Argentina tiene una decisión estratégica que tomar: reconstruir su capacidad submarina y definir cómo financiar, construir y sostener los medios que pretende incorporar. En este proceso, la elección no tiene por qué limitarse a la compra de submarinos europeos. Brasil puede ofrecer una alternativa industrial concreta, con potencial para ampliar la participación argentina y fortalecer la cooperación regional.
Desde la pérdida del ARA San Juan, en noviembre de 2017, la Armada Argentina no dispone de submarinos operativos. Por lo tanto, la adquisición de tres unidades representa mucho más que una renovación de equipos. Se trata de recuperar una capacidad de defensa y disuasión que requiere tripulaciones calificadas, infraestructura, mantenimiento y financiamiento a largo plazo.
Las propuestas de origen francés, con el Scorpène, y alemán, con el Type 209NG, plantean dos opciones. El financiamiento ocupa un lugar central en la discusión, pero el precio de adquisición no debería ser el único criterio. Argentina necesita considerar el costo del ciclo de vida, la disponibilidad de los medios, el apoyo logístico y la capacidad de mantener los submarinos operativos durante décadas.
Es en este punto donde Itaguaí merece incorporarse formalmente a la ecuación.
Itaguaí: una alternativa que Argentina debería considerar
Brasil ya construyó submarinos de la clase Scorpène en Itaguaí, en el marco del Programa de Desarrollo de Submarinos (PROSUB), desarrollado en asociación con Francia y Naval Group. La experiencia acumulada, la infraestructura instalada y la formación de profesionales constituyen una base industrial existente, no un proyecto que todavía deba comenzar desde cero.
Esto no significa que construir submarinos argentinos en Brasil sea automáticamente más barato o rápido. Los plazos, costos, capacidad productiva y responsabilidades contractuales deberían demostrarse mediante un estudio conjunto. Sin embargo, ignorar Itaguaí antes de realizar esa evaluación supondría dejar de considerar una alternativa regional con experiencia comprobada en la construcción de submarinos de diseño francés.
Para Buenos Aires, esta posibilidad podría abrir la puerta a negociar no solo la entrega de tres unidades, sino también la participación industrial, la formación de personal y acuerdos de mantenimiento. La proximidad geográfica puede facilitar la cooperación, aunque no elimina la necesidad de definir existencias, infraestructura, certificaciones y apoyo técnico propios para la Armada Argentina.
Participación argentina, no solo una compra
Si la construcción en Itaguaí avanza, Argentina no debería ser considerada únicamente como cliente final. El proyecto podría contemplar la incorporación de contenido industrial argentino en componentes, sistemas y servicios compatibles con los requisitos técnicos, las certificaciones y las normas de seguridad del programa.
Esta participación debe definirse desde el inicio. Sin compromisos claros, la promesa de transferencia de tecnología o generación de empleo puede quedar únicamente en el discurso. Con objetivos verificables, empresas seleccionadas y un plan de capacitación industrial, la adquisición podría generar capacidades que permanezcan en el país después de la entrega de los submarinos.

El modelo también permitiría distribuir parte del trabajo entre Brasil y Argentina, preservando la responsabilidad técnica del programa y el control de calidad. El alcance de esa participación dependería de las capacidades de las empresas argentinas, los requisitos de Naval Group y los acuerdos entre ambos gobiernos.
Para Argentina, la cuestión central es concreta: ¿qué propuesta ofrece la mejor combinación de capacidad operativa, financiamiento sostenible, autonomía logística y retorno industrial? Itaguaí debe evaluarse a partir de estos criterios, en lugar de descartarse por encontrarse fuera del territorio argentino.
Una oportunidad para la cooperación naval regional
La Marina de Brasil también puede contribuir a acercar a ambas fuerzas navales. Los ejercicios combinados, el intercambio de personal, la capacitación y el diálogo técnico ayudan a construir confianza y permiten identificar oportunidades concretas de cooperación. La participación de militares argentinos en actividades con submarinos brasileños demuestra que ya existe espacio para este acercamiento.
Esta aproximación, sin embargo, no sustituye la decisión soberana de Argentina ni resuelve por sí misma las condiciones financieras e industriales de la adquisición. Su valor reside en facilitar el diálogo y generar las condiciones para que una eventual asociación sea examinada sobre la base de necesidades operativas reales.
La decisión debe mirar más allá de la entrega
Argentina necesita recuperar su capacidad submarina mediante un programa sostenible. Para ello, debe comparar las propuestas disponibles considerando no solo el financiamiento inicial, sino también los costos operativos, el mantenimiento, la formación de las tripulaciones y la disponibilidad de los medios durante toda su vida útil.
La construcción en Itaguaí, con participación industrial argentina y apoyo francés, merece una evaluación formal. Brasil ya cuenta con experiencia en la construcción de submarinos Scorpène; Francia dispone del conocimiento de diseño, y Argentina puede negociar una participación industrial acorde con sus capacidades.

No hay garantías de que este esquema sea la solución que finalmente defina el gobierno de Javier Milei. Sin embargo, existen razones concretas para estudiarlo antes de tomar una decisión definitiva.
Argentina no necesita elegir únicamente dónde comprar sus submarinos. Debe decidir cómo reconstruir su capacidad submarina y qué pretende desarrollar en conjunto con ella. Una asociación con Brasil y Francia podría transformar esta necesidad en una oportunidad industrial regional, siempre que el financiamiento, los plazos, las responsabilidades y la participación argentina se definan con claridad.
Angelo Daniel Nicolaci Mota



