Energía eólica, Vaca Muerta y el futuro argentino

Fabricación de aspas de turbina marina para Siemens en Hull, Reino Unido, para un parque marino en la costa escocesa. Sin fabricación local en el RU, la firma alemana no habría podido ni presentarse.

(Arias concluye aquí su informe sobre el Plan RenovAr y el desarrollo de la energía eólica en Argentina. Los capitulos anteriores son “Macri y las energías renovables. El plan RenovAr – 1°, y “).

El acontecimiento energético del año en Argentina ocurrió por “défault”: es más importante lo que no va a suceder que lo que sí sucede.

Lo que sucede es obvio:

  • El gobierno y buena parte de la oposición suponen que Vaca Muerta es la salvación nacional: duplicará la producción de gas y petróleo, volveremos al autoabastecimiento y seremos grandes exportadores.
  • Pero en los contratos entre el estado nacional y las multis, quien adelanta el 50% de la exploración es YPF. Si un bloque sale “sexy”, la multi asociada pone el resto. Si no, plata que perdimos los argentinos.
  • RenovAr hace creer que viviremos de renovables. En 2 años logró producir el 2,4% del consumo, cuando el objetivo para este año era el 8%.
  • El fracaso de RenovAr no es tecnológico sino político. Sumando precios declarados y subsidios ocultos (libre importación, exenciones impositivas), el estado argentino le paga a los productores aproximadamente el doble de lo habitual en Chile, Brasil y Uruguay, según el Instituto de Energía Scalabrini Ortiz. Pero afuera se están poniendo remisos a comprarse un pasaje en el Titanic, incluso en 1ra clase y con descuentos.
  • RenovAr empezó obviando a los fabricantes argentinos, y ahora está creando un par de armaderos.

Todo esto es “business as usual”. Lo verdaderamente sorprendente e importante es lo que NO se hará:

  • En mayo el gobierno suspendió Atucha III CANDU, 740 MW.
  • Ahora, en pleno G-20, acaba de suspender (según información que hemos recibido) la que se iba a comprar a China, la Hualong-1, 1180 MW.
  • Los 7 exministros de energía, cada cual con su prontuario de apagones, tarifazos, concesiones y agachadas ante las petroleras y las eléctricas, salieron a aplaudir la decisión. La energía nuclear, acaban de decir, es 4,8 veces más cara que… ¿las energías renovables? Sí, dijeron eso.

Sí, claro, pero sólo en los EEUU. ¿Sucede lo mismo en China, Corea y Francia?

Cuando gente tan olorosa a hidrocarburos habla como Greenpeace, hasta el santo desconfía. En realidad, los 7 no tienen el monopolio de esa propaganda: la afirmación ha circulado de sobra desde 2014 y tiene una base real: el costo del MWh en fotovoltaica en EEUU bajó un 89% desde 2009 y el de eólica, un 75%. Esto se logró acumulando miles de pequeñas mejoras tecnológicas en eficiencia de conversión, pero fundamentalmente “a lo Schumpeter”: por pura escala. Se le tira plata encima a un precio hasta que hace “crack” y se cae.

Se dirá que es un alto precio por bajar el precio. Pero suele ser el modo en que el capitalismo quiebra históricamente los altos costos de inversión inicial de cualquier emprendimiento duro, ya se trate de poner un estadounidense en a la Luna o de bajar las emisiones de C02 sin quedarse a oscuras. Esto último es más bravo.

Frente a la baja de precio del MWh solar y eólico, el precio nivelado del MWh nuclear, según la ya famosa gráfica de Lazard que ampara a nuestros 7 ex ministros,  subió de unos U$ 120 en 2009 a U$ 148 a fines de 2017. El del gas y el carbón se han mantenido más o menos constantes en U$ 102 y U$ 50.

Pasa que Lazard está hablando de la energía nuclear en EEUU, país donde desde 1981 no se construye una central nueva porque los asuntos regulatorios dejaron de ser tema de ingenieros y quedaron en manos de abogados. Digamos que la ingeniería se encareció un poco. Francia, con un 75% de nuclear en su torta energética, tiene el MWh más barato de Europa, y tanto que le vende electricidad a la ecológica Alemania, país que cerró sus 18 reactores y para obtener potencia de base, quema carbón en casa y en Polonia. Ah, y uranio en Francia. El ecologismo tiene esas contradicciones.

El costo del MWh nuclear francés está entre U$ 63 y U$ 95 según el modelo de central, es decir más o menos el doble que el combo viento-sol en EEUU, donde hay más viento y más sol. Si se construyeran centrales nuevas (Macron, por el contrario, va a cerrar 14), costarían más por los sistemas añadidos de seguridad pasiva y activa normativos después de la crisis de Fukushima.

La permanencia de Macron en su cargo puede estar en cuestión, pero no así el relativo enfriamiento de la pasión francesa con el átomo hasta 1986. El desarrollo de la flota de 48 centrales fue una decisión de estado que llevó a cabo el estado, y según tradiciones del capitalismo (de estado) le tiraron plata al problema de la inversión inicial hasta quebrarlo a fuerza de mejoras técnicas y escala. Los franceses hicieron eso para no tener que conseguir gas o petróleo volviendo a invadir países de donde los habían echado a tiros en los ‘60. Es una forma de ahorro.

Y como el ahorro sigue siendo una pasión nacional, es difícil que Francia abandone la electricidad nuclear. Porque si bien es promisorio de grandes cambios la caída del MWh eólico y nuclear en todo el mundo (bueno, aquí no tanto), el asunto que sigue sin resolución es cómo almacenar electricidad de forma efectiva y ba-ra-ta. Mientras esa piedra siga incrustada en el zapato de nuestra civilización, las fuentes intermitentes no calificarán para dar potencia de base, la que garantiza los mínimos de consumo de un país 24x7x365, su “línea de flotación” eléctrica. Y todo debido a la maldita costumbre del sol de no salir de noche, y del viento de no soplar más cuando las redes aumentan su demanda. O de soplar cuando la bajan.

De modo que la novedad en los costos de producción es muy interesante pero todavía irrelevante. Tras 50 años de promoción activa de las renovables, la Unión Europea les debe el 17% de su consumo eléctrico, y el mundo, un 12%. Ya rompieron el techo del precio, les falta el de la acumulación. Elon Musk construye parques eólicos en Australia con baterías de ion de litio a pie de torre. Tienen el tamaño de contenedores de los de 40 pies. ¿Funcionan bien? Sí, mientras no se incendien. ¿Cuestan mucho? Eh… siga participando, don Elon. Si le tira suficiente plata al problema, tal vez el costo se derrumbe. Ojalá. El litio lo estamos regalando nosotros, dicho sea de paso.

Reemplazar fuentes seguras por intermitentes, y en el caso eólico, por intermitentes impredecibles, es como querer abrigarse con 10 pares de guantes y 10 gorras de lana en un invierno crudo, pero sin sobretodo. Y estos ex ministros lo saben, aunque sospecho que hay dos o tres que no. Pero han vuelto a decir que están en contra de toda obra nucleoeléctrica nueva y en cambio prefieren que sigamos haciéndole resucitación cardiopulmonar a RenovAr para que se levante y ande, como en 2016.

¿Ud. cree que son grandes ecologistas? No, por prontuario, son petroleros, y no muy nacionales. Responsables de haber demorado la construcción de Atucha II desde 1983, y de no haber construido un embalse hidro nuevo desde que Yacyretá entró “online”, hace ya 24 años, para dedicarse únicamente a la explotación (o vaciamiento) de Loma de la Lata, Neuquén. Los que pergeñaron el Plan Houston, en que YPF cedió a las petroleras multinacionales bloques explorados por ella misma y llenos de petróleo y gas, bajo título de sitios vírgenes a explorar, y a precio vil.

Son los que en 15 años vaciaron de gas Loma de la Lata, que iba a durar 60 años, porque inventaron el negocio de exportar gas a Chile, “un negoción”, dijeron. A un precio 9 veces inferior al que Chile lo revendía. Son los dueños del mayor apagón de la historia argentina, el del verano de 1988/9, que junto con la hiperinflación, le costó la presidencia a Raúl Alfonsín. Son los que viven haciendo “lobby feroz” para que el Programa Nuclear no avance, porque si no tienen al país permanentemente al borde del “brown out” y del “black out”, ¿cómo hacen para justificar las concesiones obscenas del Plan Houston, de Loma de la Lata y hoy de Vaca Muerta?

Generando situaciones permanentes de emergencia eléctrica, la Secretaría de Energía, cuna de estos 7 genios, viene peleando con éxito al menos desde la presidencia de Arturo Illia contra todo lo que implique ahorros serios de petróleo y gas: por ahora, las centrales hidroeléctricas y las nucleares. Si alguna vez se resuelve el problema de la acumulación de electricidad de las fuentes intermitentes, ya se cruzarán de vereda. Son petroleros. No digo más.

Mientras tanto, téngase al viento como recurso intermitente. Es bueno aclararlo, porque durante la inauguración de la planta de Newsan en Campana el presidente Mauricio Macri lo llamó “energía segura”. Según libros, es el más impredecible de los recursos intermitentes, ingeniero.

Conociendo la tecnología y la ubicación, se puede pronosticar casi sin error cuantos MWh va a generar un parque en el plazo de un año. Lo imposible es saber si las turbinas no se van a colgar las próximas 3 horas en babia por calma chicha, y si la 4ta hora no la pasarán con las hélices “en bandera” y clavando frenos para capear una tempestad.

El único modo en que una industria atada a un recurso tan tornadizo podía crecer era con “feed in tariffs”, la obligación de que todo MWh eólico generado se comprara, distribuyera y cobrara, sin mirar mucho los precios. Eso, y desgravaciones en ganancias y otros impuestos, y todo el respaldo tecnológico de las universidades y centros de investigación del estado. El resultado es lo que se ve debajo:

El crecimiento de la capacidad instalada fue el de una industria sumamente incubada por el estado hasta 2008, pero aquel año de ajustes de cinturón en toda Europa, los fabricantes eólicos empezaron a crecer sin ayuda. Mucha plata antes apostada a “hedge funds” y otras abominaciones financieras empezó a buscar multiplicarse en este mercado cuyo auge sólo es comparable por el de la informática y las telecomunicaciones.

Declaro haber apoyado esta industria desde que empecé a hacer periodismo científico, en 1985, pero también admito que como tal, no creo que sea aún una panacea energética, aunque sí una fuente formidable de trabajo calificado e investigación tecnológica aplicada. También declaro que como argentino no me siento obligado a salvar el planeta de un efecto invernadero causado básicamente por EEUU, la UE, China, la India e incluso Australia.

Hasta que aparezca algún “game changer” en acumulación de electricidad, el techo del factor de penetración eólico en un circuito eléctrico nacional o regional va a ser la impredictibilidad del recurso en el plazo inmediato. El desplazamiento en Europa de los parques eólicos continentales hacia las plataformas continentales marinas es parte del remedio. Es preferible una ubicación off-shore donde casi siempre hay viento y no hay vecinos movilizados por el NIMBY (“Not In My Backyard”), aunque la instalación sea el doble o triple de cara.

Uruguay, aunque algo interconectado con Brasil y Argentina, hoy es, por la fuente de su energía, el país más eólico del planeta. Es un país energéticamente náufrago, que está transformando un tablón a flote en una tabla de windsurf. Ese factor de del 40% de la energía del viento en el total, que alcanzaron en sólo 10 años nuestros primos orientales, dado que por fuerza ahorcan, hoy los vuelve un experimento viviente. ¿Logrará UTE mantener la calidad de suministro en el circuito nacional? ¿O habrá grandes oscilaciones y quemada de motores de heladeras?

Muchas discusiones apasionadas entre la AAEA (Asociación Argentina de Energía Eólica) y Greenpeace, que predica por un mundo movido únicamene a renovables, podrán dirimirse observando qué pasa en la orilla opuesta del Plata. La AAEA es técnica, industrialista, “gasolera” (jamás tiene un mango), conservadora, y ha dicho siempre que el tope de penetración eólica en un sistema no debería ser mayor del 10%, 15% cuando mucho, para no introducir desorden en el sistema. Hugo Brendstrup se atreve a un 20%, si lo dejan, y es el ingeniero eólico de INVAP. Greenpeace… es Greenpeace. Cobra por ruido, no por MWh. Cada cual en su profesión.

Examen final de calidad de un aspa antes de su pintado: no debe tener grietas. Tarea artesanal.

Por la impredictibilidad instantánea del viento y la dificultad y alto costo de acumular su energía, en la primera ronda de RenovAr en 2016 la gran sorpresa la dieron los emprendimientos fotovoltaicos. Pero era cantada. Sucede desde hace un par de años en las rondas de ofertas de renovables del casi lúgubre Norte de Europa. Ahora lo que sale “con fritas” son los parques fotovoltaicos: el sol también es intermitente, pero la noche y el día tienen duraciones astronómicamente tabuladas, y la heliofanía (la iluminación solar de la superficie) es objeto de pronósticos certeros a casi una semana, al menos en la UE.

Vestas suele ser (no siempre, pero casi) la marca más exitosa del mercado mundial. Sin ir más lejos, en 2017 Siemens, casada de apuro con la española Gamesa, la destronó al ganar de pronto el segmento “off shore” donde los ibéricos brillaban, el de turbinas gigantes marítimas- Hoy ese campo crece a un 40% anual en capacidad instalada.

La capacidad instalada terrestre, en cambio, tras crecer un 25% promedio anual entre 1976 y 2016, aflojó al 17%. Son cifras de crecimiento industrial como sólo se las ve en el mercado de las telecomunicaciones e informática, pero quizás indiquen que en lugares continentales, poblados y con la tecnología dominante actual, “la turbina danesa tripala”, la industria se esté acercando un límite técnico y/o político.

Por qué los proveedores defienden la fabricación de aspas como lo último a concederle a los compradores: es trabajo artesanal, poco automatizable, y genera mucho empleo.

Vestas puede recuperar la corona con facilidad. Tiene una ventaja difícil de empardar: está en el mercado eólico desde 1898, cuando el mundo funcionaba a carbón y vapor. Vio pasar, impertérrita, dos revoluciones industriales, pero aprovechó ávidamente los impresionantes desarrollos eólicos que protagonizaron la NASA, la National Science Foundation y la Boeing en EEUU entre 1973 y 1978, los verdaderos creadores de la turbina tripala gigante. La intensa focalización de los EEUU en lo eólico fue reactiva: estaban en shock por el desabastecimiento de petróleo con que el mundo árabe castigó a los miembros de la OTAN por su apoyo a Israel durante la Guerra de Iom Kippur.

Parque de 3 turbinas bipala de 2,25 MW por pieza de la NASA y el DOE (Department of Energy) de 1981, años en que EEUU aventajaba a Dinamarca. Luego bajó el petróleo y cajonearon todo.

Lo que inventaron en aquellos 3 años los autodenominados “americanos” en materia de perfiles alares, sistemas de control y materiales sigue siendo revolucionario. Uno de sus muchos descubrimientos es psicosocial: las turbinas bipala son aerodinámicamente un poco más eficientes que las tripala, pero la gente no soporta verlas. La percepción humana de un parque entero de bipalas en movimiento es visualmente inquietante, por causas que la neurología todavía no explica. Las turbinas tripala pueden ser intimidantes, pero parecen gesticular menos. A veces son factores como éste los que deciden cuál va a ser la tecnología dominante del medio siglo siguiente.

Según usos y costumbres de sus “talibanes de mercado”, EEUU cajoneó tontamente sus prototipos debido al bajón del precio del petróleo en 1981. Vestas, tras copiarles varias ideas, tomó otras del consorcio académico alemán Tvind, dominado por ingenieros aeronáuticos. Cuando el mundo se quiso acordar, los vikingos eran los amos del mercado eólico mundial y su marca, un emblema nacional, como Nokia lo fue para Finlandia, más brevemente, en telefonía celular. Cada vikingo con su chiche.

El boicot de petróleo de la OPEP en 1973 decidió la matriz energética de Europa Continental durante casi dos generaciones. Los franceses se desligaron del petróleo y gas árabes con el más impresionante desarrollo de la energía nuclear de la historia: Francia llegó a un 80% atómico en su matriz eléctrica, y tiene el MW/h más barato de la UE y exporta electricidad a sus vecinos alemanes, que cerraron las suyas de puro ecologistas. Pero el resto de la UE no pudo y luego no quiso seguirles el paso a los franceses, y cada país europeo occidental según sus habilidades y recursos, entre los cuales está su capacidad de invadir a otros países, fue volviendo a un mix con base en el carbón y el gas de exportadores diversos.

Los ingleses vivieron una generación entera del gas escocés del Mar del Norte. “El Continente”, como lo llaman los británicos, vive de gas de África del Norte, de Medio Oriente y de la URSS, luego Rusia. Tener tres proveedores hostiles es menos peligroso que tener uno solo, salvo que se pongan de acuerdo en joderte. Alemania tiene claro que si eso sucede, carece del poder militar con que EEUU conseguía petróleo árabe como fuera, vendiéndote armas o usándolas en tu contra, hasta 2014. La lección de ecología alemana al mundo, el “Energiewende”, el mundo la compra a medias: la electricidad alemana de base viene de las centrales nucleares francesas y de la antracita y la lignita propias, así como las de Polonia. Estas últimas son la fuente más sucia según sus emisiones de “gases de efecto invernadero”, o GEI.

Dinamarca tiene otras motivaciones que explican su hiper-desarrollo eólico: un país chico con alto nivel de vida tiene que ser número uno en algo que necesiten sí o sí todos los demás. Y con el recalentamiento global establecido como el problema más grave de la civilización desde la Conferencia de Río de Janeiro en 1992, Dinamarca apostó bien: la era del petróleo no se acabaría por falta de petróleo, del mismo modo que la edad de piedra no se terminó por falta de piedras.

La feroz competencia entre daneses y alemanes logró una baja del costo del MWh eólico a fuerza de acumular mejoras tecnológicas continuas en la turbina llamada “danesa”, que ya sabemos es yanqui. La principal de tales mejoras fue su crecimiento en altura al cubo de la hélice y en el área barrida por la misma, aunque como solución es un problema. Vestas dice que su V-150, el molino terrestre más alto del mundo, aquel cuya góndola estará armando Newsan en Campana, puede iluminar 5000 hogares. Y es cierto, si el aparato está en un sitio donde el viento sopla a entre 6 y 8 m/s 24x7x365. Que no exista ese lugar en este planeta no es un problema del fabricante.

Pero lo innegable es que el costo del MWh eólico hace aproximadamente cuatro años se puso a la par con el térmico y el nuclear, y ése es un “game changer” mundial. Si surge una tecnología que sirva para almacenar electricidad eólica en forma barata, “game over” para las fuentes térmicas, y quién te dice que no, quizás para las nucleares. Sería una lástima: llevamos 60 años en el tema y lideramos el segundo pelotón en esta carrera.

Planificar nuestro futuro energético a 30 años en base a un desarrollo que todavía no existe es un deporte para idiotas, o para lobistas del petróleo.

Daniel E. Arias