Argentina volvió a ser el mayor exportador de harina de soja. Pero no se sabe por cuánto tiempo

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La gran sequía terminó, se recuperó la producción de soja, la industria aceitera reaccionó y se reactivaron los embarques de los subproductos de la molienda. En esa pequeña saga sucedida a lo largo del primer semestre de 2024, la Argentina pudo recuperar terreno en el mercado global de la harina de soja, su principal producto de exportación, volviendo a recuperar lo más alto del podio, de donde había sido desplazada por Brasil el año pasado.

Pero esta buena noticia lanzada este viernes por la Bolsa de Comercio de Rosario se ve opacada por la posibilidad de que esta recuperación sea algo temporal. Y que muy pronto el país vuelva a ser superado por alguno de sus competidores más cercanos, que son Brasil y los Estados Unidos.

Los tres países pujan en el mercado de la soja en las últimas décadas, pues son los grandes productores y exportadores de la oleaginosa. Pero “desde la campaña 1997/98, Argentina se mantuvo como el principal exportador global de este producto” hasta que en la campaña 2022/23, “el país sufrió la peor sequía de los últimos 60 años, lo que afectó gravemente su capacidad de producción y molienda” de soja. Fue por eso que “Brasil superó a Argentina como principal exportador de harina de soja por primera vez en 25 años”.

El informe de la BCR, basado en datos del primer semestre de 2024, mostró que tras la emergencia climática se produjo “una notable recuperación en el volumen exportado de harina de soja argentina”, ya que los envíos crecieron 46% respecto al primer semestre de 2023, permitiendo al país recuperar su lugar histórico en el podio.

En un segundo informe, la entidad describe que durante los primeros cuatro meses de la campaña en curso, la molienda de soja repuntó 30% respecto a la campaña pasada, ya que se procesaron 15,4 millones de toneladas de soja 2023/24 y según los datos oficiales se habrían producido 14,8 millones de toneladas de subproductos, con un ratio de 0,96 toneladas de subproductos por cada tonelada de soja procesada.

De todos modos, esta normalización del flujo de soja operado por la industria aceitera argentina, no es más que eso: una normalización. Los otros actores también juegan y en ese sentido la BCR aclaró que “a pesar del crecimiento interanual, al evaluar el desempeño sobre el mediano plazo, la dinámica productiva local se ve sobrepasada por sus más cercanos competidores”.

En otras palabras, no se sabe cuánto tiempo más mantendrá la Argentina el primer lugar como exportadora mundial de harina de soja. Y eso sucede porque la producción del poroto local se encuentra estancada, mientras que en otros países aumenta y además crece la participación de la molienda frente a las exportaciones de granos.

La Argentina tiene 43 plantas que procesan soja, contra 85 en Brasil y 75 en Estados Unidos. Pero en esa comparación, “cuenta con una menor cantidad de plantas procesadoras, pero estas son más grandes y eficientes por lo que la capacidad teórica de procesamiento anual total es comparable a la del país vecino y no muy lejana a la de los norteamericanos”. A la vez, la industria aceitera local está geográficamente concentrada alrededor de la ciudad de Rosario donde se localiza prácticamente el 80% de la capacidad de crushing nacional.

De todos modos, por falta de materia prima suficiente, la industria sojera local tiene una capacidad ociosa “que se ha mantenido cerca del 42% durante las últimas tres campañas de producción normal” y este parece ser su gran limitante.

Por eso, otro gráfico publicado por la BCR muestra que mientras aquí la molineda de soja se mantiene estable, en los últimos años Brasil y Estados Unidos “exhiben una tendencia de crecimiento sostenido y relativamente estable”.

“En términos generales, Estados Unidos y Brasil superan significativamente a Argentina en términos de volumen total de crushing de soja. Sin embargo, esta diferencia no se traduce directamente en una mayor presencia en el mercado internacional de exportación. La razón principal radica en los patrones de consumo interno de cada país, ya que tanto Estados Unidos como Brasil destinan una proporción sustancial de su producción al mercado doméstico. Sin embargo, año a año, la participación sobre el mercado internacional de ambos a tendido a incrementarse al compás de un mercado comprador que se ha fortalecido”, advierte el informe.

Teniendo en cuenta las estimaciones comerciales para esta campaña 2023/24, en un período de catorce años, las importaciones mundiales de harina de soja habrían aumentado un 25%, al tiempo que las exportaciones desde Estados Unidos y Brasil se habrían incrementado sostenidamente a un ritmo promedio anual del 4% y 3,2% respectivamente durante el mismo período de tiempo.

En las antípodas, desde 2010 la Argentina “ha decrecido su ritmo promedio anual de envíos al exterior de harina de soja en 0,9% negativo”.

La conclusión es triste: “Aunque la Argentina hoy mantenga la posición de principal referente sobre el comercio internacional de harina de soja, ya no lo hace de forma indiscutida y ha sabido perder terreno sobre un mercado que no ha parado de crecer”.

A modo de ejemplo, la Bolsa de Rosario mostró que la región del Sudeste Asiático pasó de importar 11 millones de toneladas de harina de soja durante el ciclo comercial 2010/2011 a 19 millones en la 2023/24, y “se perfila como una de las más prometedoras de aquí al futuro en cuanto al mercado por harinas se refiere, pudiendo llegar a explicar un tercio de las importaciones globales de harina de soja hacia el año 2028”.  Hace cinco años, Argentina explicaba casi la mitad del total de importaciones de harina de soja desde esa región, pero desde la campaña 2020/21 su participación no ha parado de caer a mínimos históricos.

APCNEAN repudia la ola de jubilaciones compulsivas en la CNEA y en el sector nuclear

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Hemos recibido el siguiente comunicado:

APCNEAN manifiesta su más enérgico rechazo a la ola de jubilaciones compulsivas que se está impulsando en la CNEA y en el sector nuclear en general.

Esta acción ejercida por parte de las autoridades de las diferentes organizaciones pertenecientes al Sector Nuclear Argentino, pretende apoyarse en legislación de muy dudosa constitucionalidad, por su carácter discriminatorio hacia los empleados públicos entre otros elementos.

Claramente, esta intimación a jubilarse, de carácter compulsivo e indiscriminado, responde al único objetivo de disminuir el gasto público, sin considerar las consecuencias operativas y mucho menos humanas de la medida.

Estamos hablando de personas cuyo conocimiento y experticia son sumamente valiosos para las instituciones desperdiciando personal que ha costado mucho tiempo y esfuerzo formar, en un contexto de plantel ya cercenado que sigue experimentando una sangría por los bajos salarios y la pérdida de su capacidad adquisitiva de más del 50% desde diciembre/2023.

APCNEAN repudia enfáticamente este accionar y se opondrá con todos losmedios legales a su alcance.

Secretariado Nacional de la APCNEAN

INVAP entrenará al personal de las centrales nucleares de Uganda

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La TV ugandesa muestra a la ministra de Energía, Irene Bateebe mientras rubrica el documento con Pablo Abatte, vicepresidente de INVAP. Estuvo presente vicedecano de la Universidad de Soroti, Ikoja Odongo, el el Oriente ugandés, donde funcionará el futuro Centro de Ciencia y Tecnología Nuclear.

Odongo se manifestó urgido por desarrollar no sólo la currícula de estudios del centro, sino su infraestructura, dos asuntos en los que INVAP puede intervenir con no poca experiencia. Uganda es un país sin acceso al mar, ecuatorial, subsahariano, con unos 48 millones de habitantes y una fuerta rampa (3% anual) de crecimiento demográfico.

La mitad de la población carece de electricidad, cosa que el gobierno del presidente Yoweri Museveni se propone remediar con un programa nucleoeléctrico bastante impresionante: piensa instalar 15.400 MWe nucleares antes de 2040. Son cosas que por ahora sólo logran hacer países como China o la India, con poblaciones, PBI e industria nuclear preexistentes y considerables.

China, definitivamente, forma parte de estos planes de gran estrépito: está empezando a faltar uranio en el mundo, así como ingenieros nucleares (unos 100.000 sólo en Occidente). La CNNC (China National Nuclear Corporation) probablemente intervenga en el desarrollo de la minería local de uranio, y hasta el año pasado estaba anotada en el desarrollo de una primera central en el futuro complejo nucleoeléctrico de Buyende, unos 150 km. al Norte de la capital nacional, Kampala. La primera máquina, según Reuters, estaría «on line» en 2031 con unos 1000 MWe y el complejo albergaría 5 unidades más. Ignoro si de la misma marca, pero esa información sugiere al menos una primera Hualong-1 china, la máquina «de bandera» elegida para exportación.

¿Podrá con tanto plan, Uganda? La disparada mundial del precio del uranio sugiere que este metal, la base de la industria nucleoeléctrica actual, podría financiar al menos parte de la movida. En estos momentos paga más tener uranio que oro. No aventuro pronósticos pero ojalá estos planes se den, porque por más de una razón que trataré de explicar después, parecemos ser el único país del autodenominado Occidente invitado a la mesa.

El plato fuerte del giro nuclear ugandés fueron las licitaciones por centrales nucleoeléctricas en 2022, en las que ganaron Corea, con su empresa KHNP, y Rusia con ROSATOM. Las máquinas serán en ambos casos de tipo PWR, que queman uranio de bajo enriquecimiento (menos del 5%), moderado y enfriado por agua presurizada a más de 120 atmósferas, y el conjunto de combustibles y canales de circulación del refrigerante encerrados herméticamente en un grueso recipiente de presión. El PWR es el diseño más estandarizado del mundo.

La oferta tipo de ROSATOM suele ser de tipo BOO, (Build, Own and Operate): el país receptor no participa de la construcción, propiedad u operación de la central, la acepta simplemente como una fuente de potencia eléctrica confiable. La instalación le es tan ajena como una embajada, salvo por un detalle: el estado nacional ugandés no la opera pero controla la operación en seguridad y disponibilidad a través de una agencia especializada, y ésta es capaz de decidir el cierre, si se violan buenas prácticas. Es probable que el personal de esa agencia haga su educación tecnológica nuclear con Argentina.

A su vez, el Organismo Internacional de Energía Atómica de la ONU, a su vez, vigila con inspecciones sorpresa y sensores remotos que no haya robos deliberados de combustibles «crudos», deliberadamente poco quemados, para extraerles plutonio 239 por sistemas químicos.

Este tipo de márketing ruso, el BOO, es bien recibido en países sin recursos humanos e industriales nucleares, pero con una necesidad perentoria de potencia eléctrica firme. Casos de libro: Turquía, que entre 1988 y 1993 pensaba ser cliente nuclear de Argentina, hasta que Carlos Menem destruyó el negocio. Bangla Desh también cliente ruso, y siguen los compradores y candidatos a comprar.

Muestro dos perfiles industriales y geopolíticos muy distintos para explicar algo contraintuitivo: tener abundante electricidad nuclear sin una industria y/o una tradición tecnológica nuclear previas a mí me pondría los pelos de punta, pero resulta muy atractivo para países variados. Y es que construir esa tradición en ciencia y tecnología nucleares toma décadas, mientras que una central grande hoy se construye en menos de 6 años.

Así fue que ROSATOM, cabalgando sobre diferentes modelos de su máquina VVER, se volvió el exportador de centrales más exitoso del mundo. Fierros fuertes, se terminan en 6 años sin sobrecostos, operan bien, cero quejas, cero accidentes. La VVER logró que la historia se olvidara de la central RBMK, cuya pésima ingeniería le costó cara a la URSS en 1986, con el accidente de la unidad 4 de Chernobyl. ¿Cómo sobrevivir a semejante oprobio? Con calidad. Comercialmente, ROSATOM es el ave fénix.

KHNP vende sus centrales de 1400 MWe, que construye espectacularmente rápido (4 años y medio). Lo hace preferentemente con otra modalidad: llave en mano, yo te la entrego terminada y en línea, vos la operás, y en caso de reparaciones o modernizaciones soy tu service oficial. O no, después de todo la central, una vez entregada y expiradas las garantías, es toda tuya.

CNNC se adapta a la modalidad que quiera el cliente y el crecimiento de su flota nucleoeléctrica doméstica es incomparablemente mayor que el de Rusia o Corea. Pero por ahora sólo logró exportar su Hualong-1 a Pakistán. Próxima, Uganda.

La Argentina, bicho raro para variar, intervino con diseño e industria propia en un porcentaje creciente de sus tres solitarias centrales nucleares y hoy es el mejor exportador de reactores multipropósito, que suministran radioisótopos, capacitación, materiales electrónicos y servicios a diversas industrias, pero no potencia.

Alguna vez un ingeniero nuclear español me hizo la observación de que nos sobraban ingenieros nucleares con doctorados y con capacidad de diseño, teniendo tan pocas centrales. Era 1988, Atucha II parecía destinada a no terminarse jamás: sólo teníamos dos centrales activas.

Yo le retruqué con que eso que el suponía un exceso de doctores en física, ingeniería o química nuclear nos blindaba particularmente bien contra accidentes y desperfectos de disponibilidad. Nos daba independencia de los proveedores. Podíamos arreglárnoslas sin ellos. En cambio España no podría haber construido sola ninguna de sus entonces 18 máquinas entonces en línea, y ni hablar de repararlas.

Pero me parecía bien, añadí con cortesía, que confiaran tanto en la seguridad y buena leche comercial de Alemania Federal.

Subrayo que esta conversación tuvo lugar en Viena justo en 1988, el año en que se rompió Atucha I, tres meses antes. SIEMENS ofreció repararla por U$ 200 millones, y preferimos hacerlo nosotros por U$ 17 millones. No por nada los turcos aquel año querían una centralita nuclear compacta CAREM argentina.

Lo que valora el mercado nuclear mundial de la Argentina son más los recursos humanos que los fierros. Corrijo: los fierros también, pero preferentemente, los que tienen como objetivo la construcción de recursos humanos.

¿Qué papel tienen Argentina e INVAP, esas dos rarezas absolutas, en ese esquema? La formación de los ingenieros, físicos, químicos y técnicos nucleares con los que Uganda deberá regular, supervisar e incluso manejar sus centrales, cuando los coreanos, rusos y chinos empiecen a entregarlas. ¿Se entiende el apuro del vicedecano Odongo por tener listo su Centro de Ciencia y Tecnología Nuclear?

No se trata de construir aulas o auditorios, sino (en plan modesto) un reactor nuclear de entrenamiento de ingenieros, físicos y químicos nucleares y sus instalaciones anexas. Son el centro funcional de toda universidad atómica, como el Instituto Balseiro, de la CNEA. El Balseiro funciona en el Centro Atómico Bariloche. Allí INVAP en los ’70 construyó el reactorcito RA-6 para uso interno de los futuros profesionales, porque es bueno aprender de libros y de la Internet, pero mejor aún se aprende diseñando experimentos, es decir creando conocimiento nuevo. La estúpida realidad enseña mejor que los textos más inteligentes.

La investigación original, dura y pura. Ésa es una de las diferencias claves entre una universidad en serio y un enseñadero.

En plan menos modesto, ese reactor de entrenamiento ugandés podría ser además un sistema multipropósito y fabricar radioisótopos de uso médico e industrial, y liberar de importaciones la medicina nuclear local. Un reactor multipropósito puede incluso dar otros servicios a industrias ugandesas (electrónica, construcción aeronáutica o automotriz). Cualquiera de éstas necesitan de una fuente potente de neutrones para estudiar o mejorar materiales.

INVAP ha entregado ambos tipos de reactor a muy diversos clientes: el NUR de Argelia o el LPPR de Arabia Saudita son de baja potencia y puramente de docencia, mientras que el INSHAS de Egipto, el OPAL de Australia y el PALLAS 2 de Holanda son a la vez universidades y fábricas, laboratorios de investigación por un lado, y plantas de radioisótopos para la medicina nuclear mundial, o de silicio irradiado para la microelectrónica.

Los multipropósito que vendió INVAP últimamente usan potencias bastante altas, de 22 a 40 MW térmicos.

Perú, el primer cliente nuclear de la Argentina, entre 1978 y 1981 compró DOS reactores: un reactor escuela chico, el RP-0, y al toque el RP-10. Con 10 MW térmicos, seguirá siendo la mayor planta de producción de radioisótopos de Sudamérica, con el RA-3 de Ezeiza como único par. Ambos perderán su primacía cuando en 2025 la CNEA finalice su RA-10, de 30 MW térmicos, una instalación multipropósito complejísima en la que INVAP participa como proveedor principal.

Qué cosa nos terminarán comprando los ugandeses, sea en complejidad o en potencia térmica, por ahora no se sabe. En todas las últimas licitaciones por reactores multipropósito, tras el descarte inicial de ofertas chinas, japonesas y francesas, solemos quedar semifinalistas contra Rusia y Corea… y solemos ganarles. Sucedió en Australia, Arabia y Holanda. Nota aparte: los EEUU, desde que pintamos fuerte en las licitaciones internacionales, ni siquiera aparecen.

No es que seamos infalibles. La diferencia contra nuestros rivales actuales en reactores es que éstos tienen puesta toda la carne en una parrilla mucho mayor: centrales de potencia. Eso en reactores nos obliga a ofrecer diseños a medida de cada cliente, en lugar de un modelo único bajado de un anaquel.

No es un slogan. No conozco dos grandes reactores de INVAP que se parezcan demasiado. Ni siquiera se puede decir que el RA-10, a inaugurar en 2025, se parezca al OPAL de Australia, considerado por el mercado como el mejor del mundo. El RA-10 tiene un 50% más de potencia térmica, porque está destinado a copar al menos el 20% del mercado mundial de radioisótopos médicos. Pero será el RA-10, muy hecho a pedido de las universidades nacionales, los laboratorios del CONICET y algunas industrias argentinas, porque la CNEA quería un RA-10, no un «OPALÓN».

La otra ventaja de INVAP contra Corea y Rusia es que somos bastante generosos en las transferencias de tecnología. En el ambiente nuclear, la expresión «transferencia de tecnología» suele ser un verso marca cañón, en el que el vendedor cobra por enseñar el mínimo posible, consciente de que el negocio es no avivar giles.

Inevitablemente, la CNEA e INVAP han debido hacer exactamente lo opuesto, no por nuestra grandeza moral sino para diferenciarnos. Y la última ventaja de INVAP ha sido entregar SIEMPRE el reactor en tiempo y forma, sin demoras ni sobrecostos.

Fuera de estas tres ventajas inventadas a partir de una evidente desventaja de tamaño y medios, si fuera por plata o por financiación, los coreanos, los rusos y también los chinos, nos barren del mapa. INVAP nunca ganó una oferta por mejor precio, sino por mejor oferta tecnológica. La corona no la tenemos pegada a la cabeza con Poxipol. En realidad, INVAP se juega no la corona, sino la cabeza misma en cada licitación. Hay que sudar años la camiseta para ganar.

Nuestra imagen económica, un país cada vez menos industrializado, endeudado hasta las orejas y entusiasta exportador de naturaleza cada vez más cruda, tampoco ayuda.

Si INVAP, que vive de lo que factura, no ha quebrado, es porque toda vez que está por empezar a echar gente o a pagar sueldos en bonos, a último momento la salva el estado: el estado peruano, el estado argelino, el estado egipcio, el estado australiano, el estado saudí, y en estos momentos, el estado holandés.

En Uganda, la verdadera torta de la boda (las centrales nucleoeléctricas, muy distintas de los reactores) se la llevaron Rusia y Corea. O China, según Reuters. Ahí hay una cinchada de varios actores poderosos, y todavía medio oculta por la polvareda.

Nos encantaría estar en la polvareda, un petiso peleando con gigantes, y repartiendo para que tengan y guarden. Ya es costumbre. Pero sin haber terminado el CAREM desde 1984, cuando se lo presentó públicamente, no tenemos una central argentina de potencia para ofrecer. Habrá que esperar que esté terminado y en línea, pero la lista de presidentes que impidieron a todo trance que eso sucediera es mucho mayor que la lista de los que dieron apoyo, siquiera tibio.

Previsiblemente, el presidente Javier Milei suspendió la obra, que tiene un 70% de avance logrado por la CNEA muy contra viento y marea.

De todos modos, tener baza en la construcción de los recursos humanos de la futura industria nuclear ugandesa es una apuesta para la Argentina. Si nos sale bien el tiro, en 2060, Uganda tendrá 104 millones de habitantes, y bastantes ingenieros nucleares que hayan tenido profesores argentinos en la Universidad Soroti. Esta casa de estudios huele aún a pintura fresca: está unos 300 km. al Norte de la capital (Kampala). Es estatal, pública, en funciones desde 2018 y resulta desconocida hasta hoy por el 99,9999% de los argentinos, incluido quien firma.

Me confirma un amigo en Bariloche que ya están saliendo hacia Kampala los primeros argentinos que armarán las carreras de ciencias nucleares. Tal vez en 2060 los ugandeses tengan también algunas autoridades e industriales del palo que hayan hecho sus posdoctorados en Bariloche o en Ezeiza, y que bailen tango.

La milonga africana de INVAP, empezada en los ’80 con dos éxitos fenomenales en Argelia y en Egipto, ahora empieza a ponerse movida.

Daniel E. Arias

Embraer va a fabricar los SuperTucano en la Unión Europea. Podrían haber sido los Pucará

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¿Y si en lugar de los SuperTucas hubieran sido los SuperPucas? A mediados de los ’80 la Boeing quiso fabricar el IA 58 Pucará en los EEUU. A medio siglo de su «roll out», sigue siendo un avión con capacidades de entrenamiento, ataque a tierra y patrullaje armado que exceden las del SuperTucano. Tanto así que Brasil quiso comprarlo cuando se inauguraba el Mercosur.

Sobre ese éxito mundial de ventas que fue el Tucano, y el mucho mayor que parece estar protagonizando el SuperTucano, volvemos después. Ambos son plenamente merecidos. Lo que creo que todo argentino debería preguntarse es qué parte de ese éxito pudimos haber tenido o compartido, y qué futuro tendría nuestra industria aeronáutica en ese caso.

En realidad, entre 1984 y 1989 la Fábrica Militar de Aviones de Córdoba recibió pedidos de distintas fuerzas aéreas por más de 220 unidades. La Guerra de Malvinas los había puesto de moda.

Boeing quiso fabricar el Pucará bajo licencia para terminar con el monopolio comercial que tenía el Rockwell Bronco como avión de contrainsurgencia por parte del Pentágono. Nadie sabe o al menos explica por qué esa propuesta no prosperó, de modo que por défault uno supone que el State Department disuadió a Boeing tal vez a pedido del Reino Unido. Es un tema expertamente silenciado.

Hay mucho más de lo mismo. Durante los 8 años que duró aquella guerra entre vecinos, Irak pidió 110 «Pucas» para ataque a tierra contra Irán, país que a su vez pidió -con más modestia- 20 para atacar a Irak. Medio mundo nos tocaba timbre, pidiendo Pucas. Los aviones baratos con capacidad de ataque a tierra, gran autonomía para sobrevuelo, alta maniobrabilidad y mucha resistencia al fuego enemigo no son moneda corriente. Y el Pucará, en ese sentido, tuvo la mejor publicidad posible: la del propio enemigo.

La propia RAF (Royal Air Force), reconstruyó meticulosamente un Puca capturada en Malvinas. Luego lo sometió 50 horas a combate simulado en la base de pruebas de Boscombe. En su informe, indicó que el avión era excelente para su misión y que la Argentina podía razonablemente exportar unas 300 unidades al mercado mundial. Se extrañó también de que no lo estuviera haciendo.

La RAF publicó sus conclusiones en (Aviation Week & Space Technology, 31 de octubre de 1983, citado por Tácticas y Armas para la Defensa Vol I, nro. 6 Agosto 1990, pág. 288). AgendAR le dedicó un artículo aquí.

Tantos pedidos y expectativas no sirvieron de mucho, porque tras haber producido apenas 110 unidades de su propio avión, la Fuerza Aérea Argentina «lo borró». Las matrices y moldes de fabricación de los «Pucas» desaparecieron misteriosamente de la planta cordobesa, y esos utilajes no volvieron a fabricarse jamás. Por eso los Pucas vienen en tres series, la A, la B y la C, y nada más.

Tampoco parece que la vieja Fábrica Militar de Aviones se haya matado tratando de exportarlo. Lo impresionante es el esfuerzo en sentido contrario. Un total de 4 Pucas fueron donados a la Fuerza Aérea Colombiana, 3 otros a la de Sri Lanka. Luego de vegetar en tierra largamente por falta de repuestos, los 4 Pucas colombianos fueron cedidos a Uruguay, que los adoptó con gran eficacia. Ninguno de esos 7 aviones recibió jamás apoyo técnico de la FMA, y no por falta de pedidos.

En 1985 leí con sorpresa que la entonces emergente Embraer acababa de venderle 180 Tucanos como entrenadores a la RAF, eso tras derrotar en licitación a una decena de competidores norteamericanos y europeos de fama y renombre. Eso me hizo entender que la diferencia entre el triunfo y el olvido, para una firma aeronáutica que trata de abrirse camino, la hacen el tener al propio estado a favor o en contra. Y en forma central, la actitud de la fuerza aérea del país fabricante.

Los Puca fueron un desarrollo de la Fuerza Aérea Argentina (FAA) eliminado, típicamente y por molesto, por la propia Fuerza Aérea Argentina. Desde 1956, cuando liquidó el proyecto Pulqui II, el negoción (para las cúpulas) es IMPORTAR aviones, nuevos o en estado de chatarra. Y pocas cosas estorban tanto ese «business» como los desarrollos propios, que surgen casi inevitablemente de la fábrica, si uno tiene una fábrica.

Cuando las turbinas Astazou que permitían volar a los últimos Pucas viables iban quedando fuera de servicio, en lugar de remotorizar las células (el conjunto de fuselaje y alas), la FAA las regalaba patrióticamente a intendentes de todo el país como estatuas de plaza.

Ahí están casi todos los Pucas que no se perdieron en accidentes o en la Guerra de Malvinas, juntando caca de paloma, junto a las inevitables estatuas del Bombero y de La Madre. Las células tan generosamente regaladas tenían por delante alrededor de 10.000 horas de vuelo por delante si se remotorizaban. Esto es una consecuencia del tipo de construcción aeronáutica del Puca: la «piel» que recubre alas y fuselaje está simplemente remachada sobre la estructura de cuadernas y largueros, sin comprimirlos. La piel tensada, idea que dominó el diseño de cazas durante la Segunda Guerra Mundial, permite un plus de rigidez en la célula con menor peso en estructura.

Las ventajas de esa filosofía de diseño son tanques de combustible mayores, y/o más armas a bordo. La contrapartida es que toda ruptura en esa caja tensada desde afuera tiende a propagarse y volverse falla estructural. La estructura no tensada permitió que los Puca en Malvinas aterrizaran con más de 100 agujeros de bala, o que para derribar al avión del Mayor Carlos Tomba, el 21 de mayo de 1982, una patrulla de Harrier dirigida por Nigel (Sharkey( Ward tuvieran que dedicarle dos pasadas de ametrallamiento con cañones de 30 mm.

El Puca A511 de Tomba venía zigzagueando a 30 metros del suelo, aprovechando al máximo su fantástica capacidad de maniobra a baja velocidad, mientras dos Harrier se turnaban para tirarle desde atrás, pero ráfagas cortas porque no podían evitar sobrepasarlo. Cuando se sumó un tercer Harrier a la cacería, el ala izquierda del Puca empezó a ceder y el avión a «perder comando», es decir a volverse incontrolable. El Puca sólo accedió a caerse cuando ya tenía ambos motores totalmente en llamas, y entonces Tomba decidió que lo prudente era eyectarse… a 5 metros de altura. El avión estalló contra el suelo apenas 100 metros delante de él.

Tomba estaba en Malvinas por sus capacidades en ingeniería eléctrica: los contactos del Puca no aguantaban la corrosión permanente del viento marino. Hecho su trabajo sobre la escueta flota de Pucas de la base improvisada en Goose Green, en lugar de volverse al continente se quedó a pelear.

Decisión brava, porque el avión se hizo para operar sobre selvas o tejido urbano, ambientes en los que recibe fuego básicamente desde abajo, razón por la cual la cabina está blindada en el piso, así como las góndolas de las dos turbohélices.

Pero en la desolación de la tundra malvinera no hay árboles, y ciudad hay una sola, y de casas bajas. Con 1500 kg. de bombas y cuatro ametralladoras 7,65 y 2 cañones de 20 mm. en proa, el Puca justificó como pudo el miedo que le tenía la infantería y los helicopteristas británicos, pero no tenía ninguna cobertura contra constante fuego de fusilería que recibía casi en horizontal en cada misión. No estaba en su paisaje «de diseño», y el que decidió llevar ese avión a Malvinas debía tener flojos un par de remaches.

La fortaleza de su construcción logra que la expectativa de vida normal de una célula de Puca llegue a las 20.000 horas de vuelo. Lo normal habría sido la remotorización de toda la flota fabricada que no se accidentó en tiempo de paz o se perdió en guerra. Lejos de ello, tanto hizo la FAA para sacarse de encima a ese hijo no querido que quedaban unas 18 células viables, la última vez que pregunté. Y fue hace dos semanas, pero mi informante no podía jurármelo.

El lector puede encontrar parte de esta historia aquí.

Con esto, prometo disciplinarme más al funcionamiento esperable de un artículo periodístico y doy paso a la noticia de cómo el SuperTucano, descendiente directo del Tucano, sigue triunfando en el mundo, pese a que medio siglo después ambos aviones pueden cumplir los mismos roles.

Personalmente creo que el Puca es marginalmente superior por su envolvente de vuelo, incluso con su motorización vieja original: se banca maniobras escarpando las alas a baja velocidad en las que un Tuca cae en pérdida, da 600 km/h (50 más que el Tuca) de velocidad máxima, tiene más autonomia, similar capacidad de carga de munición lanzable, una artillería de tubo incomparablemente más potente, y si pierde un motor, vuela con el otro, cosa importante para un avión hecho para recibir fuego desde tierra.

Pido disculpas al lector. Sólo quería poner las cosas en contexto.

Esta es la noticia que me hizo recordar, otra vez, al Pucará, y que apareció en la revista aeronáutica argentina que lleva su nombre. La noticia reza así:

«La compañía brasileña Embraer llevará a cabo una inversión de 90 millones en la empresa portuguesa OGMA para la producción de los nuevos A-29N Super Tucano, destinados a la Fuerza Aérea Portuguesa como nueva plataforma de entrenamiento y de ataque.»

A continuación, trataré de explicar qué es lo que hace del SuperTucano un avión excelente, que realmente lo es. Felicitaciones, primos brasucas.

A-29 Super Tucano.

QUÉ HACE DEL SUPERTUCANO UN AVIÓN TAN VENDIBLE

El SuperTucano se está vendiendo como pan caliente, en un momento en que la fabricación mundial de cazas supersónicos multirrol no excede las 3000 unidades anuales EN TODO EL MUNDO. Y eso en una situación de pre-guerra. Ojo con ese dato.

Creo que la mejor explicación del fenómeno SuperTucano la da un ingeniero aeronáutico especializado en software, Augusto Aldeghi, que trabaja en Inglaterra y desde hace 5 años tiene un canal de Youtube llamado Millennium Seven*, con casi 800.000 usuarios. El tipo se apuntala en datos ingenieriles duros, está muy ligado a la industria aeronáutica italiana, y se divierte mucho irritando a los vehementes Barones Rojos de escritorio que intoxican la Internet.

El programa que dedicó hace tres años al SuperTucano es accesible aquí.

Aldeghi cree que la virtud principal del SuperTucano es que es «attritable» (eufemismo militaroide por «descartable»). En suma, se lo puede bajar sin grandes pérdidas de recursos industriales o humanos, ya que en combate real entre estados, es decir guerra simétrica, sería difícil que soporte 200 horas de vuelo. Pero en ese tiempo puede haber causado daños importantes al enemigo.

Fuera de ello, se puede reponer muy fácilmente, mientras que los cazas supersónicos de 4ta generación son fabricaciones artesanales, exquisitas y lentas. El SuperTucano te permite continuar la guerra aérea cuando los jets supersónicos ya fueron barridos del cielo por baterías misilísticas tierra-aire, o destruidos en tierra por sorpresivos enjambres de drones. Cosa que desde la Guerra de Yom Kippur (1973), cuando la lucha es entre estados-nación, sucede en pocos días.

Ojo, todo eso Aldeghi lo subió a Youtube ANTES de la guerra de Ucrania, cuyo componente aéreo es un combate entre sistemas antiaéreos, misiles autoguiados y drones de distinto grado de independencia. La superioridad aérea tal cual la predica la OTAN en esas estepas no existe: los jets supersónicos de ambos bandos evitan volar sobre el frente o dentro del territorio enemigo: el que lo hace, no se jubila. También está eximido de aterrizar.

Pero la verdad es que en esta guerra tan robótica y semiautomatizada, unos aviones tripulados muy pero muy «very attritable» como el SuperTucano podrían hacer grandes diferencias en ataque cercano a tierra. Eso, en ambientes donde los drones funcionan muy mal debido a equipos de interferencia o de «spoofing» electrónico. Estos interrumpen las comunicaciones de los drones teledirigidos con sus pilotos remotos, o engañan a los sistemas de navegación y posicionamiento de los totalmente autónomos, como las «municiones kamikaze».

Un par de humanos descartables, por su entrenamiento mucho más corto que el del piloto de un supersónico multirrol, subidos a un avión descartable por costo y por velocidad de fabricación, terminan siendo un buen negocio. Suena espantoso, ¿no?.

Si, entiendo, si yo tuviera algún amigo en márketing en Embraer, me estaría llamando para amenazarme educadamente con la hoguera o el garrote vil, pero la verdad es la verdad. Tampoco espero que mis comentarios le caigan simpáticos a los pilotos militares de ningún país, especialmente los no calificados para jets supersónicos, especialmente los de MI país. Pero mi trabajo no es caer simpático.

En la saliente que logró cavar Ucrania dentro de la provincia (u óblast) ruso de Kursk, la aviación rusa se abstuvo de operar con aviones de ataque a tierra. Tiene unos cuantos y muy buenos, los Sukhoi 24 y 25, pero desde que empezó la guerra ya perdió unos 45 y valen un disparate. Por su parte, el ejército ruso pudo hacer muy poco uso de sus innumerables y variopintos drones, porque las columnas ucranianas que partieron rumbo al complejo nucleoeléctrico de Kursk iban con camiones multirruedas que transportan grandes equipos de interferencia electrónica.

Dos pilotos humanos en un avión barato, guiados básicamente por la vista y sistemas ópticos que la potencian en ifnrarrojo o por telescopía, pueden hacer grandes destrozos en ese medio. Pagando un precio, claro.

Los aviones como el SuperTuca o el Puca son los palos y piedras con los que uno sigue luchando cuando ya no tiene o no puede seguir perdiendo armamento sofisticado e irreemplazable, y son inmunes a contramedidas en las que los drones se confunden, se pierden y se estrellan.

Son los que te permiten terminar la guerra cuando te conviene a vos, no cuando tus «aliados» (entre grandes comillas) y «sponsors» se cansaron de vos. Te hacen un poco más soberano.

Pero a U$ 10 millones cada SuperTucano, tal vez los rusos estén acordándose de que destruir las salientes blindadas alemanas desde 1943 en adelante las resolvieron con sus lentos y pesados Sturmovik. En su tiempo cumplían el mismo rol de ataque a tierra. Caían como moscas, pero eran de reposición casi instantánea. Los propios pilotos eran de reposición rápida: salían a volarlos con un entrenamiento más bien precario, y aunque no se jubilaban, se llevaron puestos los tanques y blindados de media Wehrmacht.

En tiempos de paz, de yapa, un SuperTucano es excelente como patrulla armada por el bajo costo de su hora de vuelo, y su autonomía de 8 horas y media. Pero fundamentalmente sirve como entrenador semi-avanzado, es decir la escalera de acceso de los cadetes de aviación al paso siguiente, el pilotar jets supersónicos multirrol, o puramente de ataque a tierra o a barcos.

Para ello, el SuperTucano tiene una cabina biposto tándem inclinada, de modo que el que vuela atrás tenga una excelente visión sobre el casco del que vuela adelante. El avión tiene doble comando, y en ambas ubicaciones un «full glass cockpit» israelí con una pantalla dedicada a las variables de vuelo y navegación, y la otra a sistemas de comunicación y al uso de armas.

Esta aviónica Elbit es muy superior a la de un entrenador mediano. Corresponde más bien a la de un jet de combate con todas las de la ley. Hay un rasgo aviónico adicional que define la enorme modernidad del SuperTucano: tiene un «data link» de gran ancho de banda que lo vuelve un nodo más en una red informática de aviones, radares terrestres y aéreos, sensores ópticos y sónicos, baterías antiaéreas y de misiles aire-tierra o aire mar. Es un instrumento especializado en una gran orquesta militar.

El oficial de armas y comunicaciones que vuela detrás puede ser igual de importante o más importante que el que pilota, y el avión no sólo tiene importancia por sus «efectores» (otro eufemismo milicoide otanesco por «armas»), si no por sus sensores. En este caso son dos señores que pueden ver el teatro de operaciones con radares subalares colgados como «pods» (en mi barrio, góndolas aerodinámicas). Los mismos pods pueden contener sensores ópticos en infrarrojo, o en el espectro luminoso normal, pero con ópticas graduables desde visión panorámica a aumentos telescópicos.

Esta información puede determinar la conducta inmediata de ambos tripulantes («Ahí va un tanque enemigo, vamos a embocarle un cuetazo»), pero además se transmite encriptada al avión AWACS de vigilancia y comando que dirige y organiza todo el campo de operaciones. Supongamos que hay mucho polvo y/o humo en el campo de batalla, y el «pod» que designa con láser infrarrojo ese misil que le acaba de soltar el SuperTucano no logra traspasar esa barrera, y el «cuetazo» falla.

Pero las coordenadas del blanco ya están en el AWACS, y por ende la decisión sobre el destino de ese tanque pasan a un alto oficial que envía una orden de tiro a una batería de cañones a distancia de tiro, o a un par de helicópteros cazatanques en las cercanías. Y el SuperTucano tiene lugar para 5 «pods» bajo las alas, de modo que puede controlar el objetivo desde distancia visual hasta que otros «efectores» lo hagan puré. Y si eso no sucede y todavía le queda algún misil antitanque sin usar, darle leña en forma más personalizada, aunque manteniendo un kilómetro de distancia o más.

Ud., perspicaz lector/a, me dirán: ¿para qué gastarme plata en un SuperTucano si toda esa observación, designación y ataque de blancos los puede hacer un dron tipo HALE, de gran altura, o MALE, de media altura? Y yo le contesto, junto con Aldeghi, que los drones de la OTAN no sólo son carísimos, de U$ 20 a 80 millones la unidad, sino muy fáciles de destruir por su vuelo extremadamente lento (literalmente, son motoveleros, planeadores con motor).

Un enemigo de nivel estatal los hace pomada en un abrir y cerrar de ojos no bien pintan en un radar. Los HALES y MALES son cosas que EEUU e Israel desarrollaron para volverle difícil la vida a enemigos sub-estatales, o afganos o irakíes armados a la que te criaste, como se les dice en los foros tácticos del Racing Club de Avellaneda.

Pero otra cosa es un SuperTucano: tiene la «envolvente» (otro eufemismo militaroide otanístico) de un avión caza de finales de la Segunda Guerra Mundial: «crucerea» a 520 km/h, tiene una máxima de 600 km/h, despega y aterriza desde pistas improvisadas, su velocidad para apearse del aire o subirse al mismo es de sólo 148 km/h, trepa a 16 metros/segundo, tiene un techo de 10.500 mts, un autonomía de vuelo de 8 horas y media (con tanques suplementarios). Las alas en configuración limpia se bancan maniobras de 7g positivas y 3g negativas: da para acrobacia, aunque eso no tenga mucho que ver con la guerra aérea, pero en lo que se refiere a ataque a tierra, es falso. Y aunque vacío sólo pesa 3,2 toneladas, el SuperTucano puede despegar con 2,4 toneladas más de combustible y cargas lanzables, colgadas de 4 pilones subalares y uno ventral.

El tren de aterrizaje se banca campos de operación en dispersión, para operar desde rutas pegadas al frente. La visibilidad desde cabina es excelente. Tiene un «bus» aviónico Mil 1553, que es el sistema operativo desde al cual se pueden agregar, como «apps», todos los sensores, el casi centenar de bombas y los misiles de todo tipo fabricados por países de la OTAN o por proveedores de la OTAN.

Por la suma de estas virtudes y su precio de apenas U$ 10 millones, el SuperTuca ha sido comprado por Brasil, por la breve y feble república de Aghanistán, por Angola, Burkina Faso, Chile, Colombia, Dominicana, Ecuador, Ghana, Honduras, Indonesia, Líbano, Mali, Mauritania, Nigeria, Filipinas, Turkmenistán y -sorpresa- Estados Unidos.

Como nada tiene tanto éxito como el éxito, estudian su compra Bolivia, Guinea Ecuatorial, Guatemala, Libia, Mozambique, Paraguay y Perú. En el orden alfabético debería seguir Portugal, pero los portugas madrugaron a la UE: hicieron vaquita con Embraer y ahora van a ser fabricantes, je. La viveza debe venir con el idioma lusitanto, y se ve que no nos salpica ni un poquito.

En la lista de compradores posibles siguen Surinam, Tailandia, los Emiratos o UAE, incuso Ucrania, o lo que quede de ella, cuando se firme la paz y la OTAN estudie cómo juntar los pedazos. Hasta Uruguay, «last but not least», lo quiere para reemplazar a los Pucarás que amaban intensamente, porque después de horas de patrullar mar siempre te traían a casa, y que por eso trataron de mantener durante más de una década mientras nosotros, los fabricantes, no les contestábamos el teléfono.

En la lista de usuarios o futuros compradores de SuperTucano no figura Argentina por razones extrañas. Raúl Alfonsín y su contraparte presidencial brasileña, Jose Sarney, acordaron con honestidad de boy-scouts un intercambio de aviones: Argentina compraría Tucanos (primera versión del SuperTucano) y Brasil unos Pucarás, como inicio de una sociedad aeronáutica industrial más profunda entre la Fábrica Militar de Aviones y Embraer.

La idea subsiguiente era para fabricar conjuntamente el CBA 123, un transporte de cabotaje biturbohélice maravilloso, adelantado una década al standard europeo o estadounidense. Menos cordobeses, los brasucas llamaron «Vektor» a sus prototipos y los enseñaron urbi et orbi en las ferias aeronáuticas de Farnborough y París. Enamoró a unos cuantos, y pelaron las chequeras. Era caro para su segmento de cabotaje liviano, pero mucho más veloz que cualquier otro biturbohélice en el mundo, revolucionario por su aviónica y su célula, con alas en flecha inversa y motores en posición «pusher». Valía la diferencia. Es cosa de ver las fotos.

Bien, Alfonsín pudo comprar los Tucanos (doce) pero no suministrar los Pucas, porque (odio repetirme) descubrió con sorpresa que algún tremendo hdp con gorra y que no dejó su firma hizo destruir o desaparecer las «camas» o utilajes de armado. No hubo siquiera una investigación. Tampoco la hubo con lo que sucedió al toque de que Menem relevara a Alfonsín del gobierno: la retirada unilateral argentina del proyecto CBA 123 y el regalo de la FMA a Lockheed.

Embraer, en cambio, apretó las muelas y aguantó. Redestinó el fuselaje del Vektor a su nueva línea de jets de cabotaje 147. Literalmente, tomaron el mundo aerocomercial por asalto. Tres décadas más tarde Embraer es la tercera fabricante mundial de aviones comerciales. Vive sacándole ventas a Boeing y Airbus, y es una pesadilla para los consorcios europeos en aeronáutica militar, como BAE.

Ya con U$ 300 millones gastados por Argentina y U$ 600 por Embraer hasta 1989 en el desarrollo de tres prototipos del CBA 123, y decenas de pedidos de precio internacionales, el presidente Carlos Menem suspendió la fabricación en serie, y su contraparte brasileña Fernando Collor de Melo hizo otro tanto. Pérdida total en ese proyecto, a dólares actualizados a 2023: U$ 2132 millones.

La FMA no aguantó, no por falta de resiliencia sino porque, con tres aviones vendibles (el Puca, el Pampa y el CBA 123), Menem la entregó gratis a la Lockheed, y de yapa, pagándole. Eso, sin objeción alguna de la Fuerza Aérea Argentina, y tampoco de los medios de comunicación. En cambio, por querer hacer lo mismo con Embraer para vendérsela a Boeing, entre otros muchos, muchos motivos, a Collor de Melo el Parlamento Brasileñó lo rajó de su cargo de un patadón ahí.

No lo puso preso, nadie es perfecto.

Sé que es demasiada información, pero necesito explicarle al lector por qué Portugal ahora estará fabricando SuperTucas y no SuperPucas.

No da para sentirse orgulloso.

Daniel E. Arias

Las semillas de Milei. La Argentina que cambió

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Estas reflexiones fueron escritas en mayo, y publicadas en mi blog personal. Creo que los 100 días que transcurrieron no les quitaron la validez que pudieran tener. Pero el ruido de la coyuntura política puede distraernos de los cambios profundos que produjeron este presente. Por eso las reitero aquí:

El título que elegí se puede entender de dos maneras distintas. Por eso, empiezo por decir cuál es la que yo elijo. Muchos analistas ven a la irrupción de Javier Milei y los «libertarios» en la política argentina como un hecho nuevo e imprevisto que cambió todo, y los confirman en esa opinión estos tumultuosos cinco meses de gobierno.

Tienen razones para pensar así. ¿Quién preveía, sólo tres años atrás, que un gritón panelista de TV iba a ser presidente de Argentina?

En cambio, yo creo, y voy a tratar de convencerlos a ustedes, que la llegada de Milei a la presidencia es una de las consecuencias de 
cambios profundos que se manifestaron en este siglo. Cambios que tienen origen, sí, en un problema argentino anterior: la falta de un modelo de desarrollo económico consistente. Problema que enfrentamos al menos desde mediados de la década de los ´70 del siglo pasado, cuando el modelo de industrialización para el mercado interno y pleno empleo encontró un límite. Más o menos al mismo tiempo que empezaron a crujir los «estados de bienestar» europeos.

Pero en este siglo la falta de un modelo aceptado por una mayoría de los argentinos fue acompañada por transformaciones sociales -en parte provocadas por esa ausencia, y en otra gran parte, por causas que están acelerando esas transformaciones en la mayoría de los países del mundo. Pero que el conjunto de nuestra dirigencia política no vio, o no quiso ver.

Afirmo esto con tanta convicción porque yo también me equivoqué. Hasta hace poco más de un año pensaba, como otros estudiosos con mejores credenciales, que las dos grandes coaliciones que hegemonizaban el sistema político nacional, las versiones actuales de las corrientes que nos expresan a los argentinos desde hace casi 80 años, el peronismo y el rechazo al peronismo, daban estabilidad a la política local. No fue así.

Hoy creo que hubo algo más que la frustración con gobiernos, que la misma gente que los había votado vivió como fracasos, o como desilusiones. La sociedad argentina había cambiado, y la dirigencia – y los analistas. no nos dimos cuenta de la profundidad de ese cambio.

No es que surgieron de repente realidades que no existían antes. Nada surge de repente en las sociedades humanas. Los cambios se dan cuando esas nuevas realidades crecen.

Esbozo aquí tres de ellas.

La pobreza y la exclusión -que existieron siempre, por supuesto- vienen creciendo en nuestro país desde los ´70 del siglo pasado, y se agravaron, mucho, en la segunda mitad de los ´90.

Sucedió que en este siglo, en el breve gobierno de Duhalde, se ensayó en 2002 una solución -el Plan Jefes y Jefas (de hogar, desocupados)- para paliar esa crisis que había llegado a límites insoportables. Los gobiernos kirchneristas ampliaron y formalizaron esa red de protección, con medidas tan necesarias como la Asignación Universal por Hijo, y un variado número de políticas sociales.

El gobierno de Mauricio Macri aumentó el número de beneficiarios de esos planes, porque sus medidas económicas no favorecieron el crecimiento del empleo privado. En realidad, durante su gestión desaparecieron muchas empresas pequeñas y medianas, las que en nuestra estructura son las mayores generadoras de empleo. . Por encima de la diferencia en las políticas económicas, la gestión de Alberto Fernández continuó esa tendencia en este campo, acentuada por las restricciones que impuso la pandemia.

Estos planes sociales evitan -en la mayoría de los casos- la indigencia. Pero no sacan a ningún beneficiario de la pobreza. Ni le dan la identidad, el respeto, que en otro tiempo brindaba el trabajo formal.

Es necesario decir que surgieron, y surgen, esfuerzos dignos para organizar y valorar las tareas que hacen los excluidos de la economía formal. Que, es cierto, trabajan bastante más que un empleado con horario. Así, la llamada «economía popular». Pero depende de los subsidios del estado nacional.

Nada necesariamente negativo en eso, por sí mismo. Muchos futuristas sostienen que es el destino de la mayoría de la humanidad, a medida que las máquinas se hacen cargo del trabajo. Como sea, el punto no es lo que va a pasar, sino lo que está pasando. Una gran parte de los «incluidos» -de las extensas clases medias argentinas, en la medida que «clase media» todavía significa algo- han empezado a mirar a los excluidos como en los países europeos se mira a los inmigrantes: gente ajena, oscura, hasta peligrosa, que se aprovecha del esfuerzo de los «ciudadanos de bien», una expresión que usa mucho Milei.

El hecho que los excluidos hacen los trabajos necesarios. que los «incluidos» no aceptan, no cambia esa mirada. Los hechos no cambian los prejuicios, en general.

No es el único cambio. Ni el más novedoso. Después de todo, el prejuicio hacia los «cabecitas negras» -hoy se abrevia «cabeza»- viene de los comienzos del antiperonismo, en los ´40 del siglo pasado. Lo que sucede es que se ha extendido mucho, y se le escucha a muchos votantes del peronismo, también.

Otro de los cambios, y muy importante, es generacional. Por supuesto, esto ha sido así en toda la historia humana. Viejos papiros egipcios mencionan la falta de respeto de los jóvenes. Pero que sea esperable, no hace que deje de ser un cambio.

En este siglo, la mayoría de los jóvenes no espera -muchas veces, no busca- un trabajo permanente. Más, les es difícil conseguir un trabajo formal, si no es por vínculos familiares o «contactos». Si es de clase media -en el sentido muy amplio que lo es la mayoría de los argentinos- es probable que considere probar suerte en Europa, Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda… Son (todavía) una minoría pequeña la que se decide a hacerlo, bastante menor que la suma de los inmigrantes que vienen a encontrar trabajo en Argentina. Aún si les sumamos quienes viven aquí y trabajan para empresas o clientes del exterior, aprovechando la deslocalización del trabajo en el mundo digital, son una pequeña porción de la «fuerza laboral». Pero influyen poderosamente en la actitud de los jóvenes trabajadores. Y en la realidad de las relaciones laborales.

Así, la legislación laboral y los sindicatos aparecen irrelevantes para muchos jóvenes. El sector etario donde fue más extendido el voto a favor de Milei.

Por supuesto, esto que describo es parcial. Todavía pervive mucho de la Argentina peronista. Y de la antiperonista. Y hay valores comunes que movilizan también a los jóvenes, como mostró la reciente, masiva, manifestación en defensa de la universidad pública y gratuita.

El tercer factor es, por supuesto, la economía. Resumo algo que he repetido muchas veces: el modelo económico de industrias protegidas, produciendo para el mercado interno y -en unos cuantos casos- para los países vecinos, que entre 1945 y 1975 brindó  crecimiento, casi pleno empleo y prosperidad -aunque no estabilidad- a Argentina, «cumplió su ciclo». Todos los intentos de resucitarlo han terminado en un capitalismo prebendario, proveedor del Estado o usufructuario de los «nichos» que proporciona.

Y los intentos «modernizadores», aperturistas -Martínez de Hoz, Menem-Cavallo, Mauricio Macri- terminaron en crisis más o menos severas. Nada hace pensar que no pasará lo mismo con el de Milei.

Así, la dirigencia política argentina -más precisamente, quiénes sean elegidos por la mayoría- están condenados a buscar un nuevo camino. Tanto si el gobierno actual se autodestruye en pocos meses -es posible- o dura tanto como el de Menem. Esto último me resulta difícil de creer, debo decir.

¿Hay algo nuevo, algo que aparece en este siglo, en este ciclo que yo mismo señalo se repite desde hace 50 años? Sí. Es el olvido de las consecuencias políticas de algo muy familiar a los argentinos en la segunda mitad del siglo XX: la alta, altísima inflación.

El final de la Convertibilidad, la Gran Devaluación del año 2002, provocó un salto inflacionario aún mayor que el que causó en el pasado mes de diciembre la devaluación del ministro Caputo. La dirigencia de ese momento estaba aterrada -fresca la memoria de las hiperinflaciones de Alfonsín y de los primeros años de Menem. Aún economistas «nac&pop» proponían una dolarización.

Finalmente, con medidas moderadas y prudentes se llegó a estabilizar la economía. Y luego empezó el crecimiento «a tasas chinas». Cuando estas empezaron a aminorar -siempre sucede, hasta en China- una modesta tasa de inflación parecía un precio aceptable para una política distributiva.

Claro, ya en 2022 y 2023, la inflación no era «aceptable». Pero la dirigencia argentina -en el gobierno; desde la oposición siempre se pueden plantear soluciones drásticas- estaba convencida que «ajuste» era una palabra horrible, que iba a ser rechazada por la sociedad.

Recuerdo haber discutido en esos años -siempre sostuve que la inflación era el factor que más desordenaba la vida de la gente, además de la economía- con funcionarios albertistas, cristinistas y hasta algún massista. Y su respuesta era la misma, y aparentemente sensata: «No se ganan elecciones con una política antiinflacionaria».

Hasta el próximo olvido, la lección que han aprendido todos los políticos argentinos -lo digan o no en público- es «El gobierno no gana elecciones con alta inflación».

Todo este largo texto -sin estadísticas ni ecuaciones; Pareto me llamaría «ageometroi»- es para tratar de convencerlos que es necesario empezar a pensar ya políticas económicas, sociales, de relaciones internacionales, adecuadas para la Argentina y el mundo que ya están a nuestro alrededor.

Debemos empezar por descartar la fácil asunción que Milei es una anomalía, y que una vez que este improvisado experimento «anarco-capitalista» se  autodestruya  volverá la «normalidad». Un pasado mítico anterior a 2015, o 2003, o 1945, o 1916… No hay máquinas del tiempo, compatriotas.

Abel B. Fernández

Frente a la baja del Paraná, una solución racional para las exportaciones argentinas

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 Otra vez el Río Paraná amenaza con una bajante prolongada. No está lloviendo en la cuenca que comprende el Amazonas, el Paraguay y Bolivia. El último antecedente duró dos años, del 2020 al 2022. No existe ninguna predicción del clima que asegure que esto no se va a repetir en el futuro.

En el entretanto, nuestros especialistas se reúnen en congresos donde resumen sus opiniones, junto a la Bolsa de Comercio de Rosario, los exportadores, las Cámaras, etc. Después de devanarse los sesos, todos ellos, han llegado a una conclusión única: hay que aumentar dos pies de calado, al Paraná, llevando de 32 pies a 34. La preservación del medio ambiente y la competitividad exportadora, bien gracias.

En la actualidad los buques más grandes que ingresan para la carga de granos al Hinterland del gran Rosario, donde se exporta el 70% de los granos y subproductos, son los Panamax de 60 mil toneladas, pero que no pueden llevar más de la mitad de la carga. El resto completan en Quequén, Bahía Blanca o en Brasil.

Ni hablar de cuando ocurren bajantes como las del 2020 y la que se avizora ahora, y también de lo incierto del comportamiento climático del futuro cercano. El costo adicional por flete hasta Bahía Blanca y Quequén que significa trasladar los granos hasta esos destinos, los soporta el productor.

El canal navegable del Rio Paraná mal llamado hidrovía, por más que destruyan el ecosistema y agreguen más calado, a lo sumo dos o cuatro pies, no puede competir con la tendencia del transporte marítimo internacional.

Para ejemplo mencionamos qué existe en la actualidad en materia de transporte marítimo internacional de granos y también de contenedores: Buques graneleros:

1. Panamax Capacidad de Carga: Aproximadamente 65,000 a 80,000 toneladas de peso muerto (DWT). Calado: Generalmente entre 12 y 13 metros. (42 pies).

2. Post-Panamax Capacidad de Carga: Aproximadamente 80,000 a 100,000 DWT. Calado: Suele ser de 13 a 15 metros. (49 pies).

3. Capesize Capacidad de Carga: Aproximadamente 150,000 a 400,000 DWT. Calado: Suele ser de 17 a 20 metros. (65 pies) .

4. Very Large Ore Carrier (VLOC) Capacidad de Carga: Aproximadamente 200,000 a 400,000 DWT. Calado: Alrededor de 18 a 25 metros. (82 pies).

5. Ultra Large Ore Carrier (ULOC) Capacidad de Carga: Más de 400,000 DWT. Calado: Puede exceder los 25 metros. (82 pies en adelante).

Resulta obvio que nuestros especialistas no están mirando el futuro que ya es presente, el aumento de carga y calado del transporte marítimo internacional. No hacerlo, nos deja fuera de la competitividad exportadora.

El futuro de la logística fluvial

Hace tres años dejé sentado en un artículo que pueden leer en eldesafiosemanario.blogspot.com/2021/07/ cambiemos-la-logistica-fluvial.html?m=1, de que la alternativa inteligente sería evaluar la posibilidad de hacer un puerto de transferencia sobre el Río de la Plata, a la altura de Punta Piedras, donde el calado natural es de 50 metros, o sea 164 pies. Y que buques de no más de 20 pies de calado, hicieran la carrera de los puertos existentes, y futuros más al norte de Rosario.

Esta implementación ofrece como posibilidad de habilitar como puertos exportadores. No solamente eso, también qué con tan bajo calado, 20 pies, el canal Magdalena, con muy poco dragado se transforme en la vía fluvial que alimente al Puerto de Transferencia, sacándonos de encima el drama que los barcos que obligadamente tienen que tomar por el Canal Punta Indio y el pasaje por Montevideo.

Hoy existe sobrada tecnología para que un puerto de transferencia funcione óptimamente sobre el Río de la Plata, no solo para carga de granos, sino también de contenedores y cargas generales

Tomando como base las cargas actuales, y las que se pueden agregar en el futuro por el crecimiento del sector agropecuario, podemos estimar en 150/200 mil toneladas anuales, contando con el comercio fluvial de Paraguay, Bolivia y Brasil, que puede soportar el puerto de aguas profundas sobre el Río de la Plata.

Gran negocio para el sector privado que se anime a realizar la inversión. Gran negocio para los productores que verán reducidos los costos de fletes y la zozobra de no estar pendiente de los cambios climáticos. Gran negocio para la preservación del medio ambiente, disminuyendo las emisiones de carbono y polución que deja el transporte terrestre. Gran negocio para el ecosistema que no se verá amenazado por calados artificiales que atentan contra la naturaleza.

Es una pena que nuestros políticos, todos ellos, estén enfrascados en peleas por cargos y no se detengan a pensar en el futuro de la Nación y sus habitantes.

Ricardo Bianchi

Hito: Estados Unidos aprobó la siembra del trigo argentino resistente a la sequía

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Estados Unidos le dio su aval a la siembra en ese país del trigo argentino transgénico tolerante a sequía desarrollado por la Dra. Raquel Chan, por cuenta de la compañía Bioceres. Es el cuarto país que aprueba al producto HB4 para su cultivo luego de la Argentina, Brasil y Paraguay.

Según informó el Servicio de Inspección de Sanidad Animal y Vegetal (Aphis) del Departamento de Agricultura de los EE.UU. (USDA, por sus siglas en inglés), ese cereal puede cultivarse “de manera segura” en esa nación.

El organismo norteamericano revisó si las plantas modificadas por ingeniería genética de trigo presentaban mayores riesgos, como en plagas, frente a las no modificadas y la conclusión fue que es “poco probable” que eso ocurra. “Desde la perspectiva del riesgo de plagas de plantas, esta planta modificada puede cultivarse y reproducirse de manera segura en los Estados Unidos”, indicó el Aphis.

El trigo transgénico tolerante a sequía tiene su origen en una investigación de la doctora Raquel Chan y su equipo en el Conicet junto a la Universidad Nacional del Litoral, además de Bioceres. En rigor, la experta encontró que el girasol tiene un gen capaz de tolerar la sequía. Esa investigación luego saltó a la soja y el trigo. En la Argentina la empresa desarrolló la siembra del cereal mediante un esquema cerrado con productores. El año pasado se hicieron 50.000 hectáreas bajo el programa conocido como Generación HB4.

Estados Unidos es un importante productor y, a la vez, exportador del cereal. Al respecto, tras cosechar 49,31 millones de toneladas en la campaña 2023/2024, para el actual ciclo 2024/2025 el USDA prevé una producción de trigo estadounidense de 53,93 millones de toneladas –ya terminó la cosecha de invierno y la de primavera avanzó sobre el 51% del área apta–, volúmenes que se mantendrán lejos del récord que ese país logró en la campaña 1981/1982, con 75,81 millones de toneladas.

Respecto de las exportaciones, con 22,45 millones de toneladas proyectadas por el USDA para esta campaña 2024/2025, Estados Unidos es el quinto proveedor de trigo del mundo, detrás de Rusia, que vende 48 millones de toneladas; de la Unión Europea, con 34 millones de toneladas; Canadá, con 25 millones de toneladas, y de Australia, que coloca 23 millones de toneladas.

Según trascendió, la decisión del Aphis incluyó el análisis del fenotipo del trigo genéticamente modificado, su posible impacto en el ambiente y sus características. “Aphis concluyó que el Trigo HB4® no representa en sí mismo ni contribuye con plagas vegetales y, por lo tanto, no está sujeto a la regulación descripta bajo el 7 CFR parte 340″, explicaron. Agregaron que la autorización también se aplica a cualquier cruza de ese trigo con plantas no modificadas o con otras plantas modificadas que no estén sujetas a estas regulaciones.

Para recordar, en junio de 2022 la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) aprobó el trigo transgénico argentino para consumo. En efecto, en ese momento la FDA había concluido de manera favorable una consulta realizada por la empresa en 2018. “Si bien es de carácter voluntario, implica una extensa y rigurosa serie de presentaciones para obtener una evaluación regulatoria, nutricional, de impacto ambiental, calidad y de seguridad integral que permita el uso en los mercados de alimentos”, dijeron en Bioceres en esa oportunidad. Luego de la autorización de la FDA faltaba la del Aphis, cosa que ocurrió hoy.

Además de las autorizaciones para su cultivo y comercialización en la Argentina, Brasil, Paraguay y Estados Unidos, el producto, indicaron desde la empresa, ya está aprobado para consumo humano y animal en otros siete países: Australia, Colombia, Indonesia, Nueva Zelanda, Nigeria, Sudáfrica y Tailandia. Explicaron que también se han presentado solicitudes de aprobación en Bolivia, Filipinas, Uruguay y Vietnam [para consumo humano y animal y cultivo].

Fernando Bertello

Argentina es el país de Latinoamérica más caro para vivir

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La Argentina es el país con el costo de vida más elevado de la región e, incluso, supera a algunos países de la Unión Europea (UE) en términos relativos, según un informe de un centro de estudios de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

La investigación publicada por el centro de estudios para la Recuperación de Argentina (Centro RA) de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA concluye que, para solventar el costo de vida familiar en Argentina, se necesitan “aproximadamente seis salarios básicos más” que en Brasil y Perú, los dos países que siguen como los más caros de la región.

Argentina tiene actualmente un salario mínimo de $262.432 (unos US$292 al tipo de cambio oficial actual, unos US$200 al paralelo, que es el usado para el estudio). Con respecto a Europa, una familia tipo en la Argentina requiere, en promedio, 11 salarios mínimos más para comprar bienes y servicios básicos y alquilar un inmueble.

El costo de vida de una familia tipo -pareja con dos hijos- en la Argentina es de más de 14 salarios mínimos para poder adquirir bienes y servicios básicos y pagar el alquiler de un departamento de tres ambientes en la Ciudad.

El costo de vida promedio de una persona en la Argentina es de casi cinco salarios mínimos y, si se descuenta el alquiler, se reduce a tres salarios mínimos.

Una persona en la Argentina necesita un salario más para adquirir una canasta de consumo básica y dos salarios mínimos más si se considera el mismo alquiler que en Brasil, el segundo país más caro de la región.

FAdeA y Akaer firmaron una alianza estratégica para el desarrollo del sector aeroespacial

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Akaer y FAdeA firmaron un acuerdo de colaboración para explorar nuevas oportunidades en proyectos conjuntos, que van desde el desarrollo de tecnologías avanzadas hasta la producción de aeroestructuras y equipos de última generación y servicios de ingeniería de punta.

Akaer es una empresa brasileña especializada en el desarrollo de productos de alta tecnología, con un enfoque principal en los sectores aeroespacial y de defensa. Con sede en São José dos Campos, fue fundada en 1992

El acuerdo, firmado bajo un Memorando de Entendimiento (MoU), establece como principal foco la cooperación en proyectos estratégicos como el desarrollo conjunto de nuevas tecnologías de fabricación y ensamblajes de piezas estructurales, y subconjuntos aeronáuticos, incluidos sistemas de automatización y robots.

La colaboración estratégica también incluye el desarrollo de servicios de ingeniería destinados a modificaciones, conversiones y actualizaciones de aeronaves civiles y militares.

“La combinación de fuerzas entre Akaer y FAdeA representa una alianza estratégica que tiene el potencial de generar importantes avances tecnológicos y fortalecer la competitividad de ambas empresas en el mercado internacional”, afirmó el director general de Akaer, César Silva.

A través de este acuerdo, Akaer y FAdeA pactan combinar sus habilidades y recursos para el desarrollo de proyectos conjuntos.

Akaer se hará cargo del desarrollo de productos, el montaje final y la interacción con el cliente, mientras que FAdeA se centrará en la fabricación de piezas y subconjuntos. También desarrollará servicios de ingeniería que FAdeA podrá realizar en sus instalaciones, ampliando las capacidades técnicas de ambas empresas.

Asimismo, las empresas prevén colaborar en la formación de trabajadores especializados en ingeniería y mecánica, asegurando el fortalecimiento y ampliación de sus equipos técnicos.

“Akaer confía en el potencial de esta asociación, que sin duda contribuirá al crecimiento sostenible de ambas empresas, aprovechando nuestra experiencia y capacidad de innovación”, destacó César Silva.

Se calienta la guerra comercial. Y se abren oportunidades para las naciones sudamericanas

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La segunda edición de la “guerra comercial” se está configurando como un fenómeno de escala global que podría generar nuevas oportunidades en el mercado chino para las exportaciones de la América del Sur..

El primer ministro Justin Trudeau anunció que Canadá impondrá un arancel del 100% a la importación de vehículos eléctricos chinos, además de otro arancel del 25% al acero y aluminio importados de la nación asiática.

China es el principal mercado de exportación de colza canadiense y también es un importante comprador de trigo y carne porcina y vacuna de ese origen.

La movida proteccionista anunciada este lunes está lejos de tratarse de una situación aislada, dado que la Unión Europea y EE.UU. están implementando o estudiando acciones similares (en este último país el fenómeno podría potenciarse en caso de que Donald Trump resulte ganador de las elecciones presidenciales de noviembre próximo).

Recientemente la Comisión Europea decidió imponer un arancel a la importación de vehículos eléctricos chinos para intentar bloquear el ingreso de tales productos, lo que motivó que el gobierno de Xi Jinping abriera investigaciones orientadas a imponer –a modo de represalia– sanciones a productos cárnicos y lácteos europeos.

Otro disputa se abrió con la fijación de aranceles provisionales por parte de la UE-27 a las importaciones chinas de biodiésel chino por presunto antidumping.

En tanto, la Agencia de Protección Ambiental de EE.UU. inició recientemente una investigación orientada a detectar irregularidades en la importación de aceite usado para la elaboración interna de biodiésel, insumo que proviene mayormente de China.

Tales medidas instrumentadas en los últimos meses están “cocinando” una guerra comercial entre naciones integrantes de la OTAN y China, lo que abre posibilidades comerciales para los países agroindustriales no alineados con ninguna de las dos potencias.