñó y construyó el Estado argentino.
A la Argentina no le cayeron las generales de esa ley de la escasez, porque la CNEA, también estatal, reconstruyó y repotenció dos veces, y a bolsillo propio, su viejo reactor RA-3 de Ezeiza. Todo a escote del Estado, por supuesto.
El RA-10, que se terminará con 14 años de atraso por «no hay plata», puede facturar más de U$ 2000 millones/año durante más de medio siglo a fuerza de moderno y potente. Con 30 MW térmicos, si entra en servicio antes que el PALLAS de Holanda, va ser un tiempo la mayor y mejor planta del mundo. Aclaro, el PALLAS lo construye la argentina, estatal e ineficiente INVAP, que además dirige para la CNEA la obra del RA-10.
No sorprende a nadie que la banda de delincuentes que hoy dirige el Programa Nuclear Argentino quiera repetir otra vez más ese modelo noventista de mierda: privatizar ganancias y socializar pérdidas.
En el caso de una planta que, como el RA-10, genera el insumo básico de la medicina nuclear, «pérdidas» significa muertes innecesarias porque una bandada de zánganos se queda con la ganancia de algo que no construyó, no piensa reparar, porque para eso está el dueño, ni sabe siquiera cómo operar.
Y todo con la tuya, lector.
Daniel E. Arias


