Nissan Argentina comienza a exportar camionetas a Chile

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Nissan Argentina anuncia que ha comenzado sus exportaciones a Chile, en línea con el compromiso anunciado un año atrás. Más de 50 camiones cruzarán la Cordillera de los Andes transportando 300 pickups Nissan Navara, nombre con el que la pickup se comercializa en el mercado chileno, que conforman el primer lote de camionetas salidas de Fábrica Santa Isabel que arribaran a Chile. «En el modelo de negocio de Nissan, la exportación y apertura de nuevos mercados juega un rol fundamental en la aspiración de ser una de las tres marcas top de la región. Hace unas semanas comenzamos a exportar a Colombia, y hoy anunciamos Chile; hito tras hito que nos permiten seguir haciendo historia en América del Sur» dijo Guy Rodríguez, Presidente y Managing Director para Nissan América del Sur. Al igual que el vehículo que ya comenzó a exportarse a Colombia, la Nissan Navara es producida bajo la normativa de emisiones Euro 6. Con la incorporación de este tipo de motorización Nissan produce vehículos que emiten menor cantidad de gases y partículas contaminantes. Esto forma parte de los compromisos asumidos por la compañía japonesa a nivel global bajo su Green Program 2022. A inicios del 2022 se anunció la apertura de los nuevos mercados de exportación, Colombia y Chile, bajo la normativa de emisiones Euro 6. Y para abastecer la creciente demanda se implementó un segundo turno de producción en Fábrica Santa Isabel, el cual permite a Nissan duplicar su producción anual. Finalmente, en enero de 2023, comenzaron las exportaciones al mercado de Colombia

A pesar de la sequía, con el trigo HB4® logro mejoras de hasta 40%

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En un año que quedará para el olvido por los enormes desafíos climáticos que presentó para el campo, la empresa que desarrolló el trigo HB4® –tolerante a la sequía– mostró los resultados productivos obtenidos en la campaña 2022/23, donde a pesar de la falta de lluvias, se lograron mejoras de rendimiento de hasta 40%.
Los datos surgen a partir de la siembra de 50.000 ha de trigo bajo el programa de identidad preservada que Bioceres propone bajo un esquema asociativo.
El descubrimiento del Gen HB4 es un desarrollo 100% argentino llevado adelante por Bioceres y CONICET y es la única tecnología del mundo de tolerancia a la sequía para los cultivos de soja y trigo. Esto quiere decir que permite producir más en un contexto de limitaciones hídricas, logrando un mayor cuidado del ambiente y los recursos naturales.

Comercialización del trigo HB4

La sequía que azota a la Argentina le dio de lleno a la campaña triguera. Es por eso que cobra cada vez más fuerza una tecnología disponible como la que Bioceres ofrece al mercado, donde se pueden obtener mayores rendimientos ante situaciones de estrés hídrico. Guillermo Irastorza, un productor agropecuario del sudoeste de la provincia de Buenos Aires que sembró trigo genéticamente modificado, aseguró que no se imagina un futuro sin el gen HB4. Con estos beneficios que aportan las nuevas tecnologías, queda claro que el debate en cuanto al avance global de esta innovación no es agrícola ni científica, sino mas bien cultural y/o social. En Argentina no hay limitantes. En mayo de 2022 el por entonces Ministerio de Agricultura resolvió mediante la resolución 27/2021, autorizar a la firma Indear a “comercializar la semilla, y a los productos y subproductos derivados”. Al mismo tiempo dio el visto bueno para su comercialización por lo tanto a partir de ese momento la compañía realizó acuerdos con empresas molineras para que compren el cereal. Al día de hoy, Bioceres podría comercializar libremente todas las variedades que tiene disponibles: tres materiales de primera generación (Paraná, Bermejo y Pilcomayo), dos de segunda (Iruya y Traful) y otros tres en proceso de registro. Sin embargo, se dedicó esperar la aprobación de la mayoría de los países que importan trigo argentino para avanzar con los lanzamientos comerciales en el mercado local. Hasta ahora, el trigo de Bioceres recibió aprobaciones en Estados Unidos (FDA), Colombia, Nueva Zelanda, Australia, Sudáfrica y Nigeria. También fue aceptado en Indonesia (sólo para alimento animal) y en Brasil (sólo harina para alimento animal y de consumo humano). Según explicó García, esta semana podría haber novedades acerca del proceso regulatorio en Brasil, lo que sería un paso clave para extender la comercialización local a más zonas agrícolas del país.

El trigo para consumo humano

Una de las grandes novedades de la presentación fue la confirmación de que varios molinos procesaron el trigo con el gen HB4 que se obtuvo en la última campaña. Agustín Forzani, socio gerente de Molino Esperanza, explicó que “hace tres años que procesamos trigo HB4, primero fueron lotes pequeños y ya en 2022 recibimos mucho mas, en total unas 10 mil toneladas. Así nos abastecimos con un buen trigo en un año donde la calidad fue muy mala”. Forzani compartió distintos análisis donde el comportamiento del trigo cosechado bajo el programa Generación HB4 mostró los mismos valores (gluten) que los cereales convencionales. Todo el trigo producido se mezcló y se comercializó como harina, por lo tanto ingreso a las empresas alimenticias que producen para el consumo humano. Según pudo saber Ámbito, ya son más de 25 los molinos que compraron trigo HB4 y lo vendieron a la industria alimenticia.

Hamburgo se suma a la moda de taxis a hidrógeno

Primero fueron 35 autos en La Haya, Países Bajos. Después se sumaron 100 unidades en Copenhague, capital de Dinamarca. Y rápidamente se cerraron acuerdos para París, Madrid, Berlin y Londres. Ahora llega el turno a otra de las ciudades más importantes de Alemania, Hamburgo, donde la compañía Best Taxi, recibió 25 autos que comenzarán a circular por las calles emitiendo solamente vapor de agua como único residuo.

Son los Toyota Mirai FuelCell que están propagándose rápidamente por las principales ciudades de Europa, brindando el servicio de Taxi que utiliza hidrógeno para alimentar su motor eléctrico como único combustible, con un rendimiento superior a la electricidad, y sobretodo, con un tiempo de recarga mucho más efectivo.

La tecnología es la alternativa por excelencia a los autos a bateríaLa tecnología es la alternativa por excelencia a los autos a batería

Sin dudas se trata de la tecnología alternativa por excelencia a la de los autos a batería, que utiliza el mismo tipo de motor eléctrico, pero prescinde de tener que conectarse a la red para cargar su batería. El sistema de Pila de combustible de hidrógeno, que muchos todavía combaten porque es más costoso que el de la electricidad, sigue siendo una de las más fuertes apuestas de Toyota en su concepto de movilidad sustentable.

El Mirai nació en Japón en 2014, y rápidamente se extendió a Estados Unidos y Europa en los siguientes años. Requería una infraestructura de carga de hidrógeno que fuera capaz de inyectar el gas comprimido a 700 atmósferas, ya que al ser muy poco denso, ese es el único modo de envasar la cantidad de metros cúbicos necesarios para brindar la autonomía de 650 kilómetros de la que es capaz. Esa fue la única gran demora por la cual demandó casi cinco años en comenzar a incorporarse a flotas de autos de alquiler con chofer al nivel que lo está haciendo desde 2019.

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Actualmente, la cantidad de “hidrogeneras” es suficiente para que varias compañías de taxis los incorporen, y si bien el automóvil es más caro de uno similar con tecnología eléctrica, la diferencia no es tan grande, ya que la versión de acceso tiene un precio de unos 65.000 euros. La gran ventaja de los Mirai radica en una autonomía mayor a la de los autos a batería, y al tiempo de carga, que es mucho menor con solamente 5 minutos conectado al pico de hidrógeno para completar sus tres tanques, contra los casi 30 que demanda un auto eléctrico.

Tecnológicamente, debajo del capó de un Mirai, una celda de combustible convierte el hidrógeno en energía eléctrica a través de un proceso químico llamado electrólisis inversa. En esa transformación, el vapor de agua se elimina y el hidrógeno se convierte en electricidad para alimentar el motor eléctrico de 130 kW/182 CV de potencia. La sensación al conducirlo es exactamente la misma que la de un auto eléctrico, porque la propulsión es igual a aquel.

Así como los autos eléctricos se denominan EV (Electric Vehicle) o BEV (Battery Electric Vehicle), los híbridos enchufables son PHEV (Plug-in Hybrid), y los híbridos convencionales se denominan HEV (Hybrid Electric Vehicle), estos vehículos propulsados gracias a hidrógeno se llaman FCEV (Fuel Cell Electric Vehicle).

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Si bien Toyota es la marca que más fuertemente ha apostado por esta tecnología, otras marcas como BMW, Hyundai y Honda también lo están haciendo. Los alemanes lo han aplicado al SUV iX5 Hydrogen, los coreanos al SUV compacto Nexo y los japoneses en la berlina Clarity Fuel Cell.

Este lunes, BMW anunció en Münich, el comienzo de la segunda fase de desarrollo de su proyecto luego de cuatro años con el iX5 Hydrogen, ya que una flota de casi 100 unidades se empleará a nivel internacional con fines de demostración y prueba para varios grupos objetivo.

Oliver Zipse, presidente del Consejo de Administración de BMW AG, dijo en el lanzamiento de esta etapa que “el hidrógeno es la pieza que falta en el rompecabezas cuando se trata de movilidad libre de emisiones. Una tecnología por sí sola (en referencia a la electricidad) no será suficiente para permitir una movilidad climáticamente neutral en todo el mundo”.

Muchas otras ciudades europeas adoptaron la propulsión a través de hidrógeno, como París, donde ya se ven en la calle los Toyota Mirai transportando pasajerosMuchas otras ciudades europeas adoptaron la propulsión a través de hidrógeno, como París, donde ya se ven en la calle los Toyota Mirai transportando pasajeros

Así como se usan en taxis, los sistemas de propulsión Fuell Cell son óptimos para vehículos que requieren estar circulando constantemente con paradas muy breves para repostar. Por esa razón otras compañías como Renault Master H2 Tech, Peugeot con su versión e-Expert Hydrogen y Citroën con el e-Jumpy Hydrogen los están comenzando a comercializar en sus furgones de carga mediana para transporte urbano y suburbano, mientras que Hyundai continúa desarrollando sus camiones de larga distancia con su flota Xcient Fuel Cell que circulan desde hace más de un año en Suiza.

Apagón masivo: Un incendio de campos causó la interrupción de 3 líneas de alta tensión

Un corte masivo de electricidad se produjo en gran parte del país, en medio de las altas temperaturas, tras «varias fallas en el sistema interconectado» como consecuencia de un incendio de campo que «perturbó una línea de alta tensión de 500 kw que une Campana con General Rodríguez», informaron fuentes del sector a Télam. La empresa Transener SA informó que este miércoles «a las 15:59 horas, se produjo la salida de servicio de 3 Líneas de Alta Tensión que vinculan las Estaciones Transformadoras de General Rodríguez y con el área del Litoral, como consecuencia de un incendio de campo». «En condiciones de alta demanda, la perturbación generó oscilaciones en el Sistema, generando aperturas de vínculos adicionales a los anteriores con la consecuente restricción en la demanda», agregó la empresa en un comunicado.
«Hay una falla de frecuencia que expulsa a una parte de la generación. Este centro de generación que es Atucha «salió», como se dice en esta jerga del sistema. Como salió Atucha también salió, por ejemplo, la Central Puertos» indicaron desde la empresa
La empresa agregó que junto «a Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico S.A. (CAmmesa) puso en marcha su Plan de Contingencias e inició sus trabajos para restablecer el suministro de acuerdo a los procedimientos establecidos».
Foto Walter Daz
Foto: Walter Díaz.
Transener es una empresa concesionaria de servicio público de transporte de energía eléctrica de alta tensión que opera y mantiene en forma directa el 85% de la red de alta tensión y supervisa el 15% restante de todo el territorio nacional argentino El incendio «provocó que las protecciones del sistema eléctrico funcionen y la forma de protección es ir apagando lo que no se puede sostener», lo que afecta a Santa Fe, Córdoba, Cuyo, Sur del Noroeste«, agregaron las fuentes.
Ro Gallegos uno de los puntos afectados en el pas Foto Walter Daz
Río Gallegos, uno de los puntos afectados en el país / Foto: Walter Díaz.
  «El sistema quedó partido a la mitad. La zona noreste (NEA, Buenos Aires, Entre Ríos y Norte de Santa Fe desde Yaciretá se está regulando, y la zona Sur, la Represa del Comahue, que cubre la Patagonia, La Pampa, Neuquén, Río Negro», graficaron. Desde la Secretaría de Energía informaron que este incidente afectó «distintas centrales de generación entre ellas Atucha I», según fuentes de la Secretaría de Energía.
Distintos puntos del pas se vieron afectados
Distintos puntos del país se vieron afectados.
«Se registraron fallas en el sistema interconectado», reportaron las fuentes y agregaron como «causa de lo anterior salieron (del sistema) distintas centrales de generación entre ellas Atucha», informaron esas fuentes a Télam.
En la ciudad de Buenos Aires, el ferrocarril Roca, que conecta la cabecera de plaza Constitución con distintos partidos del sur del conurbano bonaerense, interrumpió su servicio cerca de las 17 debido al corte de suministro eléctrico, mientras que le ferrocarril Roca presenta demoras y cancelaciones
«Hay una falla de frecuencia que expulsa a una parte de la generación. Este centro de generación que es Atucha salió como se dice en esta jerga del sistema. Cómo salió Atucha también salió, por ejemplo, la Central Puertos», agregaron las fuentes. Desde la empresa Nucleoeléctrica Argentina, a cargo de la operación de las tres centrales nucleares en el país, Atucha I, Atucha II y Embalse, indicaron a esta agencia que «se estaban generado 25.000 Mw y se cayeron 10.000 Mw, es un problema de la red» y señalaron que «no se sabe el posible origen».

«Se está restableciendo el servicio de electricidad», asegura el subsecretario de Energía

El subsecretario de Energía Eléctrica, Santiago Yanotti, confirmó que «hubo un incendio a 8 kilómetros de General Rodríguez bajo tres líneas de alta tensión«, lo que generó un apagón masivo de electricidad en gran parte del país y aseguró que «ya se está restableciendo el servicio». A raíz del incendio, el funcionario explicó en declaraciones al canal de noticias C5N que «la electricidad que viaja por los cables de alta tensión a las distintas provincias no llega» y «como consecuencia de eso pasan dos cosas: la primera es que hay gente que se queda sin luz y la segunda es que hay oferta eléctrica que no puede entra en la red». El funcionario sostuvo que «ya se está restableciendo el servicio» que afectó a «varias provincias». «Hoy tenemos una muy buena fuente de energía que viene desde el sur de las represas que tenemos en Neuquén y Río Negro y otra muy buena cantidad de electricidad que viene de Yacyretá en la provincia de Corrientes», señaló. Y añadió que «la zona centro y la zona del NOA quedaron sin electricidad» y que el restablecimiento de electricidad puede «tardar un par de horas» Con respecto al incendio que generó el apagón «se van a investigar las causas». «No sabemos cómo se produjo el incendio y Transener está realizando las denuncias para que se investiguen las circunstancias y luego se realicen los peritajes», señaló. «La Rioja y Catamarca, el sur de Tucumán, parte de Santa Fe y parte de la provincia de Buenos Aires están sin luz», precisó. Atucha I «paró por esta circunstancia y está controlada su parada» de manera preventiva, subrayó.
En la ciudad de Buenos Aires, el ferrocarril Roca, que conecta la cabecera de plaza Constitución con distintos partidos del sur del conurbano bonaerense, interrumpió su servicio cerca de las 17 debido al corte de suministro eléctrico, mientras que le ferrocarril Roca presenta demoras y cancelaciones.
«Se estaban generado 25.000 Mw y se cayeron 10.000 Mw, es un problema de la red», indicaron.
Desde la operadora ferroviaria estatal trenes argentinos confirmaron que los cortes de luz que afectan distintos puntos del país condicionaron la operación de los trenes y esperan la restitución del servicio para comenzar la normalización de frecuencias. Por su parte, la empresa Emova informó en página web que las de subte A, C, D y H funcionaban este miércoles por la tarde con demoras «por falta de suministro eléctrico externo», en tanto la línea B lo hacía con demora y la B con servicio limitado entre las estaciones Retiro y Avenida La Plata. Fuentes aeroportuarias, por su parte, confirmaron a Télam que salvo el aeropuerto de Comodoro Rivadavia. Y agregaron que en el Aeroparque porteño y en la estación de Ezeiza se produjeron microcortes que no interrumpieron los servicios.

La saga de la Argentina nuclear – XXXIX

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Cuando la actividad nuclear argentina está en riesgo, queremos repasar algunos momentos del largo esfuerzo que la construyó Los anteriores capítulos de la saga estan aqui 39. Una noche que no termina telemanipulacion Telemanipulación de radiosótipos obtenidos en el RA-3, hasta ahora la única fuente de radiofármacos de diagnóstico y tratamiento del Mercosur. Los yanquis quisieron construirlo para nosotros, y les apostamos buena plata a que lo haríamos sin ellos. Terminaron pagándonos como duques. Los viejos tiempos casi caballerosos… Aquella bomba atómica de Indira Gandhi en 1974 cambió, para mal, nuestras perspectivas e historia como país nuclear. Nos volvió lo que somos hoy: mucho menos que lo que parecía seríamos. Por empezar, Smiling Buddha cambió la política externa del mandón regional, la Gran Democracia del Norte. Antes del 18 de mayo de 1974, los EEUU eran tolerantes con algunos desarrollos duales de estados periféricos donde ellos tuvieran influencia, siempre que no estuvieran alineados con la URSS o con China. Ante su mirada, éramos casi soportables. Un dogo grandote puede permitirse algunas pulgas. Si son SUS pulgas. Lo que siguió a Smiling Buddha continúa desde entonces. La doctrina oficial del State Department para países periféricos con programas nucleares independientes es un infierno de coerción, chantaje, mentiras y eventual violencia armada, sea por intervención interna a través de cipayos/zapallos a la orden, o con los Marines cuando tales cipayos/zapallos fallan. En 2003, parte de la OTAN lanzó una ocupación ilegal de Irak bajo la acusación de que ese país tenía un programa de armas nucleares, manifiestamente falsa según el entonces director del OIEA, Mohammed ElBaradei, y de su cuerpo técnico internacional de inspectores. La única consecuencia de ese acto de integridad científica y coraje político fue que a Baradei le dieron el olivo y nombraron a Yuyika Amano, japonés y mandadero, pero respetemos al finado. Hasta que no se muestre lo contrario, los EEUU mandan en el OIEA, es oficial. A partir de 1974, tendría costos enormes todo error que cometiéramos los dos únicos países sudacas verdaderamente nucleares: Brasil y Argentina. No lo cuento a México por motivos ya explicados: los primos nunca intentaron un desarrollo atómico verdaderamente propio. De hecho, el país que cometió más equivocaciones (Brasil) terminó trabajando décadas al puro ñudo para desembocar en su actual enanismo nuclear. Ojo, dicho desde la más pura igualdad, los argentinos, por un camino mucho más arduo, llegamos a un sitio parecido. Pero quién nos quita lo sudado… Si algo diferencia los errores brasileños de los nuestros es la escala: los de los vecinos son desmesurados. Empezaron apostando millones a un “desarrollismo facilongo”, confiados en que el desarrollo tecnológico atómico no difería tanto del metalúrgico o metalmecánico: si negociabas a lo grande con los grandes proveedores externos, el avance era inevitable gracias a las transferencias de tecnología, y ésas se conseguían a pura chequera. Garpando como un duque, pasabas de país de fazendas, coroneles del cacao y brancas praias a país de industria pesada y/o de alta complejidad. Nosotros operábamos un poco en las antípodas sabatianas de ese pensamiento brasuca de fazendeiros y coroneles demasiado ricos: toda vez que hemos necesitado contar con nueva tecnología estratégica, como la de la metalurgia del zirconio, o la del agua pesada, o la del enriquecimiento de uranio, primero probamos tratar de comprarla, sin mayores esperanzas. A la cuarta o quinta negativa, ya estábamos desarrollándola nosotros, porque para algo tenemos educación pública desde 1884, y desde la Reforma de 1918, unas universidades que producen unos físicos, químicos e ingenieros de la gran siete, y desde 1949, gratuidad de las universidades nacionales, y desde 1955, el Instituto Balseiro, esa universidad nuclear de la CNEA y la Universidad de Cuyo. Años más tarde, cuando anunciábamos «urbi et orbi» que hacíamos esponja de circonio, o agua pesada, o uranio ligeramente enriquecido, se formaba cola de proveedores en la puerta que nos prometían lo mismo que ya teníamos, pero más barato. «Story of our life», como dicen en Hollywood. Lo dicho, lo nuestro es el camino áspero. Los vecinos brasucas tardaron un par de décadas en darse cuenta que la Westinghouse, la General Electric y la Siemens KWU o la división nuclear de Electricité de France no operan del mismo modo que la General Motors o la Volkswagen: las empresas atómicas occidentales son estatales o están controladas por sus estados. No les iban a vender la autonomía tecnológica en lo atómico. Ésa sólo se cocina en casa. Y la receta no sale de la cocina. Cuando entendió el juego, el Brasil se bandeó en la dirección opuesta: el camino más rápido posible hacia la bomba, que en todo el mundo suele ser el modo milico de pensar lo atómico. El dictador Ernesto Geisel diseñó el famoso Programa Nuclear Paralelo, con plena aprobación de la burguesía local, por esa fuerza histórica que les da a los brasileños haber sido antes imperio que república. Pero los militares brasileños se tirotearon las patas: hicieron todo tan a espaldas del respetado público, tan a lo bruto, y con un dinámica tan marcial de “vamos a la bomba y después vemos”, que al presidente estadounidense Jimmy Carter, ex reactorista nuclear de la US Navy, no le costó demasiada extorsión estrangularlos. El Brasil de la agroindustria, la carne y el cuero ya dependía mucho del libre ingreso al mercado estadounidense, y lo mismo el Brasil del acero. La capitulación brasileña quedó marcada por una cena de estado con las esposas de ambos mandamases, en Planalto. No sé cómo cocinan en Planalto, y tampoco si Geisel llegó a digerir la lista de “no esto, no lo otro, tampoco esto otro” que debió firmar antes. Después de lo de la India, los yanquis no iban a tolerar desarrollos nucleares independientes “in their own backyard”, que venimos a ser los sudacas. Para dejarlo bien claro, en 1978 Carter dio por muertos una serie de acuerdos que venían de la década del ’50 para la provisión de Argentina de uranio enriquecido al 90%. Es el tipo de combustible que usaban antes de 1974 la mayor parte de los reactores de investigación del mundo. Sí, el lector tiene razón, eso es “grado bomba”. Nunca era suficiente la cantidad vendida como para hacer armas, las inspecciones sorpresa del OIEA eran constantes y no había renovación de entregas si uno no devolvía a la USAEC el núcleo ya gastado, sin que faltara un miligramo. Por supuesto, Carter adujo que estaba penalizando a nuestros militares por su política de represión salvaje: quizás estaban aplicando demasiado bien las artes de infiltración, tortura y secuestro que habían aprendido de los militares yanquis en “La Escuela de las Américas”, en Panamá. Carter, por su parte, puede haber sido un individuo compasivo, no lo afirmo ni lo niego, pero creo que en esas alturas del poder mundial los caciques son caciques, no personas, que sus políticas son bastante impersonales, y sin importar quién viva en la Casa Blanca, las fija una burocracia muy profesional y estable, la del vecino State Department. También es posible que Carter, ingeniero atómico, haya sentido como una intromisión en “su propio backyard” (el de la General Electric, la Westinghouse y la Babcock & Wilcox) nuestra venta de ¡dos reactores dos! a Perú. No nos alcanzaba con uno. ¡Danger! En 1974, ante “Smiling Buddha”, el primer bombazo indio, todo esto la dirección de la CNEA lo vio venir con resignada claridad. “Qué hijos de  Buda”, fue el comentario. Sabían que se les venía la noche. Podían soportarla. Lo que no creo que supieran es que sería tan oscura y larga. Rescato casi con ternura una anécdota de tiempos pre-Indira, una postal alegre de cuando la CNEA entraba en etapa industrial y se hacía grande en cuadros e instalaciones, y eso era celebrado hasta por diarios tan conservadores y proyanquis como “La Prensa”. Y es más, hasta los EEUU toleraban deportivamente nuestros desacatos porque, con nosotros, no había mejores opciones. Lo que sigue parece “política-ficción”, pero es real y se publicó dos veces, la última  en el número 27-28 de la revista de la CNEA de 2007. Es un artículo sobre el viejo RA-3 de Ezeiza, que desde 1973 produce todos los radioisótopos de medicina nuclear usados en Argentina y el sur de Brasil. Es un recuadro, con el siguiente título: “Los U$ 350.000” “A comienzos de la década del ‘60, como muchos otros países que se embarcaron en el desarrollo nuclear, Argentina recibió el ofrecimiento de un subsidio de U$S 350.000 del gobierno estadounidense para la construcción de un reactor de investigación de 5 MW, a ser provisto por General Dynamics. “La CNEA respondió que, en lugar de comprar el reactor, lo iba a diseñar y construir, ante lo cual la contraparte estadounidense, uniendo escepticismo a un dejo de apuesta, resolvió que si la CNEA tenía éxito en su empresa, recibiría el subsidio. “El acto de inauguración del reactor RA-3 fue presidido por el Presidente de la Nación, Gral. J. C. Onganía, el Cardenal Primado A. Caggiano, el Gobernador de la Provincia de Buenos Aires Gral. F. Imaz, ministros, embajadores, los presidentes de las Comisiones de Energía Atómica de Brasil, Israel y Chile y el representante de EEUU, L. Saccio. “Luego de las alocuciones de Onganía y Quihillalt, Mr. Saccio hizo entrega del subsidio de 350.000 dólares ´para la operación del reactor RA-3´…La apuesta había sido ganada.”. El RA-3, la primera obra grande completa dirigida por el ya nombrado Jorge Cosentino, todavía es la única fuente local de radioisótopos de diagnóstico y tratamiento de enfermedades severas (oncológicas, cardiológicas, metabólicas, autoinmunes) de la Argentina y el sur de Brasil. El más valioso de todos esos nucleídos, el tecnecio 99 (llamado también molibdeno 99m, por su precursor radiológico), está en desabastecimiento en todo el Hemisferio Norte. Esta situación durará toda esta década según previsiones de la OCDE, y eso es una tragedia médica convenientemente omitida por los medios europeos y yanquis, y que está costando decenas de miles de vidas. Sorprendentemente, a los europeos la salud pública está empezando a no importarles absolutamente un velín. Entre los autodenominados americanos eso es fundacional. (Lectores, esto fue escrito en 2010). Addendae de 2023: el RA-3, que ya fue repotenciado tres veces porque la demanda de medicina nuclear crece en flecha, ya está bastante achacoso y al límite de su vida útil. Ojalá don Cosentino, a quien también le debemos la mitad de la central nuclear de Embalse, pudiera ver lo que viene aguantando este titán. Lo vamos a reemplazar por el RA-10, tres veces más potente y nuevecito. Ese reactor nos puede dar el control de entre el 20 y el 30% del mercado mundial de molibdeno 99m, que a fecha de 2021 valía U$ 2600 millones, y en 2030 se estima en U$ 6000 millones. En suma, que de haberse terminado a tiempo el RA-10 nos habría hecho ganar entre U$ 520 y U$ 780 millones en 2021. Alguien nos hizo perder esa plata. Si no pintan nuevos competidores con mejores reactores, o tecnologías disruptivas y más baratas para producir molibdeno 99m, o nuevos presidentes cipayos/zapallos, en 2030 el RA-10 nos podría estar dando de U$ 1200 a U$ 1800. No está mal para una planta que habrá costado a lo sumo U$ 400, y durará al menos medio siglo en operaciones. Y eso vendiendo un único producto. Un reactor como el RA-10 puede producir decenas de otros. Al haberse hecho un nombre INVAP en el minúsculo mercado de reactores de irradiación o mulipropósito, abrochó dos ventas más: la de un reactor mucho más potente aún que el RA-10 en Holanda, el de Petten. Es una venta que a INVAP le costó décadas, ya que ganó la licitación contra otros dos semifinalistas (Rusia y Corea) en 2008, Holanda anuló la compra por la crisis financiera de aquel año, se reconcursó y en 2018 le volvimos a ganar a los mismos semifinalistas. Estamos hablando de unos U$ 600 millones, pero es difícil ponerle costo final a esa planta porque los holandeses viven haciéndole cambios y retoques a la ingeniería básica. Ese mismo año, 2018, Arabia Saudita nos dió el «sí» para un reactor más chico, una unidad para formación de personal de ésas que INVAP hace de taquito. Una empresa de Puerto Rico, la sorprendente Coqui Pharma, ha decidido dotarse de un par de reactorcitos modernos ante lo intolerable que resulta para su directorio que un habitante del país más rico de la tierra no pueda hacerse un estudio de imagen 100% fiable de su perfusión coronaria, o cerebral. Es un raro directorio el de Coqui: ni un hombre. Lo dicho antes, ésta es información vieja. Misteriosamente, con todo ya firmado y sellado entre Coqui e INVAP, esa venta se cayó. Los detalles de la zancadilla tal vez los tenga Carmen Bigles, la dueña y CEO de Coqui, pero no creo que pueda contarme nada. El otro que quizás me habría batido la justa era Héctor «Cacho» Othegui, amigo y CEO de INVAP, pero Cacho sabía coserse la boca con alambre, cuando hacía falta. Nunca me narró «la cocina» de esto y se murió hace dos años. Y lo que lo extraño…. Nada misteriosamente, el gobierno de Mauricio Macri le cortó a la CNEA el presupuesto de 2015 a la mitad, y lo dejó ahí, clavado y en pesos, hasta 2019. Por lo cual todos los proyectos críticos se quedaron sin plata, y el RA-10 todavía a fecha de hoy sigue inconcluso, a un lucro cesante para la Argentina que es creciente, y no creo que el citado expresidente quiera compensar de su bolsillo. La obra sigue tenazmente dirigida por Herman Blaumann, quien se niega a jubilarse antes de concluirla. Ya hablé de los personajes nucleares, de su vehemencia y su constancia. Puerto Rico, aunque en condición de exclave pobre, es parte de los EEUU. Pero como en todo ese país, «from sea to shining sea», hace décadas que nadie construye reactores de irradiación a precio razonable y la salud pública jamás existió, las mujeres que dirigen Coqui Pharma buscaron al mejor proveedor mundial: se llama INVAP y es de Bariloche, Río Negro, Argentina. Tomá mate. Reitero: este texto es viejo. Aquella venta de tecnología nuclear argentina a los EEUU era como venderle hielo a los esquimales. Probablemente habría tenido un valor simbólico intolerable no para Puerto Rico, sino para los EEUU. La operación se cayó no sin alguna zancadilla diplomática de la que nos enteraremos dentro de mucho tiempo, o quizás nunca. Añado que EEUU, que necesita diagnósticos por imagen nuclear de alta calidad, al menos para su gente rica,  estuvo toda esta última década recibiendo molibdeno 99m producido por un reactor muy en las antípodas: el OPAL de Sydney, Australia. Planta diseñada y construida por INVAP entre 2000 y 2006. Considerada todavía hoy la mejor del mundo, por disponibilidad y equipamiento. Sí, tomá mate, tío. Compatriotas, ya saldremos de la noche.

 

Datos geneticos sobre la ocupacion humana de las Americas

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Nuestro articulo Ciencia en pequeñas dosis: ¿Desde cuándo estamos en América? estimulo una polemica sobre las fechas de las primeras poblaciones humanas en el continente americano. Ahora informamos sobre la evidencia genetica:

Desde hace décadas, circulan varias hipótesis sobre la población humana de nuestro continente. El modelo conocido como teoría Clovis postula que los asentamientos iniciales tuvieron lugar hace alrededor de 13.000 años con la cultura Clovis en América del Norte; otro modelo, que es el que actualmente reúne mayor evidencia, propone que el ingreso a América fue 18.500 años atrás, pero la llegada a América del Sur se dio muchos miles de años después; y una tercera vertiente, que cuenta con varios sitios arqueológicos que la refrendan, ubica la llegada de los primeros humanos a Sudamérica hace más de 18 mil años. Gracias a un estudio genético realizado por un equipo de investigación del Instituto Multidisciplinario de Biología Celular (Imbice, Conicet-UNLP-Cicpba), esta última tendencia acaba de cobrar mayor fuerza. El estudio, basado en la tesis doctoral de Paula Paz Sepúlveda, construye un árbol filogenético (es decir, un diagrama de relaciones de parentesco) tomando como base las secuencias completas del cromosoma Y –material genético que define ex­clusivamente al género masculino– de 13 individuos de los que, por estudios anteriores, se sabía que portaban marcas bien típicas de linajes nativos americanos. Esa secuenciación se contrastó con cerca de 100 muestras de bases de datos de secuencias provenientes de distintas partes del mundo y pertenecientes al Haplogrupo Q, una serie de alelos presentes en una región determinada del cromosoma Y que representa a linajes ancestrales del continente. El aporte principal del trabajo es que logra ubicar temporalmente el ingreso de las primeras poblaciones humanas a Sudamérica antes de los 18 mil años y, además, arroja información sobre cómo fueron las conexiones que se dieron entre los primeros grupos de habitantes: “Surgen interacciones interesantes de ver, como por ejemplo linajes característicos del Nordeste de nuestro país que están relacionados con muestras de los Andes peruanos y de la región Andina de Bolivia con más de 12 mil años de antigüedad”, dice Paz Sepúlveda. “Esto permite cuidar una historia de interacción entre nuestros ancestros, presentando nuevos datos que, en algunos casos, todavía no están en los libros de Historia”.

Según Greenpeace: en 5 años, la presión pesquera se duplicó, más allá del límite de la ZEE argentina

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Mientras transcurre la segunda semana de la ronda de negociaciones por la creación de un Tratado Global de los Océanos en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York, la organización ambientalista Greenpeace difundió datos sobre la evolución de la presión pesquera sobre las especies durante los últimos cinco años en el Agujero Azul, una zona de aguas internacionales pero donde Argentina tiene jurisdicción exclusiva sobre el fondo marino, por la extensión de la plataforma continental que le fue concedida por las Naciones Unidas en 2016. De acuerdo a la organización, el esfuerzo pesquero en la zona, tanto de barcos que realizan pesca de arrastre como de los poteros que capturan calamar, se multiplicó 2 veces y media en los últimos 5 años. Dichos datos demuestran que la demora en obtener un tratado sólido que proteja las aguas internacionales, da vía libre a los pesqueros de potencias internacionales para que depreden. “Esto no solo se debe a un aumento en la cantidad de barcos, sino también a que estos operan a contra temporada y con artes de pesca con mayor impacto como las redes de arrastre de fondo. El total de horas de faena pesquera en los últimos cinco años es de 1.828.673 horas. Esas casi dos millones de horas de pesca se traducirían en unos 272 barcos operando 24 horas al día los 365 días del año”, sostuvo Luisina Vueso, coordinadora de la campaña de océanos de Greenpeace. El relevamiento se realizó mediante el uso de la plataforma Global Fishing Watch, que recoge vía satélite los reportes de posición de los buques en altamar, analiza dicha información y brinda una estimación del esfuerzo pesquero de cada unidad ubicándolo en tiempo y espacio.
Mientras transcurre la segunda semana de la ronda de negociaciones por la creación de un Tratado Global de los Océanos en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York, la organización ambientalista Greenpeace difundió datos sobre la evolución de la presión pesquera sobre las especies durante los últimos cinco años en el Agujero Azul
La organización ambientalista tomó una muestra anual de la actividad pesquera por parte de la flota internacional en el Mar Argentino más allá de la zona económica exclusiva argentina, que se consideró desde septiembre a septiembre en cada año. Esto se debe a que la primera ronda de negociaciones del tratado culminó en septiembre de 2018, y cuatro años y medio la separan de la que posiblemente sea la última y que está ocurriendo ahora. Los datos obtenidos:
  • Desde el 1 de septiembre de 2018 a 1 de septiembre de 2019, se calculan 268.435 horas de esfuerzo pesquero aparente.
  • De 2019 a 2020, 319.168 horas.
  • Para el período que se extiende hasta septiembre de 2021, 456.792 horas.
  • Hacia 2022, 672.942 horas de esfuerzo pesquero aparente.Una muestra menor, que sólo incluye los primeros cinco meses de este período, desde el 1 de septiembre de 2022 al 1 febrero de este año, ya evidencia 111.336 horas de esfuerzo pesquero.
Mientras, una delegación de Greenpeace Internacional que se encuentra en la reunión por la creación de un Tratado Global de los Océanos, en la sede de Naciones Unidas en Nueva York, ha denunciado que las negociaciones van lentas. Desde la organización, demandan a los gobiernos, sobre todo al Norte Global, los Estados miembros de la Unión Europea y China, mayor ambición y flexibilidad para la creación y posterior aplicación del Tratado. Más datos aquí.
Mientras transcurre la segunda semana de la ronda de negociaciones por la creación de un Tratado Global de los Océanos en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York, la organización ambientalista Greenpeace difundió datos sobre la evolución de la presión pesquera sobre las especies durante los últimos cinco años en el Agujero Azul

Otra vez: Llega una nueva ola de calor

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Gran parte del centro y el Litoral del país registraron ayer un pico de temperaturas con máximas de entre 33 y 38 grados, que se mantendrán “muy elevadas” durante toda la semana y podrían dar lugar a la novena ola de calor del verano, mientras que diez provincias y la ciudad de Buenos Aires están bajo alerta amarilla por calor extremo que “puede ser peligroso” para la salud, informó el Servicio Meteorológico Nacional (SMN).

Desde el lunes, la franja central del país y la región del Litoral experimentan un ascenso de temperatura por el ingreso de una masa de aire cálido desde el norte.

Por esto, a partir de ayer comienza “un nuevo período con temperaturas muy elevadas que afectará, principalmente, al centro del país y al Litoral”, informó el SMN en su cuenta de Twitter.

La saga de la Argentina nuclear – XXXVIII

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Cuando la actividad nuclear argentina está en riesgo, queremos repasar algunos momentos del largo esfuerzo que la construyó Los anteriores capítulos de la saga estan aqui La hora de los caños Un año antes del Rodrigazo, otro acontecimiento geográficamente muy lejano, en el norte de la India, destruyó sin miramientos el plan de los sabatianos de ir volviendo paso a paso a la Argentina en una potencia nuclear pacífica, autónoma y exportadora, como hoy lo es Corea del Sur. No era el programa de un loco. Su defecto fue ser demasiado cuerdo, intolerablemente cuerdo. Si se recuerda, a principios de los ’60, Corea del Sur, lejos del gigante industrial que es hoy, era todavía un país sobrepoblado, agrícola, paupérrimo, poco educado, militarmente ocupado por los EEUU, siempre en peligro de guerra y bajo la durísima bota del general Park Chung Hee, tan dictatorial como su contraparte dinástica del Norte. Corea del Sur en los ’60 no calificaba de república bananera porque no trataba siquiera de parecer una república, además de carecer enérgicamente de bananas. No había ni hay inmigrantes argentinos en Corea ni siquiera hoy, cuando ya ostenta un PBI/cápita de alrededor de U$ 35.000. Sin embargo, en los ’60 los surcoreanos eran tan pobres que en las dos décadas subsiguientes llegaron unos 50.000 de ellos a la Argentina, sin arrugar pese a nuestra inflación y a nuestra seguidilla de golpes militares. Nuestro infierno les pareció un paraíso. Una de las cosas que los atraía de nuestro país era la educación pública, laica y gratuita. Un eje del hiperdesarrollo industrial coreano fue la energía nuclear: hoy en ese país minúsculo hay 25 centrales de potencia, 3 en construcción (serían más si entre 2017 y 2022 no hubieran tenido un presidente antinuclear), y desde principios de siglo Corea del Sur se volvió sorpresivamente uno de los principales exportadores de tecnología atómica del mundo, sobrepasando por varias cabezas a los canadienses, los franceses y los autodenominados americanos. Hoy, con un contrato de U$ 20.000 millones con Arabia Saudita, los coreanos (ya no hace falta llamarlos «del Sur») pelean casi de igual a igual con Rusia y China como proveedores de centrales nucleares grandes, con modelos propios de 1400 y 1500 MWe. La cantidad y calidad de empleo calificado directo e indirecto que generó su programa nuclear les permitió resignar otros rubros en que fueron importantes (la construcción naval), y redireccionar sus muchos ingenieros y químicos al mundo aeroespacial, a la farmacología y la biotecnología. Si en 1974 alguno decía en Buenos Aires que Corea del Sur se iba a volver un exportador de centrales atómicas mucho antes que la muy nuclear Argentina, las carcajadas se habrían escuchado hasta en Seúl. El plan sabatiano para volver a la Argentina un país con una industria nuclear completa implicaba saltar con una garrocha canadiense: la central CANDU. Corea lo hizo un poco: en los ’90, los años de gran instalación de centrales, compró a AECL las de Wolsong 2, 3 y 4, de tubos de presión CANDU. La primera de esa lista ya superó los 30 años de funcionamiento continuo e hizo retubamiento, porque una CANDU tiene una disponibilidad y una seguridad ejemplares. No la querés cerrar o decomisionar ni a palos, aunque sea chica. Lo que no podés es exportarla, por contrato. Los coreanos con las CANDU tuvieron el mismo problema que habríamos tenido nosotros tras llegar a cubrir con ellas, o con derivaciones argentinas de ellas, un 20 o un 30% de la demanda eléctrica nacional. Tendríamos más de 17.000 megavatios nucleares instalados CANDU o similar, y tanta capacidad eléctrica de base que podríamos dedicar casi todo el gas natural criollo a exportación. Pero en el Gran Juego atómico, ¿cómo seguir, luego, si habría sido ilegal exportar CANDUs? Por otra parte, hace tiempo que los EEUU tratan de impedir que se vendan o compren CANDU en el mundo. Que la gente se ilumine con uranio natural les complica la diplomacia, puesto que dominan el mercado del enriquecido. Y Corea no está ni estuvo nunca muy en condiciones de negarse a los dictámenes de un país que tiene 25.000 soldados armados a guerra en su territorio. Lo que ofrecen los coreanos al exterior son centrales tipo PWR de 1400 MWe y diseño propio, a uranio enriquecido y por ello bajo la aquiescencia de los EEUU. PWRs de ese tamaño parece más de lo mismo que venden todos desde los ’90. Sólo que a diferencia de los europeos, los coreanos te construyen sus máquinas en 4 años y medio, no en 10 o 12 o 15. A diferencia de los europeos, lo hacen sin pasarse un centavo en los costos, en lugar de al triple de lo presupuestado y sin seguridad de terminación, como pasa con el European Pressurized Reactor (EPR). Y a diferencia de los rusos, los otros grandes contendientes en centrales de potencia, los coreanos no te tratan de encajar contratos BOO (Build, Own, Operate): comprás llave en mano, pero una vez entregada la planta, sos el dueño y la operás vos. De haberse seguido nuestros planes de centrales nucleares de los ’70, a esta altura del partido el desarrollo de las industrias metalúrgicas, metalmecánicas, electromecánicas y electrónicas en Argentina habría sido considerable. Si la construcción civil moviliza a otras industrias, la nuclear moviliza a todas ellas, y además te obliga a generar otras que no tenés, y en general suelen ser de alta tecnología. O te obliga a defender las que tenés. Con pedidos frecuentes de instrumentación, la electrónica argentina, que en los ’70 producía audio de excelencia como Audinac, o que dominaba el 30% del mercado regional de calculadoras de mano con Fate Cifra, ¿no habría resistido mejor esos cócteles letales de aranceles cero y dólar basura de los Martínez de Hoz o de los Cavallos? Qué lindo habría sido llegar a tener este problema: tenemos un país con un 30% de electricidad nuclear. ¿Y ahora qué cosa nuclear exportamos? Qué fácil habría sido, en un ecosistema educativo, industrial y nuclear robusto en tecnología y con buenos bolsillos, tan distinto del actual, construir un proyecto de exportación totalmente propio, como el CAREM. Como dijo Niels Bohr, «Es difícil hacer predicciones, especialmente acerca del futuro». Y como dijo mucho antes el general Helmuth von Moltke: “La primera víctima de la batalla es el plan”. Aquí lo que estoy examinando es por qué no existe el país que íbamos a ser. Son cosas que los historiadores tienen metodológicamente prohibidas, pero yo no soy historiador. No era que estuviéramos condenados al éxito, con tanto capital financiero propio y ajeno tratando de reducirnos al macilento rol de exportadores de naturaleza cruda que tenemos hoy. Pero con nuestras bases educativas, industriales y tecnológicas, y además bastante espacio vacío, recursos naturales y cantidad de inmigrantes a recibir, e industrias y ciudades a fundar, teníamos suficientes chances de ser otra cosa mejor. Los 50.000 coreanos que se vinieron para aquí, al menos, probablemente creían eso. Los 120.000 taiwaneses que arribaron a la Argentina, y para quedarse, lo mismo. Algo veían en la Argentina, además de la educación estatal, laica y gratuita. No creo que estuvieran locos. Según su pertenencia política, los historiadores ponen como origen de la decadencia argentina el año 1929, o 1930, o 1945, o 1975, o 1976. Con el crack de la bolsa de Nueva York, el golpe de Uriburu, el Rodrigazo y el Proceso, hay suficiente para quebrarle las patas al pingo más prometedor. Pero para mí el hecho olvidado, casi secreto, que nos mancó está en 1974, cuando algo nos cambió de pronto el escenario atómico internacional, sin comerla ni beberla. ¿Quién iba a pensar que el 18 de mayo de 1974 la India, con plutonio militar producido por el reactor Dhruva, un clon secreto y potenciado del reactor CIRUS vendido por EEUU, violando salvaguardias sin que nadie se avivara, iba a terminar detonando “Smiling Buddha”, su primera bomba atómica? El príncipe Gautama Buda se habría indignado de ese uso de su nombre: le cayó a la única arma nuclear que causó daños enormes en el Tercer Mundo y además, a distancia, pese a que no mató a nadie. A nosotros, tan en las antípodas, nos hizo pomada. Smiling Buddha detonó dentro de un pozo horizontal de 107 metros de largo y 114 de profundidad en una ladera rocosa de Pokhran, perteneciente a una serranía cercada por una base del Ejército en la provincia desértica de Rajastán, limítrofe con Pakistan, país con el que India había terminado una guerra (otra más) en 1971. Aquel asunto del Buda Sonriente fue tan secreto que sólo participaron 75 expertos, entre 1967 y 1974, y hasta el Ministro de Defensa se enteró de la explosión el 18 de mayo… por los diarios de Delhi. Indira Gandhi adujo las boludeces habituales de los mandamases militaristas en estos casos: aquella tecnología se había desarrollado sin fines bélicos. La idea no era en absoluto asustar a los pakistaníes, aunque ante quienes cortan el bacalao en Nueva Delhi, los susodichos pakistaníes probablemente fueran bastante dignos de bombardeo. La idea con esta bomba (cuándo no), según la señora Indira, era iniciar benéficas y maravillosas obras públicas, tales como la excavación de canales o de grandes reservorios subterráneos. ¿Para qué los reservorios? Bueno, para llenarlos de algo, ya se vería de qué. Indira Gandhi no era idiota en absoluto, sólo se hacía. Con esto de la bomba, la popularidad del Congress Party y de su persona se fueron por las nubes. Se cansó de ganar elecciones. Eso no impidió que 10 años más tarde dos de sus guardaespaldas sikhs le pegaran 33 tiros -ni uno menos- para vengar la represión del Ejército Indio en el Punjab en 1982 (30.000 detenidos, más de 100 muertos). Los sikhs tienen su propia religión, nada parecida al hinduismo, ansiaban nombrar sus propias autoridades policiales sin interferencias de Nueva Delhi y exigían la enseñanza del sikh en la escuela pública. El sikh debía enseñarse además del obvio idioma inglés, que pese a que Inglaterra se fue de la India en 1947 sigue siendo la única lengua posible de gobierno en todas las provincias y regiones de ese país tan multicultural, con 121 idiomas vivos, de los cuales 22 son oficiales. En suma, no es que los sikhs pidieran cosas tan raras. Curiosamente, consignas similares tiene el 60% de los kashmiris, que por ser mahometanos querrían otro trato con Delhi, o más probablemente ninguno. No todos los ciudadanos indios del Kashmir quieren ser hijos de la Gran Madre India, y a muchos les tira bastante ser pakistaníes y vivir entre musulmanes. Los sikhs, como se ve, eran mucho más proclives a volverse una autonomía sin ruptura alguna del fortísimo federalismo indio. Pero además, son todavía hoy un bastión cultural dentro del Ejército de la India, y en la breve historia independiente del país, desde 1947 los sikhs pusieron 7 ministros de defensa. El modo brutal de tratar a los sikhs en 1982 de Indira Gandhi me obliga a repensar si sólo se hacía. 6 explosiones nucleares más tarde, incluyendo la de una bastante moderna bomba H “de tres etapas” tipo Teller-Ulam en 1998, las maravillas de ingeniería de suelos prometidas por doña Indira siguen sin hacerse en la India. A falta de canales y reservorios, la India ya tiene entre 110 y 120 armas nucleares, así como los misiles Agni (5500 km. de alcance) necesarios para borrar del mapa las ciudades pakistaníes que haga falta, hasta que los vecinos entren en razón o se mueran. Pakistán, país aún más pobre que la India, le siguió emperradamente el tranco militar a Nueva Delhi, y tiene 130 cabezas, así como misiles Shaheen III de 2750 km. de alcance para que los indios entiendan de una vez por todas de quién es el Kashmir. Siempre hay escaramuzas de artillería, atentados y algo así como una guerra de baja intensidad en esa frontera del Himalaya, bastante promovida por Pakistán. Con la perversa ambigüedad de todos los asuntos humanos, es evidente que si allí no se escaló a una guerra convencional a escala completa, (como la que desangró a Irán e Irak en tiempos del Ayatollah y de Saddam), es por causas geográficas. Los propios Himalayas son, como teatro de operaciones, un enemigo más brutal y letal que el enemigo, al menos para las tropas terrestres de ambos países. Pero sin dudas, uno de los forzantes de la peligrosa y frágil paz entre Pakistán y la India es que hay demasiado caños nucleares en ambos lados de frontera. De modo que la carrera armamentista nuclear local generó una suerte de hipótesis MAD (Mutual Assured Destruction, aniquilación mutua asegurada), la primera de la historia entre países estructuralmente pobres. Pero pobres de solemnidad, pobres de toda pobreza, y sobrepoblados muy por encima de su «capacidad de porte» en el sentido ecológico, es decir de su límite máximo geofísico para generar alimentos y agua potable. Sobre este escenario MAD pesa, por suerte en contra, la severa interdicción de todas las superpotencias ajenas a que se arme una guerra prolongada entre Pakistán y la India. Son las mismas superpotencias que fogonearon aquella otra guerra de 8 años entre Irán e Irak (1980-1988), con la que se hicieron ricos vendiendo armas y traficando influencia. Son el Reino Unidos, Francia y los EEUU. Esas benevolentes autoridades del Consejo de Seguridad, en los años ’80 no tuvieron problemas en fumarse y fogonear un conflicto que dejó “grosso modo” 1 millón de muertos, 2 de discapacitados y 4 de desplazados como el de Irak e Irán. Pudieron hacerlo porque era una guerra con armas convencionales, y los muertos, unos desharrapados ajenos. La OTAN y la UE le vendieron misiles, tanques y aviones a lo pavote a Saddam Hussein, que en aquella década les parecía un dictador buenísimo, genial, progresista, lo más. Pero dichos líderes morales de la humanidad desde mediados de los ’80 no quieren saber nada de una escalada bélica de India y Pakistán. Harán lo que sea porque no suceda, porque quizás les va la vida en ello. Desde el 28 de mayo de 1998, cuando Pakistán estrenó su primer arma nuclear y la India, su primera termonuclear, se hizo patente que si Pakistán llegaba a perder una guerra convencional de gran escala contra la India, antes de arriar bandera, dispararía sus misiles. Y eso, piensan las superpotencias, puede arrastrarlas a un sufrir ellas mismas las consecuencias de un conflicto nuclear. “Thanks, no dice”, como dicen los fulleros cuando no los dejan usar sus dados cargados. Desde mediados de los ’80, las superpotencias están científicamente mejor informadas acerca del funcionamiento de la atmósfera que en los años ’70. Saben que aunque no se dejen chupar por ese maelström, una guerra nuclear regional entre India y Pakistán las hace puré, aunque estén lejos y por una vez, no anden metidos en nada raro para promoverla. Sobran modelos atmosféricos que coinciden en que si cada contendiente de los mencionados usara apenas el 50% de sus arsenales atómicos sobre las ciudades del antagonista, la estratósfera planetaria –incluída la del Hemisferio Sur, oh, compatriotas argentos- se volvería tan enteramente opaca con el hollín de las ciudades quemadas que habría varios años de “invierno nuclear”, con oscuridad casi permanente a nivel del suelo, amén de sequías graves y fríos subcongelantes en las latitudes medias. Sí, en la Pampa Húmeda también. Esto significa la interrupción de la fotosíntesis en todas los ecosistemas agropecuarios importantes del planeta. Dicho en cortito: que nos cagaríamos de hambre un tiempo, tías y tíos. Y también de sed. Y de ceguera, de paso. Porque la capa estratosférica de ozono quedaría muy dañada por la liberación de moléculas que funcionan como radicales libres. Contradicción de contradicciones, viviríamos en una oscuridad brillantemente iluminada de luz ultravioleta A, B y C, de longitud de onda demasiado corta como para ser visible por nuestros ojos, pero de energía lo suficientemente alta como para llenarlos de cataratas de viejo a edades juveniles. No sería el fin de la Humanidad en absoluto. Sí sería la caída de casi todos los estados-nación actuales, un quiebre de la historia tecnológica y organizativa de la especie, y un “ajuste demográfico” de algunos miles de millones de humanos. En tan impredecible reformateo de la historia, no habría siquiera garantías de que se salven todos los ricos y poderosos en los países ídem e ídem. Estos, por ende, no tolerarán el riesgo. De modo que, con esa atroz ambigüedad que caracteriza a la historia, las bombas que acumularon los energúmenos religiosos en ambas vertientes del Himalaya, tras haber generado hasta los ’90 la frontera que el presidente Bill Clinton llamó «la más peligrosa del planeta», hoy son tantas que parecen tener al menos un lado bueno para ellos: los salvan de toda guerra convencional ampliada más allá de alguna que otra escaramuza. Que siempre las hay, en el Himalaya, pero por ahora no progresan. Mueren enanas. El lado peor de esta mala vecindad lo soporta a distancia el resto de los humanos que no necesitan más “escenarios MAD” entre países pobres: ya hay suficientes con los halcones de la OTAN y los irresponsables del Consejo de Seguridad. Pero dados el costo y duración de la carrera armamentista nuclear entre pobres que desató la señora Gandhi, ¿a cuántos millones de ciudadanos propios y además de pakistaníes ya mató de hambre en la infancia? ¿A cuántos sumió desde niños en la indigencia estructural? Querida Indira, Ud. que llevó semejante apellido, el del Mahatma, sin haberlo merecido un minuto, siquiera por parentesco, perdóneme que invoque su alma para sacarme las dudas. ¿Cuántos chicos de su mismo país y religión condenó a la miseria? Mire, doña Indira, según un informe de 2015 de la FAO, la agencia de alimentación y agricultura de la ONU, la India terminó 2015 con 194,6 millones de subalimentados, una cuarta parte del total mundial de hambreados. Esto la vuelve la nación con la mayor población mundial en riesgo alimentario: el 15.2% de los ciudadanos de un país con 1,2 mil millones de habitantes. El 58% de los chicos de 2 años en la India mide debajo del peso, talla y desarrollo cerebral esperables, 1 de cada 4 chicos está desnutrido y cada día mueren 3000 de hambre. Si lo que lleva gastado su país en armamento nuclear lo hubiera invertido en centrales nucleares, hoy la India tendría centenares de plantas nucleoeléctricas y quemaría menos carbón. La atmósfera de Nueva Delhi sería casi respirable, quién le dice. No sucedería lo que sucede hoy, que de las 10 ciudades con mayor contaminación aérea del mundo, 7 son indias. No es poco decir: en su país -datos de Statista- en 2019 murieron al menos 1,66 millones de sus compatriotas por año debido a la calidad del aire urbano. Eso sí, qué misiles que tiene su país, gracias a Ud. Vuelvo al caso argentino, a cómo Ud., doña Indira Gandhi, desató la paranoia de los EEUU contra los programas nucleares independientes, como el nuestro. Con las consecuencias de que hoy no queda casi ninguno en todo el mundo. No fueran a seguir la misma deriva militarista que el suyo. Ud. puso en marcha una máquina global de causas y consecuencias que nos llevaron, una vez recuperada nuestra democracia, a dejar de lado el eje más interesante y prometedor del desarrollo industrial argentino: el nuclear. Y debido a ello, a pasar décadas enteras de subdesarrollo, exilio y destrucción de nuestra industria pesada y/o avanzada. Y no nos valió de nada que el programa nuclear criollo fuera incuestionablemente pacífico. Y eso porque la OTAN no quiere en absoluto que tengamos un desarrollo nuclear exitoso y exportador en energía, industria y medicina. No quiere, punto. ¿Y sabe por qué no quiere? Porque un país con semejante cultura atómica genera, sin decir siquiera una palabra, un mensaje diplomático genial. Es éste: «No tenemos la bomba no porque no podamos, sino porque no queremos. Ergo, no nos jodan. Eso Ud. podría haberlo pensado en 1974. No era difícil ni caro imitarnos. Los males que le habría evitado al mundo, empezando por su propio país. Tal vez me equivoco, y ese mensaje sólo funciona bien si uno tiene 25,45  millones de habitantes, como la Argentina aquel año, y no 610 millones como la India. Pero no hay modo de probarlo nada de eso. Ese mensaje es -diplomáticamente hablando- pura ganancia y cero costos. Fue el de la Argentina desde 1950 hasta 1995, cuando el gobierno de Carlos Menem la hizo firmar el TNP. Puesto el gancho en ese papel, nuestro mensaje cambia. Se vuelve: «No tenemos la bomba porque los EEUU no nos dejan». Con el mensaje anterior, el de «podemos pero no queremos, no nos hagan querer», no te obligás a vos ni a tus vecinos de mapa (Brasil, Chile) a desperdiciar fortunas en una carrera armamentista peligrosa, cara y al cuete. Pero inspirás un sano respeto «urbi et orbi». Todo el mundo prefiere que sigas pacífico. Con el otro mensaje, el de sumisión rastrera que nos dejó Menem, te llevan puesto. Como viene sucediendo. Un país sudaca que tenga incluso la mitad del desarrollo nuclear independiente de Corea del Sur -y nosotros podríamos haber llegado mucho más lejos que Corea- es demasiado educado e industrial, entre otras cosas. No lo prepeás, no lo endeudás al pedo, no le hacés firmar tratados basura, no le sacás 1,65 millones de km2 de aguas territoriales sin que siquiera gruña, peor aún, sin que siquiera se entere. Habrá que preguntarle a otra sombra esquiva, un militar que militó secretamente para impedir la Guerra de Malvinas, que hizo mucha fuerza para que no tuviéramos la bomba, pero al mismo tiempo lideró -muy a su manera- nuestro mayor período de crecimiento nuclear. Es una sombra más interesante y compleja, al menos para nosotros, que la de Indira Gandhi. Es la del vicealmirante Carlos Castro Madero. Ya la interpelaremos, cuando llegue la ocasión.

Daniel E. Arias

Avanza en la Provincia del Chubut un plan para salvar a los huemules

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  • La estación de rehabilitación y recría, de cuya reciente fundación participa un investigador del CONICET, vio nacer al primer cérvido en noviembre pasado.
  • Hace más de siete décadas que en Argentina no nacía en cautiverio un animal de esta especie en peligro de extinción.
En noviembre pasado nació el primer huemul (Hippocamelus bisulcus) de la recientemente creada “Estación de Rehabilitación y Recría Shoonem” que funciona bajo la supervisión de la Fundación Shoonem en la Provincia del Chubut. “Es macho y sigue creciendo bien, saludable y lleno de energía”, señala Werner Flueck, investigador del CONICET en el Parque Nacional “Nahuel Huapi”, que depende de la Administración de Parques Nacionales, y uno de los fundadores de la estación creada para tratar de rescatar de su extinción a los cérvidos más australes del mundo.
Hace más de siete décadas que un huemul no nacía en cautiverio en Argentina
En 1936 se llevó un grupo de estos cérvidos al Jardín Zoológico de la ciudad de Buenos Aires y tuvieron crías, y en la década de 1930 se estableció una Estación Zoológica dentro Parques Nacionales, en Neuquén, donde hubo nacimientos de huemules, pero el proyecto se abandonó en 1945. “La cría que nació en nuestra estación se nombró Shehuen, que en idioma Tehuelche significa ‘fuente de luz’, en alusión a la esperanza de que su nacimiento contribuya a la recuperación de la especie”, afirma Flueck. La finalidad de la Estación de rehabilitación y recría, explica Flueck, es generar grupos de huemules para reintroducirlos en ambientes de alta calidad nutricional que históricamente fueron ocupados por el huemul. “Eso permitirá que aumenten su población y se expandan a zonas vecinas. Será ideal que en el futuro se puedan reconectar subpoblaciones que hoy en día están separadas y aisladas, y puedan reproducirse. Una recuperación de este tipo conlleva la necesidad de convivencia con los humanos, particularmente porque el huemul tiene poco o nada de miedo de las personas, lo que ha causado su exterminación local por sobrecacería”, explica el investigador del CONICET. En Argentina solo quedan entre trescientos y quinientos huemules, fragmentados en unos sesenta grupos a lo largo de 1800 km de los Andes, con uno de los grupos poblacionales más destacados en el Parque Protegido Shoonem, en la cuenca hídrica del Río Senguer, donde se desarrollan tareas de investigación con el apoyo de la Dirección de Flora y Fauna de la Provincia del Chubut. Recluidos ahora, en las zonas altas de las montañas andinas como resultado de la sobrecacería, en el pasado circulaban por zonas abiertas (praderas) y hasta se han encontrado evidencias de su presencia en la costa atlántica. A partir de una donación de la Fundación Erlenmeyer, de Suiza, Flueck y sus colegas de la Fundación Shoonem lograron terminar la construcción de la estación de recría y rehabilitación a mediados de 2022 y se encuentran en la búsqueda de fondos adicionales para cumplir con toda la logística que el proyecto requiere. Con la coparticipación de la Fundación Temaiken se lograron hacer capturas en agosto de 2022 para trasladar los primeros huemules – en total cinco – a la Estación Shoonem y arrancar con el proyecto. Como investigador del CONICET, Flueck ha liderado y participado en casi 70 artículos científicos, y escrito capítulos y libros sobre diferentes aspectos de la vida de los huemules: salud, anatomía, comportamiento, nutrición, ecología, su distribución actual e histórica, recría y conservación. “Entre otras cosas, nuestros estudios comprobaron que al estar recluidos los huemules en zonas altas de los Andes se alimentan de forraje demasiado pobre en determinados minerales. Por esta razón desarrollan osteopatologías y pierden los dientes sin los cuales no pueden alimentarse bien”, explica el científico. En realidad, afirma Flueck, la “Estación de Rehabilitación y Recría Shoonem” se basa en un sistema de semicautiverio, es decir, que ahí los huemules habitan un área cuya extensión y vegetación permite que puedan desplazarse a considerables distancias y acceder a cantidades apropiadas de agua y comida. “Si es necesario, se puede proveer alimentación suplementaria. Cada día se monitorean las señales de sus radio-collares, y a veces nos acercamos para evaluar su salud y comportamiento”, explica el investigador. El nacimiento de “Shehuen” Shehuen nació el 5 de noviembre. A medida que crecía, la cría empezó a caminar, correr y saltar. “Es una cría de buen desarrollo, su peso al nacer debe haber sido entre cinco y seis kilogramos (kg)”, afirma Flueck. Y agrega: “A más de tres meses de edad sigue siendo amamantada, lo que indica que su madre goza de buena salud, pero ahora pasa la mayor parte del tiempo alimentándose, ramoneando o bien pastando”. Los huemules adultos suelen pesar entre 70 y 90 kg y alcanzar un metro de altura. “Como herbívoro nativo principal de ciertos ambientes, el huemul tiene un rol importante en estos ecosistemas y esa es otra razón para prevenir su extinción”, subraya el investigador del CONICET. Asimismo, Flueck puntualiza que los objetivos de la estación son la rehabilitación de huemules en mal estado de salud; fomentar la recría para crear planteles de huemules que permitan su futura introducción a sitios donde ya está extinguido; y facilitar el estudio científico de temas que no han sido del todo analizados. “Será esencial que ciertas zonas pobladas históricamente por el huemul tengan un nivel de protección adecuada para permitir la recuperación de huemules y educar a la población para el cuidado de esa especie”, afirma Flueck. Y continúa: “Pueden ser parques nacionales y también campos privados que reciban incentivos para apoyar a una futura convivencia con los huemules. Las zonas más fértiles, como los valles o pampas, generalmente son poblados o usados por poblaciones humanas. Poder habitar en esas regiones permitirá a los huemules vivir de manera más saludable y por más tiempo, lo que se traduciría en un aumento de las tasas de su reproducción y crecimiento poblacional”. Por Bruno Geller