Coronavirus: científicos argentinos proponen usar el suero de pacientes recuperados

Es la misma técnica que utilizó el médico e investigador argentino Julio Maiztegui en los ´70 para reducir la mortalidad por fiebre hemorrágica, la que antes se había probado durante la epidemia de gripe de 1918, el brote de polio en los ´50 y, más cerca en el tiempo, contra el ébola. Ahora podría convertirse en un tratamiento efectivo contra el coronavirus. Se trata de la terapia con plasma de convalecientes: utilizar los anticuerpos generados por personas que se recuperaron para ayudar a otros pacientes a combatir el virus.

Un grupo de médicos y científicos argentinos de instituciones públicas y privadas han elaborado el protocolo de uso de plasma convaleciente para tratamiento del Covid-19 con el objetivo de comenzar a ensayar en el país esta terapia experimental y comprobar su efectividad y seguridad. El protocolo ya fue presentado ante el Ministerio de Salud y está pendiente de aprobación.

“Estamos esperando la respuesta para iniciar la investigación. Hay mucha gente interesada en poder empezar a recolectar plasma y administrarlo a pacientes internados con Covid-19. Se trata de contar con una herramienta más, independiente de las terapias que se están investigando con fármacos”, explicó David Barbieri, jefe de sección a cargo de la Guardia Médica Operativa del Instituto de Trasplante.

Esta semana, en Estados Unidos, el Hospital Metodista de Houston y el Centro Médico Mount Sinai de Nueva York comenzaron a usar el plasma de convalecientes en cinco pacientes críticos. También en China se hicieron estudios con resultados alentadores, aunque fueron con muy pocos pacientes, lo que impide sacar conclusiones definitivas. “Por eso se necesitan más evidencias científicas. Hay casuística en otras patologías, como el ébola o el SARS, pero aún no en coronavirus”, agregó Barbieri.

Cuando una persona tiene una infección, su organismo reacciona creando anticuerpos para defenderse. Una vez que se recupera, esos anticuerpos quedan almacenados en el plasma, la porción líquida de la sangre que se obtiene luego de extraer los glóbulos rojos y las plaquetas. Lo que se busca es ver si los anticuerpos donados por personas que hayan sobrevivido al coronavirus pueden neutralizar al virus en pacientes con Covid-19.

Se trata de generar una inmunidad pasiva. Mientras que la inmunidad activa se da cuando una persona se vacuna y genera sus propios anticuerpos contra alguna enfermedad, la inmunidad pasiva es básicamente transferir los anticuerpos”, sostuvo Barbieri, médico especialista en clínica médica, terapia intensiva y emergentología.

Una de las claves es contar con una suficiente cantidad de pacientes recuperados (en Argentina hasta ayer eran 266) y que estén en condiciones de donar sangre. La muestra luego es analizada para descartar otras patologías y la presencia del virus. Una vez obtenido el plasma y comprobado que tienen la suficiente cantidad de anticuerpos, se realiza una transfusión a los pacientes internados por Covid-19. “Se puede hacer por dos vías: emplear el mismo plasma en diferentes dosis para administrarlo a los potenciales receptores, o hay otra técnica que ya estuvimos hablando con el Laboratorio de Hemoderivados de Córdoba, de elaborar gammaglobulinas hiperinmunes”.

Además de Barbieri, en el grupo de médicos que está trabajando en el estudio se encuentran: Celso Arabetti, director de la Unidad de Investigación Clínica de la FCB Universidad Austral; Horacio Ariza, médico infectólogo de la Clínica Regina de Río Negro; Silvia Bucciarelli, ex especialista de emergencias en infecciones del Hospital Clínic de Barcelona; María Julia Cremona, gerente de Asuntos Regulatorios de la Unidad de Investigación Clínica de la Universidad Austral; Jorge Geffner, director del Departamento de Microbiología de la Facultad de Medicina (UBA); Federico Gorini, jefe de la Unidad de Hematología y Hemoterapia del Hospital Evita Pueblo de Berazategui; Néstor Gorini, jefe de Cardiología del mismo hospital; Víctor Romanowski, investigador del Conicet y director del Laboratorio de Virología Molecular (IBBM), y Santiago Spadafora, director de un posgrado de la Universidad Isalud.

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