Meloni se suma a Macron para enfriar el acuerdo UE – Mercosur. Lula lanza un ultimátum

0

La primera ministra de Italia, Giorgia Meloni, se sumó al pedido de su par francés, Emmanuel Macron, al pedido de aplazamiento del acuerdo de libre comercio entre Unión Europea (UE). Desde Brasil, el presidente Lula da Silva sentó una clara posición si no se firma en los próximos días.

La presidenta del Consejo Europeo, Ursula von der Leyen, pretende firmar el convenio este sábado 20 de diciembre en la cumbre del Mercosur que tendrá lugar en Brasil, pero primero el visto bueno del Consejo de la UE.

«Sería prematuro firmar el acuerdo en los próximos días», declaró Meloni en un discurso al Parlamento, ya que algunas salvaguardas solicitadas para proteger a sus agricultores «no han sido concluidas», informó AFP.

Sin embargo, Meloni se mostró «muy confiada» en que a principios de 2026 estarán dadas las condiciones para firmar este acuerdo entre la UE y el bloque formado por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay.

La oposición de Roma cayó como un balde de agua fría para la Comisión, que insistió en los últimos días en la importancia de sellar el acuerdo antes de fin de año. Junto con Francia, Polonia y Hungría, Italia puede formar una minoría de bloqueo entre los 27 Estados miembros de la UE, lo que impediría que se examinara el acuerdo esta semana, indicó AFP.

«Los jefes de Estado y de gobierno debatirán el tema en la cumbre europea» de este jueves 18, aseguró a la AFP Olof Gill, portavoz de la Comisión.

OTAN Ursula von der Leyen 18082025

El ultimátum de Lula

El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, pidió a Macron y a Meloni que asuman «sus responsabilidades»,lanzó una especie de ultimátum a los europeos.

«Si no lo hacemos ahora, Brasil no hará ningún otro acuerdo mientras yo sea presidente», sostuvo durante una reunión ministerial en Brasilia. «Si dicen que no, vamos a ser duros de aquí en adelante con ellos».

El pacto UE-Mercosur, negociado desde 1999, crearía la mayor zona de libre comercio del mundo y permitiría a la UE exportar más vehículos, maquinaria, vinos y bebidas alcohólicas a América Latina.

Al igual que España, Alemania instó a firmar el tratado esta semana y su jefe del Gobierno, Friedrich Merz, prometió ejercer una presión «intensa» sobre sus socios europeos el miércoles por la noche y el jueves por la mañana, instando a no «regatear» en los grandes tratados comerciales.

Un diplomático europeo admitió de forma anónima antes de la cumbre que «la situación puede ponerse muy tensa». «Si hubiera una voluntad de imponerlo por parte de las instancias europeas, Francia se opondría de manera muy firme», afirmó Macron este miércoles, según la portavoz del gobierno, Maud Bregeon.

El dirigente francés se encuentra bajo una fuerte presión para detener la firma del pacto ya que el conjunto de la clase política es unánime contra el acuerdo en su forma actual.

Los agricultores franceses temen el impacto de una llegada masiva a Europa de carne, arroz, miel o soja sudamericanos, vistos como más competitivos por sus normas de producción.

París, por eso, pide una «cláusula de salvaguarda» en caso de perturbación del mercado, así como medidas «espejo» para que los productos importados respeten las normas ambientales y sanitarias de la UE y controles sanitarios reforzados.

Protestas en Bruselas

El líder del primer sindicato agrícola francés, FNESA, Arnaud Rousseau, llamó a Macron a «votar no» si el acuerdo se somete a votación el jueves, cuando se espera una manifestación de 10.000 agricultores en Bruselas.

Para tranquilizar al sector, la UE añadió medidas de salvaguarda: un seguimiento de productos sensibles como la carne vacuna, las aves de corral o el azúcar, y la promesa de intervenir en caso de desestabilización del mercado.

Renunció el presidente de la Comisión Nacional de Energía Atómica. Ya se designó su reemplazo

0

La Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) informó, a través de un comunicado que transcribimos, que en el día de ayer el Dr. Ing. Germán Guido Lavalle presentó su renuncia como titular del organismo, cerrando una etapa de 2 años de gestión en la que alcanzó una serie de hitos que revalorizaron el sector nuclear.

Entre otras cosas, se impulsó un plan para la finalización del Reactor Argentino Multipropósito RA-10; se obtuvo la licencia para la puesta en marcha del Centro Argentino de Protonterapia (CEARP); se firmó el memorándum de entendimiento con Candu Energy Inc. para colaborar en el suministro de agua pesada y desarrollo de las capacidades tecnológicas; y se posibilitó la entrega del acelerador lineal Elekta EVO para el Hospital Garrahan, un equipamiento único en el país para el tratamiento de radioterapia pediátrica.

En consecuencia, el Secretario de Asuntos Nucleares, Dr. Federico Ramos Napoli, designó al Ing. Martín Porro como nuevo Presidente de la Comisión Nacional de Energía Atómica. Con 30 años de experiencia en el sector, el Ing. Porro ha participado, coordinado y liderado proyectos vinculados con la construcción, puesta en marcha, operación y mantenimiento de diversas instalaciones nucleares de la propia CNEA y del sector nuclear argentino en general.

Asimismo, ha liderado proyectos de eficiencia energética tanto en la Secretaría de Energía de la Nación como a escala internacional. En el último año se desempeñó como Gerente de Producción de Dioxitek S.A., consiguiendo un récord histórico de producción de Dióxido de Uranio (UO2) este año.

Su designación inaugura una nueva etapa que buscará potenciar al máximo las capacidades del sector, reorganizando y eficientizando los recursos estratégicos de esta Comisión.

¿Un Megacentro de datos en la Patagonia? AgendAR evalúa el proyecto que se anuncia

0

Para evaluar la seriedad del proyecto que se anuncia en los medios locales desde hace dos meses, nos basamos en la información disponible hasta hoy.

¿De qué se trata este proyecto? Se refiere a un acuerdo de intención (Letter of Intent) firmado en octubre de 2025 entre OpenAI y la empresa argentina Sur Energy (fundada por Emiliano Kargieman —conocido por Satellogic—, Matías Travizano y Stan Chudnovsky). 

El objetivo es explorar la construcción de un gran centro de datos para IA en la Patagonia argentina, con una inversión potencial de hasta US$ 25.000 millones. Se lo presenta como parte de oportunidades en energías renovables y como un proyecto que podría generar empleos y posicionar a Argentina en la IA global (incluso se lo vincula en algunos medios al «Stargate» de OpenAI, aunque no está confirmado como tal).

Importante: Es solo una carta de intención para «explorar» el proyecto, no un compromiso firme ni inversión ejecutada. No hay evidencia pública de fondos transferidos, contratos definitivos o avances concretos en los últimos dos meses.

¿Qué dicen medios de EE.UU. o Europa?La principal fuente internacional es el blog oficial de OpenAI (octubre 2025), donde anuncian el LOI (carta de intención) y lo describen como una oportunidad exploratoria.

Hay menciones en sitios menores o especializados de EE.UU., como The Real Deal (enfocado en bienes raíces) o blogs independientes (uno escéptico titulado «Smoke & OpenAI Mirrors», que sugiere que podría ser más promoción que realidad).

No hay cobertura significativa en grandes medios estadounidenses o europeos como TechCrunch, Bloomberg, Reuters, The New York Times, The Wall Street Journal, Financial Times, The Guardian o la BBC. 

La mayor parte de la difusión está en medios argentinos/latinoamericanos (La Nación, Buenos Aires Times, Buenos Aires Herald, etc.) y sitios regionales, donde se presenta con entusiasmo, alineado con las políticas del gobierno de Milei para atraer inversiones en IA.

Datos positivos: Está involucrada OpenAI directamente (no es solo rumor), Kargieman es un emprendedor reconocido en el sector espacial/IA, y Argentina tiene ventajas en energía renovable para data centers.

Preocupaciones: Es solo una intención no vinculante. Muchos proyectos similares quedan en nada (es común en anuncios de esta escala). Pasaron dos meses sin noticias de avances concretos o cobertura  internacional amplia, lo que sugiere que, por ahora, es más aspiracional y promocional (impulsado por el gobierno de Milei) que un proyecto en marcha.
La falta de interés en medios globales clave indica que no se lo ve aún como un desarrollo mayor en el ecosistema tech internacional.
No hay «inversiones reales» confirmadas hasta ahora.

En resumen, el proyecto genera entusiasmo local, pero parece prematuro considerarlo «serio» en términos de ejecución. Es una oportunidad interesante, pero con alto riesgo de que no se materialice pronto. Si surge algo nuevo (por ejemplo, un acuerdo definitivo), cambiaría el panorama.

Redacción de AgendAR

Argentina en el mar VIII – ¿Que pasó con el ARA San Juan?

0

«Publicado en El blog de Abel el 9 de diciembre de 2017»

Este posteo surge de un video que me hace llegar un visitante de este blog, que usa el nic Leo. En sus palabras «Sale de un foro de entusiastas de simuladores de submarinos que suele tener gente que ha prestado servicio en ellos. El tipo afirma que prestó servicio como sonarista en la armada de EEUU durante más de 20 años y hace un análisis de los pictogramas que publicó CTBTO».

CTBTPO es la sigla (en inglés) de la Organización del Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares. Es el organismo que monitorea todo el planeta, continentes y mares. Y es el que brindó los datos al gobierno argentino y a la Armada sobre una explosión no nuclear en la fecha en que se perdió contacto con el San Juan, en la zona, aproximadamente, dónde podría estar navegando. Este reportaje al Embajador Rafael Grossi -el argentino que más conoce del tema- da los detalles del asunto.

Ahora, lo que dice el video es una interpretación de esos datos. Se lo hice llegar a Daniel Arias, que puede evaluarla mucho mejor que yo. Este es su informe, que decidí sumar a los capítulos «Argentina en el Mar» que estoy publicando en el blog (A quienes les interese, cliqueen en la categoría «ciencia y técnica», en la columna a la derecha).

Hay algo peor que perder un submarino

Los interesados en saber qué pasó con el submarino ARA San Juan, (SUSJ, SUbmarino San Juan) son, además de más de 40 millones de argentinos, muchas otras personas en el resto del planeta. Especialmente en los Ministerios de Defensa (como les dicen ahora a los viejos Ministerios de Guerra y Marina). El TR-1700 de Thyssen era, pese a su diseño «setentista», un submarino de excelencia probada en más de una maniobra militar internacional. Aunque hasta el 15 de noviembre de este año sólo había 2 en funciones en todo el planeta, esta fuerza tan reducida todavía tenía un potencial de disuasión.

Por eso el asunto se ha vuelto mundial y hay tantos interesados en encontrar los restos del SUSJ y hacer su autopsia. Entre muchas versiones conspirativas, algunas francamente estúpidas, resulta interesante una que circula por Youtube, volcada en este video.

Los lectores anglófonos y pacientes encontrarán un largo análisis de los datos de hidrofonía de la red mundial del CTBTO. Ese es un organismo internacional civil, dirigido contra la proliferación de armas nucleares. Depende de las Naciones Unidas, y su función única y exclusiva es detectar, medir y triangular con exactitud en el mapamundi explosiones subterráneas mediante sismógrafos, y submarinas mediante hidrófonos. Es una red sumamente sensible, ya que logró detectar y ubicar un evento de una energía mucho menor que la de una explosión nuclear.

El video al que remito a los anglófonos, tecnófilos y pacientes consta de muy pocas imágenes y un largo audio en el que habla un tal «Jive Turkey», aparentemente un ex submarinista de la US Navy. No pude encontrar objeciones intelectuales a sus conclusiones, aunque no conozco al individuo ni puedo certificar su existencia real o su credibilidad. Es una hora y media de elucubraciones y conclusiones personales de alguien que parece convincentemente experto, sobre un total de 7 minutos de imágenes hidrofónicas del CTBTO. Ese organismo no las confirma ni niega.

A los argentinos nos interesa, porque la conclusión técnica más importante es que el SUSJ no fue atacado por un torpedo, sino que se accidentó, y añadió su nombre tardíamente a una lista larguísima de sumergibles y submarinos de decenas de naciones perdidos por problemas de baterías. La escasa información que pueden tener para legos como nosotros los procesos de indagación y deducción del tal Jive Turkey (si existe!) es que se van construyendo de un modo muy parecido al que anima la mente de un detective, un científico o un forense. Ignoro si son la verdad, pero resultan verosímiles.

Jive Turkey va descartando hipótesis a las que inicialmente da alguna credibilidad, y cerrando el campo de búsqueda hasta que tiene su momento «Eureka», de revelación. Resumo sus ideas centrales para los impacientes: olvídense de torpedos ingleses. Tampoco argentinos: no parece haber estallado espontáneamente ninguno de los que el SUSJ llevaba a bordo, como sucedió con el submarino nuclear ruso Kursk el 12 de agosto de 2000, y probablemente también, pero mucho antes al USS Scorpion, el 30 de junio de 1968 (la US Navy no dice «esta boca es mía» al respecto, Jive Turkey sí).

La hidrofonía del estallido de un alto explosivo en un gráfico es una espiga, breve, seca y dura como la de un martillazo. Más allá de su energía, lo importante es la distribución de esa energía en el tiempo: no hay una rampa ascendente y otra descendente. Por el contrario, esa rampa sí aparece en el primer registro sónico del accidente del SUSJ captada por los hidrófonos pertenecientes al CTBTO de la Isla de Ascensión, en medio del Atlántico, y los de la isla Crozet, en medio del Océano Índico.

Esa rampa ascendente y descendente de energía, que dura varios segundos, es consistente con la deflagración de hidrógeno molecular (H2) dentro del casco de presión del SUSJ. Como evento probable, sería secundario a las reacciones químicas incontrolables entre el agua de mar, con su carga de cloruro de sodio , y el combo de ácido sulfúrico y plomo de baterías convencionales.

Ya estas reacciones son en sí incendiarias e involucran arcos eléctricos de enorme amperaje. Pero la combinación del hidrógeno liberado con el oxígeno atmosférico interior del submarino, que forma agua, es de las más exotérmicas de toda la química orgánica. Más allá de su energía termomecánica y sónica, esa deflagración sí puede tener la forma de rampa que identifica Jive Turkey en el primer registro. Algo explotó, pero de un modo muy distinto al de un torpedo o mina.

El segundo evento sónico significativo captado por HA10, el hidrófono de Ascensión (el más perfecto), es de menor energía pero se prolonga aproximadamente 20 segundos. Jive Turkey tira varias hipótesis hasta que le sobreviene una revelación: es algo que ha escuchado más de una vez como hidrofonista. Está seguro de que es un intento de «soplado», el más importante mecanismo de rescate de un submarino en emergencia.

El soplado consiste en vaciar los tanques de balasto, que cuando se inundan de agua de mar le dan flotación negativa al submarino y lo sumergen. Este vaciado se hizo durante la mayor parte de la historia submarinística con la inyección de aire comprimido contenido en botellones, que desaloja el agua como un pistón. En el SUSJ, innovador para su época, esa función eyectiva la cumplía una carga de hidracina, un combustible líquido aeroespacial de segunda generación cuya oxidación genera enormes volúmenes de gases de combustión a presiones muy altas.

El intento de «soplado» sucede un minuto y veinte segundos después de la explosión inicial. Eso significa, para Jive Turkey, que durante ese lapso el submarino estuvo probablemente hundiéndose, pero adentro del casco de presión había todavía gente viva capaz de accionar ese mecanismo de autorrescate. En un submarino todo el mundo sabe hacer casi todas las tareas, el grado de preparación técnica es muy superior al de una nave de superficie.

Alguien estaba vivo y trató de «soplar» los tanques. Un submarino no se autorrescata en forma automática cuando sus sensores detectan una emergencia. Eso lo podría devolver a la superficie bajo ataque enemigo, e incrementar las posibilidades de su aniquilamiento o captura.

De un modo bastante desgarrador para cualquier argentino, y para casi todo submarinista de cualquier país, el «soplado» falla. Eso probablemente significa que el casco externo del submarino estaba averiado, y los gases de combustión de hidracina que debían vaciar de agua los tanques se perdieron por los agujeros, venteándose en el mar. No pudieron «inflar» los tanques de lastre y darle flotabilidad positiva.

Hay más eventos sónicos posteriores, de baja intensidad pero cierta duración, que Jive Turkey duda bastante en atribuir a impacto contra el fondo. No está seguro, pero esos ruidos le parecen más bien consecuencia del «crumpling» a aplastamiento lento de un casco de presión compartimentado. Esta implosión, inevitable en un TR-1700 a más de 600 metros de profundidad, no es un evento instantáneo. Como forma de muerte, es impiadosa.

Todo lo que dice el tal Jive Turkey cierra bien con la data técnica del TR-1700. Es un submarino oceánico, de ataque estratégico a larga distancia, que logró hacer viajes de hasta 18.000 km. a profundidad de snórkel, y es bueno haciendo eso, pero en general en aguas más profundas.

El TR-1700 no se lleva demasiado bien con oleajes de 8 metros, como imperaban el 15 de noviembre de 2017 en la zona en la que presuntamente se accidentó. En realidad, este oleaje puede serle fatal a cualquier submarino de propulsión diésel-eléctrica, salvo que sea un modelo diseñado con casco en «V» para navegar mayormente en la superficie, como la mayoría de los modelos de los U-Böoten alemanes de la 2da Guerra. En el ventoso y ripioso Mar Argentino, lo mejor es navegar DEBAJO de la profundidad de snórkel, pero para eso se necesitan sistemas de potencia sofisticados, como el AIP o el nuclear, ambos superiores al diésel-eléctrico, que ya cumple un siglo en funciones.

Nuestra plataforma submarina tiene aguas bajas y sometidas a vientos extremos. El oleaje resultante es brutal. Con una galerna, el oleaje llega a tapar 5 metros el snórkel, cuyo sistema de cierre no es perfecto y termina aspirando agua. El asunto es cuánta aspira, y adónde va a parar y cómo se la saca. Los bancos de baterías son una masa considerable: cada unidad pesa 500 kg. y hay 960. Están situados en el nivel más inferior de un TR-1700, que tiene dos cubiertas, para equilibrar mejor la nave. El agua ingerida por el snórkel puede ir a parar ahí, y si hablamos de toneladas, el peligro electroquímico es enorme.

Viajar con un TR-1700 bajo oleaje extremo a profundidad de snórkel no es únicamente peligroso, sino doloroso y discapacitante para la gente. Cuando el snórkel se obtura para impedir o limitar el ingreso de agua de mar, los motores diésel absorben instantáneamente tanto aire que la presión atmosférica dentro del submarino baja de 1030 milibares a 700. La tripulación siente que le revientan los tímpanos hacia afuera. Cuando eso sucede varias veces por minuto durante horas y días, es bastante enloquecedor. Los submarinistas no son únicamente personas muy capacitadas por sobre su jerarquía y función nominal, experta en convivencia y anormalmente tranquila en las emergencias, además de insensible a la claustrofobia. Son además gente de un estoicismo superlativo.

Oceánico como el TR-1700 o costero como el HW Tipo 209, bastante más chico y una década y media más viejo, ambas clases de submarino argentino son resueltamente malas para navegar en superficie. Casi no tienen «obra muerta» emergente de la línea de flotación. Apenas si sobresalen del agua con sus «velas» y los tubos ubicados sobre la misma: snórkel, periscopio, antenas de radar y comunicaciones.

Un sub diésel-electrico de posguerra es poco marinero en la superficie porque es cilíndrico como un zepelín, o más bien como un cigarro «figuerado». Eso en inmersión lo vuelve muy hidrodinámico, silencioso y capaz de desviar las pulsos sónicos de un sonar activo. Pero ese diseño, en superficie y con mal tiempo, lo hace rolar locamente a babor y a estribor, lo que significa que dentro de los espacios habitados todo tripulante que no esté amarrado a su cama o a su asiento ante su puesto de combate, puede partirse la cabeza o fracturarse algún miembro.

De modo que con mar gruesa y por elegir entre peor y meramente malo, es preferible avanzar a profundidad de snórkel, entre 20 y 40 metros según los distintos modelos y marcas, y arriesgarsee a una mojadura y eventual inundación de baterías, si el viaje es largo y la tempestad de viento en superficie duran demasiado.

La verdad es que los únicos subs que soportarían bien condiciones de bajo fondo, alto viento y oleaje terrible (como imperan en el Mar del Norte o en el Mar Argentino) son los que tienen propulsión anaerobia, o AIP, Air Independent Power. El AIP consiste en una planta electrógena térmica no convencional (puede ser un motor Stirling, uno de ciclo abierto o una «fuel cell») para recargar las baterías y moverse a una velocidad modesta (5 nudos), pero eso sí, tranquilamente y sin sacudidas. Esto se hace a la profundidad que sea conveniente para evitar la detección.

Nuestro SUSJ, así como su gemelo sobreviviente, el ARA Santa Cruz, mostraron ser muy silenciosos y maniobrables. En ocasión de combates simulados contra otras flotas de las Américas, a fines de los ’80 y principios de los ’90, lograron ponerse a distancia de tiro sin ser detectados, y «hundir» dos veces a un submarino nuclear estadounidense Clase Los Ángeles. Lo mismo le pasó al portaviones nuclear US CV Nimitz: la considerable escolta de fragatas y destructores que lo rodeaban no se percataron de su presencia.

Nuevamente, esto explica las causas del interés internacional por la pérdida del SUSJ. Sólo había dos TR-1700 en el mundo, pero seguían siendo temibles por su sigilo, alcance, sensores y capacidad de fuego: podían disparar salvas de más de 6 torpedos guiados por minuto. En 1992 y si la cosa hubiera sido guerra y no maniobras, el Nimitz no habría tenido chances.

Y eso que estamos hablando de una versión muy moderna de un concepto muy viejo. Cuando no usan sus motores diésel, los AIP son aún más silenciosos, prácticamente indetectables para hidrófonos y sonar. En varios ejercicios de guerra recientes, el Götland, un pequeño AIP sueco, se cansó de hundir al superportaviones nuclear yanqui USN Ronald Reagan sin siquiera ser detectado por la tupida escolta perimetral de fragatas, o por sus helicópteros, o por los subs nucleares de ataque yanquis, cuyo costo por unidad es el de 8 Götlands. Walter Polnar, un analista yanqui de guerra naval que murió en marzo de este año, dijo que el Götland literalmente hacía círculos alrededor de su desprevenida presa.

La pregunta de algunos cientos de millones es si podemos reconvertir a AIP la flota que nos queda, a saber un pequeño HW Tipo 209, el Salta, costero y defensivo, y un TR-1700 oceánico y ofensivo, el Santa Cruz. La primera respuesta es sí, y lo podemos hacer aquí. También tenemos dos TR-1700 más a completar, con un grado de avance constructivo del 70% y el 30% respectivamente.

Todo esto podemos hacerlo, pero si no perdemos los astilleros CINAR. ¿Pero acaso están en peligro? Siempre lo estuvieron, pero hoy más que nunca.

Continuará

Daniel E. Arias

China tiene 30 mil fábricas inteligentes: ¿Qué pasa con el empleo?

0

La imagen de las fábricas chinas que aún persiste en Occidente es la de un enorme galpón, medio mugriento y con cientos de operarios que trabajan codo a codo en jornadas interminables. Nada más lejos de la realidad de un país que desde su condición de “fábrica del mundo”, hoy cuenta con alrededor de 30.000 plantas inteligentes que combinan los últimos adelantos en Robótica, Big Data, Internet de las Cosas e Inteligencia Artificial (IA), con el objetivo de optimizar lo que el Ministerio de Industria y Tecnología de la Información (MIIT) gusta calificar como la “segunda modernización de China”.

En efecto, a diferencia de lo que muchos creen, las fábricas chinas hoy suelen tener el aspecto de virtuales laboratorios, limpios hasta la exageración, con poquísimos ruidos de maquinarias y menos personas aun dando vueltas por ahí. Como muestra, valen los ejemplos de los pocos trabajadores que, a diferencia de otras épocas, hoy circulan en las plantas automotrices de Chongqing, donde se fabricaron 1.659 millones de vehículos en los primeros meses de 2025; o bien, en los talleres inteligentes de calzado de Putian, donde en una hora y pico se fabrican diseños personalizados de zapatos, botas y sandalias, a gusto y capricho del cliente de turno.

De más está señalar que nada es producto del azar. China inició este camino hace una década y en 2024 optimizó el desarrollo de las fábricas inteligentes (FI) a partir de una clasificación en cuatro niveles de acuerdo con su tecnología y nivel de integración: según esos parámetros, hoy funcionan más de 22.000 básicas, unas 7.000 avanzadas, 500 de excelencia y solo 15 alcanzan la máxima calificación de pioneras, abarcando en su conjunto más del 80% de los sectores manufactureros.

“La escala industrial de los equipos de fabricación inteligente, software industrial y soluciones sistemáticas de China ya superó los 635.500 millones de dólares”, reveló el viceministro de Industria y Tecnología de la Información, Xin Guobin, en la Conferencia Mundial de Fabricación Inteligente 2025, celebrada en Nanjing.

Según un reciente informe sobre FI, difundido por el oficialista Diario del Pueblo, los ciclos de desarrollo industrial se han acortado casi un 30%, la eficiencia de la producción ha aumentado más del 22%, las tasas de defectos se han reducido a la mitad y las emisiones de carbono han disminuido alrededor del 20%.

China tiene 30 mil fábricas inteligentes: ¿y dónde está el empleo?

Foto: Agencia Xinhua

Reforma laboral

En este contexto, la principal señal de alerta que plantea el nuevo escenario tecnológico/productivo quizás puede sintetizarse con una frase del escritor e historiador israelí Yuval Noah Harari: “Podríamos llegar a un punto en el que el sistema económico vea a millones de personas como completamente inútiles”.

Para evitarlo, en China ya no hacen las cuentas de cuántos millones de trabajadores se quedaron, o están quedando, afuera del sistema por culpa de las FI. Esa etapa quedó atrás. La respuesta actual es una ofensiva quirúrgica que incluye más formación profesional y un rediseño total del mercado de recursos humanos.

Todo esto ocurre en un contexto que, observado desde el exterior, es por lo menos particular. Desde el comienzo del XIV Plan Quinquenal (2021-2025), el sector de servicios de empleo viene expandiéndose a “tasas chinas” y sirve cada año a un promedio de 300 millones de trabajadores y más de 50 millones de empleadores.

Ocurre que a partir de la reciente creación – a nivel nacional- de 36 enormes ferias de empleo estatales y 29 Parques Industriales de Servicios de Recursos Humanos (PISRH), el gobierno decidió reenfocar sus esfuerzos a las FI, a la economía digital y a los servicios modernos, “con el objetivo de reducir la brecha entre la oferta de talento y las necesidades industriales, encarando la escasez de mano de obra en sectores clave”, según consignó la agencia Xinhua.

En efecto, China tiene más de 220 millones de trabajadores calificados, entre ellos unos 71 millones altamente calificados. Es una reserva de habilidades que el gobierno considera indispensable para sostener una “autosuficiencia y fortaleza de alto nivel” en ciencia, tecnología y modernización industrial. Desde Beijing, insisten que no se trata sólo de adaptarse al futuro de fábricas que “piensan por sí mismas”. La meta es garantizar que esas fábricas – cada vez más inteligentes, cada vez más autónomas – sigan necesitando manos y cerebros humanos que las diseñen, reparen y corrijan. En función de eso, en apenas cinco años, China reconoció 72 nuevas profesiones, con títulos y doctorados que hace una década no existían ni en la imaginación de los más delirantes. Es una carrera contra el tiempo para reconvertir el mercado laboral y cuidar una de las obsesiones del gobierno: mantener el desempleo urbano en niveles cercanos al 5,1% que se registró en noviembre.

China tiene 30 mil fábricas inteligentes: ¿y dónde está el empleo?

Foto: Agencia Xinhua

Para contribuir al logro de esta meta, en los últimos cinco años se destinaron más de 66.000 millones de dólares en subsidios de empleo y más U$S 18.000 millones en reembolsos laborales. No fue un gesto social, sino una suerte de seguro de estabilidad. Un amortiguador político para evitar que la transformación tecnológica arrase con todo, como amenaza ocurrir en otros países.

La segunda modernización china ya no depende sólo de la capacidad de producir. Responde a la capacidad de formar, reinventarse y retener talento, sobre todo con los más jóvenes. Mientras buena parte del mundo se pregunta qué hacer con las personas que las máquinas empiezan a reemplazar, China parece haber tomado una decisión más simple: reiniciar todos sus motores al mismo tiempo con nuevas profesiones, subsidios millonarios, parques laborales, ferias de talento y un ejército de personas dispuesto a competir en la nueva economía digitalizada.

En un contexto internacional en que las FI están reconfigurando todo el sistema productivo, China parece mostrar un camino alternativo, una inteligencia diferente que procura evitar que el empleo de cientos de millones de personas sea el primer precio a pagar.

Fernando Capotondo

LeoLabs: se confirma que sus radares pueden realizar espionaje militar

0

El radar de la empresa LeoLabs Argentina SRL, instalado muy próximo a la ciudad de Tolhuin, (en la provincia argentina de Tierra del Fuego), vuelve a la escena periodística a través de la reciente confirmación, que la empresa matriz en California ha formalizado un nuevo y millonario contrato de vigilancia espacial con el gobierno de Estados Unidos, destinado explícitamente a “rastrear naves espaciales adversarias”.

Este anunciorevelado por la revista especializada SpaceNews este 9 de diciembre de 2025ratifica de manera innegable la capacidad de uso dual —civil y militar— de las estaciones de radar que la compañía opera a nivel global. Un hecho que ha sido sistemáticamente negado por la filial argentina de LeoLabs y durante dos años, por el propio gobierno de Tierra del Fuego, conducido por Gustavo Melella.

De la chatarra al espionaje

Según la publicación, LeoLabs obtuvo un contrato interinstitucional para proveer datos de vigilancia espacial al gobierno de EE. UU.alimentando la plataforma TraCSS (Sistema de Coordinación de Tráfico para el Espacio) y, crucialmente, siendo utilizado por la Célula de Operaciones Comerciales Conjuntas de la Fuerza Espacial para «evaluar amenazas» y «monitorear naves espaciales adversarias».

Este servicio va mucho más allá del rastreo de escombros espaciales —el objetivo original y único declarado por la empresa al radicarse en Argentina—, y se enmarca en una estrategia de seguridad nacional estadounidense que ya había quedado expuesta en septiembre de 2025, cuando LeoLabs demostró su capacidad para rastrear misiles hipersónicos, cohetes y drones en ejercicios conjuntos, buscando un lugar en el proyecto de defensa «Cúpula Dorada» de Donald Trump.

Una empresa británica en la provincia de Tierra del Fuego

La confirmación de la naturaleza militar de la tecnología se vuelve crítica por la arquitectura societaria de LeoLabs Argentina SRL, que está controlada por capitales con sede en Dublín (95%) y Londres (5%).

Esta composición accionaria, sumada a la alianza formalizada en julio de 2024 entre LeoLabs Inc. y el Ministerio de Defensa del Reino Unido para el Proyecto Tyche (destinado a desarrollar una constelación de satélites de inteligencia, vigilancia y reconocimiento), legitimó la histórica advertencia del Estado argentino.

El Ministerio de Defensa de la Nación, bajo la gestión de Jorge Taiana, ya había emitido un informe lapidario en agosto de 2023, que culminó con la cancelación total de la autorización precaria del radar. Dicho informe fue contundente:

1.    Vulneración a la Seguridad Nacional: Permitiría al Reino Unido, potencia que ocupa ilegalmente las Islas Malvinas, monitorear actividad satelital civil y militar argentina, interceptar datos y observar objetivos terrestres y marítimos.

2.    Incompatibilidad con la Defensa Nacional: La instalación es «totalmente incompatible» con la Directiva de Política de Defensa Nacional, que exige mantener el control y la inteligencia militar estratégica en los espacios aeroespaciales ante la «persistente presencia militar, ilegítima e ilegal del Reino Unido» en el Atlántico Sur.

3.    Capacidad de Inteligencia: La ubicación geográfica de Tolhuin es estratégica, otorgando un acceso privilegiado para la obtención de datos espaciales a nivel global y la posibilidad de ser utilizados por los sistemas de inteligencia de EE. UU. y, consecuentemente, ser diseminados al Reino Unido.

La presión de Washington

Aunque el radar se encuentra aparentemente inoperativo (no ha existido ningún peritaje que lo demuestre), la presión para su reactivación de los socios de la OTAN, no cesa. En septiembre de 2025, el jefe del Comando Sur de Estados Unidos, Almirante Alvin Holsey, solicitó públicamente la reapertura del radar, en el marco de una estrategia para consolidar la presencia militar de EE. UU. en la región y como apoyo tecnológico para la Alianza Atlántica.

Esta solicitud ha sido analizada por diferentes medios argentinos, que señalan la confianza de LeoLabs en el alineamiento militar y diplomático del actual gobierno de Javier Milei con los Estados Unidos, como un factor que podría forzar la reapertura de la instalación satelital.

La evidencia más reciente sobre la función de vigilancia militar de LeoLabs a nivel global, no solo despeja las dudas sobre el radar de Tolhuin, sino que también subraya el riesgo permanente para la soberanía y la seguridad nacional argentina, mientras este activo de control espacial, con capitales ligados a una potencia ocupante; permanezca en nuestro territorio.

De esta manera, a través de esta nueva información publicada por Space News; el reguero de mentiras hilvanadas por la actual gestión de gobierno de Gustavo Melella, es borrado por la propia empresa. Dejando al descubierto, una vez más; la necesidad de la desinstalación definitiva del campo de antenas que constituye el radar.

Comentario de AgendAR:

Sobre este tema, publicamos el 7 de julio de 2023 una nota de Daniel Arias: Más detalles sobre el radar británico instalado en Tierra del Fuego.

Las IAs compiten: la puja entre ChatGPT y Gemini 3

0

Los avances de la Inteligencia Artificial parecen ocurrir en un abrir y cerrar de ojos. Según informa la revista digital The Decoder, OpenAI prepara lanzar la próxima semana un nuevo modelo de razonamiento que estaría por delante de Gemini 3.

En noviembre, Alphabet, la empresa matriz de Google, presentó su última versión de IA, Gemini 3. Tras pruebas estándar, el nuevo modelo superó en algunos aspectos a ChatGPT, de OpenAI.

Desde 2022, OpenAI lideraba la carrera en el ámbito de la IA, tras dejar al público sin palabras con ChatGPT. Fue un triunfo sobre el gigante Alphabet, considerado hasta entonces el líder en inteligencia artificial.

A partir de ahí comenzó la carrera por la supremacía en el mercado de la IA. Hoy no está claro si OpenAI aún conserva ventaja, pero su reacción fue drástica.

Sam Altman, CEO de la compañía, declaró un «Código Rojo» en una carta interna, según The Wall Street Journal citando a The Informant. En la carta, Altman exigió a sus empleados a enfocarse en ChatGPT y relegar otros productos.

Ya no se trata solo de tener el mejor modelo

«Ahora no se trata únicamente de desarrollar los mejores modelos, sino también de asegurar acceso a potencia de cálculo y como generar ingresos», afirma Adrian Cox, analista de Deutsche Bank Research. OpenAI lideró inicialmente porque durante uno o dos años tras el lanzamiento de ChatGPT tuvo los mejores modelos.

Sin embargo, otros modelos están alcanzando a OpenAI y tienen la ventaja de estar vinculados a grandes empresas, como Gemini. «Disponen de enormes capacidades de distribución gracias a una base masiva de usuarios y de potentes recursos computacionales mediante numerosos centros de datos», añade Cox.

ChatGPT aún cuenta con más de 800 millones de usuarios semanales, según Altman. Alphabet, por su parte, integra Gemini 3 directamente en su buscador, su principal fuente de ingresos. La app Gemini llega a más de 650 millones de usuarios mensuales, según Sundar Pichai en el blog de Google. «Más del 70 % de los clientes de la nube usan nuestra IA, 13 millones de desarrolladores han trabajado con nuestros modelos generativos, y eso es solo una muestra del impacto», afirma Pichai.

¿Cuándo saldrá OpenAI de los números rojos?

Mientras Google tiene múltiples vías para generar ingresos, OpenAI depende de monetizar sus modelos. Actualmente gana dinero con suscripciones para acceder a las últimas versiones de ChatGPT y con empresas que integran sus soluciones. Microsoft, gran inversor en OpenAI, también incorpora la IA en sus productos. Aun así, OpenAI no es rentable, según declaraciones atribuidas a Altman.

OpenAI no publica cifras de ingresos ni beneficios, pero en verano habría indicado a inversores que no espera beneficios hasta 2030, comentó Cox.

HSBC ofrece una visión menos optimista: aunque el ingreso podría crecer hasta 213 mil millones de dólares en 2030, los costos también aumentarían, generando pérdidas superiores a 70 mil millones, según estimaciones citadas por Financial Times.

Según pronósticos, es muy probable que Google mantenga el mejor modelo el próximo año, no OpenAI, afirma Cox.

«La gran tarea de OpenAI es crear un modelo de negocio que genere ingresos suficientes para sostener pronto mil millones de usuarios semanales», añade. Las suscripciones no parecen suficientes, por lo que OpenAI explora alternativas.

Precios bajos desde China

China avanza con determinación en la carrera. Baidu presentó en septiembre su modelo DeepSeek, que según la empresa iguala el rendimiento de GPT-5 y Gemini 2.5 Pro. China sigue su estrategia de introducir productos a precios muy bajos en mercados occidentales, como hizo con energía solar, acero y autos eléctricos. Jensen Huang, CEO de Nvidia, advirtió en X que China podría ganar la carrera: «China está solo nanosegundos detrás de EE. UU. en IA».

«Vemos una división del mercado entre modelos pequeños, baratos y adaptables para tareas específicas, y grandes modelos sofisticados como los de OpenAI”, concluye Cox. «No creo que uno sustituya al otro; cuanto más inteligencia haya disponible, más aplicaciones surgirán».

Insa Wrede

A casi 15 años de Fukushima, el debate sobre la energía nuclear, de cara al futuro

0

Casi 15 años después de Fukushima, los defensores y detractores de la energía nuclear siguen profundamente divididos sobre la gravedad del accidente y la energía nuclear en general.

El 11 de marzo de 2011, un terremoto de más de 9 grados en la escala de Richter sacudió la costa este de Japón. El terremoto provocó un tsunami cuyas olas alcanzaron más de 40 metros en su punto más alto y más de 15 metros en la central nuclear de Fukushima Daiichi, donde superaron el dique de 10 metros de altura e inundaron los generadores diésel de emergencia, que eran la principal fuente de energía de reserva de la central, que ya había perdido la conexión con la red eléctrica. Aunque la central se apagó, el combustible de los reactores siguió produciendo calor de desintegración, evaporando gradualmente el agua en la que estaba sumergido inicialmente. Esta agua de refrigeración siguió hirviendo y evaporándose hasta que el combustible quedó al descubierto y comenzó a fundirse.

Tres de los reactores de la central sufrieron fusiones parciales (unidades 1, 2 y 3). El hidrógeno generado por el combustible sobrecalentado se inflamó, provocando explosiones en tres edificios de reactores (unidades 1, 3 y 4) y una dispersión generalizada de la radiactividad. Se necesitaron tres meses de incansables esfuerzos antes de que el personal de la central pudiera restablecer la refrigeración automática de las unidades dañadas y otros seis meses antes de que los reactores fueran declarados estables y en estado de «parada fría». Las medidas provisionales necesarias para restablecer la estabilidad de los reactores generaron más de 350 millones de galones de agua contaminada, que ahora se está filtrando, diluyendo y vertiendo al océano Pacífico. Los radionucleidos liberados durante las explosiones de los edificios de los reactores siguen contaminando el suelo y el aire de las localidades más cercanas a la central de Fukushima Daiichi, y las labores de descontaminación continúan.

Más de 150 000 personas fueron evacuadas de la prefectura de Fukushima en 2011. Las últimas estimaciones de noviembre de 2024 indican que más de 24 000 evacuados siguen desplazados, habiéndose reasentado fuera de la zona.

Muchos defensores de la energía nuclear describen los acontecimientos que tuvieron lugar en la central de Fukushima Daiichi como un «accidente» de probabilidad extremadamente baja o, más concretamente, como un «accidente más allá de los supuestos de diseño» causado por una serie de acontecimientos altamente improbables y ajenos al control humano. Estos defensores también describen las consecuencias del accidente como un éxito, ya que no provocó ninguna muerte inmediata relacionada con la radiación. Sin embargo, para los detractores de la energía nuclear, el mero nombre de la prefectura de Fukushima se ha convertido en sinónimo de desastre, un desastre que consideran nada inesperado y que muchos describen como un «accidente normal», lo que significa que era inevitable (Perrow, 2011).

Los defensores de la energía nuclear utilizan la experiencia de Fukushima como prueba de por qué la energía nuclear no solo debe seguir utilizándose, sino que debe utilizarse a una escala mucho mayor, si el peor resultado posible es un accidente como el de Fukushima. Los críticos consideran que el desastre de Fukushima es una condena total de la energía nuclear, y piden no solo que se detengan los nuevos proyectos de reactores, sino también que se cierren los reactores existentes. Ambas partes, aunque aparentemente se basan en los mismos hechos, los interpretan de manera muy diferente para llegar a sus conclusiones, sin que ninguna de ellas ofrezca una visión completa.

Desde sus inicios, el debate sobre la energía nuclear se ha caracterizado por una polarización extrema, con defensores y detractores que parecen habitar mundos separados al formular afirmaciones radicalmente diferentes sobre el futuro de la energía nuclear. Al formular estas afirmaciones, defensores y detractores no dialogan entre sí con la esperanza de aprender, sino que tratan de evangelizar, buscando convencer a la otra parte de lo que consideran verdades universales sobre la energía nuclear.

Estas afirmaciones de verdad absoluta se basan con frecuencia en la emoción, en imágenes apocalípticas, en una lógica rígida y en la separación de hechos relacionados (lo que llamamos «fisión retórica») o en la conexión de hechos fragmentados (lo que llamamos «fusión retórica»). Esas afirmaciones suelen estar alejadas de las experiencias vividas —positivas y negativas— de las personas afectadas por la energía nuclear, ya sea a través de los beneficios de un mayor acceso a una electricidad fiable y la reducción de la contaminación y las emisiones de gases de efecto invernadero o, en el lado negativo, a través de accidentes en centrales eléctricas, la extracción de uranio y el almacenamiento de combustible nuclear usado.

Aquí defendemos una forma diferente de debatir las numerosas cuestiones relacionadas con el uso de la energía nuclear para suministrar electricidad, una forma que va más allá de la retórica de la fisión y la fusión y reconoce la incertidumbre y la naturaleza local de la cuestión. Este modelo pide a los defensores y detractores que piensen más allá de sus identidades como defensores y aporten voces y formas de evidencia hasta ahora desconocidas a una co-creación deliberativa del futuro del planeta.

Cómo surgió el debate nuclear

En Estados Unidos, el movimiento antinuclear comenzó en la década de 1950 como respuesta a los ensayos con armas nucleares. Entre 1945 y 1992, Estados Unidos llevó a cabo 1054 ensayos nucleares, 210 de los cuales fueron ensayos atmosféricos. Las protestas antinucleares se intensificaron con el aumento de las pruebas atmosféricas de armas, especialmente después de que las realizadas en el atolón de Bikini, en las Islas Marshall, provocaran lluvia radiactiva y efectos generalizados, aunque no reconocidos, sobre la salud de las comunidades locales.

El Comité para la Acción No Violenta (CNVA) se formó en 1957 en respuesta al programa estadounidense de pruebas con armas nucleares. Se convirtió en el primer grupo en utilizar métodos no violentos para oponerse a las pruebas con armas nucleares, a menudo intentando entrar o entrando en instalaciones cerradas de pruebas con armas nucleares. En 1957, sus miembros intentaron entrar en la zona de pruebas nucleares Camp Mercury, cerca de Las Vegas, y en 1958 hicieron otro intento de entrar en el campo de pruebas de Eniwetok, en las Islas Marshall. Años más tarde, los intentos del CNVA de entrar en estos lugares cerrados de pruebas de armas inspirarían las protestas de Greenpeace.

Los miembros de Greenpeace (que inicialmente se autodenominaban «Comité No hagáis olas») navegaron hasta Alaska (en un barco llamado Greenpeace) en 1971 para detener una segunda prueba nuclear en la isla de Amchitka. El activismo de Greenpeace contra las pruebas nucleares se extendió también a otros países. En Francia, el activista de Greenpeace David McTaggart desempeñó un papel fundamental en la suspensión de las pruebas nucleares francesas en el Pacífico. El activismo de Greenpeace, que comenzó centrándose en las armas nucleares, pasó a centrarse también en el vertido de residuos radiactivos cuando, en 1993, un barco de Greenpeace documentó cómo un buque de la Armada rusa vertía residuos radiactivos en el mar de Japón, infringiendo el Convenio de Londres, un tratado internacional creado para controlar los vertidos en el océano (McCullagh, 1995).

En 1961, un grupo conocido como Women’s Strike for Peace (Huelga de Mujeres por la Paz) movilizó a unas 50 000 mujeres para que marcharan en protesta contra las armas nucleares en más de 60 ciudades de Estados Unidos. Esta organización comenzó a vincular las cuestiones relacionadas con las armas nucleares con la salud y las experiencias vividas por la gente común. Utilizaron lemas como «Acabemos con la carrera armamentística, no con la raza humana» y «Leche pura, no veneno». Como organización compuesta principalmente por madres, la Huelga de Mujeres por la Paz estaba especialmente preocupada por los efectos de las pruebas de armas en la salud de los niños. Esta estrategia de vincular los argumentos contra las armas nucleares con cuestiones cotidianas de salud y seguridad se impondría en todas las organizaciones durante algún tiempo.

En la década de 1960, la industria de la energía nuclear comenzó a despegar. Los reactores de agua ligera se habían convertido en el diseño líder en Estados Unidos, y los diseñadores de reactores y las empresas eléctricas estaban ampliando los diseños iniciales para centrales capaces de generar cientos de megavatios de electricidad. Durante este mismo periodo, grupos ecologistas como Friends of the Earth y Sierra Club comenzaron a expresar su preocupación por la energía nuclear.

Aunque inicialmente era proenergía nuclear, el Sierra Club comenzó a oponerse a ella a finales de la década de 1950, concretamente en lo que respecta a la central nuclear de Bodega Head, proyectada por Pacific Gas and Electric para un emplazamiento costero en el norte de California. Este proyecto se detuvo finalmente como resultado de la oposición del club y de los esfuerzos de las bases, que alegaban preocupaciones sobre la proximidad de la central propuesta a la falla de San Andrés. En ese momento, el Sierra Club no expresó un rechazo generalizado a la energía nuclear, y el grupo apoyó el uso de la energía nuclear en otros casos. Pero un segundo proyecto de central nuclear, Diablo Canyon, en la costa central de California, que finalmente se construyó, dividió al club, ya que muchos, incluido el entonces director ejecutivo David Brower, creían que el Sierra Club debía adoptar una postura más radical contra la energía nuclear (Wellock, 1992). (El club adoptó oficialmente una postura antinuclear en 1974 y amplió esa postura para incluir la oposición a la energía de fusión en 1986, aunque parece que su postura sobre la fusión está ahora cambiando).

En 1969, Brower, enfrentándose a la oposición de la junta directiva del Club, se marchó para fundar una nueva organización, Amigos de la Tierra, que desde sus inicios planteó la oposición a la energía nuclear como parte fundamental de su misión, una postura que mantiene en la actualidad. Desde su fundación, la organización ha liderado campañas para cerrar los reactores existentes y evitar la construcción de otros nuevos. Para ello, combinó el cabildeo, la educación pública y la acción directa con gran eficacia.

Las iniciativas de educación pública puestas en marcha por las organizaciones antinucleares compartían una característica común con iniciativas similares lanzadas por los defensores de la energía nuclear: ambas partían de la base de que el público era ingenuo y carecía de conocimientos sobre la energía nuclear y, salvo contadas excepciones, esgrimían argumentos universales, enmarcando sus posturas sobre la energía nuclear como la única respuesta posible para el futuro de la tecnología.

En la década de 1970, los grupos ecologistas estadounidenses comenzaron a pedir una moratoria en la construcción de centrales nucleares, y grupos regionales como la Alianza SHAD (Sound-Hudson Against Atomic Development) obtuvieron un amplio apoyo tras el accidente de Three Mile Island en 1979. SHAD logró cerrar la central nuclear de Shoreham, en Nueva York, antes incluso de que entrara en funcionamiento.

Aunque estos esfuerzos no condujeron a una prohibición nacional de la energía nuclear, muchos estados adoptaron moratorias sobre la construcción de centrales nucleares, estableciendo condiciones que restringían la construcción de nuevas centrales nucleares. La moratoria de California de 1976 sobre la energía nuclear, por ejemplo, restringió la construcción de nuevas centrales nucleares hasta que se creara un plan federal para la eliminación de residuos nucleares. Las moratorias aprobadas por Kentucky (1984), Wisconsin (1983) e Illinois (1987) citaban la ausencia de un plan federal de gestión de residuos nucleares. Cabe destacar que los tres estados han derogado total o parcialmente sus moratorias para permitir la construcción de nuevas centrales nucleares, y la derogación parcial de Illinois permite específicamente la construcción de reactores modulares avanzados y pequeños. En el momento de redactar este artículo, nueve estados de Estados Unidos siguen teniendo moratorias sobre la construcción de nuevas centrales nucleares.

Aunque tienen su origen en Estados Unidos, muchos grupos ecologistas y antinucleares han tenido una influencia significativa en otros países. En 1976, Greenpeace, el Sierra Club, Friends of the Earth y otros 20 grupos ecologistas se unieron para formar la «Campaña por un futuro sin energía nuclear», cuyo objetivo era oponerse al desarrollo de la energía nuclear en Nueva Zelanda y promover el uso de energías renovables.

Otra organización fundamental en el debate nuclear es la Unión de Científicos Preocupados (UCS, por sus siglas en inglés). Fundada en 1969 por profesores y estudiantes del Instituto Tecnológico de Massachusetts, la organización combinaba conocimientos científicos, activismo y ecologismo. Sus fundadores abogaban por que la investigación científica se utilizara para la preservación del medio ambiente y no para el desarrollo de tecnologías militares, incluidas las armas nucleares. La UCS pronto desempeñaría también un papel importante en un debate clave sobre la energía nuclear.

En muchos países, los movimientos antinucleares comenzaron como protestas locales contra instalaciones específicas y crecieron hasta alcanzar un alcance nacional, cobrando impulso tras los accidentes de Three Mile Island y Chernóbil. En Alemania, el movimiento antinuclear comenzó en la década de 1970 con la oposición a un proyecto de energía nuclear en la ciudad de Wyhl (Glaser 2012). En Francia, en 1971 comenzaron las protestas a gran escala contra los planes para construir el primer reactor de agua ligera en Bugey (Tompkins 2016). También en Australia comenzaron en la década de 1970 las protestas contra la extracción de uranio y la propuesta de construir la central nuclear de Jervis Bay (Candela 2017). En muchos países europeos, estos movimientos locales obtuvieron el apoyo de grupos ecologistas nacionales y contribuyeron a configurar la política energética. Estos movimientos llevaron a la decisión de eliminar gradualmente la energía nuclear en Italia, Suecia, Bélgica y España. (La aplicación de estos planes de eliminación gradual ha variado, y Bélgica y Suecia han revertido recientemente su postura nacional al respecto). Tras el accidente de Fukushima en 2011, Alemania se embarcó en un plan para cerrar todas sus centrales nucleares.

Durante este periodo de creciente oposición, la industria nuclear encontró algunos aliados inesperados. Inspirado por el programa Átomos para la Paz, el astrofísico Heinz Haber escribió en 1956 el libro «Nuestro amigo el átomo». El libro, sobre los beneficios de la energía nuclear, fue ilustrado por más de 20 ilustradores de los estudios Walt Disney. (Haber era asesor científico del fundador de los estudios, Walt Disney). También formó parte de un episodio de casi una hora de duración de la serie de televisión Disneyland. El libro y el episodio fueron un esfuerzo por rehabilitar al átomo, tras la destrucción de Hiroshima y Nagasaki y las continuas campañas contra los ensayos con armas nucleares. En su escrito, Haber reconoció que el átomo se había convertido en un «villano magnífico», pero también señaló que el poder del átomo podía aprovecharse «para el bienestar de toda la humanidad» (Haber, 1957).

El libro concluía con tres capítulos en los que se describían los tres deseos que el átomo concedería a la humanidad: energía, alimentos y salud, y paz. El libro de Haber y el episodio de Disneyland presentaban una visión utópica e inevitable de la energía nuclear, sin admitir los retos realistas que suponía la ampliación de la energía nuclear como fuente de energía.

En sus esfuerzos por promover la energía nuclear, la industria nuclear recurrió a los investigadores en busca de orientación sobre cómo interactuar con el público. A finales de la década de 1960, las investigaciones emergentes sobre la percepción del riesgo afirmaban que el público rara vez era «racional» a la hora de sopesar los riesgos de las distintas tecnologías. En cambio, los estudios revelaron que la percepción del riesgo por parte del público está impulsada en gran medida por las emociones. Las investigaciones demostraron que el público estaba dispuesto a asumir mayores niveles de riesgo en actividades voluntarias que en actividades involuntarias, y que los sentimientos de temor y falta de control aumentaban la sensibilidad al riesgo, lo que llevaba a las personas a centrarse en un mal resultado en lugar de en la probabilidad de que se produjera, una probabilidad que podía ser ínfima (Slovic, 2016). Una rama de la investigación, dirigida por el destacado físico y experto nuclear Chauncey Starr, se basaba en lo que hoy conocemos como el «modelo del déficit», que sugería que la percepción del público sobre el riesgo de una tecnología se basaba en un déficit de conocimiento.

Starr sugirió que la percepción pública del riesgo podía mediarse y gestionarse mediante una mejor educación y publicidad (Starr, 1969). La industria nuclear aprovechó estos hallazgos y lanzó campañas para educar al público sobre la energía nuclear. Esta forma de interactuar con el público se convirtió en la norma y persistió durante décadas. Podría decirse que persiste en la actualidad. En la década de 1980, tras el accidente de Three Mile Island, varias empresas de energía se unieron para formar el Consejo Estadounidense para la Concienciación Energética. En sus anuncios, el consejo, en un esfuerzo por ganarse la aprobación del público, vinculó la energía nuclear a otra cuestión destacada: la dependencia del petróleo extranjero.

Aunque los defensores y detractores de la energía nuclear crearon discursos separados, rara vez admitiendo la existencia del otro, hay al menos un caso de colaboración entre ambos que condujo inequívocamente al bien público al mejorar tanto el diseño como la gobernanza de las tecnologías de energía nuclear. En 1972, la Comisión de Energía Atómica de Estados Unidos convocó audiencias sobre el diseño de los sistemas de refrigeración de emergencia del núcleo, una medida de seguridad vital en los reactores nucleares. Las audiencias se convocaron tras la controversia sobre las normas de seguridad de la AEC. La AEC se había diseñado con dos misiones contradictorias: regular y promover la energía nuclear. Las audiencias revelaron que estas misiones contradictorias habían comprometido fundamentalmente a la AEC, ya que la rama de desarrollo ralentizaba o retiraba la financiación a la labor de la rama reguladora.

Antes y durante los dos años que duraron las audiencias, miembros de la AEC colaboraron con la Unión de Científicos Preocupados (UCS) para sacar a la luz información que se había ocultado. Los representantes de la UCS en las audiencias, Daniel Ford (economista) y Myron Cherry (abogado), no tenían formación técnica formal, pero recibieron asesoramiento de disidentes de la AEC e investigadores nucleares de los laboratorios de la AEC. Estos disidentes proporcionaron documentos ocultos y ayudaron a los representantes de la UCS a preparar sus argumentos sobre los defectos de diseño y simulación de los sistemas de refrigeración de emergencia del núcleo.

Las audiencias condujeron finalmente al colapso de la AEC y a la creación de agencias reguladoras y de desarrollo independientes. También dieron lugar a nuevas normas de seguridad para los sistemas de refrigeración de emergencia del núcleo, que eran vitales a la luz de la continua expansión de la energía nuclear (Wellock 2012). Nada de esto habría sido posible sin la colaboración entre los bandos «anti» y «pro» nucleares. Lamentablemente, esta colaboración solo supuso una breve tregua. Pero tal vez esta insólita alianza entre los disidentes de la AEC y los activistas de la UCS presente un modelo de colaboración que podamos reutilizar en la actualidad.

Cómo es actualmente el debate a favor y en contra de la energía nuclear

Las estrategias retóricas aplicadas por los bandos a favor y en contra de la energía nuclear presentan similitudes notables. Los opositores a la energía nuclear, empezando por los activistas contra las armas nucleares, tendían a vilipendiar a las personas y organizaciones a favor de la energía nuclear y a presentar a los activistas antinucleares como «agentes morales» y defensores del medio ambiente y la salud pública (Blain, 1991). Por su parte, los defensores de la energía nuclear han presentado y siguen presentando narrativas sobre la «necesidad e inevitabilidad de la energía nuclear» (Kinsella, 2015), a menudo vinculando la energía nuclear con cuestiones sobre las que existe un consenso más amplio, como la lucha contra el cambio climático, el acceso y la seguridad energética y, más recientemente, la alimentación de la inteligencia artificial.

A lo largo de esta historia y del pasado reciente, los ejemplos de discurso polarizado tienden a dividirse en cinco categorías: argumentos basados en las emociones, imágenes apocalípticas, lógica rígida, separación de hechos relacionados (fisión retórica) o combinación estratégica de la energía nuclear con cuestiones más aceptables (fusión retórica).

Utilizamos el término «fisión retórica» para referirnos a argumentos en los que se desconectan ideas que no son lógicamente separables para promover un argumento. Por ejemplo, afirmar que el accidente de Fukushima es una historia de éxito porque no hubo muertes relacionadas con la radiación separa los numerosos resultados desastrosos del accidente de un único hecho relacionado con la radiación. Aunque técnicamente correcto, el argumento ofrece una imagen incompleta del suceso y, para muchas personas, suena falso. La fusión retórica, por otro lado, combina argumentos nucleares con otras cuestiones como forma de ganarse la aceptación del público. Por ejemplo, promover un argumento antinuclear asociando la energía con las armas. El argumento es erróneo en lo que respecta a Estados Unidos, donde la energía nuclear civil y el arsenal nuclear militar llevan mucho tiempo desvinculados explícitamente entre sí.

Los argumentos emocionales y apocalípticos suelen surgir de las organizaciones antinucleares. El Sierra Club se describe a sí mismo como «inequívocamente opuesto a la energía nuclear». En su declaración sobre la energía nuclear, el Sierra Club señala que la seguridad nuclear, la proliferación nuclear y el almacenamiento a largo plazo de los residuos nucleares hacen que «la energía nuclear sea una tecnología energética especialmente peligrosa para la humanidad». La declaración de Greenpeace sobre la energía nuclear afirma que la energía nuclear «no tiene cabida en un futuro seguro, limpio y sostenible». La organización describe la energía nuclear como cara y peligrosa y afirma que «el hecho de que la contaminación nuclear sea invisible no significa que sea limpia». En otro ejemplo, Amigos de la Tierra describe la energía nuclear como «una solución lenta y costosa a la crisis climática» y «una solución que genera residuos nocivos para los que no tenemos respuesta».

Las organizaciones profesionales y industriales del sector nuclear —como la Sociedad Nuclear Estadounidense, el Instituto de Energía Nuclear, el Instituto de Investigación de Energía Eléctrica y el Instituto de Operaciones de Energía Nuclear— llevan mucho tiempo favoreciendo el uso pacífico de la energía nuclear. Sin embargo, recientemente ha surgido un nuevo grupo de personas y organizaciones a favor de la energía nuclear que no está formado por ingenieros nucleares ni profesionales del sector. Estos grupos consideran que su apoyo a la energía nuclear es fundamental para su identidad. Y aquí vemos ejemplos de fusión retórica, que introduce la política de identidad en los argumentos nucleares. Por ejemplo, Mothers for Nuclear, fundada en 2016, afirma que, tras «muchos años de cuestionamientos y trabajo en la última central nuclear que queda en California», los miembros del grupo cambiaron de opinión sobre la energía nuclear y ahora «apoyan la energía nuclear como nuestra mayor y más prometedora fuente de energía limpia, vital para abordar algunos de los mayores retos de nuestro mundo: el cambio climático, la contaminación atmosférica y la pobreza energética». El Breakthrough Institute afirma que las tecnologías nucleares avanzadas prometen «energía limpia y confiable con sólidos perfiles de seguridad y beneficios crecientes para la seguridad energética, el clima y el desarrollo económico», al tiempo que señala que estos beneficios «requieren un sistema regulatorio que esté equipado para otorgar licencias a tecnologías modernas a gran escala y superar los obstáculos comerciales».

Las campañas a favor de la energía nuclear más recientes muestran una amalgama de argumentos, combinando fragmentos de historias nucleares con elementos de la cultura pop y la ciencia para crear narrativas nucleares persuasivas. Las personas a favor de la energía nuclear, autodenominadas e incluso descritas por otros como «influencers nucleares», se han vuelto virales en Instagram y TikTok por sus comentarios accesibles sobre la energía nuclear. Una de estas influencers nucleares, Isabelle Boemeke, describe su trabajo como «una intersección entre el arte, la ciencia y el activismo» y «una inspiración para que los seres humanos resuelvan los problemas del mundo con optimismo». Creó su personaje Isodope para «defender la electricidad nuclear como solución al cambio climático y la desigualdad energética». Otros influencers nucleares que se identifican como millennials y miembros de la generación Z también han saltado a la fama.

Tanto los defensores como los detractores han intentado encontrar un lugar en el espíritu de la época a través del cine. Dos ejemplos recientes son Atomic Bamboozle (un cortometraje antinuclear de 2023 que se proyectó como parte de la serie de películas Nuclear-Free del Sierra Club) y Nuclear Now (un documental pronuclear de 2022 que se proyectó en varios campus universitarios de Estados Unidos).

Ambas partes dan a entender que sus argumentos pretenden ser universales. Para las organizaciones antinucleares, no hay ningún momento ni lugar en el que la energía nuclear sea deseable. Para los defensores e influyentes pro-nucleares, un mundo sin energía nuclear es inconcebible.

Lo que falta notablemente en este debate son las voces de las personas que no tienen un micrófono público y aquellas que no se alinean ideológicamente con ninguno de los dos bandos.

Cambiar los términos del debate para un futuro nuclear mejor

El debate nuclear debe cambiar, y proponemos una estrategia que puedan aplicar ambas partes. Abogamos por incorporar nuevas voces a la conversación y por poner en diálogo los puntos de vista opuestos. En concreto, proponemos una participación estratégica y generalizada de la comunidad como una forma de alejar el debate del absolutismo, el dramatismo y otras estrategias infructuosas descritas anteriormente. Reconocemos que la participación de la comunidad no es algo nuevo en el contexto nuclear, pero tampoco es la norma, y hasta la fecha casi siempre ha sido iniciada por expertos que buscan la aprobación de un proyecto nuclear.

Durante muchos años, la industria nuclear ha funcionado según el modelo «decidir-anunciar-defender» para la ubicación de nuevas instalaciones. Por supuesto, este enfoque ha encontrado mucha oposición, retrasos en los proyectos y, en algunos casos muy conocidos, como el depósito de residuos de Yucca Mountain, un rechazo total. Este enfoque para encontrar un depósito de residuos nucleares ha sido sustituido en gran medida por la ubicación basada en el consentimiento, aunque algunos argumentan que obtener el consentimiento no es suficiente. En particular, en la comunidad de la energía de fusión, la atención se ha desplazado hacia la obtención de la licencia social (Hoedl 2022), o la aceptación pública continua, para un proyecto en un contexto determinado. La licencia social se establece en gran medida mediante la creación de vías de confianza para la comunicación bidireccional entre las comunidades y los expertos, incluyendo oportunidades para aprender unos de otros. Se trata de estrategias valiosas, pero es importante señalar que este modelo sigue funcionando bajo una rúbrica de persuasión: los expertos tratan de persuadir a los no expertos para que acepten y mantengan un proyecto de energía nuclear.

Abogamos por la participación de la comunidad como estrategia para escuchar y aprender sin intención de persuadir. Estas participaciones no se centrarían ni se iniciarían deliberadamente en torno a una instalación o emplazamiento propuestos. En cambio, se centrarían en actividades de aprendizaje conjunto, en las que expertos de ambos lados del debate nuclear compartirían información sobre la energía nuclear y los miembros de la comunidad compartirían historias sobre su comunidad. Tanto los defensores como los detractores de la energía nuclear podrían crear «comités de escucha» en sus organizaciones para generar confianza, establecer comunicación e incluso empoderar a las comunidades para que inviten a proyectos nucleares a su región, en lugar de al revés. Alternativamente, las comunidades que no están interesadas en la infraestructura nuclear llegan a esa postura a través de la deliberación interna y se la comunican a los desarrolladores. Este proceso puede apoyar la toma de decisiones a nivel local, en lugar de la situación actual, en la que se sacrifican el contexto y los matices en un esfuerzo por ganar el debate y las decisiones se transforman en movimientos nacionales, como ha sido el caso tanto de los esfuerzos antinucleares como de los pronucleares.

En nuestra investigación y enseñanza sobre la participación comunitaria, también hemos descubierto que las actividades colaborativas de «creación de futuro», es decir, las propuestas que invitan a las personas a imaginar escenarios futuros deseables, pueden ser una forma poderosa de desentrañar las diferencias de perspectiva y encontrar puntos en común (Verma, Snyder y Daly, 2024). Cuando se incluye esta estrategia en la participación comunitaria, hemos visto cómo personas de ambos lados del debate nuclear cambian de opinión y se abren a ideas que nunca hubieran imaginado. La historia nos enseña que es posible encontrar puntos en común incluso en los temas más controvertidos. La improbable colaboración entre los detractores de la AEC y los activistas de la UCS descrita anteriormente es un ejemplo de ello; proponemos un modelo para fomentar más colaboraciones de este tipo y resolver nuestras diferencias de larga data en aras del bien común.

Al mismo tiempo, la participación de la comunidad puede dar voz a las personas que han convivido con la energía nuclear y sus repercusiones, para bien y para mal, y esas opiniones pueden ayudarnos a alejarnos del polarizado debate actual. Los residentes de Fukushima (Japón), por ejemplo, tienen una valiosa perspectiva sobre los riesgos y las oportunidades reales de la energía nuclear. En nuestra experiencia en Japón este verano, los residentes locales compartieron perspectivas matizadas e inesperadas sobre cómo vivieron el accidente de Fukushima Daiichi y sus consecuencias. En muchos casos, los residentes expresaron su gratitud por la energía proporcionada por el reactor y por las lecciones aprendidas a raíz del accidente. Y aunque los paneles solares y las turbinas eólicas han sustituido a la energía nuclear en esta zona, algunos esperan que la energía nuclear vuelva. Otras personas, por supuesto, no apoyaban la energía nuclear, tras haber sido testigos del desplazamiento masivo, la pérdida de seres queridos y un esfuerzo de descontaminación continuo sin un final a la vista. Pero incluso aquellos que no la apoyaban no esgrimían argumentos irracionales en contra de la energía nuclear. Al final de nuestras conversaciones, los miembros de la comunidad, con diferentes perspectivas, compartieron un picnic al aire libre, sabiendo que el futuro energético de Fukushima es incierto, pero también que las perspectivas de la comunidad forman parte del debate para la toma de decisiones.

Reconocemos que muchas organizaciones pueden descartar nuestra propuesta por motivos de tiempo, costo o eficiencia. En última instancia, el polarizado debate en torno a la energía nuclear está ocultando un hecho sencillo: nuestro futuro energético común es incierto. Argumentar de forma más enérgica o agresiva no va a cambiar esa situación. La voluntad de aportar nuevas perspectivas, considerar ideas contrarias y aceptar la incertidumbre puede ser la forma más rápida de alcanzar el futuro energético limpio y seguro que todos imaginamos.

Aditi Verma y Katie Snyder

Renuncia en Ciberdefensa: irregularidades y tensiones en la cooperación estratégica con EE.UU.

0

La abrupta renuncia del subsecretario de Ciberdefensa, coronel (R) ingeniero Marcelo Adrián Ozán, profundizó la crisis abierta en el Ministerio de Defensa por las denuncias administrativas vinculadas a la venta del predio del Comando Conjunto de Ciberdefensa (CCCD) y las presuntas irregularidades en licitaciones de equipos críticos, obras y sistemas de entrenamiento. La dimisión, aceptada por el ministro Luis Petri el pasado 1 de diciembre, llegó apenas 19 días después de la oficialización de su designación, un lapso que expone la creciente presión institucional sobre un área clave para la seguridad nacional.

El decreto 795/2025 había sido publicado el 12 de noviembre con alcance retroactivo al 15 de septiembre, aunque en los hechos Ozán ejerció el cargo desde la fecha del Boletín Oficial. Hasta entonces actuaba como asesor de la subsecretaría, estructura que depende de la Secretaría de Estrategia y Asuntos Militares, liderada por Marcelo Rozas Garay, y que mantiene control funcional sobre el CCCD, bajo mando del general de brigada Luis Guimpel. Todos quedaron bajo escrutinio luego de que la Procuraduría de La primera denuncia advierte presuntas omisiones de deberes de funcionario público, anomalías en los procedimientos y falta de un plan de transición ante la enajenación del predio del CCCD, ubicado en Puerto Madero, uno de los segmentos inmobiliarios de mayor valorización del país. La subasta, realizada por USD 34 millones y ganada por el fideicomiso Madero 6 bajo el marco del Decreto 950/2024, obliga al traslado de la estructura operativa encargada de proteger la infraestructura digital crítica del sistema de Defensa. La PIA remitió cuestionarios al jefe del Estado Mayor Conjunto, brigadier Xavier Isaac, y al propio comandante del CCCD para evaluar las decisiones adoptadas, el eventual deterioro de capacidades y el impacto estratégico de la desarticulación del predio actual.

La segunda denuncia apunta a supuestas irregularidades en licitaciones por USD 21,8 millones para la compra de equipamiento, adecuaciones edilicias y un simulador de entrenamiento. Según la presentación, estas adjudicaciones habrían sido direccionadas a proveedores previamente seleccionados mediante el uso del “secretor militar”. “, figura que impide verificar valores de referencia y limita los controles cruzados. La PIA investiga si se favoreció a determinadas empresas, si existieron sobreprecios y si se vulneraron normas de transparencia en un sector particularmente sensible.

La crisis administrativa coincidiría con un deterioro en los compromisos asumidos con Estados Unidos en materia de ciberdefensa. El 1 de septiembre concluyó la misión en Argentina del asesor estadounidense designado por el Departamento de Estado para elaborar y monitorear el Plan de Acción del País (PAP), documento que articula la Estrategia Nacional de Ciberseguridad con estándares de interoperabilidad militar, desarrollo de fuerza laboral, resiliencia operativa y protección de sistemas críticos. Ese plan, rubricado en 2024 por Petri v Guimoel en presencia del embaiador Marc Departamento de Estado para elaborar y monitorear el Plan de Acción del País (PAP), documento que articula la Estrategia Nacional de Ciberseguridad con estándares de interoperabilidad militar, desarrollo de fuerza laboral, resiliencia operativa y protección de sistemas críticos. Ese plan, rubricado en 2024 por Petri y Guimpel en presencia del embajador Marc Stanley, es considerado un instrumento esencial para consolidar la alineación estratégica con Washington.

Sin embargo, fuentes técnicas del área confirmaron que la Secretaría de Estrategia y Asuntos Militares no distribuyó el PAP entre los principales mandos militares -Estado Mayor Conjunto, Ejército, Armada y Fuerza Aérea-, omisión que habría estancado su implementación. En la última evaluación, realizada el 22 de agosto, el asesor estadounidense Gus Santiago constató que el nivel de madurez cibernética permanecía en el mismo valor de un año atrás: 2.6 sobre la escala adoptada, señal inequívoca de que los objetivos no avanzaron más allá de las formulaciones iniciales.

La falta de progresos amenaza áreas críticas: la protección de sistemas de aviónica avanzada, el blindaje de redes de datos, la seguridad del software operativo de los nuevos cazas F-16 y la capacidad de respuesta ante intrusiones complejas. Para Washington, el cumplimiento del PAP es un requisito para compartir inteligencia de alto nivel, transferir tecnología sensible y cofinanciar proyectos de modernización. En términos diplomáticos, la inacción erosiona la confianza y proyecta dudas sobre la capacidad local para sostener una cooperación de largo plazo.

La renuncia de Ozán se lee así como un síntoma de una estructura que enfrenta cuestionamientos cruzados: sospechas administrativas, tensiones internas en Defensa y alertas externas sobre el estancamiento en la agenda bilateral de ciberseguridad. El Gobierno aún no anunció a su reemplazante, mientras crece la expectativa por conocer si el Departamento de Estado enviará un nuevo asesor o si se congelará temporalmente la asistencia técnica. Para un país que avanza en la modernización de capacidades militares y que necesita reconstruir credibilidad en materia de defensa digital, el vacío en la subsecretaría aparece como un riesgo adicional en un terreno donde las demoras se pagan caro.

Comentario de AgendAR:

Para que los propios EEUU, autor real de la política de ciberdefensa argentina, diga que lo de Petri es un curro inmobiliario, la cosa debe ser muy evidente. Momento de preguntarse ¿cuál es la inmobiliaria que se adueñó de Puerto Madero desde 1993? ¿Se acuerda de alguna, lector?

Una ayudita: en 1993 esa empresa fraguó una venta con testaferros para apropiarse de los terrenos de los astilleros militares TANDANOR y Domecq García.

Un verdadero «win-win-win» para Carlos Menem, La Embajada y aquel estrambótico personaje.

La Flota de Mar dejó de repararse, 4 submarinos TR-1700 quedaron sin construirse, y los recursos humanos especializados en navíos de guerra se desbandaron.

Eso nos costó dos submarinos más: el ARA San Juan, que se hundió en 2017, y su par el ARA Santa Cruz, abandonado en plena reparación de media vida por orden del MinDef.

Los falsos compradores del predio de TANDANOR y el Domecq García anunciaban un barrio chetísimo, más aún que Puerto Madero, en esas 23 hectáreas, las más caras de la Argentina.

Ante las muchas denuncias de curro flagrante, los dos astllleros quedaron sin demoler… pero sin maquinarias valuadas en U$ miles de millones. El Ministro de Defensa las desmontó y las vendió por tonelada, como chatarra. Ni el Congreso de la Nación, sumamente complaciente, quiso tocar el asunto sin ponerse guantes.

Los tribunales penales federales de Comodoro Py durmieron el caso casi 30 años.

Ningún preso a fecha de hoy.

¿Recuerda qué empresario no logró quedarse con aquellos terrenos? Hoy tiene casi un millón de hectáreas desparramadas por medio país.

Pero de sus malandanzas con Menem para quedarse con aquellas hectáreas del Ministerio de Defensa, desde 1993 le quedó la sangre en el ojo. El predio de Ciberdefensa en Puerto Madero es un premio consuelo, nomás.

¿Ahora lo identifica, lector? Sí, exactamente ése.

Daniel E. Arias

Desde el Conicet alertan por un “quiebre” en el sistema científico

0

La Red de Directores de Centros Científicos Tecnológicos del Conicet firmaron un documento para rechazar la eliminación de la convocatoria a Proyectos de Investigación Científica y Tecnológica (PICT), dictada por el Gobierno nacional esta semana, y en defensa del financiamiento público de la ciencia.

En el texto, los miembros del directorio del organismo en representación de las áreas de estudio y del Consejo de Universidades expresaron su “profunda preocupación” por “la anulación de las convocatorias PICT 2022 ya adjudicadas, el cierre de la convocatoria PICT 2023 y el anuncio de una modalidad de convocatoria que desconoce al conjunto de áreas del conocimiento y que excluye en particular a la investigación en ciencia básica”.

En su pronunciamiento remarcaron que la cancelación de los PICT 2022 —proyectos evaluados y aprobados con presupuesto asignado— constituye “un daño irreparable” para la planificación de cientos de equipos científicos en todo el país. A esto sumaron que la exclusión de las ciencias básicas de las nuevas modalidades de financiamiento implica una “visión empobrecedora”, que desconoce que la investigación fundamental es la base sobre la cual se sostiene la innovación genuina.

También advirtieron por el impacto federal de estas medidas. Recordaron que los CCTs, presentes en todas las regiones, dependen de las convocatorias PICT para adquirir equipamiento, insumos, mantener infraestructura y formar recursos humanos. La interrupción de estos fondos —indicaron— deja paralizados numerosos proyectos provinciales y profundiza las asimetrías entre jurisdicciones.

Otro punto cuestionado fue la reducción de la diversidad de instrumentos de la Agencia a una única modalidad de convocatoria, lo que, afirmaron, limita su capacidad de impulsar la investigación, el desarrollo y la innovación a nivel nacional.

El documento recuerda que el sistema científico-tecnológico argentino está conformado por organismos como CONICET, INTA, INTI, CNEA, además de las universidades nacionales y la propia Agencia I+D+i, y que su funcionamiento depende del financiamiento público sostenido. “Se trata de un activo estratégico de la Nación que no puede generar valor sin previsibilidad”, señalaron.

Frente a este escenario, las autoridades de los CCTs solicitaron al Gobierno nacional que revise las decisiones adoptadas y reclamaron tres medidas puntuales: restablecer los compromisos asumidos con los PICT 2022, reabrir y garantizar convocatorias como la de 2023, y sostener un esquema de financiamiento plural y federal que incluya todas las áreas del conocimiento y reconozca la importancia crítica de la inversión científica.

“El sistema requiere estabilidad, previsibilidad y una visión estratégica de largo plazo”, concluyeron, al advertir que la construcción de una ciencia de excelencia solo es posible en un marco de desarrollo productivo y social inclusivo.