El Covid no se mudó a otro planeta, sigue aquí y en 2023 Argentina tuvo 86.200 casos nuevos, en 2024 fueron 73.000, en 2025 hubo 45.000 y Salud Pública (lo que queda de ese ministerio) proyecta cerrar 2026 con no más de 15.000 casos. He sido uno, la pasé mal y no recomiendo a nadie esa enfermedad, máxime si es viejo, y en post-operatorio.
Lo raro es que la única vacuna argentina licenciada, la ARVAC de la Universidad de San Martín, se está aplicando un 500% más que el año pasado en vacunatorios privados, traccionada por la campaña antigripal, pero en los hospitales públicos se sigue prefiriendo la Pfizer, comparable con la argentina en eficacia, pero con una logística económica y tecnológicamente casi insostenible, y efectos adversos bastante mayores.
Esto viola la lógica aparente, pero como periodista científico estoy obligado a intentar una explicación. La reservo para el final, como nota al pie.
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En las últimas semanas comenzó a percibirse un fenómeno inesperado en torno a una inmunización que, para buena parte de la población, había quedado relegada a un segundo plano: la vacuna contra el Covid. Sin volver a niveles de interés comparables con los de los años más críticos de la pandemia, la demanda mostró un repunte que llamó la atención. La particularidad es que ese movimiento no se observa con la misma intensidad en el circuito estatal, sino sobre todo en vacunatorios privados.
Fuentes de la cadena Vacunar señalaron que el número de aplicaciones pasó de unas 200 dosis mensuales a alrededor de 1200 por mes. El salto equivale a una suba del 500% y, aunque el volumen total sigue siendo reducido, resulta significativo porque sugiere un cambio de tendencia en un terreno que hasta ahora permanecía prácticamente estancado. Según indicaron desde Vacunar, este crecimiento está impulsado principalmente por la campaña antigripal.
En el sector privado, la opción disponible es Arvac, mientras que en el sistema público se continúa utilizando la vacuna de Pfizer. La diferencia central entre ambas radica en la forma en que “le enseñan” al sistema inmune a reconocer el virus.
La vacuna de Pfizer utiliza tecnología de ARN mensajero: en lugar de aportar directamente una parte del virus, introduce una instrucción genética para que las propias células del organismo produzcan, de manera transitoria, una proteína del SARS-CoV-2 —la denominada proteína Spike—. Esa proteína es la que activa la respuesta inmune. Se trata de una tecnología más reciente, que se desarrolló y aplicó de manera masiva por primera vez durante la pandemia.
Arvac, en cambio, se basa en proteína recombinante. En este caso, la vacuna contiene directamente esa proteína viral producida en laboratorio. Es decir, el organismo no debe fabricarla, sino que la recibe y genera defensas a partir de ese contacto. Se trata de una plataforma más clásica, utilizada desde hace años en otras inmunizaciones.
En la práctica, explicaron desde Vacunar a LA NACION, muchas de las personas que reciben una dosis contra el Covid en el ámbito privado lo hacen en el marco de la vacunación antigripal. Es decir, llegan para aplicarse la vacuna contra la gripe y, a partir de la recomendación del personal de salud, aceptan sumar también el refuerzo contra el coronavirus, especialmente si integran grupos de riesgo. En esos casos, la decisión no depende tanto de la percepción de una amenaza inmediata o de un aumento puntual de casos, sino de la idea de sostener una protección anual frente a una enfermedad que, aunque perdió centralidad en la agenda pública, sigue representando un riesgo para determinadas personas.
Ese renovado interés en los vacunatorios privados contrasta con la dinámica que se observa desde hace tiempo en el sistema público, donde la vacunación contra el Covid mantiene un ritmo mucho más apagado. De acuerdo con el Monitor Público de Vacunación del Ministerio de Salud de la Nación, la campaña en 2026 avanza lentamente y está enfocada casi exclusivamente en dosis de refuerzo para poblaciones priorizadas, como mayores de 65 años, personas con comorbilidades y personal de salud.
Durante febrero se registró un crecimiento moderado en la cantidad de dosis aplicadas, en línea con esa estrategia de refuerzos periódicos. En marzo y abril, en tanto, la evolución se mantuvo relativamente estable, sin saltos marcados ni aceleraciones significativas. En abril se administraron decenas de miles de dosis en todo el país, con un promedio diario bajo en comparación con los registros de etapas anteriores. El dato confirma que la campaña continúa en marcha, aunque en una escala mucho más acotada y ya no como respuesta masiva a una emergencia, sino como parte de una política focalizada en la prevención de cuadros graves en los grupos de mayor vulnerabilidad.
Alejandro Horvat
Información de AgendAR:
La ARVAC Cecilia Grierson es la primera vacuna contra el COVID-19 diseñada y desarrollada íntegramente en Argentina por el CONICET, la UNSAM y el Laboratorio Cassará. Aprobada por ANMAT, es una vacuna de proteínas recombinantes segura y eficaz como refuerzo para mayores de 18 años, almacenable en heladera y disponible en farmacias.
Características y detalles clave:
Plataforma Segura: Utiliza proteínas recombinantes, similar a las vacunas contra la Hepatitis B, logrando alta seguridad y baja reactogenicidad.
Refuerzo Adaptable: Diseñada como dosis de refuerzo, puede actualizarse en cuatro meses ante nuevas variantes del virus SARS-CoV-2.
Almacenamiento: Se mantiene entre 2°C y 8°C (temperatura de heladera), facilitando su distribución y logística.
Producción Nacional: Desarrollada por el consorcio público-privado, incluyendo la Fundación Cassará, y producida en el país.
Disponibilidad: Ya se encuentra disponible en farmacias de todo el país.
Efectividad: Los ensayos y la experiencia demostraron que es segura y genera una buena respuesta inmunológica, sin efectos adversos graves reportados.
La vacuna lleva el nombre de Cecilia Grierson, la primera médica argentina, en homenaje a su trayectoria
NOTA AL PIE Y POSIBLE EXPLICACIÓN
Creo que esta noticia nos pinta mal como sociedad. Fuera de Cuba, que desarrolló no una sino cuatro vacunas para el Covid, fuimos el único país latinoamericano que logró licenciar una, la mencionada ARVAC Cecilia Grierson, y tanto para los vacunatorios privados como para los hospitales públicos, y sobre todo para los pacientes, tiene bastantes ventajas respecto de la Pfizer.
La primera es logística: la ARVAC (aquí la llamamos «La Cecilia») no requiere de una cadena de frío de entre 60 y 90 grados bajo cero, y una vez descongelado un lote, no hay que tirarlo si en 12 horas no aparecen pacientes que la quieran recibir. Esto creo que contesta bastante bien la pregunta sobre por qué los vacunatorios privados la prefieren. En términos logísticos, como toda vacuna recombinante, la Pfizer es una locura de gastos, mientras que La Cecilia viaja bien en cualquier heladerita común que mantenga entre 2 y 8 grados sobre cero.
Son las ventajas de cualquier vacuna a fracciones proteicas, por ejemplo, la del papiloma virus, o la de la hepatitis C. El que suponga que una vacuna a ARN recombinante es más efectiva por ser de una tecnología MUY reciente, que presente los números. En este caso, NO LO ES. Y para el paciente, el período de protección es similar, se alcanza con una sola dosis y los efectos adversos prácticamente no existen.
Cualquiera que haya leído las conclusiones de la fase 2/3 de La Cecilia, que se testeó a doble ciego en el CEMIC con varios miles de pacientes, lo sabe.
Resulta obvio que los vacunatorios privados si leyeron las conclusiones, y saben hacer cuentas.
Lo cierto es que la Argentina de 2020, 2021 y 2022 ni se enteró de la existencia de esta vacuna, pese a que la moridera resultante fue siniestra: 43.235 fallecidos en 2020, 74.931 más en 2021, 11.948 en 2022 y unos 300 en 2023, cuando el virus SARS COV2 reculó a circulación mínima a fuerza de vacunación gratuita.
En el pico del desastre, en 2021, La Universidad de San Martín se desesperó tratando de que la la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) iniciara los estudios de fase 1, 2 y 3 de La Cecilia. En 2022, lo mismo. Y más de lo mismo durante casi todo 2023.
No pasó nada. Y los medios, en babia.
La ANMAT otorgó la autorización tarde, con la pandemia ya no en retroceso sino en vías de casi desaparición.
La Cecilia recibió luz verde para ser fabricada y vendida el 17 de octubre de 2023. A todo lo cual, habían muerto 130.742 compatriotas. No hubo ningún vacunatorio privado ni hospital público que llegara a comprarla. Hoy sólo se la encuentra en farmacias.
Lo cual me hace hervir de bronca como argentino, pero lo que me rompe la cabeza es que la salud pública de mi país siga todavía hoy sin enterarse siquiera de que existe una vacuna nacional, de que la desarrolló una universidad pública, de que es excelente, y de que los hospitales y vacunatorios públicos sigan con la Pfizer.
Me queda claro que La Cecilia tiene un importante defecto: no es de la Pfizer.
DANIEL E. ARIAS


