Salió el dato de inflación asociado a julio: 1,9%. En lo que va del 2025, los precios acumulan un aumento del 17,3% y si miramos lo ocurrido entre agosto del 2024 y julio del 2025, la suba fue del 36,6%. Acá te muestro el cuadro resumen publicado por el INDEC:

La interpretación de la mayor parte de los analistas –me incluyo– es que a grosso modo la inflación “viene bajando”. Pero lo cierto es que el número de julio admite diversas interpretaciones porque la inflación es un bicho complicado. Además el dólar subió bastante y esto genera dudas sobre lo que podría pasar en los próximos meses.
Un dato bueno, malo y feo
Empecemos con lo bueno. Desde el salto cambiario de diciembre del 2023, que llevó los precios a crecer al 20-25% mensual a principios del 2024, el Gobierno recorre un camino que le permitió ir reduciendo paulatinamente la tasa de inflación a un nivel que es alto, pero que para los estándares argentinos se puede exhibir como un logro y es probablemente el mejor activo electoral de cara a octubre. Además, la inflación “núcleo” (que excluye rubros regulados y con estacionalidad, por lo que es una mejor medida del componente “persistente”) aumentó “sólo” un 1,5%.
Ahora vamos con lo malo. Es el segundo mes consecutivo que el dato de inflación es mayor al mes anterior (el dato había sido 1,5% en mayo y 1,6% en junio), y eso que todavía no se ven los impactos del salto del dólar durante julio –que si impacta, lo hará a partir del próximo dato, que conoceremos este mes–.
Finalmente, lo feo. Los precios habrían seguido corriendo por encima de los ingresos; las canastas básica alimentaria y básica total aumentaron también al 1,9%. Como muestra Federico Pastrana acá, los ingresos están estancados desde fines del año pasado: los salarios están operando como “ancla” del proceso de desinflación y sólo algunos trabajadores formales recuperaron lo que perdieron desde diciembre del 2023 (el resto sigue bastante abajo).
La inflación mayorista cerró en 2,8%. Este dato no es ni bueno, ni malo ni feo. Algunos analistas sugieren que el dato mayorista anticipa al minorista del mes que viene, pero esto no es necesariamente así. El dato mayorista incluye un mayor número de precios de bienes “transables”, cuya evolución sigue más de cerca al dólar. Como el tipo de cambio aumentó, es lógico que este índice sea más alto que el minorista. En una economía en donde hay mucha inflación y todo viene aumentando, es lógico que un aumento del tipo de cambio impacte rápidamente en los precios “no-transables”. Pero todavía no sabemos si, efectivamente, estamos ante un nuevo escenario con menos traslado a precios. Lo que me lleva al ítem de la siguiente sección.
No todas las inflaciones son iguales
No todos los procesos inflacionarios son iguales; varían en función del nivel de la tasa de inflación. La inflación baja –digamos de un dígito anual– es relativamente inocua y probablemente nadie la registra (compará lo que pasa en cualquier país con el nuestro, en donde todo el mundo mira de reojo el dato del INDEC).
La inflación moderada –cuando es mayor al 10% anual pero no es muy alta– es como los mosquitos: molestan y podés vivir con ellos, pero no los podés ignorar porque te pican. Te lo pongo así: supongamos que hay 20% de inflación anual y tu sueldo no aumenta desde enero, a fin de año lo vas a sentir y le tenés que pedir aumento a tu jefe. Si la cosa no está muy complicada, tu jefe te lo va a dar porque es justo y lo puede pagar (porque seguramente él ya pudo subir sus precios un 20%).
La inflación alta –llegando a los tres dígitos– directamente destruye la economía y exige medidas correctivas o la economía puede deslizarse peligrosamente hacia una hiperinflación –que es un proceso caótico donde todo aumenta una vez por día o más–.
La economía argentina estaba en el 2023 en un proceso de alta inflación y se necesitaba hacer algo. El gobierno tomó nota e implementó un fuerte ajuste fiscal, una corrección cambiaria y política monetaria inicialmente laxa (con tasas de interés declinantes), hoy muy contractiva. Gracias a mantener el dólar creciendo por debajo de los precios todos los meses, la tasa de inflación fue cediendo y así pasamos de tener niveles de dos dígitos mensuales a menos del 2% también por mes.
Para que te des una idea de cuán exóticas eran las tasas de inflación que tuvimos hasta hace poco y la que todavía tenemos, este mapa que se puede armar usando el visualizador del FMI nos muestra cómo están los países al día de hoy: apenas un puñado de países tienen tasas mayores al 25% anual (los que están pintados de marrón oscuro).
Todos los países avanzados (básicamente Estados Unidos, Europa y Japón) tienen “un dígito bajo” (0%-3% anual), mientras que nuestros vecinos (excepto Venezuela) tienen “un dígito alto” (3%-10% anual). No hay países con deflación (que es caída del nivel general de precios), o al menos yo no llego a ver, y sólo un puñado ocupa el podio (25% anual o más) o están en el medio (entre 10% y 25% anual).

Si retrocedés hasta 2023 (te invito a probarlo, es cuestión de mover el cursor en el visualizador) vas a poder ver que había muchos más países en algún tono de marrón. Pero acordate que Argentina tenía una inflación del 200% anual mientras que casi todos los demás estaban bien por debajo de los dígitos; esto es algo que la categoría “25% o más” oculta.
La estabilización es más un arte que una ciencia
Paradójicamente, es más complejo estabilizar una economía con tasas de inflación moderada que una con tasas altas. Esto se debe a que cuando la inflación alcanza niveles muy altos los precios se revisan con mucha frecuencia, lo que tiende a coordinarlos. De este modo, una economía en donde todo el mundo cambia los precios todo el tiempo, se puede organizar mediante un programa consistente que mande una señal poderosa: la forma más efectiva en nuestro país es fijar o contener el tipo de cambio, ya que muchos agentes, en ausencia de un mejor mecanismo de coordinación, aumentan cuando aumenta el dólar.
En una economía en donde las tasas de inflación no son tan altas hay precios que no se tocan tan a menudo y esto genera un problema: cualquier programa que busque bajar la inflación encontrará que algunos precios no se han actualizado y seguramente se actualizarán más adelante, con el consecuente impacto sobre el número del INDEC. Es por esto que muchos programas de estabilización arrancan corrigiendo algunos precios importantes, como el tipo de cambio o las tarifas; de lo contrario, sos ese tío que empieza la dieta el lunes, sin reparar que se comprometió a asistir a un desayuno con buffet el miércoles.
Entonces, luego de pasar de inflación alta a moderada, la economía argentina se encuentra hoy en un contexto en donde la estabilización se ha tornado una tarea muy complicada, que requiere mantener medidas consistentes de forma sostenida: justo lo opuesto a lo que piden un escenario electoral como el argentino.
En la vida hay que elegir
Como es importante salir con aire de las elecciones de medio término, desde hace rato que en Argentina, de una forma u otra, la política macroeconómica se enfrenta con un imperativo: atajar el dólar para que los precios no suban tanto y los ingresos no sufran. Esto suele mejorar el desempeño electoral del oficialismo, pero tiene el problema de sentar las bases para una corrección posterior. La versión 2025 de este fenómeno lo vemos en los esfuerzos del Gobierno por tranquilizar –hasta octubre– los mercados financieros sosteniendo tasas de interés muy elevadas, lo que tiene el desagradable efecto de afectar la actividad económica. Por más que el presidente se empeñe en afirmar lo contrario, la política económica reconoce la centralidad del tipo de cambio en la política inflacionaria.
Lo que se esconde bajo la alfombra son los vencimientos de la deuda en dólares del gobierno con los mercados internacionales, que a partir del 2026 pasan a ser más importantes que hasta ahora. Al no comprar dólares y acumular reservas internacionales, por ahora no hay señales que garanticen que el Estado argentino recupere el tan necesario acceso a los mercados. El gobierno jura y perjura que, una vez ganada la elección, el mercado se reabrirá como por arte de magia.
Esta posibilidad no puede descartarse, pero existe el riesgo evidente de que la incertidumbre electoral pueda trasladarse al año 2027, cuando sean las elecciones presidenciales. Porque si el fantasma del kirchnerismo acecha durante el 2025, lo seguirá haciendo durante los años siguientes, a menos que una fuerza mística erradique a sus representantes y, lo que es más importante, a su base electoral. Si la economía real sigue empiojada, porque estamos en una fase del programa de estabilización que es, por lo que contábamos anteriormente, más compleja, todo indica que es muy probable que no todas las noticias sean buenas para los bolsillos.
Así como la posibilidad de retorno del kirchnerismo es lo que mantiene elevado el riesgo país, el elevado riesgo país complica la macro ¡y hace más probable que vuelva el kirchnerismo!
Tres deseos
Estabilizar es una tarea compleja, el proceso es lento y no lineal. Lamentablemente, es un imperativo para tener una economía más normal y ocuparnos de problemas realmente importantes (como el cambio climático, el futuro del trabajo, la desigualdad, etc.). Si pudiera soplar y pedir cosas que nos permitan derrotar la inflación la cosa sería algo así: 1) que baje la inflación; 2) que baje de forma sostenida; y 3) que no la dejemos volver a subir.
Para que los deseos se cumplan, no solamente hay que acertar con el plan antiinflacionario, también hay que lograr consensos entre los diferentes espacios políticos y actores de la sociedad (ni el kirchnerismo, ni los libertarios, ni el PRO o el radicalismo, o mejor dicho sus representados, van a desaparecer de un plumazo), fundamentalmente para que la baja de la inflación se sostenga y para que no la volvamos a subir.
Acá es donde pienso que, en algún momento, debería plasmarse –no digo en una discusión explícita, pero en la práctica– una serie de definiciones que involucran, por ejemplo, el futuro de la obra pública, las universidades nacionales, el INTA, el Garrahan, los jubilados, los científicos, en fin, todos los sectores sobre los que cayó el grueso del programa antiinflacionario. Porque si el ajuste lo van a bancar solamente estos sectores, la probabilidad de que mi tercer deseo no se cumpla parece nada despreciable.
Emiliano Libman