Avanza en la Provincia del Chubut un plan para salvar a los huemules

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  • La estación de rehabilitación y recría, de cuya reciente fundación participa un investigador del CONICET, vio nacer al primer cérvido en noviembre pasado.
  • Hace más de siete décadas que en Argentina no nacía en cautiverio un animal de esta especie en peligro de extinción.
En noviembre pasado nació el primer huemul (Hippocamelus bisulcus) de la recientemente creada “Estación de Rehabilitación y Recría Shoonem” que funciona bajo la supervisión de la Fundación Shoonem en la Provincia del Chubut. “Es macho y sigue creciendo bien, saludable y lleno de energía”, señala Werner Flueck, investigador del CONICET en el Parque Nacional “Nahuel Huapi”, que depende de la Administración de Parques Nacionales, y uno de los fundadores de la estación creada para tratar de rescatar de su extinción a los cérvidos más australes del mundo.
Hace más de siete décadas que un huemul no nacía en cautiverio en Argentina
En 1936 se llevó un grupo de estos cérvidos al Jardín Zoológico de la ciudad de Buenos Aires y tuvieron crías, y en la década de 1930 se estableció una Estación Zoológica dentro Parques Nacionales, en Neuquén, donde hubo nacimientos de huemules, pero el proyecto se abandonó en 1945. “La cría que nació en nuestra estación se nombró Shehuen, que en idioma Tehuelche significa ‘fuente de luz’, en alusión a la esperanza de que su nacimiento contribuya a la recuperación de la especie”, afirma Flueck. La finalidad de la Estación de rehabilitación y recría, explica Flueck, es generar grupos de huemules para reintroducirlos en ambientes de alta calidad nutricional que históricamente fueron ocupados por el huemul. “Eso permitirá que aumenten su población y se expandan a zonas vecinas. Será ideal que en el futuro se puedan reconectar subpoblaciones que hoy en día están separadas y aisladas, y puedan reproducirse. Una recuperación de este tipo conlleva la necesidad de convivencia con los humanos, particularmente porque el huemul tiene poco o nada de miedo de las personas, lo que ha causado su exterminación local por sobrecacería”, explica el investigador del CONICET. En Argentina solo quedan entre trescientos y quinientos huemules, fragmentados en unos sesenta grupos a lo largo de 1800 km de los Andes, con uno de los grupos poblacionales más destacados en el Parque Protegido Shoonem, en la cuenca hídrica del Río Senguer, donde se desarrollan tareas de investigación con el apoyo de la Dirección de Flora y Fauna de la Provincia del Chubut. Recluidos ahora, en las zonas altas de las montañas andinas como resultado de la sobrecacería, en el pasado circulaban por zonas abiertas (praderas) y hasta se han encontrado evidencias de su presencia en la costa atlántica. A partir de una donación de la Fundación Erlenmeyer, de Suiza, Flueck y sus colegas de la Fundación Shoonem lograron terminar la construcción de la estación de recría y rehabilitación a mediados de 2022 y se encuentran en la búsqueda de fondos adicionales para cumplir con toda la logística que el proyecto requiere. Con la coparticipación de la Fundación Temaiken se lograron hacer capturas en agosto de 2022 para trasladar los primeros huemules – en total cinco – a la Estación Shoonem y arrancar con el proyecto. Como investigador del CONICET, Flueck ha liderado y participado en casi 70 artículos científicos, y escrito capítulos y libros sobre diferentes aspectos de la vida de los huemules: salud, anatomía, comportamiento, nutrición, ecología, su distribución actual e histórica, recría y conservación. “Entre otras cosas, nuestros estudios comprobaron que al estar recluidos los huemules en zonas altas de los Andes se alimentan de forraje demasiado pobre en determinados minerales. Por esta razón desarrollan osteopatologías y pierden los dientes sin los cuales no pueden alimentarse bien”, explica el científico. En realidad, afirma Flueck, la “Estación de Rehabilitación y Recría Shoonem” se basa en un sistema de semicautiverio, es decir, que ahí los huemules habitan un área cuya extensión y vegetación permite que puedan desplazarse a considerables distancias y acceder a cantidades apropiadas de agua y comida. “Si es necesario, se puede proveer alimentación suplementaria. Cada día se monitorean las señales de sus radio-collares, y a veces nos acercamos para evaluar su salud y comportamiento”, explica el investigador. El nacimiento de “Shehuen” Shehuen nació el 5 de noviembre. A medida que crecía, la cría empezó a caminar, correr y saltar. “Es una cría de buen desarrollo, su peso al nacer debe haber sido entre cinco y seis kilogramos (kg)”, afirma Flueck. Y agrega: “A más de tres meses de edad sigue siendo amamantada, lo que indica que su madre goza de buena salud, pero ahora pasa la mayor parte del tiempo alimentándose, ramoneando o bien pastando”. Los huemules adultos suelen pesar entre 70 y 90 kg y alcanzar un metro de altura. “Como herbívoro nativo principal de ciertos ambientes, el huemul tiene un rol importante en estos ecosistemas y esa es otra razón para prevenir su extinción”, subraya el investigador del CONICET. Asimismo, Flueck puntualiza que los objetivos de la estación son la rehabilitación de huemules en mal estado de salud; fomentar la recría para crear planteles de huemules que permitan su futura introducción a sitios donde ya está extinguido; y facilitar el estudio científico de temas que no han sido del todo analizados. “Será esencial que ciertas zonas pobladas históricamente por el huemul tengan un nivel de protección adecuada para permitir la recuperación de huemules y educar a la población para el cuidado de esa especie”, afirma Flueck. Y continúa: “Pueden ser parques nacionales y también campos privados que reciban incentivos para apoyar a una futura convivencia con los huemules. Las zonas más fértiles, como los valles o pampas, generalmente son poblados o usados por poblaciones humanas. Poder habitar en esas regiones permitirá a los huemules vivir de manera más saludable y por más tiempo, lo que se traduciría en un aumento de las tasas de su reproducción y crecimiento poblacional”. Por Bruno Geller

Entre Rios: La escuela que enseña a construir barcos

La provincia de Entre Ríos tiene una identidad fluvial única representada por 5.950 cursos de agua interiores (permanentes e intermitentes), que conforman una riqueza hídrica de 41.790 kilómetros lineales de agua, y dos tramos de casi 1.000 kilómetros de los ríos Paraná y Uruguay.

En ese escenario toma relevancia un nuevo inicio de clases de la escuela secundaria técnica 100 «Puerto Nuevo» de Paraná, capital provincial, debido a que es la única en Sudamérica que ofrece el título de Técnico en Construcciones Navales. Bianca, de 16 años, llegó luego de cursar primer año en una escuela convencional. Si bien no le costó el cambio, dijo que se encontró con «otro mundo», y «todo muy lindo, con muchos talleres que te dan herramientas como para salir a hacer cosas». Los primeros tres años son iguales a todas las técnicas, con conocimientos de soldadura, electricidad, carpintería y herrería, entre otros; y a partir del cuarto año se desarrollan sobre embarcaciones. Quienes se reciben son muy demandados ya que pueden manejar tecnologías avanzadas, intermedias o elementales de astilleros, empresas del sector y también de forma independiente con su propio astillero o arreglando embarcaciones. Puestos en diseño y producción naval, ejecución y mantenimiento de obras, infraestructura edilicia, y trabajos para obtener productos, sistemas y servicios en lo naval y en general, dada la relación con la mayoría de las otras áreas industriales, son algunas de las salidas laborales.

Los atributos del constructor

Otra de las funciones que cumple el constructor naval es el diseño total de cómo se construye una embarcación, algo que se da en la misma escuela. Por eso la eligió Santiago, de 15 años, que va a comenzar a cursar el tercer año pero ya tuvo talleres de construcción naval, electricidad y lo que es «arquitectura, paneles, cables y motores de las embarcaciones que está muy bueno». En los años siguientes también tienen actividades navales, donde los más grandes que él hacen talleres para «aprender a hacer planos de embarcaciones», algo que lo «atrae mucho». Su amigo Laurentino, también de 14 años, se vio asombrado por las tareas de electricidad, carpintería, metalmecánica, informática, y espera el próximo año empezar a trabajar en embarcaciones en sí. «Te sirve conocer todo esto, si necesitas arreglar algo en tu casa podes hacerlo vos, con todo lo que te enseñan en los talleres», comentó a Télam y deseó para el 2023 «pasar todos de año» porque es «un lindo grupo de amigos».

Una ubicación privilegiada

La escuela comenzó con sus clases en 1990, pero funcionaba en los talleres del ex Ministerio de Obras Públicas de la Nación en Paraná, edificio que se fue deteriorando y que permanecía en conflicto con los barrios cercanos. Por eso, hace unos 20 años iniciaron reclamos para tener un nuevo lugar, siempre en el borde costero; en 2011 lograron la transferencia de Nación del actual predio, gracias a las gestiones de la por entonces intendenta, Blanca Osuna, y en 2018 comenzaron las obras. Mario Ballesteros es docente desde hace más de 10 años y actualmente es el jefe de talleres de la escuela. Conocía el viejo edificio que «querían todos» pero «este es mucho mejor, tiene todo nuevo y muy bien equipados en herramientas». Eso permite darle a los chicos «conocimientos impresionantes» porque aprenden «desde lo básico hasta lo más complejo» y en todos los años, con quienes recién ingresan aprendiendo a soldar y los que están por egresar construyendo barcos, algo que «no es poca cosa».   El edificio de 4.380 metros cuadrados cubiertos está diseñado para brindar clases del nivel secundario-técnico, y también cursos y tecnicaturas como la de electricidad para personas de entre 15 y 18 años, sin importar si terminaron o no el secundario. Cuenta con una sala de diseño naval, y zonas de electricidad, metalmecánica, carpintería de ribera y un canal de experiencias hidrodinámicas, entre otras salas y servicios, que demandó una inversión de más de $214 millones. Allí los adolescentes que cursan 4to. año comienzan a trabajar sobre náutica, en 5to. y 6to. ya arman embarcaciones como matrices, botes, piraguas y kayaks, y en el último año continúan cálculos, análisis y planos.

¿A dónde van los trabajos realizados?

Lo que se ha construido en esos talleres generalmente es donado, como «muchas embarcaciones para las escuelas de Ibicuy, o para cuando suceden inundaciones» y hasta crearon sillas especiales para personas con problemas motrices. Las sillas «tenían flotadores y estaban diseñadas para que las personas que las necesiten usar puedan ingresar al río, al agua, y disfruten de eso», señaló Ballesteros. Aún así, el docente remarcó que esperan que Prefectura les permita avanzar en el desarrollo de veleros y embarcaciones pensadas ya que «se pueden construir en estos talleres, hay todo» lo necesario, y «ese fue uno de los pedidos» que se le hicieron al presidente Alberto Fernández durante la visita que realizó tiempo atrás. En ese sentido, también recordó que hace falta un equipamiento alemán que es costoso pero que permitirá poner a pruebas las maquetas y las embarcaciones simulando condiciones como olas, vientos, situaciones en el río e incluso marcar la resistencia de pilotes de puentes.

Hidrógeno verde: crece la expectativa por la ley que le daría marco al combustible del futuro

El proyecto de ley de promoción del hidrógeno de bajas emisiones de carbono que elaboró el Gobierno ya está listo para ser presentado en el Congreso, luego de las puntadas finales que le dio el Ministerio de Economía. Sin embargo, la agenda parlamentaria signada por el año electoral podría complicar su tratamiento y seguir retrasando una de las mayores inversiones anunciadas durante la gestión de Fernández. Se trata del proyecto de la empresa Fortescue, que en 2021 anunció una inversión por US$8400 millones para construir una planta de producción de hidrógeno verde en la localidad de Sierra Grande, provincia de Río Negro, y que, desde entonces, está trabada por la falta de marco regulatorio. “Mientras tanto, estamos realizando todos los estudios con consideraciones sociales, ambientales y de ingeniería para la toma de la decisión final de inversión”, aseguraron en Fortescue. Ello abarca los estudios de impacto ambiental y el análisis de los vientos durante las cuatro estaciones del año, para lo cual instalaron ocho mástiles de medición, que arrojarán sus primeros resultados en septiembre próximo. Para entonces, necesitan contar con una ley. Si bien hay varios proyectos en marcha para desarrollar la industria en el país, el de la firma australiana es el más ambicioso. Su concreción resulta clave no solo para diversificar la matriz energética y, así, cumplir con las metas de descarbonización asumidas en la Cumbre del Clima (COP) y el Acuerdo de París sino, en lo inmediato, para paliar la escasez de dólares y mitigar su consecuente impacto en la macroeconomía. Además, la iniciativa generaría unos 15.000 puestos de trabajo directos y hasta 50.000 indirectos, de acuerdo con estimaciones del gobierno rionegrino. Según el texto, que consta de 50 artículos, el objetivo es incentivar el desarrollo de toda la cadena de valor del hidrógeno de bajas emisiones, en sus etapas de producción, transformación, logística y transporte, así como la industria de bienes de capital asociada, con el fin de fomentar el establecimiento de polos productivos y la generación del empleo. Asimismo, procura fomentar el desarrollo científico y tecnológico local. El proyecto de ley contempla también otros dos tipos de hidrógeno: el azul (logrado mediante procesos que involucran la utilización o transformación de combustibles fósiles para reducir su liberación a la atmósfera) y el rosa (producido a partir de energía generada en su totalidad por fuentes de origen nuclear). El combustible del futuro El hidrógeno verde es considerado “el combustible del futuro” por el bajo impacto ambiental que tiene su proceso de producción, ya que para fabricarlo no se libera dióxido de carbono, sino vapor de agua. Esta fuente de energía es generada mediante el proceso de electrólisis –es decir, aquel que separa los elementos de un compuesto, como el hidrógeno y el oxígeno, por medio de la electricidad– a partir de energías renovables como la eólica y la solar. En estos dos tipos, la Argentina tiene un gran potencial debido a los vientos de la Patagonia y el sol de la región del Noroeste. Tanto en el mundo de los inversores como en el de la política fueron conscientes desde el primer momento de que la mayor expectativa giraría en torno a los incentivos que habría para el desarrollo de la industria incipiente en el mundo. Por ello, el proyecto de ley que baraja el Ejecutivo establece una serie de beneficios fiscales diferenciales de acuerdo con el tipo de hidrógeno, como ser la amortización acelerada del impuesto a las ganancias, la acreditación y/o devolución anticipada del IVA, distintas exenciones por importación de bienes y condiciones favorables respecto de los derechos de exportación. Además, garantiza la estabilidad fiscal por 30 años –en respuesta al reclamo de la industria por “reglas de juego claras”– y el acceso al Mercado Libre de Cambios para la cancelación de deudas financieras, así como la disponibilidad del 50% de las divisas provenientes de las exportaciones. Otro de los puntos novedosos es que la iniciativa exige “requisitos de integración de contenido nacional”, como condición para mantener los beneficios fiscales a lo largo del tiempo. El objetivo es que, a medida que los proyectos se desarrollen, cumplan con la transferencia de su tecnología al país e incorporen bienes e insumos locales, al tiempo que promuevan la investigación y el desarrollo argentino. Asimismo, el proyecto establece la creación de un Fondo de Afectación Específica, destinado a financiar a proyectos de fabricantes de equipamiento de la cadena de valor del hidrógeno de bajas emisiones, y de la Agencia Nacional de Hidrógeno (Anhidro), organismo descentralizado responsable de asesorar en materia técnica y regulatoria a la Autoridad de Aplicación, que será la Secretaría de Energía.

Comentario de AgendAR:

En el portal hemos seguido con atencion este proyecto desde el mismo momento que fue anunciado, en Noviembre de 2021. Señalamos dificultades tecnicas, especialmente el almacenaje del hidrogeno que aparentemente habrian sido superadas. De todos modos hay dos puntos que es necesario remarcar: 1) Que todavia no existe un mercado para el «hidrogeno verde» o de otros colores. 2) Que apezar de eso se esta haciendo inversiones muy importantes en varios paises del mundo Australia, España, Chile, …. Ante eso sera necesario que el ejecutivo y el congreso evaluen cuidadosamente los incentivos que se brindaran a los inversores, sean Fortescue Future Industries u otros, que no se conviertan como ha sucedido en algunos casos en la industria electronica en el principal motivo de la inversion.

ABF

La saga de la Argentina nuclear – XXXVII

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Embalse en 1974, y no se olviden de ponerle muchas varillas de fierro al concreto. O pruebas al canto de por qué la obra civil nuclear es más dura que la de un búnker.
Cuando la actividad nuclear argentina está en riesgo, queremos repasar algunos momentos del largo esfuerzo que la construyó

Hasta 1994 la CNEA todavía era el decisor principal de la continuidad del Programa Nuclear, y la discusión más caliente entre sus integrantes era qué tipo de centrales debían ser las predominantes. Todavía a inicios de los ’80 la CNEA podía imaginarse con llegar al año 2000 con al menos 4 máquinas en línea, y dos más en construcción.

La decisión fundacional de los años ’60 (uranio natural + agua pesada) nunca estuvo muy en cuestión. Fuera del CAREM, un proyecto propio pero entonces sin presupuesto, no había propuestas nucleoeléctricas argentinas de uranio enriquecido.

Por ello, las internas SERIAS de la CNEA entre 1968 y 1994 se dirimían entre los partidarios de las centrales de diseño de KWU-SIEMENS, como las Atuchas I y II, con recipiente de presión, y los defensores del diseño CANDU de la AECL, con tubos de presión. Es el caso de la actual central cordobesa de Embalse. De uranio enriquecido no hablaba nadie.

Esa polémica dentro del limitado club del uranio natural no dependía únicamente de las ventajas y desventajas de cada una de las dos líneas tecnológicas posibles. Es más, tampoco dependía únicamente de decisiones de la CNEA, y de cuál facción estuviera más representada en su presidencia o apalancada en su directorio.

La decisión de si seguir con Atuchas o con CANDUs estaba también influenciada por lo que ofrecieran o negaran como condiciones de venta sus proveedores respectivos, las empresas SIEMENS y AECL.

Pero dado el carácter geopolítico que tienen las centrales nucleares, y máxime en Sudamérica donde casi no las hay, los decisores últimos eran estados-nación: Alemania Occidental y Canadá respectivamente, además de la Argentina, y de la fortaleza mayor o menor de cada uno de los tres frente a las presiones diplomáticas de los EEUU, opositor fundacional a la independencia -e incluso a la existencia- del Programa Nuclear Argentino.

El Poder Ejecutivo en Argentina, fuera civil o militar, hasta 1983, no era ajeno a tales cinchadas. Lo notable es que la decisión del Presidente de la Nación respetaba siempre la del presidente de la CNEA, aun desoyendo a su gabinete. Y cuando se trataba de decidir “ésta sí, ésta no”, el presidente de la CNEA se remitía al dictamen de un comité experto reunido “ad hoc”.

El nuclear es un tema estratégico y sin margen para improvisación. Se entendía que un grupo de expertos con 30 o 40 años de especialización en energía atómica podía tener mejores ideas en lo suyo que un general, o que un político argentino promedio con título de abogado, de médico, o con una carrera hecha en comité, unidad básica o jalonada por nombramientos aleatorios dentro de la función pública. En nuestro país, los administradores del estado siguen siendo abrumadoramente no profesionales en lo suyo.

Que la CNEA dependiera directamente del Poder Ejecutivo, y que el presidente de la nación se atuviera indirectamente a la opinión de los altos cuadros nucleares hoy parece sorprendente. Lo efectivamente sorprendente es que hoy ocurra lo contrario.

Esto a lo largo del siglo XX generó tironeos épicos y vaivenes a la hora de elegir, pero ninguna decisión cuestionable que hubiera que lamentar en materia de seguridad, aunque sí un poco en disponibilidad. Eso se ha visto y se ve en el caso de las Atuchas, ya que ambas a su modo son prototipos, y los prototipos dan trabajo hasta que se terminan de cepillar todos sus errores de diseño o construcción.

Contra lo que se cree por ahí, Atucha II -que está en su período de dolores de dentición- no es una simple versión a máxima escala de Atucha I. Tienen diferencias de diseño hasta en los elementos combustibles: efectivamente, no son intercambiables. Sin embargo, ambas plantas reconocen un ancestro común experimental, el reactor MFZR de Karlsruhe, el prototipo de ambos prototipos. Tenía 47 MWe y una tasa de disponibilidad bajísima (algo superior al 50%) mientras duró.

Atucha I empezó con una disponibilidad del 71%, se rompió en su cumpleaños número 13, se reparó “ad integrum” y a fuerza de cepillarla y pistearla, hoy anda en el 89%. Atucha II sigue en su etapa juvenil de sacarle canas verdes a su dueño, NA-SA (Nucleoeléctrica Argentina SA), pero ya entrará en caja y durará 60 años o más en servicio. En su primera vida útil, Embalse andaba siempre arriba del 91%, y en 1998 llegó al 98,8% de disponibilidad, un récord mundial.

No es interesante, por obvio, que en la CNEA haya sido siempre más popular el diseño CANDÚ-6, cuya mayor ventaja es que viene curada de ñañas infantiles. Sí es interesante que en los hechos terminara siendo el menos comprado. Los ingenieros nucleares Eduardo Díaz, Miguel Báez y Miguel Ángel Joseph, tres veteranos de la construcción de Embalse, coinciden más o menos en la siguiente explicación de esa popularidad del CANDU:

En primer lugar, al no tener recipiente de presión, pieza forjada totalmente fuera del alcance de la industria metalúrgica nacional por su tamaño, la participación fabril argentina en una central CANDU puede llegar al 100%. En Embalse y por contrato iba a ser del 50%, y en los hechos fue de casi el 60% porque hubo que fabricar en el país y en pesos algunos componentes que se pensaba importar en dólares.

Eliminado el recipiente de presión, los componentes más caros son los generadores de vapor y la calandria. Se pudieron nacionalizar sin problemas durante el reciente programa de extensión de vida, o retubamiento, de Embalse, terminado en 2018. Nacionalizando componentes críticos, toda la central se vuelve MUCHO más barata por pagadera en pesos. Y estamos siempre hablando de un 50% menos de inversión inicial.

El diseño alemán es irrepetible e inalcanzable. Irrepetible porque SIEMENS-KWU se escaqueó del negocio nuclear en 1990, e inalcanzable por su virtuosismo. Pero en más de un caso parece totalmente innecesario alcanzarlo: las “islas nucleares” de ambas Atuchas están encerradas en estructuras de contención esféricas hechas de acero, rodeadas por un cilindro de hormigón de gran altura. Fuera de Alemania, Argentina y en el caso de una central en España, no hay nadie que haya siquiera diseñado una contención más perfecta ante aumentos explosivos de presión interna del edificio.

Three Mile Island 2, central de 802 MWe en Harrisburg, Pennsylvania, EEUU, fundió parcialmente su núcleo en 1979 y su contención soportó bien el evento: dio pruebas de resistencia mecánica y estanqueidad. Esa estructura tiene una forma de tambor rematado en una cúpula, y es mucho más barata que una esfera en términos de ingeniería y arquitectura. El cilindro rematado en cúpula es la forma típica de las contenciones de casi todas las centrales tipo PWR y PHWR del planeta.

¿Por qué los alemanes optaron por contenciones esféricas, tan sofisticadas y caras? Es que se las diseñó no sólo para resistir amenazas internas, sino externas. Si uno vivió en la República Federal Alemana entre los ’60 y el ’92 lo entiende enseguida: el país había sido destinado por la OTAN a volverse el más probable campo de batalla de tanques entre la URSS y el resto de la alianza atlántica. El tránsito de aviones y helicópteros de combate estadounidenses por el cielo alemán era constante. Las centrales debían construirse para aguantar el impacto de una aeronave, dice Díaz.

Otro asunto que le dio popularidad preferencial al CANDU: los canadienses y sus socios italianos favoritos para montajes (Italimpianti-Ansaldo) tenían fama de ser mucho más abiertos a la hora de transmitir “know how” de detalle que otros proveedores, creencia que aquí persiste pese a que las cosas en Embalse fueron MUY distintas. Como ya se dijo, elegimos a la chica más linda, pero en el peor momento de su vida: en 1974 AECL quedó bajo ataque del State Department de los EEUU. Debía ser robusta, además de linda. la chica en cuestión: la empresa recién sucumbió en 2011.

La AECL, la empresa generadora y dueña del diseño CANDÚ, no tuvo nunca, ni siquiera en sus años de gloria (los ’70) la cantidad de “managers” necesaria para atender sus exportaciones. De modo que en más de un caso los canadienses no tuvieron más remedio que confiar en los RRHH del comprador para las cuestiones de montaje, y el suministro de algunos componentes. El comprador, voluntaria o involuntariamente debió hacer un aprendizaje industrial en obra, y tal fue, y hasta el hartazgo, el caso de la CNEA con Embalse. No todo comprador valora esto: Argentina sí. Mucho.

El diseño CANDÚ prometía poder crecer y superar, pero por muy poco, su techo de potencia de los años ’70, que parecía clavado en los 600 MWe. Y efectivamente, todas las CANDÚ vendidas a Corea y China llegan arañando a los 700 MW. Ojo, CANDÚ Energy tiene un diseño (el Advanced CANDU Reactor, ACR) teóricamente capaz de llegar a los 1000 MWe.

Pero hoy eso no es un dato. CANDU Energy es una empresa residual, lo que quedó de AECL en 2011, tras su quiebra y compra -a precio vil- por Lavalin. Por ahora no hay indicios de que CANDU Energy pueda volver a tener la manija y la plata necesarias para construir un prototipo de su ACR-1000. China licenció el diseño de esa máquina en 2016, aunque no parece apurada en comprarse uno. Probablemente lo haga sólo cuando los canadienses estén muy desesperados y malvendan la tecnología.

Por el contrario, nunca hubo modo técnicamente viable de hacer una Atucha de uranio natural con esa potencia, 700 MWe, y mucho menos 1000 MWe. En ENACE, la empresa mixta de Siemens y la CNEA, se llegó a diseñar una central con dos recipientes de presión encerrados en una misma contención, llamada en solfa “el huevo con dos yemas”, pero habría sido difícil de construir, y ni hablemos de vender… Cosas que sucedían en un mundo nuclear dominado por el artículo de fe según el cual “bigger is cheaper”, y que no encuentra mucho correlato con la realidad actual, en el que lo que cuenta es mitigar como sea la alta inversión inicial.

En los ’60 y ’70, Alemania no podía ser proveedor de agua pesada de las Atuchas que nos vendió, porque tenía prohibida su fabricación por los EEUU, país con prerrogativas de vencedor militar y ocupante hasta bien después del derrumbe de la URSS. Los de KWU (y con ella el gobierno alemán) se comprometieron a conseguir como fuera el agua pesada para Atucha I, y cumplieron.

Por el contrario, los canadienses, que habían comprado en EEUU la tecnología para fabricar agua pesada, tenían una gran capacidad instalada de producción en su propio territorio, porque además de 18 CANDU propias, tenían que abastecer a las que vendieron en 7 países. Ergo, no era imposible que si les comprábamos una CANDU, por un poco más de plata nos transfirieran también el “know-how” del agua pesada. ¿Qué tal?

Ilusiones nuestras. EEUU no lo permitía. «Tecnología proliferadora, y máxime en manos argentinas», chirriaron. Con lo del agua pesada tuvimos, como en casi todo, que reinventar la rueda aquí, y en cuanto lo hicimos sonó el timbre y teníamos cola de vendedores de ruedas en la puerta.

Otra cosa que embellecía demasiado la imagen de los CANDU es que nunca nos habríamos imaginado que terminaríamos construyendo una de esas centrales tan macanudas en un contexto enteramente no colaborativo. Problemas de construcción y montaje con KWU-SIEMENS jamás los hubo. Lo que los alemanes prometían, lo cumplían. Estábamos mal acostumbrados.

Mucha gente supuso que tampoco habría bardo con AECL-ANSALDO, y supuso mal, según la gran cantidad de interferencias entre cañerías de distinto tipo que traían los planos originales. Ésas las tuvo que resolver “a la brava” y en obra la gente del ingeniero Jorge Cosentino y luego la de Eduardo Díaz y colaboradores. Fuimos parte involuntaria e impaga del aprendizaje de obra de ambas empresas.

Las fotocopiadoras, aquella novedad de algunas pocas oficinas muy «top» cuando se firmó el contrato CNEA-AECL, dejaron de trabajar libremente en Embalse el momento en que, presionada por los EEUU, la empresa canadiense empezó a sentarse sobre los planos de ingeniería de detalle de modo de limitar la transferencia de tecnología. Pero esto es Argentina, y Ansaldo, de puro italiana, es bastante argentina a su modo. Y además, tampoco Ansaldo tenía suficientes cuadros en nuestro país como para disciplinar a nadie.

De modo que por una u otra vía toda la documentación, según Díaz debido a la habilidad maquiavélica de Cosentino, se terminó consiguiendo. Los ingenieros Miguel Báez y Miguel Ángel Joseph dicen que Díaz era tan buen Maquiavelo como Cosentino. En suma, que les fotocopiamos toda la documentación que nos tenían que dar y no nos daban, en violación a los términos del contrato inicial. Por lo cual cuando le echamos mano se hicieron los idiotas y se lo tuvieron que bancar. ¿O nos iban a hacer juicio?

Como sea, la inmensa cantidad de fojas, el ADN mismo de una CANDU-6, hoy está en la central cordobesa, operativa desde 1984 y retubada desde 2018. Allí tanto plano y tanta planilla ocupan un espacio físico considerable y requieren de una atmósfera normalizada para la preservación del papel. Obviamente, esos documentos están también están digitalizados.

Resumiendo, que NA-SA, como diseñadora de centrales, heredó de la CNEA planos, planillas de cálculo y además, contratos como para alfombrar de clones del CANDÚ-6 el territorio nacional, legalmente y sin tener que pedir permiso ni ayuda a nadie. La tecnología la pagamos, y cara, y la conseguimos por izquierda cuando no nos la dieron por derecha.

Lo estúpido es que no la estemos usando. Es la tecnología que provee el 11% de la electricidad nuclear del mundo.

La India tiene 18 unidades copiadas ilegalmente de las CANDU canadienses por Nuclear Power Corp. of India Limited, NPCIL, 6 más en construcción y en 2017 encargó 10 más de 700 MWe cada una. Esa observación va para los mamertos que consideran que la vía del uranio natural no existe más.

Hay que convencer a la India de que no existe. Son como 1400 millones de habitantes, si hay que convencerlos de a uno, mejor que empiecen rápido, muchachos.

Al comprar «en flota» y fabricar los componentes en cantidad, el costo por kWe instalado para el estado está en U$ 2000, según NPCIL. Los indios pueden estar macaneando o no, pero si dicen la verdad, ése un precio de los años ’70, no de los 2020. Y la disponibilidad y seguridad son excelentes.

La gente de la CNEA no necesitaba adivinar el rarísimo futuro de la tecnología CANDU, porque lo creía asegurado, pero además estaba construyendo el de su propio país. El trabajo era una militancia de bajo perfil, un deber modestamente sagrado hacia la Argentina, patriotismo íntimo. La coincidencia más importante de Díaz, Báez y Joseph está en el sentido de pertenencia, el fanatismo que motivaba a la CNEA cuando acometió con Embalse. “El gordo Díaz dejó la vida en esa central”, oí muchas veces y de muy distintas fuentes en mis 36 años de periodismo científico y nuclear.

“Así de pelados tenía también los cables. Cuando estaba sacado y lo contradecías mucho, te tiraba con el teléfono. Literalmente. En los ’70 los teléfonos eran esos mazacotes de baquelita y fierro de ENTEL, pesaban lo suyo”.

“El que se dejó la vida en Embalse fue Cosentino”, recuerda Díaz, hablándome desde Córdoba, mientras se aburre haciendo antesala por una consulta médica. “Tres veces por semana Cosentino salía de Sede Central de la CNEA, en Núñez, y se iba manejando a 180 por hora por la Panamericana hasta Atucha I, para inspeccionar el avance de obra, que son 103 km», me explica, todavía asombrado.

«Desde ahí -prosigue Díaz- Cosentino salía por la ruta 9 hasta la obra de Embalse, que son 733 km. más. Allí tenía reuniones hasta deshoras, se iba a dormir un poco, y al día siguiente, de regreso de un tirón a Capital Federal a informar a Presidencia de la CNEA. Ese circuito lo hacía 2 o 3 veces por semana”.

“En realidad, el que tiraba el teléfono con más puntería si lo contradecías mucho era Cosentino, sobre todo si no había tenido tiempo de tocar la trompeta, su pasatiempo habitual”, rememoran otras fuentes.

Gente colorida, la de aquella época.

El propio Díaz certifica, desde Córdoba, la Docta, la puntería telefónica del maestro Cosentino. Y hablando de teléfonos, me pide disculpas y corta la comunicación, porque apareció su esposa y si lo oye hablando de temas de la CNEA, lo levanta por los pelos. Se los tiene prohibidos, esos recuerdos. Porque todavía Díaz se enoja, se emociona, y se le disparan las pulsaciones.

En cuanto a Cosentino, el mentor de Díaz, “era preferible ligarse un telefonazo suyo y no un concierto”, coinciden los nucleares, en general bastante melómanos.

“Cosentino y luego Díaz, cuando El Gordo tomó su lugar al frente de la obra de Embalse, se mandaban jornadas de 12 y 13 horas, llegaban antes que el resto y si caías a medianoche, todavía estaban trabajando- dicen Báez y Joseph, unánimes, casi 40 años después, reunidos conmigo en un bar cautamente pituco de Belgrano.

Se los ve saludables. Ambos están obviamente jubilados desde hace mucho. Leen bastante, viajan a veces a visitar hijos y nietos en el exterior, a Joseph le tira la ópera y aprovecha. Reciben no pocas consultas de gente aún en actividad. Tratan de evitarlo, pero algunas veces siguen hablando del futuro del Programa Nuclear Argentino como si aún dependiera de ellos. Entonces se amargan y putean no poco, aunque son educadísimos. Suelen verse en ese bar.

Joseph de pronto tiene un «flashback» y sonríe con malicia.

“Era la una de la madrugada y vos veías la luz prendida en la oficina del Gordo Díaz. En cambio los canadienses se iban a la mierda de la obra a las 17:00”.

Eso explica que la construcción no fracasara, y que la transferencia tecnológica ocurriera. Otras cosas, no las explica. En aquel momento, la orilla sur de ese lago era un perfecto desierto, y medio siglo más tarde no se ha poblado. No les pregunto a Báez y Joseph qué corno se les había perdido a ellos en la obra de Embalse a esa hora.

Ése es el ambiente nuclear argentino, que sigue vivo no sé cómo o por qué. No se medica.

Embalse se hizo así, a pura prepotencia de trabajo, como recomendaba el novelista Roberto Arlt. Se inauguró con 4 años de demora que no son imputables a CNEA. Cualquiera que haya estado en aquella obra sabe que fue mucho más argentina que canadiense o italiana.

Caso contrario, no existiría.

            

Embalse, la sala de control cuando tenía una instrumentación “setentosa”. Gran encanto vintage.

Daniel E. Arias

Tsingshan Mining desarrollara insumos para producir carbonato de litio en Jujuy y Salta

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El holding del acero y los metales chino Tsingshan Mining invertirá US$ 120 millones para elaborar cloruro de hidrógeno e hidróxido de sodio, insumos fundamentales para producir luego carbonato de litio. La estrategia de la compañía es desarrollar la cadena de valor del carbonato de litio entre Jujuy y Salta, donde desarrolla el proyecto Centenario Ratones junto a la francesa Eramet.

El gigante chino Tsingshan Mining Development, principal productor de acero inoxidable del mundo, firmó un memorándum de entendimiento con el gobierno de Jujuy para construir una planta de producción de cloruro de hidrógeno e hidróxido de sodio, que son insumos que luego utilizará para elaborar carbonato de litio en la provincia de Salta. La planta estará ubicada en el parque industrial de Perico (Jujuy) y -luego- desde allí la compañía asiática enviará los insumos al proyecto de litio Centenario Ratones que desarrolla en Salta. En total, la compañía invertirá US$ 120 millones para la construcción de la planta.
En año pasado, Tsingshan, que también es el principal productor de níquel del mundo, adquirió el 49,9% de la participación en Centenario Ratones, uno de los proyectos de litio más prometedores del país. Para esto, desembolsó US$ 365 millones a la francesa Eramet, que está a cargo de la operación del proyecto. Por el aumento de la fabricación de vehículos eléctricos en Asia, la compañía china definió acelerar la inversión y producción de litio en el país. El proyecto Centenario Ratones entrará en operación comercial en 2024 y, según los anuncios que realizó recientemente junto a la Cancillería argentina, las proyecciones de producción de carbonato de litio en ese desarrollo pasaron de 24.000 a 50.000 toneladas anuales. Desde 2020 se produjo un fuerte desembarco de empresas chinas en el sector minero de la Argentina con una inversión que en tres años ya supera los US$ 2.500 millones. En total, de las nueve compañías chinas que están invirtiendo en minería, seis lo hacen para producir carbonato de litio. Además de Tsingshan, estas compañías son Ganfeng, Zangge, Jiangxi, Tibet Summit Resources y Zijin.

Planta productora

Para producir cloruro de hidrógeno e hidróxido de sodio en Jujuy, Tsingshan invertirá un total de US$ 120 millones, distribuidos en US$ 80 millones en la primera etapa y US$ 40 millones en la segunda, según el acuerdo al que llegaron con el gobierno de esa provincia. Según el entendimiento que firmaron el presidente de Tsingshan Mining Development, John Li, y el gobernador de Jujuy, Gerardo Morales, la construcción de la planta “demandará 18 meses, empleando a más de mil personas durante el período de edificación, para luego ocupar unos doscientos trabajadores calificados en su etapa de funcionamiento”. Para garantizar su funcionamiento, la panta recibirá 10 MW de la distribuidora de energía eléctrica EJE y también obtendrá gas con “una potencia superior a la demanda que tendrá Tsingshan Mining”, explicaron desde la gobernación jujeña.

China y Jujuy

El gobernador Gerardo Morales resaltó “la importancia que una empresa de la envergadura Tsingshan Mining esté invirtiendo en la Argentina y pronta a producir carbonato de litio en Salta” y ponderó la “decisión de invertir en Jujuy”. Además, destacó “un gran escenario para la industria del litio en el norte argentino que generará un clúster en la región”. También subrayó como “fundamental la decisión de producir todos los insumos necesarios para la fabricación de carbonato de litio” y, en ese sentido, remarcó que “Tsingshan Mining está abriendo el camino con la producción de ácido clorhídrico y soda caustica”. Por su parte, el presidente de Tsingshan, John Li, expresó: “tenemos una gran satisfacción de iniciar un nuevo capítulo de los negocios de las nuevas energías de la empresa en la provincia de Jujuy” e indicó que “el objetivo es desarrollar la cadena de valor del litio en la región y generar más oportunidades de trabajo”. “Somos nuevos en la Argentina, pero llegamos para quedarnos”, añadió.

Concluye el ciclo de «La Niña», pero todavia provocara perturbaciones

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El prolongado episodio de “La Niña” y el paralelo enfriamiento del Atlántico Subtropical, que afectaron al área agrícola durante más de dos años, están completando su disipación, pero el proceso es lento y libera acumulaciones de energía que estuvieron largo tiempo secuestradas en la atmósfera, produciendo eventos extemporáneos, según describió Eduardo Sierra esta semana. En un documento donde proyecta las condiciones climáticas del 2023, señala que los eventos extraordinarios ocurridos durante este 2022, e inclusive las heladas recientes en febrero sobre el sur de Bs. As., son de naturaleza aleatoria y no representan un cambio de tendencia, gracias a lo cual el sistema climático prosigue su transición hacia un estado “Neutral”, con posibilidad que, hacia mediados del otoño próximo, se inicie un evento de “El Niño”, que de desarrollaría durante la campaña 2023/2024. “Como ya se señaló, el proceso de transición será lento, de manera que las perturbaciones negativas continuarán por cierto tiempo, haciendo necesarios una planificación prudente, un manejo riguroso y un uso racional de la tecnología disponible”; recomienda el especialista en su reporte para la Bolsa de cereales de Buenos Aires. Por otra parte, destaca que “el riesgo de heladas tempranas, es menor que en la temporada anterior, a la vez que el área afectada por estos fenómenos será también menos extensa”. Es así que, “mientras en 2022 las heladas agronómicas comenzaron en gran parte de la Región Pampeana Argentina a fines de Marzo, en la temporada 2023 su inicio se prevé entre Mayo y Junio (área en amarillo a verde en la Figura Inferior), cerca del rango normal de fechas”, expresaron.
Invierno 2023 El sistema climático se mantendrá en un “Neutral Cálido” o, posiblemente, entrará en un “El Niño”. Sin embargo, los efectos de este último no se notarán hasta el inicio de la primavera, por lo que, lo más probable, es que el invierno observe una evolución en el rango normal.

Estudio en Argentina: las madres siguen llevando el peso a la hora de afrontar las tareas de la escolaridad

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Una investigación hecha por el Centro de Investigaciones Sociales de la UADE y la consultora de opinión pública Voices! revela que el peso de la carga relacionada con la educación familiar sigue cayendo, pese a los discursos sociales, sobre hombros femeninos. De 1100 encuestados surge que mantener la comunicación cotidiana con la escuela o preparar el uniforme siguen siendo una carga que asume la mujer. En este rubro es común que el hombre afirme que se encarga de más responsabilidades que lo que perciben las mujeres. A horas de empezar las clases, padres y madres afrontan los últimos detalles para que los chicos empiecen un nuevo año escolar. Pero ¿padres y madres? Más bien, y pese a los cambios en el discurso social, las tareas de “soporte” educativo familiar parecen seguir siendo tarea de las madres, tal como señala la flamante encuesta “Las familias y la educación”, elaborada por el Centro de Investigaciones Sociales de la UADE, junto con el equipo de la consultora de opinión pública Voices! Tras sistematizar las respuestas de casi 1100 entrevistas presenciales y online, de todos los niveles sociales, y de todo el país, la conclusión del estudio es simple: “Para la mayoría de las madres argentinas la vuelta al colegio implica ponerse la mochila sobre sus hombros. La de ellas no viene cargada de útiles sino de tareas relacionadas con la escolaridad, tareas asumidas casi en su totalidad por las mujeres”. “Entre las conclusiones más llamativas figura el dato de que mantener la comunicación con la escuela, en el 91% de los casos, es tarea “materna”, mientras que solo en el 39% es el padre. Algo similar pasa con el apronte del delantal o uniforme: el 89% de los casos son las madres y solo en el 25% el papá”, contó Mauricio Vázquez, docente de la UADEy coautor del informe elaborado por el Centro de Investigaciones Sociales. Responsabilidad en las rutinas escolares Por otra parte, el famoso “chat de mamis” parece tener su nombre bien puesto: en el 89% de las respuestas surge que es la mujer la que participa y solo en el 26% es el hombre. Sin embargo, según Vázquez, que es consultor y experto en temáticas educativas, el uso de esta herramienta ha crecido de manera significativa desde 2015, cuando otra encuesta mostró un uso mucho menor. “Esto es algo reciente y les abre a los padres una oportunidad de participación en el mundo escolar”. Esta misma diferencia se repite en temas como la preparación de la vianda, que en el 86% es tarea materna y solo en el 35%, paterna. Una de las pocas “actividades” donde las diferencias de género se acortan (pero no desaparecen) es la de llevar o traer a los hijos a la escuela y a otras a actividades extracurriculares. El trabajo indica que la asignación de responsabilidades está un poco más repartida. La madre es la indicada en un 73%, versus un 60% que refiere al padre como el encargado. Disonancia cognitiva Uno de los puntos fuertes de esta investigación es lo que los investigadores llaman “disonancia” en la percepción de las tareas realizadas. “Es interesante el análisis por género en el momento de reconocer quién se ocupa de las distintas rutinas escolares porque hay una disonancia significativa, principalmente donde los encuestados dicen que es el padre quien se ocupa de determinada tarea”, explicó Constanza Cilley, directora de Voices! Y agregó: “Los hombres mencionan que realizan más tareas ‘comunes’ de lo que piensan las mujeres. Por ejemplo, el 76% de los varones señala que el padre lleva a sus hijos a diversas actividades extracurriculares. Pero solo el 45% de las mujeres piensa de esa manera. Algo similar sucede con la ayuda escolar: el 64% de los hombres dice que el padre lo hace, mientras que entre las mujeres esta opinión baja al 32%”. Algo similar se repite en las reuniones: el 66% de los hombres dice que el padre concurre, cifra que disminuye a la mitad en la percepción femenina. “En todas las actividades hay diferencias sustanciales (algunas triplican los porcentajes). O sea que los hombres parecen estar sobreestimando la responsabilidad que asumen. En cambio, en lo que respecta a las tareas que hacen las mujeres, hay coincidencia en lo que sostiene cada género”, dijo Cilley. Según esta consultora, cuando se inició la pandemia parecía que –como efecto secundario– iba a darse la oportunidad para que el varón entendiera mejor el peso de las tareas hogareñas y educativas dentro de la estructura familiar. Y que esa circunstancia aceleraría los procesos de igualdad. “Pero todo indica que fue una ocasión perdida. O, incluso, un retroceso para las mujeres en todos los ámbitos, y también en las tareas relacionadas con la educación”.

Enrique Garabetyan

¿Disfrute o carga? Cuando la encuesta hecha por el Centro de Investigaciones Sociales de la UADE y Voices! indagó sobre el modo de encarar las responsabilidades que tienen los padres y las madres en relación con las actividades escolares de los chicos, resultó que 7 de cada 10 encuestados afirmaron que “disfrutan” al momento de poder ayudar en esas tareas. Mientras tanto, un 12% comentó que era algo que le resultaba indiferente, y el 8% reconoció que es una responsabilidad que podría ser catalogada como una “carga pesada”. Finalmente, el 6% de los participantes confesó que no se ocupa de esas tareas. En cuanto a las diferencias por género, tanto hombres como mujeres afirman, en un porcentaje similar, que disfrutan de encargarse de las actividades escolares de los hijos/hijas. Sin embargo, en el momento de calificar esa ayuda como una “carga pesada”, las mujeres parecen tener un mayor conocimiento de causa, ya que ellas son quienes más reconocen esa realidad como tal (11% vs 5%).

Evidencia genética: La ocupación humana de Sudamérica habría ocurrido hace más de 18 mil años

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Un grupo de investigación del CONICET secuenció completamente un conjunto de muestras pertenecientes a linajes nativos del continente y pudo determinar cuándo fueron las primeras poblaciones. Además, el estudio da cuenta del impacto que tuvo sobre aquellos grupos un periodo de cambio climático acontecido cerca de 12 mil años atrás

El poblamiento de América es el eje de un interesante e incesante debate desde hace décadas, y aún hoy las preguntas sobre cuándo y dónde se establecieron con certeza los primeros grupos humanos permanecen abiertas. Las hipótesis son varias: el modelo conocido como teoría Clovis postula que los asentamientos iniciales tuvieron lugar hace alrededor de 13 mil años con la cultura Clovis en América del Norte; otro modelo, que es el que actualmente reúne mayor evidencia, propone que el ingreso a América fue 18.500 años atrás, pero la llegada a América del Sur se dio muchos miles de años después; y una tercera vertiente, que cuenta con varios sitios arqueológicos que la refrendan, ubica la llegada de los primeros humanos a Sudamérica hace más de 18 mil años. Esta última tendencia acaba de cobrar mayor fuerza gracias a un estudio genético realizado por un equipo de investigación del Instituto Multidisciplinario de Biología Celular (IMBICE, CONICET-UNLP-CICPBA) y publicado en la prestigiosa revista científica Plos One. Basado en la tesis doctoral de Paula Paz Sepúlveda, primera autora de la publicación, el estudio construye un árbol filogenético, es decir un diagrama de relaciones de parentesco, tomando como base las secuencias completas del cromosoma Y –material genético que define exclusivamente al género masculino– de 13 individuos de los que, por estudios anteriores, se sabía que portaban marcas bien típicas de linajes nativos americanos. Esa secuenciación se contrastó con cerca de 100 muestras de bases de datos de secuencias provenientes de distintas partes del mundo y pertenecientes al Haplogrupo Q, una serie de alelos presentes en una región determinada del cromosoma Y que representa a linajes ancestrales del continente. “Las 13 muestras argentinas que utilizamos fueron recolectadas previamente por el doctor Claudio Bravi, investigador del CONICET en nuestro instituto, en personas con ancestros aborígenes que voluntariamente participaron de distintos proyectos sobre la historia de las poblaciones urbanas del interior del país”, comenta Graciela Bailliet, investigadora del CONICET en el IMBICE y una de las autoras del trabajo. “Las secuencias que presentaban eran de interés para nuestro estudio porque pertenecían a los sub-haplogrupos Q-M848 y Q-Z780, marcas genéticas bien específicas de linajes nativos americanos, el primero en alta frecuencia y el segundo en baja frecuencia en las poblaciones actuales. También, una de las muestras era particularmente interesante porque pertenecía al linaje Q-F4674 que no se identificaba como nativo, pero lo vimos presente y nos llamó la atención para estudiarlo más en profundidad”, añade Paz Sepúlveda. “Los estudios de filogenia, es decir la historia evolutiva de una especie, realizados a partir de la secuencia completa de material genético son relativamente nuevos”, cuenta Marina Muzzio, investigadora del CONICET en el IMBICE y también autora del trabajo. “Recién en la última década se volvieron más accesibles los costos de las plataformas de secuenciación y los grupos de investigación comenzaron a utilizarlas. En ese sentido, particularmente las secuencias de cromosoma Y nativas americanas son pocas, y nuestro árbol filogenético es lo más robusto que hay en cuanto a cantidad de información”, agrega. El aporte principal del trabajo es que, gracias a la nueva información que aportan las secuencias completas, logra ubicar temporalmente el ingreso de las primeras poblaciones humanas a Sudamérica antes de los 18 mil años y, además, arroja información sobre cómo fueron las conexiones que se dieron entre los primeros grupos de habitantes: “Surgen interacciones interesantes de ver, como por ejemplo linajes característicos del Nordeste de nuestro país que están relacionados con muestras de los Andes peruanos y de la región Andina de Bolivia con más de 12 mil años de antigüedad. Esto permite cuidar una historia de interacción entre nuestros ancestros, presentando nuevos datos que, en algunos casos, todavía no están en los libros de Historia”, destaca Paz Sepúlveda. Otro aporte interesante del estudio es la evidencia que arroja sobre el impacto que pudo haber tenido en las primeras poblaciones americanas el periodo de cambio climático abrupto conocido como Younger Dryas, o Dryas reciente, hace aproximadamente 12.800 años, que fue más estudiado en el hemisferio Norte pero que también cuenta con evidencias arqueológicas que sugieren que en el hemisferio Sur provocó la extinción y disminución de la megafauna a gran escala, y la disminución y reorganización de las poblaciones humanas”, comenta Paz Sepúlveda. En esa línea, el equipo analizó de qué manera la evidencia genética podía dar cuenta del impacto de ese cambio climático en las poblaciones humanas de la época, y observó la forma sorprendente en que “los tiempos de divergencia de prácticamente todos los sublinajes de Q-M848 caen dentro del período de tiempo del Younger Dryas, sugiriendo que este evento pudo haber actuado como fuerza impulsora de su expansión y diversificación. Por otro lado, podría haber causado una baja de los linajes Q-Z780 y Q-F4674, y estos podrían ser parte de linajes mucho más antiguos que estuvieron cerca de la extinción pero lograron sobrevivir y conservarse entre los linajes nativos americanos modernos, aunque en baja frecuencia”, subraya para finalizar.

Estudiantes Argentinos crearon un sistema satelital de alerta temprana de incendios

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Las imágenes de campos, bosques y pastizales prendiéndose fuego, animales huyendo, viviendas quemadas y personas llorando porque lo habían perdido todo conmovieron profundamente a Alexander, Joaquín, Franco y Ulises, que en 2019 cursaban el último año en la escuela técnica ORT de la ciudad de Buenos Aires. Y decidieron, para su trabajo práctico final, presentar un proyecto de “uso de imágenes satelitales para prevenir incendios”.

Por entonces, Alexander Bodner, Joaquín Chamo, Franco Rodriguez Viau y Ulises Lopez Pacholczak, fundadores de Satellites On Fire, no se imaginaban que iban a terminar creando una empresa y firmando acuerdos con la NASA para analizar imágenes de sus satélites; y con municipios, empresas agropecuarias y centrales de bomberos para prestar sus servicios. Lo cierto es que, terminado el colegio, en 2020 cada uno empezó una carrera universitaria, pero siguieron en contacto para mejorar el proyecto y llevarlo a la práctica. “Diseñamos un software que procesa imágenes de cuatro satélites de órbita baja que giran alrededor de la Tierra y pasan cuatro veces por día por el territorio de Argentina; y las complementamos con las de dos satélites geoestacionarios que acompañan la rotación terrestre y apuntan siempre al mismo lugar. De este modo tenemos información todo el tiempo”, explico en una entrevista a Télam-Confiar Franco Rodriguez Viau (19), actual estudiante de Ingeniería en Inteligencia Artificial y CEO de la compañía. “La tecnología satelital es muy nueva, siempre está avanzando. Alguien que no sabe tanto puede meterse, empezar a jugar y a probar, y terminar ayudando y salvando vidas”, dice Rodriguez Viau. Para analizar las imágenes -que son de acceso libre-, generaron acuerdos tanto con la NASA como con la agencia NOAA (National Oceanic and Atmospheric Administration). Y se concentraron en el diseño de una plataforma que, a partir de las imágenes satelitales, envíe alertas tempranas de incendios en el territorio argentino.
Telam SE
  “Brindamos dos productos: uno es gratuito, y permite a cualquier persona acceder a mapas de incendios en tiempo real, y el otro es una suscripción mensual al sistema de alertas personalizadas. Los usuarios pueden delimitar su territorio y reciben las alertas en sus dispositivos. Por ahora, el sistema solo avisa cuando hay focos activos. Estamos trabajando sobre mapas de calor que podrían predecir el incendio, pero es difícil calibrarlo para que no alerte de más”, señala.

Del trabajo práctico al emprendimiento

Un desafío adicional para este equipo de jóvenes emprendedores fue el de conformar una empresa desde cero, habiendo recién salido del secundario y sin experiencias laborales previas. “Participamos y ganamos en varios concursos de emprendedores (entre otros, el concurso Innovar del Ministerio de Ciencia, el desafío Impact Apps de la firma Open Space y el 100K Latam, un concurso que organizan el ITBA (Instituto Tecnológico de Buenos Aires)  y el MIT (Massachussets Institute of Technology) y siempre éramos los más jóvenes. Para lograr la confianza de clientes y socios, lo más importante fue la opinión y las referencias de nuestros usuarios”, afirma. “Hay historias conmovedoras, un productor agropecuario de Corrientes nos contó que estaba a 100 kilómetros de su campo cuando recibió el alerta de incendio y pudo llegar a apagarlo. Un bombero voluntario nos agradeció que el aviso les llegó varias horas antes de recibir la comunicación oficial del incendio, y así lograron intervenir antes de que el fuego causara enormes daños”, cuenta.
Foto Gentileza Satellites on Fire
  A partir de ganar uno de esos concursos, se sumó al equipo el emprendedor tecnológico e inversor Rubén Altman. Además, fueron invirtiendo los fondos obtenidos en cada premio, para mejorar la plataforma. Actualmente tienen 900 usuarios en Argentina, y su plan es expandirse en otros países de América del Sur.

Incendios intencionales con impacto ambiental

Según datos del Servicio Nacional de Manejo del Fuego (SNMF) que depende del ministerio de Ambiente, “el 95% de los incendios son producidos por intervenciones humanas”. Entre las principales causas están las quemas de pastizales y bosques para hacer ganadería y agricultura intensivas, o “despejar” terrenos para “desarrollos inmobiliarios”; otras causas importantes son las colillas de cigarrillo mal apagadas y las fogatas. Los factores climáticos como la sequía, las altas temperaturas, así como las heladas y los vientos fuertes contribuyen a la rápida propagación del fuego.
Foto Gentileza Satellites on Fire
  En 2022, más de 700 mil hectáreas sufrieron incendios en el país, el doble que en 2021, según el SNMF. Sin embargo, 2020 fue el peor año, con más de 1 millón de hectáreas incendiadas. Los efectos del fuego sobre la biodiversidad son catastróficos. Mueren animales, plantas, hongos y bacterias. Algunas especies logran huir, presionando a los nuevos ecosistemas. Los suelos se degradan y pierden nutrientes. El 5 de enero pasado, el Poder Ejecutivo prorrogó la emergencia ígnea en todo el país hasta 2024, debido a la creciente cantidad de incendios y la necesidad de contar con herramientas para su prevención, detección temprana y combate. Con poco dinero, algo de conocimiento y mucho compromiso, la empresa Satellites on Fire creada por cuatro jóvenes, aporta una solución concreta a un problema que, frente a la actual crisis climática y ambiental, será cada vez más relevante.

La saga de la Argentina nuclear – XXXVI

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Cuando la actividad nuclear argentina está en riesgo, queremos repasar algunos momentos del largo esfuerzo que la construyó Los anteriores capítulos de la saga estan aqui
  1. La hora de los tubos
Antes de hablar de Embalse, la segunda central nuclear de la CNEA, hay que redondear el balance de la primera, Atucha I. Y después… se va a sorprender un poco. Creo. La decisión de hacer una central nuclear la tomó el presidente Arturo Illia en 1965. En la licitación se presentaron 17 oferentes, ya con nuevo presidente (golpista), el general Juan C. Onganía. No sin muchas pulseadas internas, el nuevo gobierno adoptó la posición sabatiana de descartar las propuestas de uranio enriquecido, para poner el país a salvo de extorsiones diplomáticas por boicots sobre los combustibles. Eso dejó en pie sólo tres ofertas de uranio natural, entre ellas la francesa, pero Madame La République se retiró de la licitación (por suerte, lo que ofrecían era malo y caro). Lo que estrechó las opciones a las propuestas canadiense y alemana occidental. Atucha I se compró a la firma alemana KWU en 1967 con 320 MWe de potencia. Pero con las mejoras y modificaciones que le fue haciendo la CNEA a partir de 1977, hoy tiene 357 MWe, una disponibilidad que pasó del 75% al casi 90% y un mejor quemado del combustible: pasó de 5.500 Mw/día/tonelada a 11.000 Mw/día tonelada. Para desplazar la oferta canadiense de una CANDU, el gobierno alemán literalmente regaló Atucha I: U$ 105 millones. Aceptó además decenas de «combustibleros» y reactoristas de la CNEA en las instalaciones de KWU en Karlsruhe, Hanau y Erlanguen, haciéndose cargo de todos sus gastos de estadía e incluso del traslado, alojamiento y escolaridad de familias argentinas enteras, para garantizar el éxito técnico e institucional de la operación. Estas cosas en el mundo nuclear se hacen a veces, pero por plata: no fue el caso. KWU, además, consideró pagado dentro del precio de la central la cesión de la tecnología para construir y fabricar los manojos y pastillas de combustible. ¿Esto da una medida del interés del gobierno de la República Federal Alemana por asociarse al Programa Nuclear Argentino? Pero además de regalos, hubo unas concesiones que te la cuento: La negociación con KWU (todavía no estaba pegada a SIEMENS) permitió que la industria argentina se llevara el 90% de la obra civil, el 50% del montaje y el 13% de los suministros electromecánicos, lo que daría un 40% de la operación en valor, plata que no salió de la Argentina. En suma, que esto no fue «ni ahí» una compra llave en mano: fue «abrir el paquete tecnológico» de una oferta que de movida era generosa, como gruñía Jorge Sabato en sus emperradas pulseadas de amigos con el Ing. Celso Papadopoulos, creador del Departamento de Radioisótopos, y líder del sector «azul y blanco». Los de colores patrios querían nada más y nada menos que una primera central de potencia 100% nacional, aunque fuera muy chica. Resumen: en la CNEA de los ’60 nadie hubiera aceptado una central «llave en mano» ni gratis. ¿Ud. no extraña ese país? El Coliseo donde se sacaban los galones y se enfrentaban de a pie y en igualdad jerárquica los «azul y blancos» y los sabatianos fue, sin duda, la Asociación de Profesionales de la CNEA, o APCNEA, que sumaba al 85% de los ingenieros, físicos, químicos, biólogos, médicos e investigadores nucleares. Con Atucha I empezando su obra, la Empresa Provincial de Energía de Córdoba (EPEC) se tentó con otra central, y le pidió a la CNEA el estudio de prefectibilidad, presentado en 1968. En 1971, dado que la propuesta era de carácter federal, le dio el «visto bueno» el general y presidente Marcelo Levingston, nebuloso milico de una especie hoy quizás desaparecida (nacionalista-industrialista). En 1972, la CNEA del contraalmirante Quihillalt anunció, confianzuda, que la máquina cordobesa tendría 600 MWe y un 50% en valor de diseño y componentes argentinos. Si uno mira esa potencia, es medio difícil no imaginarse que se hablaba no muy elípticamente de una CANDU-6, la central más exportada de AECL, la Atomic Energy Commission of Canada, Ltd. No había otras propuestas de ese módulo en el mercado mundial. Salvo que las firmas occidentales dominantes corrieran a la mesa de diseño a hacer un «cut job» de sus máquinas de 900 y de 1000 Mwe, en cumplimiento de aquella inmortal máxima tecnológica calabresa: «El que quiera pescado, que se moje el culo». Valía la pena porque prometía ser mucho pescado. Como añadió la CNEA en ocasión de anunciar Embalse, habría otras tres centrales similares en Bahía Blanca, en Mendoza y en el predio de Atucha I en Lima, provincia de Buenos Aires. Lo que a los 320 MWe de Atucha sumaría 2400 MWe nucleares. Cada una de las nuevas plantas tendría una mayor participación de industria nacional hasta llegar al 100%. Pero la licitación era un paso inevitable, lo que suponía nuevamente la concurrencia de la mesnada atlántica del uranio enriquecido: General Electric, Westinghouse, EDF, y unas operetas de medios que te la cuento. De modo que abriendo el paraguas antes de que sonaran los truenos, y en materia del tipo de combustible que debía llevar Embalse, APCNEA hizo algo increíble: nacionalizó la discusión. Esta se venía llevando normalmente y a puertas cerradas en la Subcomisión de Objetivos creada para estudiar la cuestión: la formaban Alberto Bonfiglioli, Emma Pérez Ferreira, Renato Radicella y Julio Rossi. El grupo decidió ampliarse a 25 personas y luego a 80, las cuales generaron un documento de 32 páginas que puso en estado de debate a todo el personal, incluso el técnico. Lo impresionante es que ese comité ampliado reconocía de entrada que la discusión entre uranio natural o enriquecido no era tan tecnológica como básicamente política, y que en ella la CNEA se jugaba buena parte del futuro de la industria metalúrgica, electromecánica y electrónica argentina, así como una buena cuota de la independencia económica efectiva del país. Uno lee ese documento 51 años después y se le eriza el cabello (bueno, el que va quedando). Qué claridad. Cómo se extraña aquella audacia. El 16 de agosto de 1972 la APCNEA fotocopió todo (eso era tecnología casi nueva) y giró copias al presidente (el general Agustín Lanusse), los comandantes en jefe de la Aviación y la Armada, los ministros de Defensa, Industria y Minería, los candidatos a presidente de las partidos políticos que se aprestaban para las elecciones de fin de año, las autoridades de SEGBA, YCF, YPF y los jefes de redacción de todos los diarios y revistas importantes de todo el ispa. En los que publicó una solicitada no muy sutil. Se tituló: «URANIO NATURAL, única alternativa para las centrales nucleares argentinas». Nadie lee solicitadas. Son un plomo. Nadie las leía, incluso en aquel año, cuando todavía los argentinos leían hasta en el ascensor. Pero esa caló hondo, y es que el argentino medio estaba bastante orgulloso de pertenecer a un país tan nuclear. Cinco años antes, sin ayuda de nadie, la CNEA había terminado de construir y puesto crítico el primer reactor nuclear de fabricación de radioisótopos médicos de la región, el RA-3 en Ezeiza, y desde entonces nuestro país tenía medicina nuclear, y hasta exportaba radiofármacos a la región. En el Hemisferio Sur, sólo Australia tenía un reactor para radiofármacos en Sydney, y era una planta inglesa bastante inferior a la de Ezeiza. En máquinas de potencia, Atucha I estaba ya casi terminada, mientras que Brasil (nuestro archirrival futbolero) recién entraba en obra, y con una máquina Westinghouse libre de todo componente local, Angra I. Imposible que no inauguráramos antes que los primos. Todo eso salía seguido en los medios y causaba no poca alegría. El átomo argentino era patriótico. En fin, que ESTA solicitada se leyó. La discusión ganó la calle y entró, crepitante, a decenas de programas de radio y de TV, a los que APCNEA mandaba a sus pocos entendidos capaces de no aterrarse de micrófonos y cámaras, o peor aún, ponerse doctorales y aburridos. Pero para conquistar los medios, en Argentina de entonces, el reducto a rendir era el papel impreso. En una semana y monedas en la prensa gráfica de las grandes ciudades argentinas salieron 44 artículos a favor del uranio natural, 7 en contra y 25 «no sabe, no contesta». «La Nación» se mandó una página completa (formato sábana) con esos títulos relamidos y largos cual puteada de tartamudo que engalanaron siempre a ese templo del periodismo: «Los sistemas de energía nuclear Westinghouse están satisfaciendo las necesidades energéticas de todo el mundo». Joder, don Mitre no sólo quería uranio enriquecido, sino «de marca». Hubo chantadas más graves: con medio país medio al tanto de que convenía seguir la línea del uranio natural, cierta repartición (nadie señalará jamás con un dedo trémulo a la Secretaría de Energía, conste) presentó un informe a la Junta de Comandantes con la siguiente recomendación: sustituir el proyecto nuclear cordobés de Embalse por dos centrales hidroeléctricas, y dos térmicas, una a fuel oil y la otra a carbón, ya se vería de adónde sacaba Córdoba los ríos y el país el carbón. En defensa de la recomendación, estaba bien traducida del inglés. Pero la APCNEA interceptó la movida en tiempo real y corrió a escobazos a los sabandijas en casi todos los medios, como «enemigos de la independencia tecnológica». Independencia tecnológica… Mirá bo’. Se inauguraban unas obras públicas despampanantes: las centrales hidroeléctricas de El Chocón y Cerros Colorados, obra de la empresa estatal Hidronor, empezaba la construcción de otra central «hidro» sobre el río Futaleufú por parte de la igualmente estatatal Agua y Energía, y ya se diseñaba un asombroso puente sobre el Paraná, el Zárate-Brazo Largo, por la empresa entonces argentina Techint IngenieríaIndependencia era una palabra políticamente fuerte en un país con plena ocupación, que se sabía educado, potente, industrial y conflictuado, y quería ir a por más. Para ponerse en situación: el 22 de ese mismo mes la Armada en Trelew fusiló en sus celdas a 19 prisioneros políticos que se habían entregado. Eso sucedió una semana tras un intento de fuga, el día 15, parcialmente exitoso: había permitido que 25 presos pudieron escaparse en un avión a Chile. Las policías bravas de Lanusse estaban debiendo algunas muertes de manifestantes en puebladas. Pero en medio de la reapertura de locales partidarios, caída de la censura de prensa y reconquista de derechos políticos posteriores al Cordobazo, la ejecución de los rendidos en Trelew se sintió como un regreso a tiempos de «La Libertadora» y un acto de asombrosa, cobarde y estúpida crueldad: hubo centenares de movilizaciones en decenas de ciudades siesteras insospechables de todo activismo, y una represión policial de aquellas. Pero entre gases lacrimógenos y palos siguió, imparable, el runrún de fondo de un país discutiendo, un poco asombrado de estar hablando de semejantes cosas extrañas, si uranio natural o enriquecido. APCNEA había actuado en el momento justo. En su libro «Nuclear Power in the Developing World», de 1982, el historiador yanqui Daniel Poneman se asombraba, 10 años más tarde, de la diferencia entre los procesos de compra de Atucha I, tomada a puertas cerradas y tras discusiones duras pero entre expertos, y el de Embalse, donde se debatía hasta en aulas, clubes y bares. El 14 de marzo de 1973, el nuevo gobierno civil (Héctor Cámpora-Vicente Solano Lima) optó por el uranio natural, como era natural. Y a otra cosa. Sólo que en este caso se eligió como proveedor de Embalse a AECL. No había queja alguna contra KWU: la firma alemana había dado exactamente todo lo que se había pactado en materia de asistencia y transferencia de tecnología. El pequeño retraso de obra (un  año) estaba más ligado a las estrecheces del tesoro argentino, que venía de un 1972 con un 70% de inflación. Pero con los canadienses la perspectiva era comprar una máquina ya probada, una relativamente libre de los problemas de dentición de un prototipo casi asegurados en un prototipo. Eso sí, no nos regalaban un vintén, los canucks: contrato llave en mano rabioso, y en plata estadounidense, U$ 560 millones. Casi una fotocopia de Gentilly II, obra reciente de Hydro-Quebec vendida por AECL a esa provincia canadiense, Embalse sería una planta cuyos componentes principales (miles de caños de distintas super-aleaciones)  estarían muy al alcance técnico de la industria argentina en su casi totalidad. Bastaría que la CNEA ayudara con su baquía sabatiana en metalurgia y ciencia de materiales a la misma empresa mixta formada para construir los manojos de combustibles de Atucha I, CONUAR, en la que la CNEA tenía un tercio de las acciones y la propiedad de la tecnología. Atucha I estaba terminándose casi a reloj, sin muchos contratiempos. Era obvio que construir Embalse sería coser y cantar. Sí, ponele. “Auf Wiedersehen, ihr lieben Deutschen”, canturreaban felices en la Dirección de Centrales Nucleares (DCN). Los jóvenes ingenieros de la JP llegados allí no podían estar más de acuerdo con los viejos sabatianos de aquella trinchera. La ingeniería se había ideologizado. Faltaba la consigna: “Tubos de presión/para la liberación”. La APCNEA, un poco asombrada de su poder, se preguntaba seriamente si la CNEA debía rehacer su pirámide de mandos y funcionar como una democracia delegativa. El contralmirante Pedro Iraolagoitía, de regreso en la presidencia de la CNEA en reemplazo de Oscar Quihillat, navegaba a través del aborrascado personal hamacándose como portaaviones por mar gruesa, y hablaba de «coordinadoras como vehículo natural para centralizar los trabajos de reestructuración de la Casa». ¡Un marino! La intervención bastante disruptiva de “la muchachada” de ingenieros treintañeros de la DCN impuso cambios sobre la marcha en plena obra, fundamentalmente en los recorridos del “piping” o del cableado. Ojo, estas adaptaciones de último momento para evitar interferencias (que dos caños se atraviesen entre sí, por ejemplo) son típicas de toda obra compleja. Pero había evidentemente una voluntad de “argentinizar” Embalse. Lo que terminó retrasando 4 años la terminación y puesta en marcha de la central fueron muchas otras cosas. AECL era, aún en su gloria setentista de exportaciones, y muy para su mal, estaba sobreextendida. Era una firma emergente, incomparablemente menos enraizada, menos ramificada, menos internacional y poderosa que SIEMENS. AECL no tenía suficiente gente suficientemente veterana para mandar a la Argentina, no conocía a Argatom y Nuclar las dos UTEs proveedoras de montaje y de obra de estos lares, no tenía experiencia en gestionar contratos con la ley nacional, no lograba un suministro de empresas canadienses o de terceros países que fabricaran y despacharan a tiempo las centenares de miles de partes que componen una central. «Están cagando más alto que el culo», como comentan a veces los discípulos de Jevons, Walras y Menger, aquellos economistas neoclásicos. Pero además los Canucks le tenían cierto julepe a la CNEA, por la tradición independientista de la casa. Sabían que cuando la CNEA firmaba «llave en mano», terminaba colando a cantidad de empresas argentinas en la fiesta, y que a la hora de enviar delegaciones de argentinos a familiarizarse con las instalaciones fabriles del proveedor, mandaba gente de gran aceptabilidad social, que se hacía amiga de la gente local y era como esponja para chupar secretos tecnológicos. Pero más terror le tenían aún los Canucks al State Department de los EEUU, que venía sangrando por la herida de constatar que jamás pondrían una Westinghouse o una General Electric en Argentina. AECL en obra era como un novio que se tropieza con sus propios pantalones caídos mientras trata de bailar el vals nupcial con una chica linda pero exigente, y al mismo tiempo tiene que esquivar los mordiscos vengativos de un portentoso chimpancé subido a su espalda. Sí, medio compleja la imagen, pero significa que el cusifai baila horrible. El bando pro-alemán de la CNEA, estaba bastante indignado con el desorden en la obra y con el «backlog» creciente de centenares de atrasos y disconformidades. En Atucha I, en comparación, todo había salido casi como coreografiado. AECL era bastante consciente de sus insuficiencias en montaje. Para algo se había traído una empresa italiana (Italimpianti) especializada en turbinas de centrales térmicas y con bastante kilometraje en obra eléctrica Argentina. Pero los ítalos podían hacer su métier a lo sumo en el BOP, «Balance of Plant», la parte convencional y no nuclear de una central atómica: lo que va de las salidas de los generadores de vapor al turbogrupo, y de éste a la playa de maniobras eléctricas. Y en su oficio los italimpiantados no dejaban de incurrir en algunas metidas de pata épicas, como cuando forzaron la instalación de centenares de kilómetros de cables italianos marca TECA porque eran italianos, en lugar del Pirelli local, fabricado por la filial argentina de una multinacional italiana, y sin embargo al parecer no les parecía suficientemente italiano. Pero el que se trajeron era un desastre: bajo la protección aislante general de plástico negro, los conductores de vaina amarilla terminaban misteriosamente envainados de blanco, los de vaina roja en amarillo… Daba para una mala conexión y  un accidente eléctrico grave. Hubo que tirarlo todo y poner Pirelli, no más. Pero antes había que convencer a los itálicos, en particular al ingeniero Praga, de que sus cables TECA eran muy malos. El episodio lo cuenta con mucha gracia el ing. Eduardo Díaz, en aquel momento jefe de obra. «Aquí apareció el maquiavelo Cosentino y me dijo” Mirá gordo, los tanos le tienen pánico a la competencia alemana. Pedile a Praga una reunión para mañana, en la obra. Asegurate que esté Flammia y alguno de tus colaboradores. Yo iré con Eppenstein (Jefe de Operaciones de CNAI), lo llamaremos a Praga con las muestras de cables despanzurradas y le haremos creer que yo (Cosentino), hice venir un experto de Siemens desde Alemania para tener opinión sobre el problema”. Al otro día llegaron Cosentino y Eppenstein. Este último lucía en su pecho una tarjeta identificatoria que decía “Eppenstein- Siemens AG”. Nos sentamos en una mesa de reuniones con los cables de muestra, abiertos, con las “pruebas del delito”. Cosentino le pregunta a Eppenstein: “¿vos sabes alemán?”. A lo que respondió Eppenstein, ¡No! Cosentino le dijo, “ahora vendrá Praga de IT, te enseñaré una sola palabra en alemán, que deberás pronunciar cuando yo te haga una pregunta: la palabra es Scheisse (una mierda). Poné cara de experto indignado y no digas más que Scheisse”. Llegó Praga, siempre amable y educado y procedió a escuchar la explicación que le volvimos a dar sobre el problema de los cables. Cosentino acotó: “Como verás, Praga, yo tomé la decisión de tener una consulta técnica con los alemanes y me mandaron un experto, el ingeniero Eppenstein a quien le explicamos el problema y vio estas muestras”: “Was denken Sie über diese Probleme?” (¿Qué opina Ud. de estos problemas?). Eppenstein respondía indignado: “Scheisse!”. Praga, que sabía un poco de alemán, comenzó a ponerse nervioso y decirle a Cosentino: “Nosotros también tenemos autoridad en la obra y Ud. debió habernos avisado de esta visita, que es de la competencia». La reunión duró mucho más y Praga, ya a la defensiva frente a las evidencias y en presencia de un “experto alemán”, acordó que Flammia viajara a Italia a la fábrica de TECAS y presentara el problema con la participación de representantes de IT. Resultado: Se puso un “stop work” (detención de obra) a las tareas de cableado, hasta que CNEA obtuviera las medidas correctivas por parte de IT. Días después, IT decidió tomar las acciones contractuales frente a TECAS, extraer la totalidad de los cables tendidos y reemplazarlos por nuevos, esta vez provistos por Pirelli Argentina, construidos como ‘Dios manda’. Supimos luego, extraoficialmente que TECAS se había declarado en quiebra. ¿Habrá sido por esto?». Aquí termina la narración del ingeniero Díaz, que tiene decenas de anécdotas parecidas y las escribe con mucha sal. Nos dejó en marcha la mejor central nuclear argentina, pero ¿y si le pidiéramos además un libro? Los cables TECA descartados se donaron a las municipalidades vecinas, por si los podían usar en algún tendido eléctrico local. Jamás los intendentes de Villa del Dique y de Villa Rumipal habían visto tanto cobre junto para revender. Aquí nos tardó un rato en caer la ficha de que AECL era Gardel construyendo centrales CANDU en su tierra sólo porque en ella tenía dos tremendas empresas provinciales de montaje, y éstas se ocupaban de todo lo práctico, pesado, sudoroso o sucio. El rol de AECL en su propio país era de arquitecto nuclear, pero arquitecto de pipa y moñito, de los que no caminan la obra ni tienen que lidiar con proveedores, técnicos u obreros. Para eso AECL tenía a sus dos firmas montajistas, constructoras a la sazón de los casi 200 gigavatios hidroeléctricos del muy lluvioso y fluvial sector atlántico canadiense. Una era angloparlante, Ontario-Hydro, y la otra francoparlante y «québecoise», Hydro-Quebec. Con la tradición separatista del Québec y lo archipodrido que está de la misma el resto del Canadá angloparlante, estas dos firmas no se hablaban mucho entre sí. Esto, a la larga (ver próximo capítulo) salvó el proyecto de Embalse, cuando AECL y la CNEA empezaban a tener enfrentamientos cada vez más graves porque, muy contra lo que decían los contratos firmados, los canadienses nos estaban falluteando en las transferencias de tecnología. Y ni te cuento con las entregas. Lo de la tecnología, en plena obra, era fatal para las firmas proveedoras argentinas de componentes. ¿Qué especificaciones les podía dar la CNEA para su fabricación, si los canadienses no entregaban los planos ni las planillas de cálculo, y con cada reclamo argentino volvían, volvían a volver a la carga con la exigencia que firmáramos el Tratado de No Proliferación (TNP), que además sabían de antemano que no firmaríamos? AECL parecía dividida en un Dr. Jeckyll y un Mr. Hyde, según los días, o habitada intermitentemente por el demonio, estilo Linda Blair, y no teníamos exorcista a mano. La interferencia de los EEUU era evidente. Menos evidente fue la astucia con que los máximos ejecutores de Embalse, los ingenieros nucleares Jorge Cosentino y Eduardo Díaz, terminaron resolviendo parte de este asunto. Cada vez que la CNEA recibía un «NO» contundente de Ontario-Hydro, don Eduardo Díaz conseguía esa misma información técnica en Hydro-Quebec, que se había hecho relativamente amiga e incluso había aceptado mandar, mientras durara la obra, un contingente reducido de ingenieros a Córdoba para mediar con la intemperante AECL, gastos pagos por CNEA. El encargado de «ablandar» al Ing. Guy Monty, «Commissaire» de Hydro-Québec, había sido el mentado Eduardo Díaz, y tuvo que presentar ante la plana de la firma québecoise toda la experiencia de la CNEA en montaje, operación y programas de calidad. Díaz narra que hizo de solista en maderas, bronces y cuerdas, pero lo logró. A la semana de su regreso desde Quebec, el télex (¡qué viejazo!) imprimió la aceptación de los canadienses francófonos. La otra manganeta para salvar la obra fue la constitución de CNEA-Montajes. Era una empresa formalmente distinta de la CNEA, fundada únicamente para que operara de manera ágil en obra con el variopinto elenco de australianos, neozelandeses, galeses, escoceses, ingleses e incluso algunos canadienses que se había traído AECL a Córdoba, ninguno de ellos con gran kilometraje en construcción CANDU, ni muy ejercitado en diplomacia o castellano. CNEA-Montajes y el agujero del mate no son inventos argentinos, como el colectivo y el dulce de leche, que tampoco lo son. CM sí fue una reinvención útil para apuros de este tipo de la figura de MCS (Main Construction Subcontractor) o SPC (Subcontratista Principal de Construcción). Los popes de AECL podían haberse vuelto chantapufis, pero no idiotas, y se daban cuenta de que aquí habían quedado como jamón del sandwich entre el dueño de la obra, la CNEA, y su ejecutor, CM, que tenían distintos modales pero eran la misma cosa. Pero en la empresa canadiense entendían también que sin CM la obra no avanzaría jamás, y si no lo hacía, lo único que iba a cobrar AECL era un juicio internacional por incumplimiento de contrato, y un descrédito en su mercado natural: los países de desarrollo mediano con programas nucleares independientes. Si la Argentina había servido de vidriera valiosa a KWU-SIEMENS para mostrar sus fierros y su confiabilidad como proveedores, también podía servir de «showroom» para que la hasta entonces prestigiosa AECL, ahora habitada por el espíritu tóxico de Henry Kissinger,  hiciera un papelón terminal. Algo hay de formidable y duradero en la tecnología CANDU para que AECL lograra sobrevivir en estas condiciones hasta 2011, cuando finalmente cerró para ser vendida al grupo Lavalin (una constructora canadiense más experta en shoppings que en centrales atómicas) por 11 millones de dolcas, equivalentes a U$ 8,5 millones. Lavalin compró por chirolas una firma que construyó 49 centrales nucleares excelentes en 7 países, tal vez las mejores del mundo por disponibilidad. Pero me estoy adelantando demasiado a los hechos. Sí los telefonazos del State Department asustaban a los contadores canadienses de AECL, la hiperinflación que se desató tras el 4 de junio de 1975, con el “Rodrigazo” (una devaluación del 160% del peso en 24 horas) los paralizaba. Con el casi el 1000% de inflación en el año posterior al Rodrigazo, ¿con qué les íbamos a pagar la obra terminada? Pero los roles estaban también invertidos: en 1980 el «dolca», que no es una marca argentina de café instantáneo sino el dólar canadiense, llegó a tener una inflación del 22%. Un empresario argentino se mata de la risa ante una cifra tan amigable, y sigue trabajando para el estado y cobrando. Pero las centenares de empresas de suministros de AECL carecían del largo entrenamiento criollo ante tales eventos. Por eso vivían incumpliendo pedidos. Embalse, que debió construirse en 6 años, tardó 10 debido a las frecuentes detenciones de obra. Y los “canuks” querían renegociar todas las condiciones del contrato, o irse al diablo. O ambas cosas. Es frecuente que los socios estratégicos de la CNEA quieran tomárselas cuando la Argentina se queda sin un mango. Pero el problema real venía desde afuera. Presionada como nunca por los EEUU, la AECL había pasado de dulce novia a amarga suegra: si iban a completar ésta e incluso hacer futuras centrales con nosotros, quería ampliar las salvaguardias a “full scope”, es decir, darles alcance nacional y no exclusivo a la/s obra/s vendida/s. Repetían ese mantra, a sabiendas de que era una causa perdida y que aquí nadie iba a firmar el TNP. Eso había estado claro desde el principio. Algo había estropeado irremediablemente la relación entre la CNEA y la AECL, y no era únicamente el desconcertado caos de la obra en Embalse, que mal que mal, avanzaba y crecía. Tampoco era la economía desquiciada del post-Rodrigazo, aunque con eso último habría alcanzado. Era otra cosa peor: “el efecto Indira”. En 1974 los indios detonaron su primera bomba atómica, y sí que se pudrió todo. tubos-de-presion Este tacho gigante que llega a la Central Nuclear Embalse es la calandria, donde 380 tubos de presión que contienen 4560 elementos combustibles con 84 toneladas de dióxido de uranio natural se bañan en agua pesada. Pese a las apariencias, es una pieza más liviana y barata que un recipiente de presión. Casi cualquier metalúrgica grande argentina de los ’70 podía copiarla.

Daniel E. Arias