Un choque ruso inglés que sucedió hace semanas en el Mar del Norte nos toca de cerca, argentos, aunque no parezca. Remite a dos batallas navales: la de Malvinas en 1914, y la del Río de la Plata, en 1939. La primera, sucedida al norte de Port Stanley, decidió el resultado del resto de la Pimera Guerra Mundial.La última fue tan brutal y cercana que los cañonazos se escuchaban en la Costanera Sur de la Capital Federal.
Indirectamente, ambas batallas decidieron la historia actual. En 1914 y en 1939 el Reino Unido era la primera potencia naval del planeta. Hoy, en cambio, es un rejunte rajado de tres países que se odian y que pretende ser un solo país. Y en términos cientificos, tecnológicos, industriales, económicos, culturales, diplomáticos y y militares, se ha vuelto irrelevante: no es ni la sombra de su sombra.
Y sin embargo sigue aferrado a nuestras islas Malvinas con uñas y dientes. Si en la década de los ’70 estudiaba discretamente cómo hacer retrocesión del archipiélago a la Argentina, hoy no tiene maldita la intención de irse. Es más, más que nunca, tiene razones excelentes para no irse.
La noticia que dispara estas reflexiones y recuerdos argentinos la acaba de provocar el Yantar. El mismo buque ruso que buscó durante un mes al submarino ARA San Juan en 2017, y sin cobrar un mango. Volvió a ser noticia en noviembre pasado en los medios ingleses en noviembre. Y en la perruna prensa argentina, ya no se lo menciona como barco heroico, sino como buque espía.
Chocolate por la noticia. Es ambas cosas. Y además es un buque de sabotaje de infraestructura submarina, es decir especializado en «guerra de fondos», algo muy ajeno a la cultura y las tradiciones navales argentas, pero que decide la historia del mundo y de sus guerras.
La Marina Real Británica detectó su presencia en las aguas del norte de Escocia este noviembre, por segunda vez en el año. En esta ocasión, la amenaza fue más seria: el buque apuntó con rayos láser a los pilotos de los aviones de la Fuerza Aérea británica que lo vigilaban.
El láser en banda visible hoy es un apuntador. Sigue y designa un blanco y el reflejo, muy intenso sirve de guía para cualquier misil antiaéreo de guiado óptico. Como mensaje para el piloto, significa «te tengo en la mira, bro, tomátelas». Pero ya hace 40 años servía para causar ceguera temporaria en los pilotos. Mensaje: «Seguí aquí, y vas a aterrizar con perro y bastón».
El ministro de Defensa británico, John Healey se puso cabrero, no se imaginen lo cabrero que se puso. «Mi mensaje para Rusia y para Putin es que los vemos. Sabemos lo que están haciendo. Y si el Yantar se dirige hacia el sur esta semana, estamos preparados«, declaró en una conferencia de prensa.
Aparentemente los rusos también están preparados.
Una fragata de la Marina Real y varios aviones P-8 de la RAF (Fuerza Aérea Real) persiguen al Yantar, calificado por las inteligentes autoridades militares británicas como un barco de inteligencia. Lo dicho, es más que eso.
El Yantar es un cortaplumas suizo y como tal, un arma
El buque Yantar («Ámbar», en ruso) está registrado en el catálogo de Lloyd’s como barco de investigación oceanográfica en aguas profundas. Cuenta con dos pequeños submarinos autónomos, llamados Rus y Konsul En 2017 se usaron para buscar al ARA San Juan a entre 200 y 6000 metros de profundidad, en el talud de la plataforma continental argentina y el fondo abisal. Su minuciosa peinada no tuvo éxito.
Pero ahora, con su geolocalización desactivada, es inubicable y, con pleno derecho considerado un arma de guerra, de sabojotaje o de espionaje. Chocolate de nuevo. Según el gobierno británico, se usa para mapear el fondo del mar, y podría cortar o espiar cables submarinos de fibra óptica. Más y más chocolate.
«Forma parte de una flota rusa diseñada para poner en peligro y comprometer nuestras infraestructuras submarinas y las de nuestros aliados», aseguró el ministro de Defensa británico. Según Healey, se trata de «un programa ruso destinado a desarrollar capacidades que permitan asegurar la vigilancia en tiempo de paz y el sabotaje en tiempo de conflicto«.
De esto último, allá en Londres «la saben lunga». Como se verá enseguida.
UN CASO RECIENTE DE GUERRA DE FONDOS
En 2022 dos barcos noruegos especializados en esta vieja disciplina levaron buzos tácticos de la US Navy. A 90 metros de profundidad estos volaron los gasoductos Nord Stream-1 Nord Stream-2. Eran dos haces de dos tubos cada. Corrían por el fondo del Mar Báltico, y habían sido construidos con plata rusa. La idea de Gazprom, rusa y la mayor empresa mundial en gas natural, era facturar gas a Alemania, y vía Alemania, a casi todo el norte de Europa.
Sin los Nord Stream la industria más amenazada de una recesión energética era la germana, y por falta de potencia electromotriz. Alemania acababa de cerrar la última de sus 18 plantas nucleares, algunas con 20 años de servicio por delante, y las había reemplazado a la que te criaste reabriendo viejas plantas térmicas a carbón en el valle del Ruhr y en Silesia. Y con gas ruso, como todo el resto de la UE, pero mucho más que el resto de la UE:
Los resultados fueron horribles. La electricidad domiciliaria germana postnuclear se volvió hasta 10 veces más cara, y la quema de carbón desde principios de siglo fue llenando de humo humo campos y ciudades a sotavento. Produce lluvia ácida (un problema que había casi desaparecido en toda Europa media y orienta.
La lluvia ácida ahora sigue cayendo en la República Checa, norte de Italia, Francia, Polonia, Holanda, Hungría, Bulgaria, Bélgica, Eslovaquia y e incluso España. Mata los bosques, esteriliza las tierras cultivadas, corroe la infraestructura urbana metálica y de piedra… en suma, es una porquería.
El cierre de Brokdorf, Grohnde, Gundremmingen C, Isar 2, Emsland y Neckarwestheim no fueron las primeras malas decisiones tomadas por Alemania (a consultar con un tal Adof H.) que terminaron jodiendo a casi toda Europa. Pero esta movida arrancó por perjudicar a la propia Alemania.
En 2018 se medió la pérdida de expectativa de vida causada en la población urbana de Alemania por la emision de chimeneas y de escapes: Ya estaba en 18 meses. Alegría, amigos: Greenpeace y el Partido Verde les acaban de acortar la vida en un año y medio. Y recién empiezan.
Francia, la más nuclear de las economías europeas, pudo rellenar al menos parcialmente el bache de consumo eléctrico, pero por el exceso de demanda causado por la desnuclearización total de Alemania, el precio francés al consumidor final de megavatios hora saltó de 27, 76 euros a 49 y al toque, a 68 euros en el caso de los contratos interrumpibles. Amigos, Greenpeace les está saliendo un poco cara.
Los europeos se colgaron del gas natural ruso como chancho de la teta. Sin embargo, no había ni hay suficientes ductos y el precio de última milla del gas natural seguía yéndose al requinto. La última esperanza de Alemania, Bélgica y Holanda fue la inaguración del segundo Nord Stream. Era claro que habría un tercero y un cuarto Pero la explosión de los dos primeros liberó a la atmósfera 480.000 toneladas de metano y ocurrió en zonas económicas exclusivas de Suecia y Dinamarca. Ergo, vigiladas por esos dos países.
Los que el 26 de septiembre de 2022 reventaron ambos ductos sabían lo que hacían. Ésa es guerra de fondo, oh, lectores míos y mis únicos amigos verdaderos. La guerra de fondos no sale en los noticieros, al menos con ese título. En general logra no salir. Y tiene extraños efectos no sólo bélicos sino sociales y diplomáticos.
En unidades de masa, el gas natural, o GN, es hasta un 10% más eficiente que el licuado (GNL) en su capacidad de producir calor. El gas natural es casi todo metano, el hidrocarburo más liviano y volátil de todos. A diferencia del GNL, formado más bien por propano y butano, el GN no requiere de instalaciones portuarias de regasificación caras. Tampoco necesita de una distribución tipo «hub and spoke», en la que hay que arremangarse y construir ductos nuevos desde los puertos al interior, o resignarse a un abastecimiento discontinuo y muy salado en camiones metaneros, zepalines y garrafas.
La Unión Europea se tuvo que pasar con el mismo entusiasmo que suscita ir al dentista al gas licuado estadounidense. Éste llega a la UE en cantidades mucho menores, a precios mucho mayores, y de yapa te obliga a afiliarte, con paciencia de monaguillo, y hasta los sobacos, en las directivas de política exterior del State Department.
Esta fagocitosis de la UE por los EEUU se hizo más fácil, porque en febrero de 2022 ya había que barrer de las calles las nieves de invierno.
Tras dos años de investigaciones, Dinamarca y Suecia llegaron a la conclusión de que no sabían quiénes habían sido los de la voladura del Nordstream. Ellos mismos no, líbrelos Dios. ¿Cómo los investigadores podrían investigar a los investigados? Es un contrasentido lógico.
Nadie se preguntó el clásico «cui bono» de los jueces romanos. La prensa europea acusó a Rusia. Lógico, si algo le gusta a los ivanes es invertir U$ 18.500 millones en caños submarinos, no recuperar jamás ese desembolso, y soltarle los tientos económicos, diplomáticos y militares a esa vaca atada y a espera de cuchillo que es la UE.
Nadie se inculpa de la insuficiencia eléctrica de la UE, ni de los apagones españoles. Son los malditos rusos, sin los cuales los europeos no podrían vivir. Y no pueden.
Por ejemplo, el presidente Manual Macron en 2017 decidió, en un rapto de ecologismo y clarividencia casi alemán, que no alcanzaba con haber dejado en cierre por abandono la mitad de las 56 centrales nucleares de su país. No señor, dejaría decaer a la mitad no cerrada, y luego mandaría a todas a decomisión. ¿Para qué gastar en uranio proveniente del Sahel, cuando entre eólica, solar y sobre todo, gas ruso barato, se podría abastecer toda la demanda francesa?
Como Francia importa todo lo que quema, el mercado de combustibles de Francia en 2017 pensó que las cosas podían ser menos rosadas, y los usuarios intensos de transporte público, otro tanto. Por eso, en octubre de 2017 el gas natural doméstico pegó un salto del 20%, el de la nafta un 16% y el del gasoil, más recargado de impuestos, un 27%.
Francia tiene inviernos fríos, la clase media y los ricos viven en los cascos céntricos, los pobres urbanos en «la banlieue», los cinturones externos. Y los allí residentes viven viajando al y desde el centro.
Pero hasta el tren, totalmente eléctrico en todos los ramales franceses, depende desproporcionadamente del gas visto que el parque nuclear movía hasta los ferrocarriles. La flota nuclear de Francia en 2000 suplía el 80% de la demanda interna, cifra record jamás alcanzada por ningún otro país del planeta, pero en 2017 había caído 30 puntos.
La diseñadora-operadora y constructora de las centrales atómicas es Électricité de France, EDF. La derecha liberal la odia por demasiado estatal, hoy nuevamente 100% estatal. En cambio el extraño casorio de izquierda histórica con ecologistas boutique odiaba a EDF por demasiado nuclear.
Como sea, entre todos lograron que a partir de 2012, y por ley nacional, Francia detuviera su plan nuclear. Basta de centrales. Ni una más. No fuera que ocurriera un Chernobyl o un Fukushima galo. El tren de la electricidad nuclear francesa fue frenando de a poco desde los ’90 por un consenso de cúpulas.
¿Franceses inocentes de ello? No hay. Boludos sí, pero los argentinos no estamos en condiciones de señalar a nadie con el dedo.
En 2004, culpando a la dirección de EDF de mala administración de sus centrales, visto que por decisión de la centroderecha ya no se construían nuevas unidades, el gobierno de centroderecha de Jacques Chirac decidió privatizar la empresa. Sus sucesor, Nicolas Sarcozy, decidió transformarla en el equivalente francés de una SRL, y vendió el 15% de las acciones a tenedores que, no por nada, siguen bastante anónimos. No son pequeños accionistas.
La izquierda francesa, si existe, se comió todo el sapo y pidió más. Los ecologistas también, con menos asquitos porque jamás fueron estatistas y son íntimamente pro-mercado.
Francia logró vivir sin grandes apagones, y no por su considerable inversión en eólica o solar, sino porque toda la Senta Madre UE funciona inmersa en un único y enorme cableado de distribución eléctrica, y esa red ya en 2004 mamaba gas natural de la teta de la otra Santa Madre, la Santa Madre Rusia. Los precios de consumidor final de los europeos fueron subiendo, como que mal o bien, los decidía Rosatom. Pero a fuerza de subsidios del caso, la calle todavía no sentía el pinchazo.
Pero los paraísos artificiales son cartón pintado. No bien entraron los privados a dar las órdenes, EDF, hasta entonces la mayor vaca lechera del estado francés, y proveedora de energía nuclear incluso de Alemania, Francia, Bélgica y Polonia, dejó de invertir no sólo en nuevas unidades nucleoeléctricas. De yapa, dejó de mantener las existentes. Las crema y la frutilla de una torta de facturación como no la tuvo jamás una empresa núcleoeléctrica del mundo, se la empezaron a ranfañar los nuevos accionistas privados, primero con el dedo, y luego en balde.
Si la Argentina no entiende que aquí con NA-SA va a pasar lo mismo y peor, no es sólo porque no entienda una goma de política internacional. Es porque no entiende su propia historia nacional reciente, y además eso le resbala. El primer beneficio de ser un bruto es que nunca de enterás de que sos un bruto. En ese sentido, los argentinos somos privilegiados.
Salto nuevamente a 2017. Émmanuel Macron, el nuevo genio a cargo del Élysée, equivalente francés de nuestra Casa Rosada, decide eliminar subsidios y aplicar nuevos impuestos, fundamentalmente dirigidos a los consumidores pobres de gas y de transporte público. Los precios de todo se dispararan, todos. Y los franceses no están tan acostumbrados a que les toquen el culo.
La CGT francesa decidió, apa, no estábamos muertos, resucitar de la hibernación. Huelga general, cabrones. Los camiones de dos acoplados de los choferes ruteros bloqueron las entradas y salidas de fábricas y supermercados.
La Francia de los obreros, los estudiantes universitarios, los de secundaria, la Francia de los buenos servicios públicos, la Francia de los «Cheminots» (los ferroviarios), esa Francia proletaria casi evaporada, salió a la calle tocando tambores y bombos, trajeada de chalecos amarillo-flúo. Eso en francés se dice «gillets verts». Fueron un ejército.
Incontenibles para la policía y la gendarmería, los manifestantes alzaron guillotinas delante de la residencia presidencial del ‘Elysée.
Macron, que a veces lee los diarios, se lo tomó como algo personal. No deja de tener razón. Bajo cortina de lluvia de balas de goma y granizada de latas de gas urticante, autoconvocados a la rabiosa fiesta popular, los bomberos se pusieron sus cascos con máscaras filtrantes, sus gruesos trajes antillamamas, se rociaron de nafta, se prendieron fuego y caminaron lentamente, en formación, para abrazarse a los aterrados policías.
Francia es así. Pasa de monárquica a revolucionaria en horas.
Macron decidió posponer elegantemente las subas de la enegía. Es más, en 2023 reestatizó EDF y hoy dice que quiere construir 16 centrales nuevecitas, pero eso sí, inmensas, de 1600 megavatios. Hoy se ha vuelto «El hombre nuclear». Descubrió que amaba, con pasión de converso, las 28 máquinas de entre 900 y 1000 megavatios, las que le dieron a Francia el mejor precio a consumidor de Europa, y además, SER el enchufe de Europa.
Y NO ME PERDÍ, LECTOR: VUELVO A LA GUERRA DE FONDOS
Como pueden ver, lectores míos y mi mayor premio en la vida, la OTAN tiene el más justificado miedo de la guerra de fondos para la que nació el Yantar. La guerra de fondos te deja sin gas, sin electricidad, y que te ayude Dios. Sólo que la piedra que desató la furibunda carestía eléctrica de la UE fue la desnuclearización terminal de Alemania, y la privatización y decadencia de EDF.
Éstas dos causas coincidieron con elo alud de sobrecostos eléctricos causado por un buque que dinamitó los ductos Nordstream 1 y 2.
Y esa nave no fue el Yantar sino de bandera de oportunidad, armador anónimo y con una fuerza de buzos estadounidenses del US Navy Diving and Salvage Center de Panamá City, en Florida. A estas conclusiones llegó en 2023 Seymour Hersh, decano del periodismo de investigacion de los EEUU desde tiempos de Vietnam. Su página es substack.com/@seymourhersh, y vale la pena leerla.
Hersh explicó que se prefirió contratar a civiles que NO pertenecen a la US Navy, aunque la opción lógica habrían sido los SEALS. Es que en 2022, semejante operación contra los intereses de otros gobiernos (en este caso, no sólo Rusia) clasificaban como acto de guerra, y como tal deberían haber pasado por cierto escrutinio de las comisiones de inteligencia del Congreso. Que estaba menos pintado en la pared, aquel año. Hersh dice que la operación se ejecutó desde un yate privado con papeles truchos.
Cuando sucedió el hecho, las armadas de Suecia y Dinamarca estaban enérgicamente distraídas en los ejercicios de guerra BALTOPS, conducidos no muy lejos del sitio de la explosión, y con participación de todos los estados fundacionales de la OTAN, incluidos los de Alemania y obviamente. El gobierno de los EEUU rechazó totalmente el destape de Hersh, que ha vivido acumulando rechazos de casi todos los gobiernos de su país desde tiempos de Richard Nixon.
Los servicios de inteligencia de Alemania llevan años investigando el hecho.
Han atribuído el asunto a Serhii Kuznietsov) y Volodymyr Zhuravlov, el primero exoficial de buzos tácticos de la Armada de Ucrania, y el segundo, un instructor de buceo técnico (avanzado, sólo para profesionales, con uso de mezclas de oxígeno puro con gases nobles) en una academia privada de Kiev. Alemania pidió formalmente la detención de ambos, y la Interpol pescó a Zhuravlov en Italia, donde el Poder Judicial lo absolvió al toque porque consideró que su accionar había sido parte de una guerra justa.
Si Hersh no macanea, suponemos que el navío recreativo trucho usado por la US Navy era lo suficientemente grande y potente como para tener una cámara de descompresión. Sin ese recipiente presurizado para personas, tras pasar un rato a 90 metros en la superficie te morís por burbujeo de nitrógeno en la sangre. La cámara es lo primero que debe tener un buque de guerra de fondo, incluso improvisado. Lo segundo, al menos hoy, son ROVS, robots semiautónomos teleguiados y con gran capacidad de manipulación para cortar, soldar o interferir caños y cables.
No conozco ningún otro caso en la historia humana de que un conflicto que hoy pone al mundo al borde de una guerra nuclear se haya podido montar desde una plácido yate de ricachones que la pasaban bomba (en todos los sentidos.).
Con la UE inmersa en algo que jamás probó, una miseria energética que te la cuento, sólo la salvan sus aliados. Por suerte o más bien desgracia de la UE, los EEUU tienen enormes cantidades de gas de fracking para verderle. Podría decirse, si uno es malísimo, que la voladora de los ductos Nord Stream fue la captura de un mercado por parte de Cheniere, Venture Global y Sempra, con puertos de licuefacción en la costa del Golfo de México.
Pero sería reduccionismo. Éstas son simples start-ups atraídas por un mercado infinito, moscas caídas en la miel. El casus belli del fondo del Báltico es cosa de gente más seria, «The Company», como la llaman en Langley, Virginia.Y allí trabajan para las principales petroleras de la Cuenca Pérmica yanquis: Exxon Mobil, Chevron y Conoco Phillips.
Y aunque todo esto es cierto, más cierto aún es que el State Department, una burocracia permanente, profunda y experta, que ve distraídamente pasar demócratas y republicanos por la Casa Blanca. No de otro modo las vacas ven pasar los trenes de pasajeros para un lado y para el otro lado, y se cagan, unánimes en ambos: están desde antes y tienen sus propios negocios de vaca.
Los puertos regasificadores, y el ir y venir de zepelines y garrafas con GNL irán creciendo. Esos puertos suelen estar separados de los de cargas líquidas comunes, son unidades de muchos millones de dólares, y sólo vale la pena construirlas donde los caños para conectarlas a una red nacional están cerca.
Daniel E. Arias
(Continuará)


