La elite científica argentina advierte: «el CONICET está al borde de la parálisis»

Los institutos del CONICET están atravesando un momento crítico. Tanto, que 240 directores (de un total de 266) de estos institutos firmaron una carta que el pasado miércoles entregaron en la Cámara de Diputados. “El CONICET está al borde de la parálisis”, advirtieron.

El reclamo reunió a los investigadores más destacados del país. A modo de ejemplo, entre los firmantes está la directora del Instituto de Biología y Medicina Experimental (IBYME), Damasia Becú, que entre sus investigadores tiene a Gabriel Rabinovich, investigador que hizo un aporte clave para el desarrollo de la inmunoterapia para tratar el cáncer.

También figura Ernesto Calvo, director del Instituto de Química Física de los Materiales, Medio Ambiente y Energía (INQUIMAE), investigador que desarrolló los nuevos métodos de extracción de litio sin afectar el medio ambiente, una de las promesas energéticas del futuro. Y firma la carta Raquel Chan, directora del Instituto de Agrobiotecnología del Litoral (IAL). Esta científica desarrolló una soja resistente a la sequía que espera la aprobación de ANMAT para que empiece a comercializarse: una promesa para la producción agrícola.

“A esta altura del año 2018 los institutos han recibido, a cuentagotas, cuotas presupuestarias que contienen una reducción nominal significativa respecto a los montos recibidos en 2017. Con estos presupuestos –advierte la carta- que no alcanzan para pagar servicios públicos, garantizar la limpieza y seguridad de las instalaciones ni para realizar reparaciones y mantenimiento básico de equipos científicos, los institutos no pueden subsistir”.

Este es sólo uno de los tantos problemas que enfrenta el CONICET. La carta también advierte que los salarios de los investigadores y becarios se encuentran entre los más bajos de la región: un becario postdoctoral –graduados universitarios de dedicación exclusiva- tienen un salario por debajo de los 24.000 pesos. Investigadores jóvenes, agrega la carta, perciben “salarios apenas mayores”. Y los investigadores formados se encuentran en una escala salarial “desjerarquizada”. Esto representa una gran dificultad a la hora de evitar un éxodo de científicos, que podrían conseguir un puesto en el exterior con salarios en dólares y mucho mayor poder adquisitivo. “Es imposible evitar un nuevo éxodo de investigadores altamente capacitados”, dice la carta.

 

Pero el problema no es únicamente salarial: “Este éxodo está estimulado también por la brusca reducción en el número de vacantes disponibles en el CONICET para nuevos investigadores y becarios”.

VIAClarin