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La Secretaría de Asuntos Nucleares propone exportar uranio – Comenta Arias

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El gobierno nacional recibió una propuesta de la empresa estadounidense Nano Energy para realizar una inversión de más US$ 230 millones en la finalización y puesta en operación de la Nueva Planta de Uranio de Dioxitek en Formosa. De aprobarse el proyecto, Nano Energy buscaría calificar el mismo al Régimen de Incentivos a las Grandes Inversiones (RIGI).

El proyecto implicaría un salto cualitativo en las capacidades del ciclo del combustible nuclear, ya que contempla en una segunda etapa producir y exportar hexafloruro de uranio a escala industrial, una novedad para el país.

De hecho, Dioxitek y Nano Energy comenzaron a explorar las posibilidades de esta inversión en agosto del año pasado, tras firmar un memorando de entendimiento que permitió evaluar las capacidades tanto de la empresa argentina como del sector nuclear nacional. El país cuenta con know-how en la conversión de dióxido de uranio a hexafloruro de uranio.

Producto de esos contactos iniciales, un acuerdo terminó de sellarse en la Argentina Week, donde representantes del sector atómico del país participaron de un evento organizado por la Secretaría de Asuntos Nucleares y el Consulado Argentino en Nueva York.

Cuál es el proyecto en la planta de uranio de Dioxitek en Formosa

La empresa de capitales estadounidenses presentó ante el Ministerio de Economía una iniciativa para invertir más de 230 millones de dólares en la finalización de la Nueva Planta de Uranio (NPU) de Dioxitek en Formosa.

La empresa estatal que produce dióxido de uranio seguiría siendo la dueña de la planta y del terreno, transfiriendo su uso a una nueva sociedad con Nano Energy, con el pago de un usufructo por la utilización del activo, según pudo saber este medio.

El proyecto contempla dos hitos principales. El primero consiste en la finalización de la construcción, puesta en marcha y operación de la instalación NPU-1 destinada a la producción de UO₂ (dióxido de uranio).

Esta etapa incluye la adecuación de instalaciones, la incorporación de equipamiento faltante, así como la implementación de todos los sistemas técnicos, operativos y de seguridad necesarios para alcanzar condiciones de operación industrial segura y eficiente conforme a los estándares regulatorios nacionales e internacionales aplicables a la actividad nuclear.

El segundo hito prevé la construcción, puesta en marcha, operación y mantenimiento de una instalación complementaria, para la conversión de UO₂ en UF₆ (hexafloruro de uranio).

El hexafluoruro de uranio es el compuesto que se utiliza como materia prima en el proceso de enriquecimiento de uranio. Las centrales nucleares argentinas utilizan uranio natural como combustible y agua pesada como moderador de la reacción en cadena y refrigerante, por lo que una eventual producción de hexafluoruro sería para abastecer la demanda internacional de combustible con uranio enriquecido.

Precisamente, el proyecto con Nano Energy garantizará la provisión del dióxido de uranio necesario para abastecer las centrales Atucha I-II y Embalse, que demandan unas 230 toneladas anuales, así como también podrá ingresar al mercado mundial hexafluoruro de uranio, cuya demanda es constante y va en aumento.

Dioxitek, una empresa estatal que volvió a ser rentable

La iniciativa con Nano Energy refleja el modelo de inversión privada en proyectos rentables en el sector nuclear que promueve el gobierno. Justamente, el secretario de Asuntos Nucleares, Federico Ramos Napoli, viene de ser gerente y presidente de Dioxitek, en donde lideró el proceso de saneamiento económico de la compañía.

«El objetivo primordial de la Secretaría es reordenar el sector y buscar que las distintas unidades de negocio que pueden surgir a partir del sector tengan una viabilidad económica y comercial, que hasta ahora se mostró en general deficiente», explicó Ramos Napoli en una entrevista a este medio.

La construcción de la NPU en Formosa comenzó en 2014 y estuvo sujeta a multiples retrasos. El secretario de Asuntos Nucleares consideró que el proyecto desde su origen no tenía una viabilidad comercial por su capacidad de producción de dióxido de uranio, superior a la demanda local.

«Un ejemplo puede ser la planta de Formosa, que es la situación sobreanalizada que tuvimos en Dioxitek. Es una planta cuyo plan inicial eran dos líneas de producción de unas 250 toneladas de dióxido de uranio de capacidad nominal por línea, es decir 500 toneladas anuales. Había un problema de la falta de modelo de negocio, porque la demanda agregada de las centrales nucleares argentinas que utilizan dióxido de uranio natural oscila en torno a las 210 toneladas. Tenés 290, 280 toneladas huérfanas», explicó.

Precisamente, el acuerdo con Nano Energy busca redefinir los alcances del proyecto, en una sociedad que habilitará un negocio de exportación.

Nicolás Deza

Comentario de Agendar:

El ABOGADO Ramos Napoli está inexplicablemente al mando del mayor elenco de especialistas nucleares del hemisferio sur, la Omisión Nacional de Energía Atómica.

Para iluminar a semejante banda de opas e ineptos, nos y les explica que vamos a exportar uranio (que tenemos sólo para 30 años de consumo). Yendo más lejos, nos dice que eso lo va a hacer no la Argentina sino una firma canadiense amparada por el vale todo del RIGI, la ley de inmunidad impositiva, laboral, ambiental y social creada por el mileísmo (y patologías políticas de ese palo).

Paciente y pertinaz, nos dice que no vamos a exportar uranio como mineral, sino con el 2 al 4% de valor agregado que implica volverlo hexafluoruro de uranio. Bueno, antes de que Ramos Napoli nos iluminara, el negocio principal de la empresa Dioxitek, estatal, era suministrar dióxido de uranio a CONUAR. El dióxido supone de un 15 a un 25% de agregación de valor respecto del mineral. En la pirámide alimenticia del trabajo generado, eso nos hace subir para abajo.

No es que Dioxitek trabajara mucho: su planta cordobesa transforma octóxido de uranio, ese polvo amarillo llamado «yellow cake», en dióxido, un polvo negro con el que la empresa mixta ARGENTINA Conuar fabrica pastillas muy duras de cerámica de uranio muy puro, que luego carga en complejos manojos de tubitos de circaloy. Esos son los que integran el núcleo de nuestras centrales nucleares. Como usan superaleaciones de zircaloy y técnicas muy exclusivas de extrusión y soldadura de estos materiales, un elemento combustible argentino suponía un 50% de agregación de valor respecto del mineral de uranio. Todo creado con procesos mecánicos, químicos y metalúrgicos argentinos desarrollados entre 1950 y 1984, y que generaban cantidad de empleo calificado, en blanco, bien pago, y de soberanía.

No es una palabra que Ramos Napoli haya usado en sus declaraciones públicas, pero haber tenido esa cadena industrial nos puso siempre a salvo de que EEUU nos hiciera un boicot de combustibles y nos dejara el país en apagón.

¿Por qué nos iba a hacer semejante cosa EEUU? Tal vez Irritado por las múltiples ocasiones en que la Argentina le ganó licitaciones de reactores en siete países repartidos en tres continentes.

Entre nosotros, pese acque coimean a lo bestia al comprador, y a nosotros no nos da el cuero para ello, no es técnicamente tan difícil ganarles. Su tecnología nuclear es carísima, y está 40 años atrasada.

Lo otro que saca de quicio a la tierra de los libres y hogar de los valientes es que en el área nuclear nos son tan necesarios como las garrapatas al perro. Y eso, entre la gente del palo, se sabe en el mundo.

La cuestión es que en 1981 EEUU nos metió un boicot de uranio enriquecido para degollar en la cuna nuestra carrera de exportadores de reactores. De modo que es al cuete especular sobre si los yanquis son capaces de hacernos ese tipo de cagadas.

Soberanía no declamativa es eso: que no te jodan.

A partir de 1984 la Argentina fue autosuficiente en combustibles nucleares, desde la minería a la fabricación de manojos, y -de no creer- Dioxitek tenía un rol dentro de esa cadena.

No lo venía cumpliendo muy bien. Cuando el crecimiento urbano de Córdoba Capital encerró a la fábrica dentro de la trama ciudadana, era hora de hacer los petates y rajarse a sitios menos construidos, donde los ecologistas no la usaran de punching-ball. Dioxitek no lo hizo. Hoy está en líos graves con la municipalidad y la provincia por esa causa, y lo realmente malo es que como propietaria legal de esa criatura, la CNEA va a rodar en esa volteada.

Dioxitek se quedó a medio camino en la mudanza: construyó una planta MUY grande en Formosa. A la que nunca se mudó porque esa unidad bastante desmesura jamás trabajó. A diferencia de la cordobesa, tan llena de ingenieros y laburantes químicos especializados y teajinados, Dioxitek Formosa es habitada por una fauna mayormente administrativa de lánguidos ñoquis provinciales y de los partidos nacionales. Es gente imposible de acusar de trabajo real, o de trabajo, o de conocer el negocio nuclear. Una buena cuna para dirigentes como Ramos Napoli, que hoy le enseña a algunos miles de doctores en física, ingeniería y radioquímica, exportadores de tecnología argentina, cómo ordenar el programa nuclear y nuestra presunta sobreproducción de dióxido de uranio.

Tenemos sólo tres centrales, dos medianas y una chica. Es el programa nucleoeléctrico de 1974. No pudimos hacer ninguna más gracias a la satrapía de vendidos, colonizados mentales y de brutos, o de todo eso junto, como se ha concentrado en la dirección nuclear en estos tiempos libertarios.

No nos sobra uranio. Nos faltan centrales, estúpido

Daniel E. Arias

El Óceano Ártico se está descongelando. Y la geopolítica se calienta

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Desde el aumento de lasemperaturas de la crisis climática hasta el enfriamiento de las relaciones entre los estados del Ártico, las metáforas de calor y frío aparecen con frecuencia en los debates sobre el Ártico.

Los geógrafos políticos Mia Bennett y Klaus Dodds los utilizaron con buen resultado en Unfrozen. El libro abarca una amplia gama de temas, desde la soberanía indígena hasta el desarrollo económico, la infraestructura militar y la investigación científica. Es un relato completo, informativo y entretenido de siglos de cambios climáticos y geopolíticos en el Ártico, y una mirada a lo que el futuro podría deparar.

Bennett y Dodds son conocidos por sus habilidades comunicativas, así como por su experiencia geopolítica; el blog de Bennett, Cryopolitics, ha sido durante mucho tiempo un recurso fiable sobre noticias e investigaciones polares. Hacen que lo complejo sea accesible y lo mundano memorable con citas y anécdotas convincentes en un libro que atraerá tanto al público como a los expertos en política ártica.

Descongelado se centra en las muchas formas en que esta región se está «descongelando», desde el derretimiento del hielo hasta el calentamiento de conflictos previamente fríos, así como la «descongelación de normas y expectativas en torno a quién puede opinar en el Ártico». A pesar del título, el libro dedica poco tiempo a especular sobre el futuro a largo plazo de un Ártico completamente libre de hielo. Más bien, Bennett y Dodds guían con maestría a los lectores a través de los cambios pasados, continuos e inminentes en la región.

Amenazas crecientes

Los autores destacan tres escenarios para el futuro a corto plazo del Ártico: un Ártico extractivo, un Ártico en peligro y un Ártico conflictivo. Estas visiones no son mutuamente excluyentes, sino que están entrelazadas, lo que refuerza por qué «el Ártico es un lugar útil para observar cómo las sociedades y los estados están negociando un orden ambiental y geopolítico».

Un Ártico extractivo se caracteriza por el desarrollo de petróleo y gas, liderado por Rusia y Estados Unidos. Bennett y Dodds señalan la posibilidad de que las actividades extractivas puedan beneficiar económicamente a las comunidades indígenas de Alaska, Canadá y Groenlandia, lo que podría mejorar su posición política en la búsqueda de la soberanía.

Un Ártico en peligro de extinción surge de la «paradoja ártica», por la cual las alteraciones ambientales impulsadas por el cambio climático permiten una mayor extracción de petróleo y gas. Esto agrava la crisis climática y crea un círculo vicioso de extractivismo que se acelera cada vez más hacia un Ártico sin hielo.

Un Ártico hostil vería un creciente conflicto geopolítico y competencia por la influencia en la región polar, que involucraría no solo a los estados del Ártico como Rusia, sino también a países como China y la India. Aunque Bennett y Dodds se abstienen de predecir «un conflicto total en las latitudes septentrionales», los autores identifican un amplio abanico de vulnerabilidades y precedentes históricos.

Los tres escenarios ya se están convirtiendo en realidad, por ejemplo, a medida que el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, continúa impulsando su ética extractiva de «perforar, nena, perforar».

Cambios rápidos

Para saber más sobre qué está impulsando estos cambios, los autores recurren al pasado del Ártico. Llevan a los lectores a un viaje a través de la historia climática de la región, que está experimentando un calentamiento cuatro veces más rápido que el promedio mundial, y hasta siete veces más rápido en algunas partes del Océano Ártico, como alrededor de las islas rusas de Novaya Zemlya. Como resultado, el océano Ártico podría estar libre de hielo en verano para la década de 2050, y algunos investigadores incluso sugieren que esto podría suceder tan pronto como en la década de 2030.

Young people with a red placard protest against US President Trump. Typical Greenland house in the background.
Demonstrators protest against US President Donald Trump’s push to acquire Greenland. Credit: Alessandro Rampazzo/AFP/Getty

Bennett y Dodds reflexionan sobre lo que podría significar un océano Ártico sin hielo para el transporte marítimo internacional o para una futura industria pesquera que busca capitalizar las especies que migran hacia el norte en medio de las cambiantes condiciones climáticas. El tráfico marítimo aumentará, por ejemplo, en el mar de Barents, mientras que en otras zonas la pérdida de hielo marino eliminará las rutas de transporte sobre hielo para muchas comunidades del norte, como destaca conmovedoramente el informe de 2008 del Consejo Circumpolar Inupiat, El hielo marino es nuestra autopista (véase go.nature.com/3ddzarr).

A lo largo del libro, Bennett y Dodds comparten diversas perspectivas de las comunidades locales e indígenas, los responsables de la toma de decisiones políticas y los investigadores. Por ejemplo, Dirk Notz, climatólogo de la Universidad de Hamburgo en Alemania, que estudia el deshielo del mar y el hielo terrestre del Ártico, dijo a los autores que fue «emocionalmente bastante difícil» escribir «Ahora es demasiado tarde» en un informe del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático y reconocer por primera vez que era imposible rescatar el hielo marino del verano ártico. «Ya no es el Ártico real», dijo.

Región en disputa

A medida que los mares y las tierras del Ártico se vuelven más accesibles, las tensiones geopolíticas también se intensifican. Bennett y Dodds señalan que la política de la región actual recuerda a la de la Guerra Fría. Aunque Rusia tiene una larga historia de participación en el Ártico, las tensiones tras la invasión rusa de Ucrania en 2022 provocaron una pausa de casi dos años en las actividades del Consejo Ártico, el principal foro de gobernanza de la región polar. Las actividades suspendidas abarcaban áreas que iban desde la salud humana y la gestión de emergencias hasta la biodiversidad y el cambio ambiental.

La viabilidad y la eficacia del Consejo Ártico volvieron a ponerse en tela de juicio con la reelección de Trump en 2024. Después de casi 30 años de relativa estabilidad en la región, el discurso de Trump y las políticas de su administración, incluido su deseo expreso de comprar o anexionar Groenlandia, podrían suponer un impacto mayor para la diplomacia ártica que la invasión rusa de Ucrania.

En lugar de colaborar con otras naciones árticas, Trump está recortando la financiación de la investigación polar y «alejándose de una visión de un Ártico compartido en favor de un mercantilismo burdo, aranceles, alianzas condicionales y la sospecha de aquellos que no pueden pagar su camino», escriben los autores. Si los foros internacionales, como el Consejo Ártico, no pueden estar a la altura de este momento, los países más pequeños y no árticos se verán obligados a invertir más recursos en la defensa y la seguridad de la región.

Todos estos acontecimientos plantean la siguiente pregunta: ¿tiene el Ártico futuro? Los autores ofrecen una respuesta optimista, mostrando cómo una y otra vez los pueblos indígenas, así como la flora y la fauna del Ártico, han persistido, se han adaptado y han prosperado a pesar de los grandes cambios ambientales y políticos, y en algunos casos gracias a ellos.

Pero, ¿realmente estaremos bien sin el hielo? Al igual que muchos otros investigadores polares, me preocupa y me intriga a partes iguales lo que traerá la realidad de un Ártico sin hielo. Sin embargo, como señalan Bennett y Dodds, «el destino del Ártico no está decidido».

Pase lo que pase, estoy seguro de que algún día explicarán el futuro de un Ártico completamente libre de hielo con la misma pericia y accesibilidad con la que Unfrozen lo ha hecho para el pasado y el presente del Ártico. Mientras tanto, hagamos lo que podamos para proteger esta preciosa región y mantener ese momento a raya.

Charlotte Gehrke

Argentina, 15ª como productora de gas. Perspectivas

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La Argentina alcanzó el puesto 15 en el ranking mundial de productores de gas natural, con una producción anual equivalente a casi 48.000 millones de metros cúbicos, según datos difundidos (en pies cúbicos) por el portal Visual Capitalist.

Esa posición, no obstante, podría cambiar en los próximos años si se consolidan inversiones en infraestructura y se establecen marcos regulatorios que favorezcan el desarrollo del sector. De hecho, para 2035, la Cámara de Exploración y Producción de Hidrocarburos (CEPH) proyecta exportaciones de petróleo y gas por USD 41.758 millones al año si convergen las condiciones financieras y regulatorias que demanda el mercado internacional.

La Argentina dispone de recursos de gas natural para cubrir la demanda local durante más de 200 años y de petróleo por más de un siglo, según datos analizados por la CEPH. La industria energética local, liderada por YPF, persigue el objetivo de convertirse en gran exportador energético hacia 2030.

De acuerdo con un análisis de la CEPH, “por primera vez en la historia el país dispone de recursos para abastecer la demanda local y, a la vez, conformar una plataforma de exportación a gran escala destinada a abastecer la demanda mundial”. El desafío, en tanto, radica en aprovechar una ventana de oportunidad marcada por el crecimiento global de la demanda de gas, mientras las proyecciones internacionales prevén un uso creciente de este combustible al menos hasta el año 2050, impulsado por la sustitución del carbón en la matriz energética mundial.

Contexto y oportunidad

El contexto internacional refuerza esta oportunidad. Las interrupciones en rutas estratégicas de Medio Oriente incrementaron el protagonismo de productores considerados estables, entre los que sobresale Estados Unidos.

La publicación canadiense elaboró el ranking en base a datos de la Administración de Información Energética de EEUU, responsable del 25% de la oferta mundial de gas, con una producción de 37.751 miles de millones de pies cúbicos en 2024. Esta cifra supera en 1,6 veces la producción anual de Rusia, que ocupa el segundo puesto con 22.672 miles de millones de pies cúbicos, y se aproxima a la suma conjunta de Irán y China, terceros en la clasificación.

infografia

La tabla de productores de gas natural ubica a Canadá y Catar en los siguientes puestos, con Australia, Noruega, Arabia Saudita, Argelia, Malasia y Turkmenistán entre los 10 principales. La producción desciende de manera marcada fuera de este grupo, y Argentina aparece como el principal actor sudamericano, junto a Egipto, Uzbekistán, Omán, Nigeria y Azerbaiyán, todos con volúmenes anuales en torno a los 40.000 millones de metros cúbicos.

El liderazgo estadounidense se explica, en parte, por la expansión del gas de esquisto, que multiplicó la producción nacional desde 2005 con la aplicación de técnicas de fracturación hidráulica. La diferencia de producción entre Estados Unidos y Rusia supera el total anual de la mayoría de los países del Top 10, lo que refuerza la influencia de estos países en el comercio global y en el abastecimiento de GNL.

El salto exportador argentino: escenarios de inversión y proyecciones a 2035

La CEPH elaboró tres escenarios posibles para el desarrollo del sector en la próxima década. El expansivo, considerado el más probable para la Argentina, establece que el país podría lograr exportaciones por USD 41.758 millones para 2035, con inversiones anuales de entre USD 12.000 millones y USD 21.000 millones entre 2026 y 2035.

Esta expansión se apoya en el incremento de pozos de shale oil al 11% anual, mayor capacidad de licuefacción para exportar gas natural y mejoras en infraestructura como nuevos oleoductos y gasoductos, esenciales para abastecer tanto el mercado interno como las terminales de exportación.

En este escenario, se prevén importaciones por USD 4.080 millones y un saldo comercial energético de más de USD 37.600 millones, lo que insertaría a la Argentina en el núcleo de proveedores globales.

El informe también contempla otros dos escenarios. Por un lado, el moderado, que prevé exportaciones por USD 22.382 millones en 2035, con inversiones menores. Por el otro, el acelerado, menos probable, anticipa picos de producción e inversiones aún mayores, con exportaciones proyectadas en USD 40.074 millones para 2030.

Para alcanzar el pleno potencial, el sector requiere, según el informe, “un fuerte incremento de la inversión en los próximos años, así como el sostenimiento de precios internos alineados con los valores internacionales y la consolidación de un marco regulatorio que estimule nuevas inversiones”. Restaurar los incentivos fiscales y eliminar retenciones a la exportación son, para la CEPH, medidas centrales para impulsar el salto exportador.

La estrategia nacional se articula con tendencias del mercado global. Mientras las rutas marítimas y la infraestructura de gas en Oriente Medio atraviesan tensiones persistentes, la concentración de la oferta se agrava y los grandes productores sólidos como Estados Unidos y potencialmente la Argentina asumen roles protagónicos para equilibrar el mercado y satisfacer la creciente demanda mundial de GNL.

El proceso de expansión reciente y la reducción del déficit energético en Argentina

La evolución reciente del sector energético argentino estuvo marcada por un declive inicial seguido de un repunte sostenido. La producción de petróleo cayó de forma constante hasta 2017, como consecuencia de precios internos desvinculados de los internacionales y el agotamiento de yacimientos convencionales. El repunte llegó con la mejora de precios y el surgimiento de la producción no convencional, lo que derivó en un nuevo récord histórico proyectado para 2025. En gas, la recomposición comenzó en 2013, impulsada por el Plan Gas y la explotación de Vaca Muerta.

El déficit comercial energético y la alta carga de subsidios empujaron la economía hacia un deterioro fiscal en la última década. Según el informe de la CEPH, los subsidios a la energía representaron 1,7 puntos porcentuales del PIB en promedio durante los últimos diez años. Sin embargo, desde 2022, los subsidios tienden a la baja. En 2025 totalizaron USD 3.999 millones, equivalentes al 0,6% del PIB, gracias al repunte de la producción y la disminución de importaciones.

Lola Loustalot

La pesca desde Malvinas ya equivale a más de un tercio de la producción argentina

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La discusión por la soberanía de las Islas Malvinas suele quedar atrapada en el plano diplomático y simbólico. Sin embargo, mientras los debates avanzan lentamente en los escritorios, en el mar ocurre algo mucho más concreto; un sistema organizado de explotación de recursos pesqueros que ya genera miles de millones y que compromete tanto el equilibrio ecológico del Atlántico Sur como la economía.

El tema tomó nuevo impulso tras el tratamiento en medios porteños de la investigación que hizo la Fundación Latinoamericana de Sostenibilidad Pesquera (FULASP), que dirige el empresario chubutense Raúl ‘Tato’ Cereseto, quien viajó a las islas entre el 11 y el 18 de abril para relevar información en territorio y mantener reuniones con autoridades locales.

“Mientras Argentina discute la soberanía en los mapas, en Malvinas avanzaron con una ocupación efectiva del mar”, sintetizó Cereseto en diálogo con REVISTA PUERTO, marcando el eje de una problemática que, según explicó, se profundizó en los últimos años sin una respuesta proporcional del Estado argentino.

La investigación permitió confirmar la existencia de un modelo estructural basado en la entrega de licencias a las flotas extranjeras, que operan sobre especies migratorias originadas en el Mar Argentino. Este sistema, administrado bajo control británico, funciona con una lógica extractiva que prioriza la captura masiva por sobre cualquier desarrollo industrial local.

Los números son contundentes. De acuerdo a los últimos datos oficiales correspondientes a 2024, las capturas en aguas bajo control inglés alcanzaron las 261.903 toneladas, uno de los niveles más altos de la última década. Dentro de ese volumen, el Illex argentinus se destacó con 146.689 toneladas, uno de los principales recursos explotados.

La magnitud de estas cifras adquiere mayor dimensión cuando se las compara con los números argentinos. “Nosotros tenemos 5.100 kilómetros de costa, una zona económica extensísima y pescamos 800.000 toneladas con 48 millones de habitantes. Ellos tienen 3.700 habitantes y un tercio de las capturas”, observó el presidente de la FULASP.

“Es un contraste que debería encender todas las alarmas. Hay una economía basada en recursos argentinos que hoy está siendo aprovechada por otros”, agregó Cereseto.

El sistema funciona a través de licencias anuales que se renuevan de manera constante. Solo por ese mecanismo, el “gobierno isleño” recauda aproximadamente 39 millones de libras esterlinas por año, lo que equivale a más de 50 millones de dólares. En términos globales, el esquema genera ingresos cercanos a los 1.000 millones de dólares anuales, representando entre el 65% y el 75% de la economía de las islas.

“La pesca es el corazón económico de Malvinas. Toda gira alrededor de ese recurso”, explicó el empresario.

Otro de los aspectos más cuestionados es la falta de desarrollo local. A diferencia del modelo argentino, el sistema en Malvinas es prácticamente extractivo en su totalidad. “Se trata de un modelo donde se vende la cuota, los barcos vienen, pescan y se llevan el recurso. No hay industria, no hay agregado de valor, no hay generación de empleo local significativo”.

De acuerdo con los datos relevados, el 70% de lo capturado se transfiere directamente en alta mar a los países de origen de las flotas, evitando incluso el paso por puertos. Un 10% se canaliza a través de Montevideo como nodo intermedio, mientras que apenas un 20% se descarga en las islas.

El informe también advierte sobre la fuerte presencia de flotas gallegas y asiáticas, lo que configura un escenario de doble discurso internacional, ya que varios de esos países reconocen formalmente la soberanía argentina pero, en la práctica, participan activamente del negocio pesquero bajo licencias británicas.

Otro punto es la dinámica que se genera en torno a la denominada Milla 201, una zona ubicada fuera de la jurisdicción argentina donde se concentra una de las mayores presiones pesqueras del mundo. Según el informe, muchos de los buques que operan bajo licencias en Malvinas también se desplazan hacia ese límite, donde desarrollan actividades intensivas e incluso realizan incursiones ilegales en la ZEEA.

“Es un sistema que no solo extrae recursos, sino que además genera una presión constante sobre el ecosistema y sobre la propia actividad pesquera argentina”, advirtió Raúl Cereseto.

En ese contexto, también se destacan las condiciones laborales dentro de parte de esa flota. La investigación menciona que entre 2013 y 2021 se registraron 59 tripulantes fallecidos en la región, lo que refleja un escenario de escasa fiscalización, posible violación a los derechos humanos y altos riesgos en alta mar.

Desde el punto de vista ambiental, el panorama tampoco es alentador. El informe señala que la explotación intensiva, sin coordinación regional ni mecanismos de control compartidos, podría derivar en un colapso ecológico. Una de las señales más claras fue la suspensión de una temporada de pesca de calamar Loligo por falta de biomasa.

Además, se remarca que las principales especies explotadas —como la merluza común, el calamar Illex, la polaca o el bacalao de profundidad— son migratorias, lo que implica que su explotación en una zona impacta directamente en todo el ecosistema regional, incluyendo aguas argentinas.

Durante su paso por las Malvinas, Cereseto también mantuvo reuniones con autoridades isleñas, lo que le permitió confirmar de primera mano el funcionamiento del esquema. “Fuimos a entender cómo operan y nos encontramos con un sistema perfectamente organizado, con reglas claras para ellos, pero completamente ajeno a cualquier control argentino”, relató.

El dirigente empresario también puso el foco en la necesidad de replantear la estrategia nacional. “No hay mayor acto de soberanía que el uso efectivo del recurso. Y hoy el uso lo están haciendo otros”, insistió.

En ese sentido, planteó la necesidad de abrir un debate más profundo sobre el rol del mar en la economía argentina. “Tenemos que decidir si queremos seguir mirando el mar o empezar a vivir del mar. Porque ahí hay una oportunidad enorme que hoy no estamos aprovechando”, afirmó.

La FULASP, por su parte, anunció que impulsará en los próximos días una serie de acciones ante organismos nacionales e internacionales. Entre ellas, presentaciones ante la Subsecretaría de Ambiente por el riesgo ecológico, gestiones ante el MERCOSUR para abordar el impacto regional, reclamos diplomáticos ante Cancillería y pedidos ante la Unión Europea para revisar beneficios comerciales a productos provenientes de Malvinas.

Como resume Cereseto, “el problema no es solo quién reclama el territorio, sino quién lo explota todos los días”.

Ignacio Vallejo

Trump va a China. Una mirada escéptica, desde Washington

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El presidente estadounidense Donald Trump viaja hoy a Pekín para reunirse con el presidente chino Xi Jinping, después de que la cumbre se pospusiera a principios de este año debido a la guerra de Estados Unidos en Irán. Muchos analistas ya han declarado a China como la vencedora estratégica del conflicto.

Pero la política entre grandes potencias no siempre es de suma cero, escribió recientemente James Palmer de FP, y ambas partes podrían salir perdedoras del último capítulo del aventurismo estadounidense. Esto hace que el histórico viaje de Trump —el primero de un presidente estadounidense a China desde su propia visita de Estado en 2017— sea aún más polémico.

Y eso suponiendo que no se posponga por segunda vez. Ciertamente, ninguna de las partes parece estar ansiosa por reunirse. Este mes, China puso a prueba una herramienta poco común en su arsenal de medidas al prohibir públicamente a las empresas chinas cumplir con las sanciones estadounidenses relacionadas con el petróleo iraní; también arremetió contra las sanciones de EE.UU. contra Cuba.

Podría decirse que Trump marcó el rumbo que Estados Unidos ha tomado hacia China durante su primer mandato. En esta ocasión, está distraído por Oriente Medio. Por su parte, China, el mayor comprador de petróleo iraní, prefiere evitar una recesión global provocada por la crisis energética. Es probable que Xi también espere continuar la tregua comercial negociada con Washington el año pasado e incluso que esté esperando un nuevo acuerdo.

¿Qué concesiones ofrecerá Trump a Xi para ayudar a poner fin al conflicto con Irán? Japón , Taiwán y el resto de la región de Asia-Pacífico (que ha sufrido importantes consecuencias económicas a causa de la guerra con Irán) estarán observando con especial atención.

Amelia Lester, subdirectora de Foreign Policy

CIENCIA BREVE: La actividad genética cerebral difiere entre sexos.

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Investigadores han descubierto más de cien genes cuya expresión difiere consistentemente entre el cerebro masculino y el femenino. La mayoría de estos genes no se encuentran en los cromosomas sexuales, pero muchos están regulados por hormonas sexuales como el estrógeno y la testosterona. Este trabajo podría ayudar a explicar por qué el riesgo de desarrollar ciertas enfermedades cerebrales, como la esquizofrenia y el Alzheimer, difiere entre hombres y mujeres. «Comprender las diferencias sexuales en la susceptibilidad a las enfermedades podría conducir a mejores tratamientos que beneficien a todos», afirma la neurocientífica Jessica Tollkuhn.

Según el INDEC, un 52,9% de los argentinos carece de agua corriente, gas y/o cloacas

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En medio del deterioro de los salarios y la producción, aumenta la cantidad de argentinos que no accede al menos a uno de los servicios básicos como agua corriente, gas de red o cloacas: pasó del 51% al 52,9% en el segundo semestre del 2025, según informó el Instituto Nacional de Estadística y Censos. En tanto, en la salud generó más presión sobre el sistema público.

Hacia adentro de los diferentes servicios, se observa que el acceso al gas de red se encuentra en franco retroceso en los últimos años: pasa del 61,9% en el segundo semestre de 2023 al 60,5% en el mismo período de 2025.

En contraste, el acceso a agua corriente alcanza al 89,7% de los argentinos, mientras que el 69,5% dispone de cloacas. Sin embargo, la combinación de estos tres servicios deja un dato preocupante: apenas el 47,1% de la población accede a los tres simultáneamente.

Para tener en cuenta, el gas de red aumentó 28% interanual en diciembre de 2025 en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) y un 709% desde noviembre 2023, según el IIEP-Conicet; mientras que el agua escaló 13% interanual y 386% desde el inicio del gobierno de Javier Milei.

Vale destacar que desde noviembre de 2023 el gobierno lleva a cabo una recomposición de tarifas, que incluyendo el transporte acumulan un alza de 561% en ese período, aunque en el IPC General se observa un alza de 185%.

De esta manera, se observa que la infraestructura no logra acompañar las necesidades básicas, y las brechas territoriales siguen marcando el acceso diferencial.

Salud: más presión sobre el sistema público

Otro de los puntos críticos que emerge del informe es la baja de la cobertura médica, generando mayor presión en el sistema público. De la población total, el 65,4% poseyó cobertura de obra social, prepaga, mutual o servicio de emergencia durante el segundo semestre de 2025, mientras que un año atrás la cobertura era del 67,1% y en el 2023 alcanzaba al 67,5% de los argentinos.

Esto implica que cerca de 10.293.000 personas dependan exclusivamente del sistema público de salud (34,3%). Vale destacar que al cierre de 2023, el 32,4% de la población dependía del sistema público de salud. La situación se profundiza entre niños, niñas y adolescentes, esa proporción asciende al 45%, lo que refleja una mayor vulnerabilidad en los sectores más jóvenes. El 96,7% de la población de adultos mayores cuenta con obra social, prepaga, mutual o servicio de emergencia.

Vivienda: estabilidad con focos críticos

En términos habitacionales, los datos muestran cierta estabilidad, aunque con núcleos duros de precariedad. El 81% de los hogares tiene viviendas con materiales adecuados, pero el 12,6% presenta calidad parcialmente insuficiente y el 6,4% restante directamente insuficiente.

En condiciones críticas, el 1,9% de los hogares (195.000) vive en hacinamiento crítico, lo que afecta a más de 1 millón de personas; el 12% no cuenta con saneamiento adecuado y el 6,1% no tiene baño con descarga de agua.

Además, un 8,2% de los hogares está en zonas inundables y otro 5,3% vive cerca de basurales. Se trata de variables que suelen concentrarse en los sectores de menores ingresos y que profundizan la desigualdad más allá del ingreso.

Columna: La IA aprende mientras los humanos duermen

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Anthropic anunció esta semana una función que llamó «dreaming» —soñar, en inglés— para sus agentes de IA. La metáfora no es casual.

Lo que hace el sistema es sencillo de entender y difícil de subestimar: entre sesión y sesión, el agente repasa su historial de trabajo, identifica patrones, consolida lo que aprendió y descarta lo que ya no sirve. Como cuando un operario al final del turno revisa qué salió bien, qué falló, y arranca al día siguiente con eso incorporado. Solo que el agente lo hace solo, sin que nadie se lo pida.

El anuncio se hizo en el Code with Claude, la conferencia anual de desarrolladores de Anthropic, en San Francisco. Junto con el dreaming, la compañía llevó a beta pública otras dos funciones: outcomes, que permite definirle al agente qué es un resultado exitoso para que se autoevalúe, y orquestación multiagente, que deja que un agente principal divida tareas y las delegue a agentes especialistas que trabajan en paralelo. Las tres cosas juntas apuntan en la misma dirección: que el agente no solo ejecute, sino que aprenda, se corrija y coordine con otros sin intervención humana constante.

El caso concreto que trascendió es el de Harvey, una empresa de software legal que usa estos agentes para trabajo jurídico. Después de implementar el dreaming, la tasa de tareas completadas con éxito se multiplicó por seis. No es una mejora marginal. Es pasar de un sistema que repite errores a uno que los identifica y los corrige entre un turno y el siguiente.

Qué cambia con esto

Hasta ahora, un agente de IA era básicamente amnésico entre sesiones. Podías darle contexto al inicio de cada conversación, pero el aprendizaje se reiniciaba. Con este mecanismo, el agente acumula criterio. Se vuelve más útil cuanto más tiempo lo usás, y lo hace de manera autónoma, sin que vos tengas que enseñarle explícitamente.

Para los sectores productivos, el salto es importante. Un agente que analiza pedidos de logística, o que monitorea alertas de plagas en campo, o que revisa presupuestos de mantenimiento industrial, hoy pierde aprendizaje entre una sesión y la siguiente. Con un sistema como este, ese aprendizaje se acumula. El agente se ajusta al contexto específico de la empresa, no al contexto genérico con el que fue entrenado.

La otra cara: equipos más chicos, misma producción

Mientras esto pasaba, Snap —la empresa detrás de Snapchat— confirmaba que despidió a 1.000 personas, el 16% de su planta global. El CEO Evan Spiegel fue explícito en un memo a empleados que terminó publicado como filing ante la SEC: la IA ya genera el 65% del código nuevo de la compañía, y equipos más chicos con herramientas de IA alcanzan el mismo resultado que equipos grandes sin ella.

No es la primera empresa que usa este argumento para reducir personal, y no va a ser la última. Pero la diferencia con anuncios anteriores es que acá hay números concretos y un documento regulatorio que los respalda. No es «estamos explorando IA». Es «la IA ya hace la mayoría del trabajo técnico, y ajustamos la estructura en consecuencia». Las acciones de Snap subieron 11% tras el anuncio. El mercado leyó el mensaje.

El patrón que empieza a verse en el mundo empresarial global es el siguiente: la IA deja de ser una herramienta que la gente usa y pasa a ser infraestructura que opera de manera semi-autónoma. Los modelos mejoran solos, los agentes acumulan criterio, y los equipos humanos se achican alrededor de esa infraestructura.

Lo que esto significa acá

Para Argentina, esto no es una noticia de tecnología. Es una noticia de organización del trabajo y de competitividad.

Hay un diagnóstico que circula en el sector agro local y que aplica a casi toda la industria: comprar tecnología no es transformarse. La diferencia entre una empresa que incorpora IA y una que la usa bien está, cada vez más, en si esos sistemas acumulan conocimiento del negocio o si son apenas una capa cosmética sobre los procesos de siempre.

Un agente que «sueña» —que revisa sus propios errores y mejora— no es útil si no tiene acceso a los datos correctos, si no está integrado en los procesos reales, si nadie en la empresa sabe qué pedirle. La función es poderosa. El contexto en el que se despliega puede hacerla irrelevante o transformadora.

Eso es lo que va a separar a las empresas que aprovechan esta etapa de las que la dejan pasar mirando el catálogo de herramientas sin abrir ninguna.

Por Esteban Terranova

Se concentra el mercado farmacéutico: Roemmers compra el laboratorio Craveri

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El grupo Roemmers concretó la adquisición del laboratorio nacional Craveri, una compañía fundada en 1886 y con fuerte trayectoria en el mercado farmacéutico argentino. La operación, según fuentes del sector habría rondado los US$ 60 millones.

La información fue adelantada por el medio especializado Pharmabiz, que detalló que la compra se produce menos de un año después de que Roemmers incorporara al laboratorio Sidus a su estructura empresarial.

Craveri, controlada por la tercera generación de la familia fundadora, había perdido terreno en los últimos años en del ranking de ventas de la industria farmacéutica local. Según datos citados por Pharmabiz, la compañía pasó del puesto 29 en 2017 al 36 en la actualidad dentro de las auditorías de ventas en farmacias.

Entre sus productos más reconocidos se encuentran la metformina Islotin y la diosmina Diosmin. Sin embargo, la firma venía desprendiéndose de varias de sus marcas estratégicas. En 2018 le vendió el antimigrañoso Tetralgin al propio grupo Roemmers, mientras que en 2020 transfirió el antidepresivo Duloxin a la brasileña Eurofarma. Más recientemente, también había cedido la marca Telpres y la línea Trip D3.

Estancamiento estructural

La compañía atribuyó su decisión de vender a un escenario de estancamiento estructural del mercado farmacéutico argentino, sin crecimiento real en unidades desde 2009, además de una creciente concentración en manos de los grandes jugadores y mayores exigencias regulatorias.

La situación financiera de Craveri también mostraba señales de deterioro. Según datos relevados por el medio especializado, la empresa acumulaba pasivos por aproximadamente $9330 millones y registraba cheques rechazados por falta de fondos durante 2026.

El laboratorio contaba con dos plantas productivas, ubicadas en Caballito y Villa del Parque, además de un proyecto industrial en Pilar. En total, la operación involucra a unos 310 empleados, aunque todavía no se informó cómo quedará conformada la estructura definitiva dentro del grupo comprador.

Con esta adquisición, Roemmers continúa ampliando su peso específico en la industria farmacéutica nacional y acelera un proceso de concentración.

Alfredo Sainz

CNEA: Referentes del sector nuclear advierten de la crisis

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La Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) «atraviesa una situación crítica cuyo núcleo más sensible es la pérdida de recursos humanos«. La descripción es compartida por más de veinte referentes del sector nuclear argentino que fueron convocados por la Fundación Balseiro a reflexionar sobre el presente y futuro del organismo científico.

La fundación organizó el 24 y 25 de abril en Bariloche una actividad con un grupo reducido de personalidades de reconocida trayectoria en el área, quienes compartieron sus visiones sobre cuestiones estratégicas, controversiales y de proyección futura. EconoJournal accedió al documento final del evento, que incluye los artículos escritos por los expositores y sintetiza las coincidencias y diferencias.

Entre los expositores figuran Conrado Varotto (miembro fundador de INVAP), Alfredo Caro (ex director del Instituto Balseiro y del Centro Atómico Bariloche), Germán Guido Lavalle (ex presidente de CNEA), Julián Gadano (ex subsecretario de Energía Nuclear de la Nación) y Diego Hurtado (ex vicepresidente de CNEA).

«Todos coinciden en un punto central: la CNEA es una institución estratégica para el desarrollo de nuestro país que atraviesa una etapa crítica y que requiere una redefinición profunda de su misión, su gobernanza, sus instrumentos de gestión y su relación con el ecosistema nuclear y científico-tecnológico nacional», dice el documento.

Dicha redefinición es estructural y va más allá de la coyuntura actual, marcada por reclamos salariales y presupuestarios. Cerca de 100 jefes y jefas de 11 de las 12 gerencias de la institución a mediados de abril elevaron una carta a las autoridades expresando su preocupación por la situación salarial, contractual y presupuestaria, en la que señalaron la «imposibilidad de sostener grupos de trabajo».

El secretario de Asuntos Nucleares, Federico Ramos Napoli, respondió que el gobierno trabaja en una reestructuración integral de la CNEA para que sea un organismo de investigación y desarrollo con capacidad de generar sus propios ingresos. «La inercia institucional que premió la expansión permanente nunca exigió resultados. Pedir más presupuesto sin cambiar la estructura es pedirle al Tesoro que financie indefinidamente un modelo que no cierra«, apuntó en un posteo en X.

CNEA: coincidencias y diferencias sobre el presente y futuro del organismo

Según la síntesis, los referentes coincidieron en que la CNEA enfrenta al menos cuatro desafíos: el fortalecimiento del organismo, la reforma de su gobernanza, la formación y retención de los recursos humanos, y la compensación adecuada de sus aportes al resto del ecosistema nuclear argentino. El diagnóstico común es que «la forma actual es inadecuada», aunque existen distintas miradas sobre cómo debería reorganizarse.

La expresión visible de la crisis esta en la dificultad del organismo para formar y retener el talento, su «activo más valioso». «El conocimiento nuclear profundo —el que permite diseñar, licenciar, operar, reparar, evaluar, innovar y formar— es conocimiento encarnado en comunidades técnicas. Se transmite entre generaciones mediante trabajo conjunto, dirección de tesis, participación en proyectos, operación de instalaciones y resolución de problemas reales. Una interrupción de esa cadena puede ser irreversible«, dice el documento.

Una buena parte de los problemas para retener el talento tienen origen en los problemas presupuestarios y salariales y en la relación institucionalmente desordenada con las empresas del ecosistema. «La síntesis posible es que la CNEA no debe competir innecesariamente con empresas, pero tampoco debe quedar subordinada a ellas ni transformarse en una cantera gratuita de talento y conocimiento«, advierten.

Sin embargo, en el documento se reconoce que existen diferencias sobre la manera en la que se deben abordar estos desafíos. Puntualmente, se mencionan diferencias vinculadas al peso relativo del Estado y del sector privado en el ecosistema y respecto de los grandes proyectos, como el CAREM o los reactores grandes como los diseños CANDU.

«Hay divergencias sobre la forma institucional concreta: autonomía de centros, estructura matricial, directorios, fondos fiduciarios, gestión de activos, laboratorios nacionales o reestructuración interna», señalan.

Aportes de los participantes

La síntesis anterior fue elaborada por el comité redactor en base a los textos escritos por los participantes, de los cuales emergen algunos conceptos que dan cuenta de los debates en curso dentro del sector.

El doctor en Física y ex director del Instituto Balseiro, Alfredo Caro, describió una serie de problemas en CNEA como la consolidación de áreas de poder ligadas a proyectos prolongados, la captura de recursos humanos e infraestructura por estructuras cerradas sobre sí mismas, la subutilización de equipamiento de alto valor, la endogamia en la formación y la hipertrofia de funciones jerárquicas como compensación salarial.

La propuesta de Caro es transformar a la CNEA en un Laboratorio Nacional moderno y que parte del financiamiento para sus proyectos de I+D provenga de la generación nucleoeléctrica a partir de su participación accionaria en Nucleoeléctrica Argentina. «Esto permite un cambio cultural: la CNEA dejaría de verse como un área dependiente sólo de fondos públicos para ser vista como una productora de recursos estratégicos de innovación«, explica Caro.

El ex subsecretario de Energía Nuclear, Julián Gadano, coincide en el valor que tiene el modelo de Laboratorios Nacionales del Departamento de Energía de los EE.UU. como ejemplo a replicar en el país. «El Estado hoy debe retirarse de las actividades productivas para que el sistema crezca, pero tiene un lugar irrenunciable en tres dimensiones: generación de incentivos correctos, regulación y licenciamiento, e I+D+I lo más en la punta que nuestras capacidades permitan», explicó.

El ingeniero nuclear ingeniero y actual miembro del directorio de INVAPJuan Pablo Ordóñez, se expresó en una línea similar sobre la misión de la futura CNEA, la cual debería limitarse a la producción de bienes públicos. «Las actividades que no cumplan con la definición de ser bienes públicos, deberían ser transferidas a nuevas empresas que se creen para los fines específicos, o, en caso de ser viable, a las empresas existentes en el sector nuclear», analizó.

El físico-tecnólogo y ex presidente de Nucleoeléctrica, Alberto Lamagna, consideró que el organismo debería orientarse decididamente a la transferencia tecnológica y a la asociación con empresas de alta tecnología, tanto en el sector nuclear como en otras tecnologías sensibles y estratégicas.

«Esta redefinición del rol de la CNEA no implica que deje de participar en grandes proyectos futuros, como fueron el RA-10 o el CAREM. Significa que, para no desvirtuar su misión, la gestión de hitos, cronogramas y financiamiento debería recaer en otra instancia de gobierno o en un consorcio público-privado creado específicamente para ese fin», apuntó.

El doctor en Física y ex vicepresidente de la CNEA, Diego Hurtado, consideró que el sector nuclear, en tanto sector económicamente estratégico, es compatible con los gobiernos que impulsan políticas industriales, energéticas y de I+D convergentes y de escala nacional.

En ese sentido, criticó las decisiones de cancelar proyectos como las centrales nucleares de tipo CANDU y Hualong One que China había ofrecido financiar. «Las centrales nucleares de potencia son la columna vertebral y el principio ordenador del sector nuclear argentino que garantiza la articulación de la trama institucional-empresarial y la convergencia de agendas institucionales y empresarias», evaluó.

Nicolás Deza

Comenta Daniel E. Arias:

Para variar, el Dr. Diego Hurtado va a la raíz del problema, con la diferencia sobre tantos otros de no haber sido causante, principal o accesorio, del problema.

A la Comisión Argentina de Energía Atómica desde 1983 lo que le falta es justamente energía atómica: centrales y reactores y plantas anexas; la industrial de agua pesada a la cabeza.

Seguimos con los mismos activos de siempre. Remando en dulce de leche, se completó Atucha 2 y la Planta Industrial de Agua Pesada.

No veo en ese cónclave la intención expresa de terminar y poner en marcha la planta nucleoeléctrica. compacta CAREM, y menos aún de construir Atucha 3 CANDU, o de terminar el reactor RA-10. Tampoco de reabrir la PIAP.

En cambio, no falta casi ninguno de los que le pisaron la el poncho o la cabeza a todas estas obras nucleares.

Cuando leo a esos tipos que quieren quitarle los fierros a la CNEA, madre de la industria más industrializante de nuestra historia, y volverla un vaporoso y manicurado club de académicos, se me paran los pelos de punta. Por no hablar de los delincuentes que quieren privatizar Nucleoeléctrica Argentina, y de yapa transformar lo que queda del Programa Nuclear Argentino en pura minería y exportación de uranio hacia los EEUU.

Quiero que vuelva la CNEA fierrera, esa que vivía en obra, inaugurando plantas, creando y capacitando industrias privadas proveedoras y fogoneándolas con tecnologías propias, nuevas y vendibles. Quiero que vuelva aquel orgullo de la Argentina atómica.

El negocio nuclear no es vender sólo electricidad, servicios y fierros. Es crear y vender tecnología.

Y que quede claro: todo eso lo paga el estado, porque lo hizo siempre, y lo hizo bien, y porque eso construye país.

Pero hoy el negocio parece ser vender uranio, y de paso, a la CNEA.

No soy fotogénico, pero trataría de no aparecer con esa gente y en esa foto.

Daniel E. Arias