Golazo histórico del INTA: se exporta a India una vacuna contra una enfermedad bovina

Hay noticias tan buenas que uno tarda en comprenderlas en su integridad. Según la agencia TSS, de la Universidad de San Martín (UNSAM), investigadores del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) en Rafaela, Santa Fe, desarrollarán un kit de diagnóstico para detectar la denominada tristeza bovina en India, junto con pares del Instituto Indio de Investigación Veterinaria (IVRI, por su sigla en inglés) de ese país. Más importante aún, la Argentina ya empezó a vender sus vacunas para inmunizar a uno de los dos grandes rodeos vacunos donde esta patología es endémica, la India. El otro es Brasil. La mitad del ganado bovino del mundo se reparte entre ambos países. El mercado potencial resultante es gigantesco.

Como parte del acuerdo, la empresa chaqueña Litoral Biológicos comenzó a exportar a India vacunas congeladas para esa enfermedad, desarrolladas a partir de un consorcio público-privado con el INTA. Para eso, la firma se asoció con la empresa Indian Inmunologicals Limited (creada por la Corporación India de Productores Lecheros, que cuenta con presencia estatal). La sociedad binacional se ocupará de la importación y distribución de esta vacuna, denominada comercialmente Bió Jajá©.

La tristeza bovina es un conjunto bastante devastador de dos patologías diferentes, y tiene un impacto económico enorme. La primera la provocan dos protozoarios denominados Babesia bovis y Babesia bigemina (que causan babesiosis), la segunda la causa una bacteria llamada Anaplasma marginale (que provoca anaplasmosis). Todos esos microorganismos parasitan los glóbulos rojos de los bovinos y producen anemia, ictericia, fiebre y hasta la muerte del animal. Como es transmitida principalmente por garrapatas y otros insectos picadores como tábanos, afecta al ganado en zonas tropicales y subtropicales, aunque los animales también pueden contagiarse por el uso de agujas, descornadores, castradores y otros instrumentos de trabajo mal desinfectados.

Estas enfermedades provocan pérdidas anuales de casi US$ 300 millones en la Argentina y de unos US$ 18.000 millones en el mundo”, estima Manuel García Solá, director de Litoral Biológicos. El ejecutivo recuerda que alrededor del 66% de las cabezas bovinas del mundo habitan en zonas tropicales y subtropicales (672 millones de animales), mientras que sólo el 34%, alrededor de 340 millones, están en zonas templadas. García Solá, que es abogado y se inició como empresario con un pequeño emprendimiento ganadero, advierte que “los laboratorios no se han ocupado de las enfermedades tropicales sino que han desarrollado remedios para curar animales que viven en zonas templadas”.

El INTA desarrolló una vacuna para la tristeza bovina que está disponible desde el año 1997 pero solo a nivel local, ya que se trata de una vacuna fresca, es decir, que debe ser utilizada dentro de los siete días luego de salir del laboratorio.

La Argentina tiene poco más del 33% de su ganado en zonas de garrapatas, aunque el área se está ampliando debido al cambio climático, que empuja la zona subtropical hacia el Sur en detrimento de la templada, y el corrimiento de la frontera agrícola hacia el Norte por el cultivo extensivo de la soja. La «sojización» de la llanura chacopampeana desplazó la ganadería hacia otros ecosistemas de las grandes planicies argentinas antes considerados marginales, como el Chaco Semiárido, donde siempre hubo garrapatas transmisoras de la tristeza bovina, pero hasta mediados de los ’90, pocos rodeos.

Transferencia tecnológica
El INTA desarrolló una vacuna para la tristeza bovina que está disponible en el año 1997 pero sólo se usó a nivel local, ya que se trata de una fórmula «fresca», que debe ser utilizada dentro de los siete días luego de salir del laboratorio de producción.

Por lo tanto, era necesario encontrar el modo de conservar la efectividad de la fórmula por más tiempo, algo que se logró con la conformación del consorcio público-privado entre el INTA y Litoral Biológicos, en el año 2007. “En una primera instancia, el INTA le pasaba el principio activo y la empresa producía y comercializaba la vacuna. Posteriormente, hicimos un segundo convenio en el que manteníamos la transferencia de la capacidad y el conocimiento para que ellos produjeran la vacuna y acordamos una regalía”, recuerda Adolfo Cerioni, que desde 2006 se encuentra a cargo de la Dirección Nacional Asistente de Vinculación Tecnológica y Relaciones Institucionales del INTA, y aclara que la institución se reservó ciertas actividades de control y monitoreo, así como la posibilidad de seguir comercializando la vacuna fresca. Ésta se sigue produciendo en la ciudad de Rafaela, Santa Fe.

El INTA tuvo que desarrollar un nuevo «know-how» de congelamiento de un producto muy distinto de los que manejaba a bajas temperaturas. “Estuvimos tres años desarrollando la curva de congelación de los parásitos, ya que la densidad del medio es totalmente diferente a la del semen y los embriones, en la que teníamos experiencia”, explica García Solá y recuerda que la vacuna fue aprobada por SENASA en el año 2009, estuvo disponible en el mercado al año siguiente y en el año 2011 comenzó a ser aprobada también en otros países de la región.

Hoy, Litoral Biológicos exporta Bio Jajá (que cuenta con varias patentes por distintas características de su elaboración) a Bolivia, Paraguay y Venezuela, y próximamente lo hará también a Colombia y Uruguay. “Hace tres años que estamos en tratativas para ingresar en Brasil, que junto con India concentran más del 50% de las cabezas del ganado en el mundo”, detalla García Solá. El ejecutivo fue el creador de la primera compañía productora, comercializadora, importadora y exportadora de material genético bovino del norte argentino, y se entusiasma por el acuerdo que firmaron en 2017 con India, adonde ya enviaron las primeras 5.000 dosis de Bio Jajá, de un pedido inicial total de 100.000 dosis.

“Cuando se quiere vender un producto con tecnología no existente en un país el respaldo de la institución pública que desarrolló la tecnología es clave. En general, cuando los públicos tienen que aprobar a los privados no les creen hasta que hacen los ensayos. En cambio, desde lo público-público se abren puertas con otra facilidad”, destaca Cerioni.

Por otro lado, García Solá explica que en India no existía esta enfermedad hasta hace poco tiempo, ya que allí predomina el ganado de tipo Bos indicus, diferente al Bos taurus de estas tierras. El indicus, llamado genéricamente «cebú» y «cebuino» en nuestras tierras, en su lugar de origen co-evolucionó con los tres organismos parasitarios de las zonas de endemia de su lugar de origen (la India), de modo que desarrolló defensas inmunológicas naturales contra la tristeza bovina. Se lo conoce por su pelo corto, su piel elástica y arrugada, su giba y su papada, sus ojos alargados y el tamaño considerable de los adultos. Sus razas más representativas son la Brahman, Nelore, Guzerat, Gyr y, en nuestro vecino, la Indubrasil. Constituyen el mayor rodeo de nuestro planeta.

Sin embargo, en los últimos años los productores lácteos de la India comenzaron a cruzar su ganado con razas europeas, como las Jersey y las Holandesas, que rinden hasta 18 litros/día/cabeza de animal. De ese modo, en la India se incrementaron mucho los rindes pero disminuyeron las defensas de los animales, dándole paso a la tristeza bovina. “Solo por esta enfermedad, India pierde 7.500 millones de dólares y Brasil 3.400 millones de dólares”, detalla el especialista, y recuerda que el convenio de transferencia de tecnología prevé el pago al INTA de una regalía porcentual por cada dosis vendida.

En paralelo, desde INTA ya están trabajando con el IVRI para ajustar el método diagnóstico que hoy existe en el país pero sólo a nivel de laboratorio, para poder usarlo «a campo» en la India: “Ellos no tienen cuantificada la enfermedad y pueden tener una situación similar a la de Brasil, adonde pensaban que tenían entre un 5% y un 10% de prevalencia de esta enfermedad, y cuando empezaron a trabajar en el diagnóstico descubrieron que tenían más del 50% de prevalencia en el rodeo”, dice Cerioni y agrega que esta colaboración entre entidades públicas de ambos países se está financiando a través del Fondo Argentino de Cooperación Sur-Sur y Triangular (FO.AR).

Litoral Biológicos exporta Bio Jajá (que cuenta con varias patentes por distintas características de su elaboración) a Bolivia, Paraguay y Venezuela, y próximamente lo hará también a Colombia y Uruguay.

Prevención para los productores pequeños
«Una dosis de vacuna en Argentina cuesta el equivalente a dos kilos de carne”, afirma García Solá, que también es docente en la Universidad del Chaco Austral. La matemática a favor de un buen diagnóstico y del uso de la vacuna es simple: si un rodeo de 100 animales es afectado por un brote de tristeza bovina y sufre una mortandad del 2%, el tratamiento posterior (que, en general, incluye medicamentos de quimioterapia y antibióticos) cuesta el doble que inmunizarlo. Pero lo que determina los números es que es rarísimo que la mortandad de un brote se limite al 2%: está entre el 10 y el 20% del rodeo. Existiendo la vacuna, obviarla es un suicidio económico.

Aún así, el especialista reconoce que los productores mas pequeños no acceden a estas tecnologías de prevención, en general “por falta de asistencia técnica”, y recuerda que durante el Gobierno anterior se lanzó un programa nacional de prevención de esta enfermedad destinado a pequeños productores. “El Gobierno nacional compró vacunas y se las entregó a las provincias junto con el presupuesto para su aplicación”, recuerda García Solá. Este abogado en la década del ’90 fue ministro de Educación del Chaco durante la gestión de Rolando Taugüinas, y posteriormente de la Nación, en el último año del Gobierno de Carlos Menem. Lamenta que “el Gobierno actual interrumpió ese programa con el argumento de que si los productores no cuidan la sanidad de su rodeo no se la tiene que cuidar el Estado”.

Comentario de AgendAR al respecto: si se siguiera la misma política de «sálvese quien pueda» con patologías infecciosas humanas de fácil transmisión (y fácil vacunación), no tardaríamos mucho en volver a llenarnos de casos de parálisis infantil y de tuberculosis. Lo último que necesitan los productores ganaderos argentinos, con sus rodeos muy disminuidos y en laboriosa reconstrucción, y especialmente los tamberos, cuyas empresas están colapsando, es que la tristeza bovina «se incendie». 

Sin embargo, García Solá rescata que en algunas provincias todavía existen políticas públicas para combatir esta enfermedad. “Con recursos del Gobierno provincial, Formosa mantuvo esas políticas y el año pasado compró 30.000 dosis para los micro y pequeños ganaderos. Este año, también con recursos propios, Chaco nos hizo un pedido y estamos negociando una provisión de 50.000 dosis”, ejemplifica García Solá y concluye: “El problema es más cultural que asistencial, como lo era el de la aftosa en los años noventa hasta que se lo erradicó tras establecerlo como prioridad nacional”.

Este año el INTA no para de hacer goles biotecnológicos. Ya tuvo dos momentos de gloria que nuestro portal bautizó «la papa inoxidable» y «la super-papa«.

(Nuestro agradecimiento a Vanina Lombardi / Agencia TSS)