Argentina impulsará la producción pública de medicamentos

Un Consejo Tecnológico Sectorial que se ocupa de la producción nacional de medicamentos desarrolló los lineamientos de una convocatoria que, con un presupuesto estimado de 500 millones de pesos promoverá la producción pública de insumos y vacunas.

Participaron la Secretaría de Planeamiento y Políticas y la Dirección Nacional de Proyectos Estratégicos del Ministerio de Ciencia y Tecnología, junto con la Agencia Nacional de Laboratorios Públicos (ANLAP), que depende del Ministerio de Salud, en la definición de las líneas prioritarias.

“La pandemia nos permitió darnos cuenta cuán dependientes somos y cuánto necesitamos desarrollar la industria local para adquirir la soberanía en el manejo de nuestras propias enfermedades. La pandemia desnudó también la fragilidad de nuestro sistema productivo, en términos de abastecimiento de un montón de productos”, dice Sonia Tarragona, subsecretaria de Medicamentos e Información Estratégica del Ministerio de Salud de la Nación.

Para definir una serie de lineamientos se hicieron estudios en varias áreas sobre las capacidades instaladas en los laboratorios de producción pública, así como en los programas y áreas del Ministerio de Salud, para establecer cuáles podrían ser los medicamentos y productos estratégicos a producir.


Creada en el año 2014 mediante la sanción de la Ley 27.113, la ANLAP integra a 42 laboratorios públicos distribuidos en 15 provincias del país, como es el caso del LIF, en Santa Fe.

Cuando comenzó a crecer la cantidad de enfermos de COVID-19 en la Argentina, toda la atención estaba puesta en controlar la epidemia del dengue, que durante 2020 afectó a más de 59.000 personas en 17 provincias del país, según el último Boletín Epidemiológico que elabora el Ministerio de Salud.

Otras enfermedades que reclaman gran atención de las autoridades sanitarias son el Chagas, una enfermedad endémica en el país que afecta a alrededor de 2 millones de argentinos (según datos de OPS/OMS), y la Fiebre Hemorrágica Argentina (FHA), otra enfermedad infecciosa endémica que, en este caso, suele afectar a trabajadores rurales del noroeste de la provincia de Buenos Aires, sur de Córdoba y de Santa Fe, y norte de La Pampa.

“Lo inédito es la forma holística de mirar el tema y la articulación que estamos impulsando desde Ciencia y Tecnología con los Ministerios de Salud y de Desarrollo Productivo”, dijo Erica Carrizo, directora Nacional de Proyectos Estratégicos del MINCYT.

Carrizo detalló los lineamientos definidos, que fueron analizados y validados este viernes por el Consejo Tecnológico Sectorial en Producción Nacional de Medicamentos del MINCYT, y que incluyen tres líneas prioritarias:

  • una vinculada con la producción de vacunas para enfermedades de control estratégico (específicamente para la FHA, la BCG pediátrica e intravesical, para a la rabia humana y animal, y la fiebre amarilla);
  • una segunda línea orientada a investigación, desarrollo y producción de sueros antivenenos, antitoxinas y antivirales, y medicamentos para enfermedades poco frecuentes y desatendidas (como dengue, zika, chikungunya, leishmaniasis y chagas);
  • y una tercera orientada a la modernización tecnológica para fabricación a mayor escala y adecuación a la normativa de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) en la producción de medicamentos, vacunas y productos médicos, para que los insumos elaborados por esos laboratorios públicos puedan tener alcance nacional.

“Hay líneas avanzadas en esos temas -dice Carrizo- pero les falta desarrollo. Por ejemplo, en el caso de la BCG, se produce la vacuna intravesical a baja escala, eso se podría ampliar para cubrir la demanda nacional e, incluso, pasar a producir la pediátrica, que es un paso no tan complejo. Tampoco hay una vacuna pediátrica para la FHA y las vacunas para rabia se han producido en alguna época en el país pero luego se han discontinuado.

«Como ya existe esa trayectoria, se podría retomar esa producción con un salto tecnológico, porque antes se utilizaba una técnica que ahora es desaconsejada por la Organización Mundial de la Salud (OMS)”, ejemplificó Nicolás Chiarante, responsable de vinculación científico-tecnológica de la ANLAP. Según Chiarante, es la primera vez que esa agencia realiza una vinculación “tan fuerte” con Ciencia y Tecnología a partir del involucramiento en una convocatoria de este tipo.

“La pandemia puso sobre la mesa que uno no puede transformar la política pública desde un único organismo, dirección o ministerio. Por lo general, todo termina siendo transversal. Por eso, entendemos lo interdisciplinario e interministerial como un tema de éxito, y en ese sentido tratamos de promover la integración entre los diferentes organismos y trabajamos con Ciencia y Tecnología (el MINCYT) , Producción, ANMAT y, lógicamente, con el Ministerio de Salud, del que somos parte”, destacó Gastón Morán, presidente de la ANLAP.

Desde el MINCYT, Carrizo dijo que la pandemia los empujó a generar soluciones en el corto plazo: “Las escalas temporales cambiaron, ciencia y tecnología respondió muy bien y de forma inédita. No solo hay más conciencia del sector de ciencia y tecnología, sino también de la sociedad general, sobre generar resultados en el corto plazo, no porque queremos sino porque son necesarios, especialmente en el sector salud.

«Creo que la pandemia nos activó en ese sentido -continúa Carrizo- y que el enfoque de políticas orientadas por misión (incluido en el nuevo Plan Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación 2030) permite otro tipo de seguimiento de resultados. Si se financia el desarrollo de una vacuna, por ejemplo, el éxito estará dado por si se obtuvo o no, más allá de los «papers» publicados, o de la cantidad y calidad de investigadores que se hayan formado en el proceso”, explica la especialista.

Desde AgendAR apuntamos que toda esta matriz transversal de relaciones entre ministerios y agencias es necesaria, pero no una novedad. A fines de 2015 seguía en construcción y ya era robusta, pero se vino abajo con la Ley de Ministerios del gobierno de Mauricio Macri, que rompió la mayor parte de los puentes colaborativos generados entre el MINCYT y la administración pública sanitaria y productiva. Todo esto es laboriosa reconstrucción, pero con el valor agregado de algunas ideas nuevas de financiamiento, cobertura de áreas vacantes, y exportación. Eso se detalla con lo que sigue:

Un artículo de la agencia TSS dice que la convocatoria para desarrollo de medicamentos críticos se ejecutará a través del FONARSEC (con financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo) y estará orientada a financiar proyectos a corto plazo (tres años) de laboratorios públicos incluidos dentro de la ANLAP, que agrupa a 42 establecimientos repartidos en casi todas las regiones del país. Se buscará que sean proyectos que ya estén avanzados, con la intención de lograr abastecer a la demanda nacional, en una primera instancia, y estimular la posibilidad de poder exportar esos productos en el futuro a países de la región que tengan problemáticas similares.

Todos las tienen, observamos desde AgendAR. Para referirse al aquí y al ahora, ¿qué país de la región tiene asegurado el acceso durante 2022 y 2023 a vacunas contra el Covid-19? Ni siquiera la Argentina, pese a que es productor para toda la región de la fórmula Oxford, de AstraZeneca.

Pero las universidades nacionales de San Martín (UNSAM) y del Litoral (UNL) tienen fórmulas que ya salieron de testeos preclínicos, con animales, y deben empezar a cruzar la etapa de ensayos de fase I, II y III en humanos.

Retoma Carrizo, del MINCYT: “Estamos hablando de un sector estratégico que, a nivel global y nacional, presenta una alta concentración de mercado. La pandemia nos puso ante una situación límite, tuvimos que encontrar respuestas rápidas y eficaces, y la ciencia y la tecnología jugaron un rol importantísimo. La idea es utilizar esa misma mirada, en el mediano y largo plazo, para otros temas de salud pública que requieran un foco similar”.

Observación final de AgendAR: la crisis actual puede ser una nueva oportunidad para que la ANLAP, con su red de 42 laboratorios, se ocupe con medios financieros, materiales, científicos, tecnológicos y productivos propios del dengue, el zika, el chikungunya, la rabia, la neumonía a hantavirus en los Andes Patagónicos, la fiebre hemorrágica argentina en la Pampa Maicera, la leishmaniasis y el mal de Chagas en cada vez más ecorregiones, avanzan fogoneadas por el cambio climático y la pobreza. Son «enfermedades huérfanas», porque quienes las sufren raramente tienen capacidad de compra para constituir un mercado. No se irán solas. Y nadie se hará cargo de ellas, salvo el estado.

La noticia es que en términos institucionales, se vuelve a arremangar la camisa para hacerlo.

VIAAgencia TSS - UNSAM - Vanina Lombardi