En 2027 saldrá al espacio la misión SABIAMAR de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales, CONAE. ¿Pero saldrá? Ponele.
Una costumbre inveterada de los/las presidencias en Argentina es anunciar satélites de observación de recursos terrestres, marinos en el caso del SABIAMAR, y luego trancarlos en alguna fase del proyecto, incluso ya casi terminados en la sala limpia de integración de INVAP.
Si este último nombre le hace sonar la campanita de la memoria, sí, no se equivoca. Son los mismos barilochenses que ya la vendieron reactores nucleares multipropósito a Perú, Argelia, Egipto, Australia, Arabia Saudita y últimamente, Uganda. De paso y cañazo le construyeron 7 satélites a la CONAE y 2 más a la empresa argentina de telecomunicaciones, ARSAT.
INVAP es contratista principal de la CONAE y tiene fama de terminar todo en tiempo y forma. Con la CONAE raramente lo logra, porque la dejan sin presupuesto y con cada vez menos recursos humanos.
Que un satélite de la CONAE atraviese la revisión crítica, se empiece su integración, se termine, se testee y se lance, todo ello, lectores, depende de cualquier cosa menos de la necesidad argentina de información espacial.
Hablo de la imposible de comprar afuera, porque es muy específica y no existe en el mercado mundial. Por ejemplo, la tarea fundamental del SABIAMAR es el color del Mar Argentino y de las aguas interiores, índices seguros de su productividad biológica y de sus muy variables estado de pureza o contaminación.
La misión original se diseñó… en 1998, con Brasil. Es lógico, porque con los primos sumamos 17.816 km. de costas, y eso sin contar islas y territorios en disputa. Con un solo satélite de órbita polar, las revisitas de un mismo sitio no van a dar cuenta ni servir para predicciones de fenómenos rápidos y cambiantes.
Es información estratégica para el estado. Por ejemplo, la ubicación exacta en tiempo y espacio del punto de confluencia de las corrientes de Humboldt y la de Brasil, adonde siempre hay mucha pesca, mayormente ilegal.
Ídem para fenómenos con nombre y apellido del causante, como el crecimiento de un derrame de petróleo, o las variaciones estivales de la contaminación orgánica costera en las municipalidades más turísticas, y de las floraciones asociadas de aguavivas, o de los dinoflagelados que causan las mareas rojas neurotóxicas, la veda de pesca y el cierre de playas.
Carlos Menem, Fernando De la Rúa, Eduardo Duhalde, Néstor Kirchner, Cristina Kirchner, Mauricio Macri, Alberto Fernández y Javier Milei debían ser daltónicos ante el color mal mar, o francamente ciegos, y tal vez demasiado pacientes ante asuntos de sobrepesca y contaminación. O les sobraba la plata, porque esas cosas causan pérdidas.
Los brasucas nos conocen y se bajaron del SABIAMAR con aviso. La CONAE, agencia brava si la hay, dijo: “Seguimos solos. Si mostramos un satélite en órbita y anda decentemente, capaz que pinta socio”.
Lo que no es imposible. Un satélite a 700 km. de altura y en órbita polar heliosincrónica, la especialidad de la CONAE, pasa sus cámaras de mayor barrido angular cada 2 días sobre Mar Argentino por la mañana, pero el resto del tiempo puede dar imágenes costeras, incluso nocturnas e infrarrojas, del mundo entero.
La flota pirata de poteros españoles, coreanos, chinos, taiwaneses y siguen las firmas. Los poteros son barcos dedicados a la pesca nocturna del calamar en la Zona Económica Exclusiva. De noche brillan como estadios. Un SABIAMAR o similar te fotografía cada barco con capitán y todo. Que luego explique ante la Justicia Federal de Comodoro Rivadavia por qué apagó el localizador automático.
Lo de la justicia era un chiste. Lo es desde hace treinta años, al menos.
Con tantos callos y juanetes locales y extranjeros a pisar, una misión de observación marina de la CONAE se termina y lanza sólo con el voto del presidente de la Nación. Normalmente, salvo idiotez o locura del mismo, todos quieren sacarse la foto junto al satélite terminado, o que parezca terminado.
Del lanzamiento, ni hablar. Desde fundada la CONAE en 1996 a ningún mandatario/a se le ocurrió asistir a uno. Eso asusta al más pintado. Cruz diablo si sale mal. Heredás la fama de Menem.
Pero dejarle el privilegio de decir “Yo lo terminé” al mandatario/a siguiente, eso no calienta a nadie. De modo que los sucesivos mandones miden la temperatura del agua con el dedo gordo antes de ir por la foto. Nunca el agua estuvo tan fría, hay que decirlo. Desde que llegó Javier Milei a la presidencia, renunció el Director Ejecutivo y Técnico de ese organismo, Dr. Raúl Kulichevsky, que tras 7 años de lucha y 2 tremendos satélites-radar, los SAOCOM 1 y 2, se fue como un duque.
Hoy la CONAE depende por interpósitas personas del Ministro de Economía, Luis Caputo (sic). Se puso como director al Jefe de Gabinete, Diego Santilli, con Darío Genua como ladero. Estos jóvenes con manos de tijera, rápidos para el degüello (o modernización) de científicos, tecnólogos, ingenieros y coso, y casta, le dieron una silla en el directorio de la CONAE a Felipe Berón, economista del núcleo de los llamados “los picantes de Caputo”.
Seriamente picante. Al toque le pidió un crédito de $ 362 millones al Banco Nación, que sin duda será devuelto. Administra las cuentas y el personal de la agencia espacial.
Kulichevsky se fue como un duque, pero no sin compañía.
En la CONAE hubo 10 despidos encubiertos, onda “fuiste contratado desde hace una década, y si sos científico, ingeniero satelital o en comunicaciones, o especialista en control de misión, o en software, te terminamos el contrato, mañana no vengas”.
Más o menos lo que acaba de hacer Martín Porro, presidente de la Comisión Nacional de Energía Atómica, otra repartición innecesaria y llena de casta, pero Berón lo hizo sin gendarmes ni palos, no le neguemos ese crédito. (Nadie le niega créditos, parece).
Hubo muchos expertos más que viendo cómo viene ahora la mano, renunciaron y se fueron. La CONAE fue siempre una agencia chica, muy profesional y pésimamente paga. De 470 especialistas en 2024, ya pasó a a 378, y esto recién empieza.
Hay tanto cohete al cuete, en nuestro país…
Por eso, el ut supra citado Luis Caputo piensa fusionarla con el INTI y el INTA.
Construir una cosa tan compleja como el SABIAMAR no es soplar y hacer botellas. Que se termine en 2027 es un artículo de fe. Se puede interpretar como que Milei ya está en campaña y va por la foto, alguna.
Si el SABIAMAR se termina ese año lo sabe Magoya. La que se está terminando es la CONAE.
Daniel E. Arias


