China va camino a liderar la ciencia mundial. ¿Qué le falta?

Un informe de Nature analiza casi medio siglo de inversión sostenida en ciencia y tecnología. Y también los problemas que el gigante asiático todavía no resolvió.

En 1978, cuando China empezó a abrirse al mundo, sus investigadores publicaron menos de 120 artículos en revistas científicas internacionales. Fue el 0,02% del total global, según la base Scopus de Elsevier.

Menos de cincuenta años después, ese país es uno de los mayores inversores en investigación y desarrollo del planeta. Encabeza el registro de patentes y domina la investigación en decenas de tecnologías críticas, desde la energía nuclear hasta la biología sintética. Y sus universidades e institutos encabezan por primera vez el Nature Index.

El diagnóstico no es de un medio chino. Es de Nature, probablemente la publicación científica más influyente del mundo, en un extenso informe publicado el 14 de octubre. Su conclusión es que China va camino a liderar la ciencia mundial, y que eso va a reordenar la innovación tecnológica y el equilibrio de poder global.

Yanbo Wang, especialista en política científica de la Universidad de Hong Kong, lo explica con una comparación que entenderán los que recuerdan los años ‘80. Si para Occidente competir con Japón fue como capear una tormenta, lo que viene de China será un «tsunami».

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Los números, y su letra chica

En las últimas tres décadas, el gasto chino en I+D se multiplicó aproximadamente por 100. En los últimos diez años creció en promedio más de 10% anual. En 2024, según la OCDE, superó a EE.UU. como primer inversor mundial en investigación, sumando sector público y privado.

Pero… conviene leer la letra chica. Esa comparación usa paridad de poder adquisitivo, que corrige el hecho de que en China casi todo es más barato. Medido a tipo de cambio, el gasto chino fue más o menos la mitad del norteamericano. Claro que en 2004 era apenas el 8%.

Lo que importa, entonces, no es tanto la posición en el ranking. Es la pendiente. Y la pendiente sigue para arriba: la meta oficial es aumentar la inversión total en I+D al menos 7% por año hasta 2030. En paralelo, la administración Trump busca recortar fondos para la ciencia en EE.UU. Sus críticos sostienen que ya debilitó las capacidades de investigación del país.

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El secreto no tan secreto: planificar a largo plazo

Los especialistas consultados por Nature coinciden en una ventaja: la capacidad de fijar objetivos a largo plazo y sostenerlos. Zhang Lin, de la Universidad de Wuhan, señala que el sistema centralizado permite concentrar recursos durante muchos años en áreas estratégicas, como las comunicaciones cuánticas. En EE.UU., en cambio, cada cambio político puede mover las prioridades.

Los semiconductores son el mejor ejemplo. En 2014 China creó un fondo estatal para la industria de chips, con una primera ronda de unos 100.000 millones de yuanes (cerca de US$ 16.300 millones de entonces). Cuando Washington prohibió en 2022 la venta de chips avanzados a China, la respuesta fue redoblar la apuesta. La tercera ronda, lanzada en 2024, prevé repartir unos 344.000 millones de yuanes, alrededor de US$ 50.000 millones.

Para el economista Hao Bin, de la universidad Xi’an Jiaotong-Liverpool, China está pasando de competir con mano de obra barata a competir con capacidad tecnológica. Y agrega un dato que no es menor: la pandemia y las restricciones norteamericanas mostraron que depender de tecnología extranjera es una debilidad estratégica. La I+D se volvió una cuestión de seguridad nacional.

Los resultados ya están a la vista. A principios de 2025, DeepSeek, una empresa chica de Hangzhou, sacudió los mercados con un modelo de lenguaje que competía con los de los gigantes norteamericanos, a una fracción del costo. La estación espacial Tiangong está terminada desde 2022. China fue el primer país en posar un rover en la cara oculta de la Luna y en traer muestras de ella. Planea llevar astronautas a la superficie lunar antes de 2030, y lanzar en 2028 una misión que traiga muestras de Marte.

Un detalle curioso: Yuqi Qian, geólogo planetario que participa del programa lunar chino, observa que la idea de una carrera espacial con EE.UU. circula en EE.UU., pero no en China. Allá el programa se piensa como un esfuerzo de soberanía tecnológica de largo plazo.

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Lo que todavía falta

No todo es ascenso. China invierte poco en ciencia básica, la que busca conocimiento y no aplicaciones inmediatas. En 2024 fue algo menos del 7% de su gasto en I+D. EE.UU. destinó el 14,4%, Japón el 11,6% y Corea del Sur el 14,7%, según cálculos del analista Chris Martin sobre datos de la OCDE. El año pasado China llegó a un récord de 7,08%, pero no alcanzó la meta del 8% fijada por el plan quinquenal anterior. El nuevo plan ni siquiera establece una meta.

Por eso Xi Jinping reclamó en abril, en Shanghái, que gobiernos regionales, universidades e institutos pongan la investigación básica en lo más alto de la agenda.

Hay además un obstáculo cultural. Los investigadores chinos son evaluados por la cantidad de papers que publican y de subsidios que consiguen. Eso ayuda a explicar que en 2023 China haya superado a EE.UU. en publicaciones en revistas de alto impacto. Pero, como advierte Li Jizhen, de la Universidad Tsinghua, el volumen no garantiza los descubrimientos originales que ganan un Nobel.

La presión por publicar también tiene costos. Entre 2014 y 2024, casi el 60% de los artículos retractados en el mundo incluía autores con afiliación china. Nature menciona también dos muertes en ensayos clínicos que abrieron preguntas sobre la regulación de la biomedicina de punta. Y riesgos externos: una economía que se desacelera y las tensiones geopolíticas.

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¿Y nosotros?

Para la Argentina esto no es un tema lejano. China es uno de nuestros principales socios comerciales, y opera desde hace años una estación de espacio lejano en Bajada del Agrio, Neuquén. La ciencia que se produce allá llega acá como tecnología, como inversión… y como competencia.

Pero la lección más útil del informe no tiene que ver con China. Tiene que ver con la continuidad. Las potencias científicas no se construyen con un buen presupuesto un año y un recorte al siguiente. Se construyen con décadas de objetivos sostenidos, gobierne quien gobierne. Es algo que la Argentina conoce bien: lo tuvo en el desarrollo nuclear y espacial, y lo perdió muchas otras veces.

Resumiendo: China lleva casi medio siglo de inversión sostenida y ya discute de igual a igual con la gran potencia científica del siglo XX. Le falta lo más difícil: producir ciencia original, no solamente mucha ciencia. El tiempo dirá si lo consigue. Por ahora, sus planes dicen que piensa intentarlo.

Fuente: Nature, «China’s extraordinary rise in science and how it will change the world», Xiaoying You, 14 de octubre de 2026.

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