Cuarentena: ¿»Botón rojo» sí o no? Una discusión unitaria en un país federal

Desde el comienzo de la pandemia, en AgendAR hemos tratado de enfocarla como lo que es: una catástrofe sanitaria, sobre la que los expertos en la materia todavía conocen poco -aunque bastante más que hace 9 meses.

Sus consejos deben ser tomados en cuenta por encima de las medias verdades y delirios que circulan con tanta facilidad en la sociedad moderna. De la misma forma que procedemos cuando consultamos a un médico sobre una dolencia personal.

Como la pandemia es una catástrofe de la sociedad, también debemos escuchar a economistas, científicos sociales y psicólogos. Teniendo presente que tampoco ellos son infalibles, claro.

Repetimos estas obviedades porque en Argentina -como era muy previsible en este tiempo- la discusión se ha politizado. Muchos de los partidarios del gobierno actual le están reclamando endurecer las medidas de aislamiento. «Un regreso a la Fase 1», como se intentó en julio en el Área Metropolitana, pero esta vez obligando a los renuentes a cumplirla. No se cuestionan si es posible o hasta qué punto, ni se debaten las medidas concretas. Se ve al cumplimiento como una actitud moral, de valorizar al vida humana sobre todo, y se cuestiona en voz baja al gobierno porque no se apura a imponerlo.

Los opositores al gobierno no se oponen abiertamente a la cuarentena, salvo grupos delirantes sin organicidad reconocida. Pero cuestionan todas las medidas, e insinúan que el gobierno las usa para imponer un nefasto plan autoritario.

Los medios masivos de ese lado de la «grieta» -el sector más importante del arco opositor- insisten constantemente en las fallas de la cuarentena, el perjuicio que causa a la economía, y hasta la depresión y la carga emocional que provoca (la anomia y el aislamiento en la sociedad urbana moderna han desaparecido como tema).

No vamos a aparentar una «neutralidad» absurda: volvemos a insistir en AgendAR que -hasta que se disponga de vacunas confiables, en algunos meses, con suerte- el recurso primitivo de la cuarentena, el «distanciamiento social»- es el único que permite aminorar los contagios.

Pero, como dijimos desde el comienzo, no hay ni puede haber cuarentena perfecta en ningún país. El gobierno lo reconoció desde el comienzo: las personas que trabajan en la producción de alimentos, de combustibles, de medicamentos, todas las actividades rurales, el transporte de cargas. Los heroicos trabajadores de la salud, las fuerzas de seguridad para hacer cumplir las normas… Todos ellos debían ser exceptuados y lo fueron. Pero son humanos, y también se contagian y contagian.

Juegan también por supuesto, para no «quedarse en casa» la necesidad de muchos, la irresponsabilidad de otros, y hasta -señala un psicólogo- la negación. Los 2 primeros factores juegan más fuerte a medida que pasan los meses. Haga lo que haga el gobierno nacional.

¿Entonces, por encima de todo el ruido político, ¿transitaremos el camino de los países europeos más poblados, España, Francia, Italia, Gran Bretaña: cuarentenas, aperturas parciales, rebrotes, cierres también parciales de algunas actividades? Sí, con una diferencia que tiene que ver con que la Argentina es un país extenso y diverso.

Para precisar, recurrimos al artículo de uno de los periodistas que escribe con seriedad y con datos estadísticos sobre el tema, Pablo Sigal, que reúne los datos de los últimos tres meses. Hemos procurado minimizar el sesgo «clarinista», y se agrega al pie de la nota una opinión personal de este editor.

A. B. F.

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«El Interior, la Ciudad, y el Gran Buenos Aires. Un análisis de las curvas de los tres territorios desde comienzos de junio hasta el presente.

(N. de la R.: el «Interior» es como los medios que se dirigen principalmente al público porteño denominan al territorio de la República Argentina que no es el AMBA, la «Ciudad» es la Capital Federal, o Ciudad Autónoma. El Gran Buenos Aires tiene una identidad muy fuerte, aunque comprende sectores tan diversos como Las Horquetas en San Isidro y González Catán en La Matanza. En el texto se desliza una confusión entre el GBA y la provincia de Buenos Aires, que lo incluye)

Si uno supusiera que la cantidad de casos debería representar la población de cada territorio, el país hoy tendría una alteración en ese sentido. En realidad, pesa más la densidad poblacional que la cantidad de habitantes. En la Ciudad vive el 6,51 por ciento de los argentinos y tiene el 22 por ciento de los contagiados.

En la provincia de Buenos Aires vive el 16,6 por ciento de la población nacional y hoy tiene el 62 por ciento de los contagiados. Mientras que en el resto del país habita el 58,5 por ciento de la gente y el 16 por ciento de los Covid positivos. La «coparticipación» del coronavirus se muestra claramente desbalanceada.

Pero… el mapa en este presente pre primaveral indica que la Ciudad representa el 22 por ciento de los casos de todo el país, mientras que el interior acapara el 16 por ciento. Un mes antes, la primera se llevaba el 31 por ciento y el conjunto de las provincias, el 9 por ciento.

Este “desparramo” del Covid es la nacionalización de la pandemia, que durante los primeros meses se había concentrado en el AMBA. La provincia de Buenos Aires, por su parte, mantiene su cuota de representación sin grandes variaciones. Tanto a principios de septiembre como a comienzos de agosto se anotó y se anota entre el 60 y el 62 por ciento de los contagios.

Llama la atención, cuando se lo observa, el derrotero que han tenido las curvas de estos tres territorios. Al hacer un análisis desde junio, se puede ver que desde el primer día de ese mes hasta el 1° de julio, la provincia de Buenos Aires aumentó sus contagios un 442 por ciento. El mes siguiente trepó 254 por ciento. Y de agosto a septiembre, el 135 por ciento. Hay un freno más leve que el de la Ciudad, y con ese impulso se va acercando al pico.

En el caso, de la Ciudad, la suba fue del 229 por ciento de junio a julio y del 117 por ciento de julio a agosto. En el último mes el escalón bajó al 64 por ciento. En el Interior, en cambio, esa variación fue de menor a mayor en el mismo periodo: 112 por ciento de junio a julio, 197 por ciento de julio a agosto y 314 por ciento de agosto a septiembre.

Tanto está creciendo el número de contagiados en el Interior (sobre todo en Jujuy, Santa Fe, Córdoba y Mendoza) que la totalidad de casos en la suma de las provincias se acerca aceleradamente al saldo de la Ciudad. Sucederá más temprano que tarde, por la gran diferencia de velocidad que han alcanzado las curvas.

Según Daniel Gervini, profesor en el Departamento de Ciencias Matemáticas de la Universidad de Wisconsin, Estados Unidos, “la curva de casos diarios en la Ciudad de Buenos Aires está amesetada desde principios de agosto”. Y agrega un dato: “La novedad ahora es que la curva de muertes diarias también se amesetó. Esto es importante porque confirma el amesetamiento; los casos confirmados por tests siempre subestiman la cantidad real de contagiados, pero los muertos están generalmente bien contados”.

Sobre el advenimiento del pico, hace una aclaración: “Muchos creen que es el fin de la epidemia. En realidad, el pico es el máximo de casos diarios, pero después del pico los casos diarios empiezan a descender lentamente o incluso se amesetan por un tiempo, como en la ciudad de Buenos Aires. Por eso, el pico es el medio de la epidemia, no el final”.

El camino es largo y, huérfanos de vacuna, aún queda mucho camino por recorrer: “Después del pico hay más o menos la misma cantidad de casos que antes del pico. Por eso, si en el Conurbano ocurre cuando haya 400.000 casos como estamos previendo, para el final de la pandemia a fines de noviembre va a haber un total de 800.000 casos acumulados».

A esto hay que sumarle los aproximadamente 200.000 casos previstos para la Capital, por lo que «para fines de noviembre va a haber aproximadamente 1.000.000 de casos acumulados sólo en el área metropolitana de Buenos Aires», agrega Gervini.

Si la tasa de mortalidad actual de aproximadamente el 2 por ciento se sostiene en el tiempo (de esto depende mucho la posibilidad de respuesta de los hospitales), eso significaría unos 20.000 muertos para el momento en que la curva termine de descender.

A nivel global, la novedad de las últimas horas es que India le pisa los talones a Brasil en cantidad de contagiados (la diferencia es de poco más de 3.000 casos) para ubicarse en el segundo lugar del ránking. Aunque por ahora tiene casi la mitad de muertes. Estados Unidos permanece en la cima.

Argentina continúa en el décimo puesto y se acerca a España, que está en el noveno. Es probable que en pocos días lo sobrepase, aunque los rebrotes en el país europeo pueden demorar ese movimiento y darle un respiro a nuestro país en su espiral ascendente en el concierto mundial.»

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Me parece inevitable -no ideal, ni siquiera conveniente, pero inevitable- que las decisiones para minimizar contagios se tomen cada vez más a nivel provincial, y aún local. Ya está pasando.

Hay una diferencia importante en la realidad nuestra, y la de esos otros países federales extensos en nuestro continente, EE.UU., México y Brasil. Donde las «cuarentenas», uso de barbijos, etc.,… se decidieron en forma local

En esos países sus respectivos presidentes no impulsaron medidas de aislamiento estricto desde el comienzo de la pandemia, y en el nuestro sí. Creo que esa decisión de Alberto Fernández sirvió para retrasar algunos meses el aluvión de contagios, y preparar mejor nuestro sistema salud. Lo que se puede mejorar en algunos meses, que no es mucho. Quienes sobrevivamos, deberemos agradecérselo.