El 85% de los trabajadores de la salud sufre de ansiedad y depresión, por temor a contagiar a su familia

El agotamiento de los equipos de salud aumenta.
Casi 9 de cada 10 trabajadores de la salud que atienden casos de Covid-19 manifiestan síntomas de ansiedad y depresión por el temor a contagiar a sus familiares. El dato surge de un trabajo realizado por investigadores del Conicet y cuatro universidades orientado a relevar y evaluar cómo afecta la pandemia de coronavirus el bienestar psicológico del personal sanitario. El objetivo es diseñar procedimientos de apoyo psicosocial que puedan ayudar en su contención, sobre todo cuando se produzca el pico de casos.
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Más de 800 médicos, enfermeros, camilleros y kinesiólogos de todo el país respondieron en los últimos 20 días el cuestionario que permitió arribar a un primer diagnóstico (el sondeo continúa abierto y se puede acceder desde aquí).
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Los primeros resultados arrojan que la principal amenaza al bienestar psicológico del personal de salud es la posibilidad de transmitir el virus a sus seres queridos (84%), aún más que las chances de infectarse ellos mismos (65%) y en tercer lugar la posibilidad de tener que decidir sobre a quién atender y a quién no (36%).
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En Argentina, de acuerdo a los últimos datos oficiales, el 14% de los casos confirmados de coronavirus correspondía a personal de salud, una cifra que varía entre los países, pero que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ubica en torno al 10%.
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Según el sondeo realizado por un equipo de investigadores del Conicet y de las Universidades de Buenos Aires (UBA), Universidad Adventista del Plata (UAP), Universidad Austral (UA) y Universidad de Ciencias Sociales y Empresariales (UCES), el 65% de los consultados considera que no cuenta con equipo adecuado, menos de uno de cada tres (29%) tiene un grupo de contención psicológica en su trabajo y tres de cada cuatro creen que esa herramienta podría ayudarlos.
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«El personal de salud constituye un grupo de riesgo especial, ya que no sólo sufre la ansiedad de cuidar a los enfermos, sino que también, muchas veces, enfrenta una grave falta de equipo de protección personal y se encuentra con protocolos hospitalarios que cambian rápidamente. A veces, renuncian a la compañía de su familia por temor a contagiarlos. Es un nivel completamente diferente de soledad del que enfrenta la mayoría. Por lo tanto, no debería sorprender que el bienestar mental de los trabajadores de la salud esté en grave peligro», afirman los autores del primer informe de avance del proyecto dirigido por María Cristina Richaud, investigadora superior del Conicet, asesora científica de la UAP y directora de maestría en la UA.
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En el informe, sostienen que tanto quienes temen contraer el virus, como a los que los atemoriza transmitírselo a sus seres queridos, así como aquellos que tienen miedo a la posibilidad de tener que decidir a quién se atiende y a quién no, presentan más indicadores de depresión, ansiedad, intolerancia a la incertidumbre, a la vez que desarrollan un afrontamiento más disfuncional que quienes no informan ninguno de estos temores.
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Los indicadores más marcados de depresión en los más temerosos son «me siento triste» y «no duermo tan bien como antes», precisan. Mientras que los marcadores de ansiedad que más aparecen son «siento miedo» (ansiedad cognitiva), «mi cuerpo está tenso» (ansiedad fisiológica) y «lloro o me conmuevo fácilmente» (ansiedad comportamental).
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Este no es un problema estrictamente local, ni siquiera nuevo. Un estudio realizado en China durante esta pandemia –apuntan los autores- señala que durante el brote de SARS de 2003, los trabajadores de la salud temieron infectar a sus familiares o amigos y se sintieron estigmatizados, por lo que experimentaron un estrés​ significativo a largo plazo.
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¿El temor puede afectar la atención de los pacientes? «Sí, porque puede producir descontrol (ira y violencia), evitación (consumo de sustancias o automedicación para desconectarse psíquicamente de lo que les toca vivir) o incluso paralización, entre otras respuestas. Y estos mecanismos bajan la eficiencia en la realización de sus tareas. El estrés sostenido no solo baja las defensas, sino también afecta los niveles de atención y concentración disminuyendo nuestra capacidad de trabajo y afectando la toma de decisiones», responde Richaud, licenciada en psicología y doctora en filosofía y letras.
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El diagnóstico coincide con la apreciación de Omar Sued, presidente de la Sociedad Argentina de Infectología (SADI) y uno de los integrantes del comité asesor del Gobierno en el manejo de la pandemia, quien afirma que el personal de salud está «muy angustiado». «Somos parte de esta sociedad, estamos todos involucrados en la respuesta. Pero el personal de salud también está sintiéndose responsable de lo que tiene que hacer, muchos están muy angustiados por infectarse y llevar esa infección a su casa. En tercer lugar, por no estar trabajando en las condiciones óptimas en algunos momentos”.
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Pese a los repudiables actos de discriminación que sufren algunos profesionales de la salud, sólo el 14% de los encuestados se siente estigmatizado. Pero entre los estigmatizados, los síntomas se agudizan. «Muestran indicadores más altos de depresión que los que no se sienten estigmatizados. También muestran mayores indicadores de ansiedad y presentan valores mayores en intolerancia a la incertidumbre», apunta Richaud.
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La conclusión a la que arribaron los investigadores es que, en todos los casos, el personal de salud abocado al tratamiento de pacientes con Covid-19, presenta valores aumentados en los índices de depresión, ansiedad e intolerancia a la incertidumbre y desarrollan estrategias disfuncionales de afrontamiento, ya sea en forma de descontrol («Estallo por cualquier cosa») o de evitación («No quiero ver cómo son las cosas»). Estos deberían ser atendidas por especialistas de la salud mental, es decir, psiquiatras y psicólogos.
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